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La estrategia informativa de la Administración de Joe Biden —difundir secretos militares, sin aparente filtro, para influir en el ánimo y en los planes de Vladímir Putin― ha dado sus frutos en casa. El último sondeo de Gallup otorga seis puntos más que en febrero a su gestión de la amenaza rusa, que ha pasado de un 36% a un 42% de aprobación. Están lejos de ser cifras espectaculares, pero al menos hablan de una cierta mejoría para un presidente con algunos de los índices de aprobación más bajos de la historia de Estados Unidos (en el desempeño general lleva estancado desde diciembre en torno al 40%). También ha funcionado fuera; según otro estudio de la empresa demoscópica norteamericana, difundido la semana pasada, a las puertas del viaje de Biden a Bruselas y Polonia, su popularidad ha crecido con respecto al año pasado en 26 de los 27 países europeos de la OTAN (hasta 52 puntos en Portugal y con la única excepción de un suspenso en Lituania).

Así que los funcionarios de Washington no tienen pensado cambiar su plan. La estrategia coordinada para mandar mensajes sobre la “guerra de Putin” esta semana se ha centrado en dos puntos. Por un lado, mostrar escepticismo sobre las promesas del Kremlin en la mesa de negociaciones con Ucrania (los servicios de inteligencia estadounidenses no observan la retirada anunciada, sino un rearme para un nuevo ataque, más concentrado) y, por otro, esparcir la idea de que el “caos” y el “desánimo” cunden en las filas rusas.

El propio Biden reforzó este jueves la imagen de Putin como un hombre aislado, cuyos colaboradores no se atreven a contarle, por temor a represalias, las “malas noticias” sobre la “incompetencia” de los suyos en la guerra en Ucrania, y sobre el alcance real de las sanciones en la economía interna. “Hay mucha especulación, y aunque no tengo una certeza absoluta, parece estar aislado. Y hay indicios de que ha despedido o puesto bajo arresto domiciliario a algunos de sus asesores”, dijo en un encuentro con la prensa.

Las declaraciones del presidente estadounidense venían a sumarse al coro de voces que el miércoles en Washington apuntalaron ese relato desde el Departamento de Estado, el Pentágono y la Casa Blanca. Al día siguiente, altos funcionarios del Departamento de Defensa y “analistas independientes” citados por The New York Times dijeron que el principal problema al que se enfrenta Rusia, que según calcula, acumula bajas de entre “7.000 y 15.000 soldados”, es, además de la inesperada fiereza del enemigo, abastecido militarmente por Occidente, el hecho de que carece de un “comandante en jefe” que lleve las riendas de la invasión sobre el terreno. Las decisiones, afirman en Washington, las están tomando desde Moscú el propio Putin, el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú (cuya ausencia de la escena pública ha alimentado las especulaciones sobre su caída en desgracia) y el jefe del Estado mayor, Valeri Gerasimov. Y no es fácil conducir una campaña militar a 800 kilómetros de distancia, añaden las fuentes citadas por el diario neoyorquino.

Kate Bedingfield, directora de comunicación de la Casa Blanca, volvió el jueves sobre las declaraciones de Biden. ¿Qué certezas tienen de esos arrestos de asesores de Putin? Bedingfield dijo que carecía de más información que la ofrecida por su jefe, pero aseguró que los servicios de inteligencia estadounidenses han observado “que esta invasión ha sido un fracaso estratégico para Putin y para Rusia, país para el que todo esto solo puede definirse como un desastre”. Remachó: “La moral entre los militares es baja. Y creo que eso no es una sorpresa para nadie”.

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Vladímir Putin dirige una reunión con los miembros del Consejo ruso de Seguridad desde su residencia oficial, a las afueras de Moscú, este viernes.
Vladímir Putin dirige una reunión con los miembros del Consejo ruso de Seguridad desde su residencia oficial, a las afueras de Moscú, este viernes.SPUTNIK (via REUTERS)

Desde luego, no parece sorprender en el Reino Unido, que ha abundado estos días en ese mismo argumentario. Primero fue, el miércoles, sir Jeremy Fleming, director de la agencia de vigilancia electrónica británica, quien, de visita en Australia, habló de la incompetencia de las tropas rusas, así como de los problemas de abastecimiento militar y de avituallamiento de los ejércitos. También dijo que los servicios de inteligencia del Reino Unido tienen indicios de que algunos soldados se han rendido o saboteado sus propios vehículos para evitar entrar en combate.

