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Una gran columna de humo se alza sobre una zona logística de Chaiky, a las afueras de Kiev. A media mañana del jueves, justo cuando arranca el segundo mes de guerra en la exrepública soviética, se escuchan intensas detonaciones en el lugar. Algunos de los militares ucranios que custodian la zona a unos metros de un retén de bomberos se muestran enervados por la situación. En primera línea de combate, a unos kilómetros de aquí, la estrategia del Ejército local sigue siendo golpear las columnas de suministro logístico de los rusos y tratar de rodear a sus tropas una vez desabastecidas, explica optimista a este periódico un portavoz militar en Kiev. Calcula que el Kremlin tiene desplegados unos 19.000 hombres en el noroeste de la capital ucrania, principal objetivo militar y político del presidente ruso, Vladímir Putin, desde que ordenó la invasión.

Un puñado de vecinos de las casas más próximas al polígono alcanzado por los proyectiles se paran apenas unos segundos mientras el sol queda por momentos eclipsado por la humareda. De inmediato siguen con su vida, como un hombre que no oculta que permanece en su casa junto a su mujer, sus hijos y sus nietos. No es el primer día que los continuos zambombazos son la banda sonora en estas calles de Petropavlivska Borschahivka, la localidad a la que pertenecen. Testigo privilegiado de los combates es la iglesia ortodoxa erigida en honor al nacimiento de la virgen María.

Las fuerzas de tierra que comanda el general Oleksandr Sirskii llevan días no solo impidiendo el avance de los rusos a las afueras de Kiev, sino que su intención es rodear la zona en la que se encuentran estancados en las disputadas localidades de Irpin, Gostomel, Bucha y Makariv con serios problemas logísticos, detalla Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército. La estrategia es cortar la llegada de apoyo a los rusos desde la retaguardia en forma de combustible, municiones o comida a la línea del frente.

Los mencionados son enclaves estratégicos que Rusia quiso tomar desde el principio como punta de lanza para meter a sus hombres en el centro de la capital. Los carros de combate del Kremlin llegaron hasta aquí muy pronto, apenas un par de días después de la invasión ordenada por Putin, pero lo que entonces parecía un progreso rápido y casi imposible de frenar se ha acabado estancando.

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El Ejército ruso “ha perdido el potencial de ataque, su estado moral y psicológico es bajo. Todo lo que pueden hacer ahora es saqueo, robar todo lo que pueden, destrozar todo lo que tocan”, afirma Fitio, que estima que hay unos 16.000 soldados rusos en la región noroeste de Kiev a los que hay que sumar unos 3.000 más dedicados a la defensa aérea y la logística. “Las Fuerzas Armadas ucranias intentan echar al enemigo de estas ciudades y sus alrededores y llevar a cabo una limpieza”, y “en el caso de que el enemigo decida atacar a Kiev, será parado y eliminado”. “Por ahora estamos intentando hacerles retroceder”, añade.

Ucrania está recibiendo ayuda desde el extranjero tanto en efectivos como en armamento, pero las autoridades prefieren que esos detalles se mantengan lejos del foco mediático. “Agradecemos a los países amigos el suministro de ayuda, que es muy necesaria. Pero no hay necesidad de hablar de ello”, ha comentado en Kiev este jueves Oleksandr Motuzianik, portavoz del Ministerio de Defensa, en una comparecencia pública.

Cadáveres abandonados

En Irpin, Bucha o Gostomel sigue habiendo estos días enfrentamientos, reconocen fuentes militares ucranias. No quieren referirse, sin embargo, a las bajas que están sufriendo las tropas locales, pero hablan de miles de rusos desperdigados por el campo de batalla cuyos cuerpos no están siendo recogidos.

“Necesitamos que el mundo vea cuántos cuerpos de los soldados rusos están tirados en los campos y que nadie quiere recogerlos”, comenta el portavoz militar, que incluso se refiere a “una catástrofe ecológica”, especialmente en la región de Sumy, donde no se retira ninguno. “La parte rusa no está interesada en recoger los cuerpos para que no se conozca el número real de los muertos y la parte ucraniana se ve obligada a hacer fosas comunes”, pero “no es siempre posible, porque no se puede hacer en las zonas del combate, ni tampoco es posible hacerlo en los territorios ocupados por las tropas rusas”.

Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército de Ucrania, este jueves en Kiev.
Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército de Ucrania, este jueves en Kiev.Luis de Vega

El pasado lunes el diario Komsomolskaya Pravda, un medio afín al Kremlin, publicó durante unos minutos que hasta el momento habían perdido la vida 9.861 militares rusos en la guerra de Ucrania y 16.153 habían resultado heridos. Las autoridades no han desmentido esas cifras, mientras que la dirección del tabloide asegura que aquel día fue pirateada la interfaz de su sitio web y alguien manipuló la pieza con “información inexacta”. Hasta el momento, Moscú solo ha informado oficialmente el pasado 2 de marzo de 498 muertos y 1.597 heridos en sus filas.

Volodímir Fitio reclama “apoyo internacional y de países miembros de la OTAN con armamento” y también: “Necesitamos que todos los negocios internacionales que todavía no han salido de Rusia, salgan del país y no paguen impuestos que financian las Fuerzas Armadas rusas y esta guerra”. El portavoz militar considera que si cae Ucrania, Putin pondrá en su punto de mira otros países europeos. “Y no será solo Polonia, irá hasta Alemania y aún más lejos”, pronostica.

Mientras, en las calles de Petropavlivska Borschahivka, bajo la columna de humo, los integrantes del cuerpo de defensa civil controlan la circulación y el tránsito de personas en los alrededores de la zona industrial atacada. Uno de ellos, Sasha, va con una mochila a la espalda y busca transporte hasta el centro de Kiev. Como muchos otros, tiene a su mujer y dos hijos en el oeste del país y, tras este mes de guerra con la defensa civil, ha decidido dar el salto al Ejército. Los zumbidos de misiles que rompen el cielo hacen al reportero maldecir mirando hacia arriba entre las risas de los presentes, que están más que habituados. “No pasa nada”, tranquilizan.

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El Gobierno de Ucrania ha lanzado este miércoles varios mensajes alertando del corte del suministro eléctrico en la instalación nuclear de Chernóbil, que está en manos de las tropas rusas, y de la imposibilidad de reparar ese problema debido a los combates en la zona. El Ejecutivo, incluso, ha alertado de una posible fuga radiactiva si no se restaura el suministro eléctrico. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), aunque se ha mostrado de nuevo preocupado por las consecuencias que puede tener este conflicto bélico en las instalaciones nucleares del país, ha considerado sin embargo que no existe “un impacto crítico en la seguridad” en este momento en el caso de Chernóbil, cuyos reactores no están en activo.

En abril se cumplirán 36 años del desastre de Chernóbil, el peor accidente en una central nuclear registrado nunca. La explosión en 1986 del reactor número cuatro de la central generó este accidente radiactivo. Pero los otros tres reactores siguieron funcionando. El último dejó de operar en 2000.

Tras la parada de un reactor en cualquier central, el combustible usado, que es altamente radiactivo, se suele almacenar en piscinas con agua para su refrigeración. Tras el corte del suministro en Chernóbil, registrado a las 11.22 (hora local) de este miércoles, el Gobierno ucranio ha señalado a la agencia Reuters que podrían producirse fugas radiactivas porque no se podrá enfriar el combustible nuclear gastado.

Sin embargo, la central cuenta con generadores de emergencia que funcionan con diésel. Según el comunicado difundido por el regulador ucranio de energía nuclear, las instalaciones tienen suficiente combustible para que los generadores funcionen durante 48 horas. La OIEA ha insistido este miércoles en la existencia de esos generadores y ha recordado, como ya hizo a principios de mes, que debido al tiempo transcurrido desde el accidente de Chernóbil “la carga térmica de la piscina de almacenamiento del combustible gastado y el volumen de agua de refrigeración que contiene la piscina son suficientes para mantener una extracción eficaz del calor sin necesidad de suministro eléctrico”. Lo mismo ocurre con los últimos elementos de combustible nuclear provenientes del reactor que dejó de operar en 2000, introducidos en las piscinas de la central, que tampoco necesitarían de ese respaldo eléctrico para evitar un desastre, opinan los expertos.