El jueves, Ben Wallace, ministro de Defensa británico, añadió que “Putin ya no es tan fuerte como era. Ahora es más bien un hombre cautivo en la jaula que él mismo se construyó. Aislado por las sanciones internacionales y con todo el mundo en su contra. Sus Fuerzas Armadas están agotadas”, sostuvo Wallace. “La reputación de Rusia como un gran ejército ha sido destrozada y ahora tiene que vivir con las consecuencias no solo de lo que le está haciendo a Ucrania, sino también de lo que les ha hecho a sus propios ejércitos”.

Los analistas militares describen esas consecuencias en Estados Unidos con imágenes de convoyes que caen en las emboscadas y tanques averiados que se quedan atascados en el barro. De generales asesinados (al menos siete, según el cálculo ucranio, que señala también bajas sensibles en el rango de los coroneles), en una cantidad que no se había visto desde la II Guerra Mundial y en un ejército tremendamente jerárquico en el que, descabezadas las unidades, estas quedan desorientadas.

Mientras tanto, en Rusia una encuesta de Levada Center, empresa demoscópica no gubernamental con base en Moscú, cifra en un 83% el apoyo que recibe Putin de los suyos (14 puntos más que en enero). Y eso, pese a algo que parece claro, incluso en la batalla de datos y propaganda cruzada entre ambas potencias: el presidente ruso no calculó bien sus fuerzas al iniciar la invasión de Ucrania. Creyó que sería la historia de un triunfo rápido, y ya van cinco semanas de reveses militares.

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Las autoridades de Irpin, en las afueras al noroeste de Kiev, anunciaron en la noche del lunes que han recuperado el control de la localidad, escenario de feroces combates desde el comienzo de la guerra. Pero los bombardeos y el intercambio de fuego de artillería se mantiene todavía, según fuentes del Gobierno de Kiev. Las tropas del Ejército ruso se encuentran apenas a 800 metros de este enclave por el que los militares del Kremlin quisieron penetrar en la capital de Ucrania, confirmó un asesor del Ministerio del Interior.

El hecho de que Rusia se haya replegado o haya perdido terreno en diferentes zonas de Ucrania, entre ellos en los alrededores de la capital, es interpretado por el Ejército ucranio como que Moscú está intentando reforzarse para volver a atacar con más medios y preparación. El Kremlin, entienden fuentes del Ministerio de Defensa, sigue tratando de tomar el control de las ciudades de la exrepública soviética, incluida Kiev.

A tan solo cinco kilómetros de Irpin, un control de carretera impedía a los vehículos seguir avanzando a mediodía de este martes. Solo se permitía la salida de algunas ambulancias y furgonetas con personas que seguían siendo evacuadas de esa población. De fondo sonaban a cada rato las detonaciones. Junto al control de carretera, entre unos edificios, en un par de carpas, varios sanitarios prestaban atención a los vecinos evacuados. Una parte importante eran personas mayores y algunas necesitaban incluso silla de ruedas.

Un nutrido grupo de agentes de policía seguía de cerca el proceso de salida de quienes llegaban desde Irpin. De una de las ambulancias, descendió un joven cubierto de polvo y cansado. A cada movimiento se quejaba. Solo llevaba una bolsa de plástico con lo que parecía ser algo de pan y unos billetes en su mano izquierda. Tras sentarlo en una silla, varios agentes le cortaron con unas tijeras el pantalón vaquero mientras llegaban los sanitarios. Dentro, la tela aparecía cubierta de sangre seca junto a varias heridas en la pierna derecha. Al mismo, otros policías comprobaban de manera insistente su documentación. Una de las obsesiones de las Fuerzas de Seguridad de Ucrania es tratar de tener controlados a posibles prorrusos infiltrados o a soldados del Kremlin que se hayan quedado atrás en la retirada de sus compañeros en localidades como esta en la que han perdido sus posiciones.