Alfonso Bargas, ingeniero nuclear de Enusa —la empresa pública de combustible nuclear de España— señala que tras la parada de un reactor nuclear los elementos de combustible siguen guardando una enorme cantidad de calor. Pero lo van perdiendo de forma exponencial. “Nada más apagarse el reactor solo conservan el 10% del calor”, apunta, y sigue reduciéndose a gran velocidad en las siguientes semanas. “35 años después [del accidente de Chernóbil] el calor que se podría esperar de cada elemento de combustible sería de unos 500 vatios”, el equivalente a menos de 10 bombillas. En España, por ejemplo, cada elemento de combustible pesa entre 500 y 1.000 kilogramos y está formado por entre 250 y 300 barras de combustible, añade Bargas.

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El principal problema que se podría generar si las barras de combustible guardara un gran poder calorífico estaría en que se evaporara el agua de las piscinas en las que se almacena, generando una nube radiactiva tras fundirse. Pero ese peligro, opinan Bargas y la OIEA, no está sobre la mesa ahora en el caso de Chernóbil debido al tiempo transcurrido y a pesar de que del corte del suministro eléctrico, que se emplea para que el agua siga circulando y enfriándose en las piscinas. Bargas recuerda que, tras el accidente de Fukushima en 2011, se realizaron pruebas de estrés para comprobar la seguridad de este tipo de piscinas. La conclusión fue que en condiciones normales el agua no llegaría a hervir y, por lo tanto, a evaporarse completamente de las piscinas.

Bargas cree que hay que estar atentos al desarrollo de la situación en Chernóbil, que está en manos de las tropas rusas desde el inicio de la invasión, pero en estos momentos “no supone un riesgo para la seguridad”, como opina también la OIEA, una organización que está realizando un seguimiento continuo de la situación desde el inicio de la invasión y que hasta ahora no ha puesto paños calientes al riesgo existente. Pero, como señala Bargas, “Chernóbil no es el motivo de más preocupación en Ucrania”. Más preocupante es lo que pueda ocurrir con los 15 reactores nucleares en activo que hay en el país y que generan cerca del 50% de la electricidad que consume Ucrania. “Se están dando pasos para que pase algo”, opina este experto.

Personal

Además del riesgo de que estas instalaciones en activo puedan resultar dañadas de forma intencionada o accidentalmente en los combates, a la OIEA y a los observadores internacionales les preocupa la situación en la que está el personal que trabaja en las centrales y las instalaciones nucleares del país. Rafael Grossi, secretario general de este organismo internacional, ha advertido ya en varias ocasiones que es básico que los trabajadores de las plantas puedan “descansar y trabajar con turnos regulares”. “La capacidad del personal para tomar decisiones sin presiones indebidas es uno de los siete pilares indispensables de la seguridad nuclear tecnológica y física” que ha fijado la OIEA para evitar un desastre en una situación como la de Ucrania, explica este organismo.

En el caso de Chernóbil, la situación de los trabajadores no es buena, según advierte el regulador ucranio. “Ya hace dos semanas que el personal de la central nuclear de Chernóbil lleva a cabo valiente y heroicamente sus funciones sin rotación para garantizar el funcionamiento seguro de las instalaciones”, ha afirmado este miércoles el supervisor nuclear de Ucrania. “Estoy profundamente preocupado por la difícil y estresante situación a la que se enfrenta el personal de la central nuclear de Chernóbil y los posibles riesgos que esto conlleve para la seguridad”, dijo también el martes Grossi.

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El verano de los últimos días ha provocado la sequía en el municipio de Orito, Putumayo, y ante ello, tomaron medidas. 

El verano de los últimos días ha provocado la sequía en el municipio de Orito, Putumayo, y ante ello, tomaron medidas.

Noticias Putumayo.

El suministro de agua de Orito, Putumayo, se ha reducido considerablemente por la sequía por la que atraviesa este municipio.

A la Bocatoma el Yarumito, antes le llegaba 210 Litros por segundo ahora solo llegan 30 litros.

Es por esto que la empresa de servicios públicos Emporito, adelantó un plan de contingencia para garantizar el servicio de agua en todo el municipio, y se realizará la conexión entre dos quebradas para abastecer la Bocatoma de Orito.

Se habilitará la Bocatoma la Fragua, que estará conectada con la quebrada el quebradoncito. Unión que llegara hasta la Bocatoma Yarumito.

Se espera generar 80 Litros de agua por segundo.

Además también se reducirán las horas del servicio de agua, gradualmente para que todo el sector pueda obtener el vital líquido.

Es decir que se reducirá la prestación del servicio en sus horarios habituales.

Orito es el municipio que tiene los servicios de acueducto alcantarillado y aseo, con la tarifa más económica del país.

«Nuestra recomendación para toda la comunidad para que tomen conciencia y nos apoyen economizando agua y buscando mecanismo diferentes para el uso de agua en el gasto diario», es la invitación que hacen desde Emporito.


Esta medida funcionará hasta que se normalice la contingencia por la sequía en este municipio del departamento del Putumayo.



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La planta de regasificación de Enagás en Huelva, en una imagen de archivo.
La planta de regasificación de Enagás en Huelva, en una imagen de archivo.Carlos Crespo

España es uno de los países europeos con menor capacidad de producción de gas natural: lo que extrae del subsuelo apenas alcanza para cubrir el 0,4% de su consumo. Sin embargo, Bruselas —que detallará la semana que viene su plan de contingencia— ve en la Península un punto clave para el suministro del resto de países de la Unión en caso de que la escalada bélica en torno a Ucrania pase a mayores y cortocircuite el cauce más usado para el suministro del Viejo Continente: los gasoductos que traen este combustible desde Rusia, el segundo productor mundial.

La respuesta a por qué España es tan fundamental a ojos de la Comisión está en su notable capacidad de recepción y regasificación del combustible que, en el escenario más extremo, suministrarían por barco de Estados Unidos —primer productor mundial y pieza clave en el engranaje de emergencia que está organizando el Ejecutivo comunitario— y Qatar para evitar una crisis energética de grandes proporciones en la UE. También en su experiencia previa como importador, en los últimos años, de gas natural licuado (GNL) de países tan diversos como Trinidad y Tobago, Guinea Ecuatorial o Argentina, lo que ha permitido alumbrar que es clave en un periodo de máxima tensión como la actual.

La operación sería más o menos como sigue: una gran flota de metaneros llegaría a los puertos peninsulares procedente de estos dos países y de otros grandes exportadores como Argelia —que también manda gas por tubo— o Nigeria. Los buques descargarían el gas para ser posteriormente reexportado a otros países del entorno como Francia o Alemania. Según la media docena de fuentes consultadas, el concurso de España en la operación podría ayudar a paliar parcialmente —muy parcialmente— el golpe. Pero sería a todas luces insuficiente para cubrir íntegramente el agujero que dejaría el gigante euroasiático, que hoy suministra el 40% del gas que consume Europa y casi la totalidad del que requieren los países del centro y el este de la Unión.

“Estamos hablando de otro orden de magnitud”, apunta el economista Miguel Ángel Lasheras, al que respalda una sólida trayectoria en el sector gasista. “Imagino que es una forma de mandar una señal de amenaza a Rusia. Pero es poco creíble, al menos a corto plazo. Más aún cuando la propia Comisión Europea nunca le ha dado mucha importancia a las conexiones de gas entre España y el resto del continente, que no ha considerado ni estratégicas ni prioritarias”, critica.

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La península ibérica cuenta con siete puertos con capacidad de regasificación —seis en España y uno más en Portugal— que están estratégicamente distribuidos: tres en la costa mediterránea y otros tres en la atlántica. Es mucho para un país de su tamaño: más del doble, por ejemplo, que los dos que le van a la zaga en Europa, Francia e Italia. Los seis puertos españoles cuentan con sus respectivas plantas de almacenamiento y regasificación con capacidad ociosa suficiente como para procesar y reenviar a otros países del entorno una cantidad significativa de gas. Toda una rareza en un mercado, el europeo, que en los últimos meses vive una situación de tensión permanente.