Ese estancamiento de las tropas rusas se interpreta no solo como fruto del avance militar ucranio y de la recuperación de localidades clave como Irpin, sino también como el producto de las trabas logísticas del ejército ruso. De acuerdo con el Instituto de la Guerra de Estados Unidos (ISW en sus siglas en inglés), el Kremlin tiene dificultades para seguir reclutando soldados en Rusia y Moscú podría ser incapaz a corto plazo de proporcionar relevo para los militares que participan en operaciones de combate. Este instituto de estudios bélicos cree que es probable que el ejército ruso haya desplegado la mayor parte de sus tropas ya entrenadas en Ucrania y que puede tardar meses en disponer de otros militares suficientemente formados en combate. Eso no quiere decir que el Kremlin haya dejado de desplegar a más soldados en Ucrania, pero sí se ha observado, recalca el ISW, una “disminución significativa de la intensidad del tráfico desde las profundidades de la Federación Rusa”.

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El informe diario divulgado por el Ministerio de Defensa del Reino Unido a través de sus redes sociales, ha alertado también de que, a pesar de los avances de las fuerzas armadas ucranias en los alrededores de Kiev, “Rusia sigue representando una importante amenaza para la ciudad gracias a su capacidad de ataque”, un punto de vista compartido por el ISW, que ha constatado igualmente que las fuerzas rusas no han dado por el momento muestras de abandonar su objetivo de capturar Kiev, a pesar de que el Kremlin afirmó el pasado viernes que concentraría sus operaciones militares en la región oriental ucrania de Donbás.

Contraofensivas ucranias en todo el país

Este martes, han seguido los ataques rusos y las contraofensivas ucranias por todo el país, cuando la nueva ronda de negociaciones entre los equipos ucranio y ruso se ha celebrado en Estambul y ha logrado los avances más significativos hasta la fecha, con una propuesta ucrania concreta de renunciar a la membresía de la OTAN a cambio de garantías de seguridad de terceros países en acuerdos bilaterales, y que abre la puerta por primera vez a negociar el estatus de Crimea dentro de 15 años y de Donbás.

Tras la ronda de diálogo en Estambul, Alexandr Fomin, viceministro de Defensa ruso, ha anunciado que Moscú ha decidido “reducir drásticamente las operaciones militares” en las áreas de Kiev y Chernihiv, en el noreste del país no lejos de la frontera con Bielorrusia. Fomin ha asegurado que el objetivo de esta medida es avanzar en el diálogo y “aumentar la confianza mutua”. Ucrania ha tomado estas declaraciones con escepticismo, aunque lo cierto es que los analistas apuntan que con sus tropas estancadas y con los avances mucho más lentos y renqueantes, el Kremlin busca cambiar de estrategia.

Poco antes de sentarse a la mesa de diálogo, un ataque ruso ha destruido el edificio de la Administración regional de Mikolaiv, en el sur de Ucrania y una ciudad clave para la estrategia rusa de dominar el flanco sur del país y el mar Negro. Hay al menos siete muertos y varios heridos, según las autoridades locales. Las fuerzas de Vladímir Putin, que han puesto en la diana los Gobiernos locales —ya bombardearon la Administración de Járkov la primera semana de marzo—, intentaron destruir la sede del Gobernador de Mikolaiv el pasado lunes, pero el ataque terminó por alcanzar un hotel. El gobernador de Mikolaiv, el carismático Vitaly Kim, célebre por sus mensajes en las redes sociales y por su resistencia y la de la ciudad a la invasión, no estaba en el inmueble porque este martes ha dormido más de la cuenta, según comentó en las redes sociales.

Las tropas ucranias están lanzando a su vez una feroz contraofensiva en el frente sur, hacia Jersón, la única capital regional ocupada y la mayor conquista rusa. En el eje que une la castigada Chernihiv y Sumi, por donde los rusos han tratado de avanzar hacia Kiev desde el este, la contraofensiva ucrania también ha logrado detener a las tropas del Kremlin. Después de días de batalla en Brovari, Ucrania podría haber paralizado allí el avance ruso. Moscú no ha dado señales de reducir su ofensiva en el este de Ucrania ni sobre la ciudad de Mariupol, en el mar de Azov, donde sus tropas controlan ya varias zonas y desde donde ya realizan retransmisiones los medios de la órbita del Kremlin, que difunden imágenes de la localidad destruida, afirmando que todo es obra de los “nacionalistas” ucranios.