Sin embargo, las débiles interconexiones con Francia —dos tubos de escasa capacidad para los estándares de los gasoductos modernos, ubicados en Irún (País Vasco) y Larrau (Navarra)— suponen un importante “cuello de botella” —en palabras de Georg Zachmann, del centro de estudios bruselense Bruegel— que limita la cantidad de gas que se podría reexportar al resto del continente. Lo que podría transportar España por tubo es, por tanto, apenas una gota en un océano de consumo europeo.

“La capacidad de España es grande y podría ser de ayuda en una situación de emergencia como la que se plantea, pero la interconexión es la que es”, explica Gonzalo Escribano, director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano. Con todo, este experto —como prácticamente todas las fuentes consultadas— descarta el escenario más extremo y cree que Rusia, incluso si llegase a producirse una confrontación bélica, cumplirá sus contratos de suministro. En gran medida, porque supone una fuente de financiación y de divisas de la que no puede prescindir en condiciones normales y menos aún en un escenario de guerra abierta.

Un “portaaviones” del gas para el resto de Europa

La segunda opción sería que España hiciese las veces de “portaaviones” del gas para el resto de socios europeos, en palabras de una voz destacada del sector gasístico. Dada su posición geográfica ventajosa —más cercana a América y a los principales exportadores africanos— y su capacidad de almacenamiento en puerto, podría recibir gas por barco y guardarlo en sus instalaciones antes de distribuirlo, de nuevo por mar, al resto de países vecinos.

“La experiencia del pasado nos indica que, efectivamente, el sistema ibérico tiene capacidad para reexportar gas natural”, apunta Jorge Fernández, coordinador del Laboratorio de Energía del Instituto Vasco de la Competitividad, adscrito a la Universidad de Deusto, que recuerda que en 2014 se llegó a almacenar y poner de nuevo en el mercado un volumen respetable. En aquella ocasión, con Asia como destino mayoritario. “Históricamente, los tanques de gas licuado de los puertos españoles han tenido una tasa de utilización relativamente baja y sigue habiendo mucha capacidad de almacenamiento”, añade.

Esta operación convertiría a la Península en un hub en el que se iría guardando una cantidad razonable de combustible —aunque, de nuevo, pequeña respecto a las necesidades totales del continente— ya en suelo comunitario. Pero tiene una gran pega: el coste. “Sería carísimo y, además, el resto de Europa no está precisamente sobrada de plantas de regasificación”, apostilla Escribano. “Los agentes privados no tendrían ningún incentivo económico a hacerlo, así que habría que cubrir ese coste de alguna manera”, agrega Fernández. “Sería posible, sí, pero también muy ineficiente. Además, ¿qué sentido tendría dejarlo aquí y no llevarlo directamente a destino? Puede que se haga puntualmente, pero no le veo mucho sentido”, apunta un directivo del sector bajo condición de anonimato.

La tercera alternativa, aún más compleja, pasaría por utilizar las centrales de ciclo combinado —que también están lejos de operar a pleno rendimiento— para quemar el gas importado de EE UU o Qatar y obtener electricidad. Pero, de nuevo, la gran barrera es la interconexión con el resto del continente: el cable actual que une España y Francia dista mucho de tener la capacidad necesaria para transportar toda la energía que se requeriría. “Además, la mayor parte del gas que se está consumiendo en el resto de Europa es para calefacción e industria”, recuerda Lasheras. “Ninguna de las alternativas serviría para reemplazar todo el gas que se importa de Rusia. Otra cosa sería que la UE se tomase en serio el tema de las interconexiones para romper esa dependencia energética. Pero sería cuestión de muchos años, no de unos meses”.

Relativa relajación de precios

Además del compromiso estadounidense, con sus vastos recursos de gas de lutita, Europa cuenta con otra baza a su favor para garantizar el suministro en los próximos meses incluso si Rusia cierra el grifo completo: la relativa distensión de los mercados gasísticos globales en las últimas semanas. Tras un periodo de altísimo voltaje —en el que los precios se han llegado a triplicar— y a poco más de mes y medio vista del final del invierno, el aumento abrupto de la demanda en varios países asiáticos ha desaparecido tras el acopio acometido durante el otoño y la primera parte del invierno. Y la competencia por los metaneros es mucho menor que unas semanas atrás. Aunque los precios actuales siguen siendo muy altos, sin parangón en perspectiva histórica y disparatados respecto a solo un año atrás, empiezan a dar las primeras señales de relajación. «Las reservas están en niveles más bajos que otros años, pero creo que dará para que Europa pase lo que resta de invierno», resumen un directivo del sector. «En España lo doy por garantizado».