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Una gran columna de humo se alza sobre una zona logística de Chaiky, a las afueras de Kiev. A media mañana del jueves, justo cuando arranca el segundo mes de guerra en la exrepública soviética, se escuchan intensas detonaciones en el lugar. Algunos de los militares ucranios que custodian la zona a unos metros de un retén de bomberos se muestran enervados por la situación. En primera línea de combate, a unos kilómetros de aquí, la estrategia del Ejército local sigue siendo golpear las columnas de suministro logístico de los rusos y tratar de rodear a sus tropas una vez desabastecidas, explica optimista a este periódico un portavoz militar en Kiev. Calcula que el Kremlin tiene desplegados unos 19.000 hombres en el noroeste de la capital ucrania, principal objetivo militar y político del presidente ruso, Vladímir Putin, desde que ordenó la invasión.

Un puñado de vecinos de las casas más próximas al polígono alcanzado por los proyectiles se paran apenas unos segundos mientras el sol queda por momentos eclipsado por la humareda. De inmediato siguen con su vida, como un hombre que no oculta que permanece en su casa junto a su mujer, sus hijos y sus nietos. No es el primer día que los continuos zambombazos son la banda sonora en estas calles de Petropavlivska Borschahivka, la localidad a la que pertenecen. Testigo privilegiado de los combates es la iglesia ortodoxa erigida en honor al nacimiento de la virgen María.

Las fuerzas de tierra que comanda el general Oleksandr Sirskii llevan días no solo impidiendo el avance de los rusos a las afueras de Kiev, sino que su intención es rodear la zona en la que se encuentran estancados en las disputadas localidades de Irpin, Gostomel, Bucha y Makariv con serios problemas logísticos, detalla Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército. La estrategia es cortar la llegada de apoyo a los rusos desde la retaguardia en forma de combustible, municiones o comida a la línea del frente.

Los mencionados son enclaves estratégicos que Rusia quiso tomar desde el principio como punta de lanza para meter a sus hombres en el centro de la capital. Los carros de combate del Kremlin llegaron hasta aquí muy pronto, apenas un par de días después de la invasión ordenada por Putin, pero lo que entonces parecía un progreso rápido y casi imposible de frenar se ha acabado estancando.

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El Ejército ruso “ha perdido el potencial de ataque, su estado moral y psicológico es bajo. Todo lo que pueden hacer ahora es saqueo, robar todo lo que pueden, destrozar todo lo que tocan”, afirma Fitio, que estima que hay unos 16.000 soldados rusos en la región noroeste de Kiev a los que hay que sumar unos 3.000 más dedicados a la defensa aérea y la logística. “Las Fuerzas Armadas ucranias intentan echar al enemigo de estas ciudades y sus alrededores y llevar a cabo una limpieza”, y “en el caso de que el enemigo decida atacar a Kiev, será parado y eliminado”. “Por ahora estamos intentando hacerles retroceder”, añade.

Ucrania está recibiendo ayuda desde el extranjero tanto en efectivos como en armamento, pero las autoridades prefieren que esos detalles se mantengan lejos del foco mediático. “Agradecemos a los países amigos el suministro de ayuda, que es muy necesaria. Pero no hay necesidad de hablar de ello”, ha comentado en Kiev este jueves Oleksandr Motuzianik, portavoz del Ministerio de Defensa, en una comparecencia pública.

Cadáveres abandonados

En Irpin, Bucha o Gostomel sigue habiendo estos días enfrentamientos, reconocen fuentes militares ucranias. No quieren referirse, sin embargo, a las bajas que están sufriendo las tropas locales, pero hablan de miles de rusos desperdigados por el campo de batalla cuyos cuerpos no están siendo recogidos.

“Necesitamos que el mundo vea cuántos cuerpos de los soldados rusos están tirados en los campos y que nadie quiere recogerlos”, comenta el portavoz militar, que incluso se refiere a “una catástrofe ecológica”, especialmente en la región de Sumy, donde no se retira ninguno. “La parte rusa no está interesada en recoger los cuerpos para que no se conozca el número real de los muertos y la parte ucraniana se ve obligada a hacer fosas comunes”, pero “no es siempre posible, porque no se puede hacer en las zonas del combate, ni tampoco es posible hacerlo en los territorios ocupados por las tropas rusas”.

Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército de Ucrania, este jueves en Kiev.
Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército de Ucrania, este jueves en Kiev.Luis de Vega

El pasado lunes el diario Komsomolskaya Pravda, un medio afín al Kremlin, publicó durante unos minutos que hasta el momento habían perdido la vida 9.861 militares rusos en la guerra de Ucrania y 16.153 habían resultado heridos. Las autoridades no han desmentido esas cifras, mientras que la dirección del tabloide asegura que aquel día fue pirateada la interfaz de su sitio web y alguien manipuló la pieza con “información inexacta”. Hasta el momento, Moscú solo ha informado oficialmente el pasado 2 de marzo de 498 muertos y 1.597 heridos en sus filas.

Volodímir Fitio reclama “apoyo internacional y de países miembros de la OTAN con armamento” y también: “Necesitamos que todos los negocios internacionales que todavía no han salido de Rusia, salgan del país y no paguen impuestos que financian las Fuerzas Armadas rusas y esta guerra”. El portavoz militar considera que si cae Ucrania, Putin pondrá en su punto de mira otros países europeos. “Y no será solo Polonia, irá hasta Alemania y aún más lejos”, pronostica.

Mientras, en las calles de Petropavlivska Borschahivka, bajo la columna de humo, los integrantes del cuerpo de defensa civil controlan la circulación y el tránsito de personas en los alrededores de la zona industrial atacada. Uno de ellos, Sasha, va con una mochila a la espalda y busca transporte hasta el centro de Kiev. Como muchos otros, tiene a su mujer y dos hijos en el oeste del país y, tras este mes de guerra con la defensa civil, ha decidido dar el salto al Ejército. Los zumbidos de misiles que rompen el cielo hacen al reportero maldecir mirando hacia arriba entre las risas de los presentes, que están más que habituados. “No pasa nada”, tranquilizan.

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Mariano García, en una imagen cedida por À Punt NTC
Mariano García, en una imagen cedida por À Punt NTC

El español Mariano García Calatayud, un valenciano residente en Jersón (sur de Ucrania) y del que se sospechaba que había sido arrestado por soldados rusos que controlan la zona, está a salvo, según informaron este jueves fuentes ucranias. El funcionario jubilado Mariano García, de 74 años, es conocido en Ucrania, país en el que reside desde hace siete años, como Mario.

“¡El conocido voluntario Mario está libre! Gracias a todos los que participaron”, escribió Vitali Bogdanov, un activista de Jersón, en Facebook, según informa Ukrinform. Según este activista, “los invasores se vieron sorprendidos por una llamada desde el extranjero de la Cruz Roja y ahora Mario se encuentra a salvo”.

El valenciano estaba desaparecido desde el 19 de marzo y el Ministerio de Asuntos Exteriores investigaba su paradero tras los avisos dados por sus familiares y amigos y después de que varios medios de comunicación denunciaran su posible arresto por parte de soldados rusos.

Según informaron fuentes diplomáticas el martes, la embajada española en Kiev, trasladada actualmente a Varsovia (Polonia), y los servicios de emergencia consular estaban “siguiendo atentamente este caso” e “investigando el paradero de Mario García Calatayud para esclarecer su situación”.

Este funcionario jubilado es natural de Carlet (Valencia), su pareja es ucrania y había expresado en varias entrevistas sus intenciones de ofrecer su ayuda como voluntario en las zonas en conflicto en Ucrania. También manifestó su disposición a empuñar un arma si era necesario para defender a su país de acogida de la invasión rusa.

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Los medios de comunicación de la región de Jersón y activistas le presentan en las redes sociales como voluntario con los ucranios en contra de la ofensiva rusa.

Según fuentes diplomáticas, García Calatayud fue uno de los españoles que rechazaron ser evacuados junto a otros ciudadanos en los convoyes organizados por la Embajada al inicio de la invasión rusa el pasado 24 de febrero.

El pasado jueves, el jubilado habló por última vez con su hermana. “Le dije que viniera, que volviera aquí, que con el peligro que hay. Y me dijo que de momento no, que estaba ayudando y no pensaba irse”, manifestó Vicenta García en declaraciones a la televisión valenciana À Punt.

El brigada municipal retirado ha explicado en varios medios que su interés por Ucrania se remonta a las enseñanzas de su padre relativas a la necesidad de ayudar a los más débiles y a cómo el pueblo ucranio dio un ejemplo de solidaridad acogiendo a miles de menores de familias republicanas durante la Guerra Civil española.