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Con la crisis de Ucrania tiñendo toda la geopolítica, Washington busca aliados allá donde los tiene para hacer frente a un posible escenario de crisis energética en Europa. Este lunes, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha dicho al emirato de Qatar como uno de sus mayores aliados fuera de la esfera de la OTAN. Las muchas conversaciones que Washington y Doha han ido manteniendo sobre la posibilidad de suministrar gas natural líquido a Europa en caso de que Rusia decida invadir Ucrania se han concretado este lunes con la visita del emir de Qatar, Tamim Bin Hamad al Thani, a la Casa Blanca. Había varios temas urgentes en la agenda del jeque y el mandatario estadounidense, pero el de mayor importancia estaba enfocado en garantizar el respaldo energético para los aliados europeos si Rusia determina cortar sus exportaciones de gas.

Washington quiere garantizar que todas las posibles fuentes alternativas al gas ruso estén preparadas para abastecer al bloque comunitario en cuestión de “días” o en “una semana o dos” si Moscú interrumpe el flujo de energía, según fuentes de la Administración norteamericana. Junto a EE UU y Australia, Qatar es uno de los mayores exportadores de gas natural líquido del mundo, concretamente el cuarto mayor proveedor, con un 5,2% de todas las compras de este recurso. La Unión Europea importa el 40% de su gas natural de Rusia. Por lo que tanto la Casa Blanca como la UE confían en que Doha sea capaz de redirigir de forma temporal sus exportaciones destinadas a los países asiáticos hacia los mercados europeos. Aunque existe un pero a este deseo y es que Qatar tiene ya firmados contratos a largo plazo con Corea del Sur, Japón y China.

Cuna de Al Jazeera, Qatar, uno de los países más prósperos del mundo gracias a sus reservas de gas, consolida con este viaje oficial su estatus de importante actor internacional, ya que las bases que EE UU tiene en el emirato sirvieron de escala para los vuelos norteamericanos con civiles y colaboradores afganos que abandonaron Afganistán el pasado agosto tras la retirada de las tropas estadounidenses de aquel país tras 20 años de guerra. En la breve comparecencia que ambos líderes hicieron ante la prensa, Biden calificó al pequeño pero rico país como “un buen amigo” con el que acaba de cumplir 50 años de relaciones diplomáticas.

Era día de anuncios y de sellar alianzas con el amigo Qatar. La secretaria de Comercio norteamericana, Gina Raimondo, declaraba a través de un comunicado que se sentía “honrada y emocionada” al anunciar “un acuerdo de importancia histórica entre Boeing y la filial de carga de Qatar Airways”. La aerolínea deseaba construir su flota de carga por lo que ha presentado un pedido de compra de 34 unidades del nuevo carguero 777X del gigante aeroespacial estadounidense. Con ello, se ha convertido en la primera en comprar este modelo con un contrato de más de 20.000 millones de dólares. La compañía, que ha oficializado el acuerdo aprovechando la visita del emir de Qatar a la Casa Blanca, también ha firmado una carta de intención por 25 aeronaves 737-10 e indicó estar lista para un pedido de hasta 50 aviones 737 MAX.

La pequeña península de Qatar ha atraído una inusual atención internacional desde principios de siglo, cuando fue designada sede del Mundial de fútbol de 2022, pero ha recibido crecientes críticas por su trato a los trabajadores extranjeros que construyen las instalaciones e infraestructuras que requiere el evento. Sin embargo, Washington busca a través del emirato promover la seguridad y la prosperidad en el Golfo y la región de Oriente Medio. Doha actúa como enlace diplomático de EE UU con los talibanes, por lo que es una pieza clave para cualquier contacto con Afganistán. Biden también expresó en su comparecencia el papel que jugó Qatar en la restauración de la ayuda humanitaria a Gaza después de la escalada bélica entre Israel y las milicias de la franja en mayo de 2021.