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Un hombre recoge la basura de un callejón de Toronto ante un retrato de Vladímir Putin, este lunes.
Un hombre recoge la basura de un callejón de Toronto ante un retrato de Vladímir Putin, este lunes.Frank Gunn (AP)

Canadá vuelve a ser escenario de vandalismo en templos religiosos. En los últimos días, un centro comunitario ruso y dos iglesias ortodoxas fueron rociadas con pintura. Las fuerzas policiales investigan si estos ilícitos, cometidos durante la ofensiva militar que Rusia lleva a cabo contra Ucrania, pueden ser considerados como actos de odio.

El 26 de febrero, la entrada de la iglesia ortodoxa de Todos los Santos, ubicada en Calgary (provincia de Alberta) fue rociada con pintura roja. Este templo es frecuentado tanto por rusos como por ucranios. Las cámaras de seguridad filmaron a la persona que cometió dicho acto de vandalismo. Sin embargo, aún no ha sido identificada y la policía solicita el apoyo de la población. De acuerdo a un comunicado policial, “el individuo mide unos 1,70 metros de estatura, es de complexión media y llevaba máscara, pantalón, abrigo y calzado de color negro”.

Una segunda iglesia ortodoxa fue manchada con pintura roja en las primeras horas del viernes. Se trata del templo de Santa Sofía, situado en Victoria (provincia de Columbia Británica) y cuya puerta recibió el pigmento. La policía sigue varias pistas. Victoria suspendió sus relaciones con Khabarovsk, su ciudad hermana en Rusia, como protesta tras la decisión de Moscú de invadir suelo ucranio.

Este sábado, el Centro comunitario ruso, ubicado en Vancouver (Columbia Británica), fue rociado con pintura azul y amarilla, colores de la bandera ucrania. Las pesquisas policiales continúan. Natasha Kovalchuk, integrante de la junta directiva, dijo al portal Global News que este recinto ofrece servicios a individuos de muchas nacionalidades. “Incluso si se tratara de una institución puramente rusa, atacarla por las acciones del Gobierno ruso es un error”, señaló. “Sé que hay mucha gente enfadada y que quiere liberar esa ira contra alguien, pero aquí todos somos personas”, añadió Kovalchuk, que cuenta con familia en Ucrania.

El Congreso ucranio-canadiense se pronunció en contra de estos hechos, reprobando los actos de vandalismo, violencia y acoso hacia cualquier comunidad. Instó a los canadienses a denunciarlos y pidió a las corporaciones policiales investigarlos a fondo. “La comunidad ucranio-canadiense no equipara a Putin y su régimen totalitario con el pueblo ruso”, apuntó este organismo. “Además, estamos profundamente agradecidos con quienes denuncian valientemente las atrocidades de Putin y se solidarizan con el pueblo de Ucrania”, agregó.

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De acuerdo al último censo, cerca de 1,4 millones de personas se identificaron como canadienses de origen ucranio. Poco más de 600.000 dijeron contar con raíces rusas. En Estados Unidos, varios establecimientos de productos provenientes de Rusia han sufrido vandalismo o amenazas en fechas recientes. Este domingo, la reja de la Casa rusa de las Ciencias y la Cultura, ubicada en París, recibió un cóctel molotov.

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Las tropas rusas han entrado esta madrugada, en el octavo día de la ofensiva militar, en la estratégica ciudad de Jersón (unos 290.000 habitantes), en el sur del país, con puerto en el mar Negro. El alcalde del municipio, Igor Kolykhayev, aseguró en un comunicado que las tropas rusas habían entrado en la sede de Gobierno local y que estaban desplegadas por las calles, e hizo un llamamiento a los ciudadanos para que únicamente salgan de sus viviendas durante el día, de uno en uno o de dos en dos. “Hay visitantes armados en la sede del Ayuntamiento”, aseguró Kolykhayev. “No les he hecho ninguna promesa, solo les he pedido que no disparen a nadie”, añadió. Este jueves por la mañana, la información sobre si Rusia se ha hecho con el control total de la ciudad portuaria es contradictoria.

El Ministerio de Defensa ruso ha asegurado que sus tropas se han hecho con el control de la ciudad, informa Reuters, mientras el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha explicado en un vídeo que sus fuerzas siguen combatiendo en la urbe. “Hemos roto los planes del enemigo en una semana”. Unos planes, ha dicho Zelenski, que al Kremlin le ha llevado “años diseñar”. “Son mezquinos, odian a nuestro país y a nuestro pueblo”, ha protestado.