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Para tratar de evitar que la dependencia energética europea de Rusia y las sombrías perspectivas de falta de suministro añadan más tensión a la crisis ucrania, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, han emitido este viernes un comunicado conjunto en el que exhiben unidad para enviar un mensaje de sosiego: no habrá desabastecimiento.

“Trabajamos juntos para lograr un suministro continuo, suficiente y oportuno de gas natural a la Unión Europea desde diversas fuentes de todo el mundo para evitar interrupciones del suministro, incluidas las que podrían resultar de una nueva invasión rusa de Ucrania”, se puede leer en el texto, en el que también se comprometen con “la seguridad y la sostenibilidad energética de Europa y con la aceleración de la transición global hacia la energía limpia”. “Estados Unidos ya es el mayor proveedor de gas natural licuado de la UE. Estamos colaborando con gobiernos y operadores de mercado en el suministro de volúmenes adicionales de gas natural a Europa desde diversas fuentes en todo el mundo”.

Como parte de esa búsqueda de nuevos suministradores, Biden tiene previsto hablar la semana próxima, según fuentes citadas por la agencia Reuters, con el jeque Tamim bin Hamad al Thani, emir de Qatar, con quien Von der Leyen también ha conversado esta semana, según fuentes de la Comisión Europea. Se trata de uno de los grandes productores de gas natural del mundo, que ya colaboró en 2011 en crisis previas, como la catástrofe de Fukushima. Esa intermediación estadounidense estaría encaminada a convencer a países receptores de la energía catarí a que reconduzcan parte de sus reservas hacia Europa.

La tensa situación amenaza con hacer saltar por los aires la seguridad energética europea. Moscú es la principal fuente de gas de la UE; aporta un 40% de las importaciones de este combustible del que los Veintisiete son absolutamente dependientes: el bloque comunitario compra fuera de sus fronteras el 90% del gas que consume. La volatilidad de la crisis ha llevado a la Comisión a estudiar junto a Washington qué hacer ante un posible cierre de la manija del gas, en caso de que las sanciones por una posible invasión de Rusia a Ucrania desencadenen una desconexión con el vecino del Este o ante la decisión de Moscú de usar el combustible como herramienta de presión contra Occidente.

Ese plan consistiría, por un lado, en incrementar las importaciones de gas natural licuado, convenciendo a países del Golfo Pérsico, como Qatar, de aumentar el suministro hacia la UE. Por otro, en negociar con países asiáticos, como Corea del Sur, para que envíen hacia Europa parte del combustible que ya hayan contratado, mediante swaps, según han esbozado este viernes fuentes comunitarias.

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En el seno de la Comisión, sin embargo, conviven las voces que piden calma y otras que ven el asunto con peor color. La situación es “negra tirando a negrísima”, en palabras de un funcionario experto en la materia que le da credibilidad a un reciente estudio, de tonalidad también pesimista, publicado este jueves por el think tank Bruegel, con sede en Bruselas. “Si el gas ruso deja de fluir, las medidas para sustituir el suministro no serán suficientes”, alerta este análisis. “La Unión Europea tendrá que frenar la demanda, lo que implica decisiones difíciles y costosas”. Alemania, altamente dependiente del gas ruso, sería el país que saldría peor parado; le seguirían los países Bálticos y el resto de socios del Este de la UE. “El gas natural licuado por sí solo no será suficiente para reemplazar la caída. Ya se está usando la capacidad al 90%. Y hay poco margen para añadir a esto”, apunta Simone Tagliapietra, analista del Bruegel, y coautor del estudio.

Otras fuentes de la Comisión, menos tremendistas, aseveran que se está trabajando “más cerca que nunca” con Estados Unidos para estar listos y hacer frente a lo que denominan “contrasanciones”, una posible respuesta de Moscú a las sanciones históricas con las que amenaza Occidente si Rusia pone sus botas en Ucrania. Y creen que será posible salir de un posible cierre parcial o total del suministro (este escenario lo ven “poco probable”) a través de un incremento de las importaciones de gas natural licuado, si bien eso podría suponer un elevado coste, porque la escasez de demanda elevaría considerablemente los precios. El escenario supondría un zarpazo más a un mercado ya de por sí marcado por la inflación: entre 2019 y 2021, el precio mayorista del gas se incrementó en un 429% en la UE, y un 14% el minorista, según datos de octubre de la Comisión.

“No podemos decir que estemos en una crisis, pero es verdad que la situación este año es más difícil”, reconocen desde la Comisión, en su versión más optimista. “Y todavía tenemos gas en las reservas”, añaden, si bien estas se encuentran en estos momentos al 40%, unos 10 puntos porcentuales por debajo a las reservas del año pasado.

En este contexto de búsqueda de proveedores dispuestos a incrementar el envío de gas a la UE, Bruselas ha estado negociando también con Noruega (socio que ya suministra en la actualidad en torno al 38% del gas de la UE, según la Comisión); y prepara para la semana que viene un encuentro de alto nivel en Azerbaiyán, país que envía gas del mar Caspio al sur de Europa a través del llamado Corredor del Sur del Gas, un gasoducto inaugurado en diciembre de 2020. De momento, este cubre una cantidad residual de la demanda, pero las autoridades de Bakú creen viable incrementar el flujo en el corto plazo, según indican fuentes comunitarias. Desde la Comisión añaden que también están en “contacto estrecho” con otros socios, como Argelia y Egipto.

La demostración de unidad transatlántica ―que se fija también “el objetivo de garantizar la seguridad energética” de Kiev y su “integración progresiva en los mercados de gas y electricidad de la UE”― llega al final de una semana en la que el Departamento de Estado ha mandado, reiteradamente, el mensaje de que si Moscú invade Ucrania, Estados Unidos boicoteará el gasoducto Nord Stream 2. Este proyecto está listo para su activación desde septiembre, y supondría duplicar el suministro de gas de Rusia hacia Alemania de forma directa por el mar Báltico.

Por su parte, “la Comisión Europea intensificará el trabajo con los Estados miembros para la seguridad del suministro, dentro de mercados de gas transparentes y competitivos, de manera compatible con los objetivos climáticos a largo plazo y alcanzando emisiones netas cero para 2050″, continúa el comunicado conjunto. Biden y Von der Leyen también hacen un llamamiento a “los principales países productores de energía para que se unan en garantizar que los mercados energéticos mundiales sean estables y estén bien abastecidos. Este trabajo ya comenzó y lo llevaremos adelante en la reunión del Consejo de Energía de EE UU y la UE el 7 de febrero”.

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Cansados “del abandono de las autoridades” la comunidad cerró la bocatoma y suspendió el suministro de agua

Señalan que por décadas, la Administración local ha sido indiferente a los llamados realizados desde las distintas veredas que se encuentran aisladas por las pésimas condiciones viales.

Noticias Nariño

Como una medida desesperada por cuenta del abandono de las autoridades del municipio de La Unión, Nariño, la comunidad de la zona rural decidió suspender el suministro de agua potable.

Indicaron que los habitantes se sienten cansados de las falsas promesas y el olvido en que se encuentran, que decidieron cerrar la bocatoma para que todo el municipio se quede sin este servicio.

Explicaron que esta es la única forma para presionar a las autoridades que tienen a algunas comunidades en el olvido total.

“Los habitantes de las veredas de Cusillos Alto y Bajo ya nos aguantamos más; nos sentimos marginados por las malas condiciones de la vía de acceso para sacar sus productos al casco urbano”, señalaron.

 

Sin agua

Puntualizaron en que esta situación es insostenible y ha desatado la ira de sus habitaciones ocasionando que tomen medidas desesperadas.

“Lo único que buscamos es ser escuchados por las autoridades y buscar compromisos serios que les permita tener unas vías dignas”, agregaron.

Enfatizaron en que este es un corredor de suma importancia para los venteños, razón por la cual piden a la Administración que atienda la petición.

Sin embargo, frente a este hecho, la Alcaldía indicó que personas inescrupulosas efectivamente dicidieron cerrar la bocatoma.

 



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