La conquista de Jersón facilitaría al Kremlin el ataque a Odesa, la otra gran ciudad del mar Negro, con 993.000 habitantes y, por tanto, el control de la salida al mar de Ucrania. Lo haría en unas aguas donde otros tres países tienen costas: Turquía, Rumania y Bulgaria. También abre el camino de las fuerzas rusas hacia Mykoláiv, una gran ciudad de medio millón de habitantes que ya está siendo atacada.

Las fuerzas rusas no han conseguido seguir avanzando hacia Kiev, pero en la madrugada de este jueves, alrededor de la una de la mañana, se han escuchado cuatro fuertes estallidos en el centro, mientras que horas antes otra fuerte detonación dañó una tubería que podría dejar sin calefacción a parte de la ciudad. La invasión rusa ha causado ya la muerte de 2.000 civiles, según los servicios de emergencia de Ucrania, en el mayor ataque a un Estado europeo desde 1945. En las últimas 24 horas, han perdido la vida 34 personas en la ciudad de Járkov como consecuencia de los duros ataques, según han informado este jueves esas mismas fuentes. La ONU cifró este miércoles las víctimas mortales en 227, aunque avisó de que los números podrían estar “subestimados”.

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Otro de los objetivos estratégicos de Putin es la gran localidad sureña de Mariupol, de 446.000 habitantes, ya casi rodeada por completo. Este jueves las autoridades locales han confirmado que se han agotado los suministros de agua y electricidad. Rusia ha bombardeado las subestaciones eléctricas de la ciudad y cortado así los suministros para facilitar el asedio. Es una ciudad con una estratégica industria naval, al noroeste de la península ucrania de Crimea, que Rusia se anexionó ilegalmente en 2014 y que el Kremlin ha utilizado como lanzadera en la invasión. El Ejército ruso, que atacaba la localidad desde hace varios días, entró este martes en la urbe y continúa con el asedio. Mariupol es una pieza preciada para Putin. Su toma le permitiría facilitar la construcción de un ansiado corredor que una Crimea y Donbás.

Resistencia

Desde que Estados Unidos publicara las imágenes de un enorme convoy ruso de más de 12 kilómetros a 60 kilómetros de Kiev, se esperaba que la caída de la capital fuera inminente. La inteligencia militar británica ha asegurado este jueves que el avance es lento, “progresa poco”, hacia Kiev. Esta situación se repite, según las mismas fuentes, en las ciudades de Járkov, Mariupol y Chernígov, que la inteligencia británica considera que siguen bajo control ucranio.

Una columna de humo se eleva desde un depósito de petróleo en Chernígov (Ucrania).
Una columna de humo se eleva desde un depósito de petróleo en Chernígov (Ucrania).Servicio de Emergencia de Ucrania (Reuters)

“La gran columna rusa que se dirige a Kiev sigue a 30 kilómetros del centro de la ciudad y se ha retrasado por la firme resistencia ucrania, problemas mecánicos y la congestión”, dice la Defensa británica. Esto significa que el convoy apenas ha avanzado en los últimos tres días. “Aunque los bombardeos rusos sobre Járkov, Mariupol y Chernígov han sido muy duros, las ciudades siguen bajo dominio ucranio y pese a que las tropas rusas han entrado en Jersón, la situación militar aún no está clara”.

Estados Unidos ha hecho un llamamiento a Rusia para que cese “de inmediato” el “derramamiento de sangre” y retire las tropas de Ucrania. Además, ha acusado a Moscú de lanzar una “guerra total contra la libertad de prensa y la verdad” bloqueando los medios de comunicación independientes y las redes sociales para evitar que los rusos escuchen las noticias de la invasión de Ucrania.

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Ofuscado por el lento avance de las tropas rusas, el presidente de Chechenia, Razmán Kadírov, dejó claro el pasado 27 de febrero cómo concibe que debería ser la ofensiva sobre Ucrania. “Pase lo que pase, en la guerra se mata y se destruye. Sin ello no se logra nada, por desgracia”, dijo el delfín de Vladímir Putin en el Cáucaso Norte, y advirtió de que si el pueblo ucranio no se rinde, “entonces debemos terminar lo que comenzamos, y de inmediato”.

El jefe supremo de la República de Chechenia, país de mayoría musulmana, ha aportado a la guerra la 46ª Brigada de la Guardia Nacional, fuerza que responde únicamente ante el presidente de la Federación de Rusia y no ante el Ministerio de Defensa. En concreto, se han desplegado dos batallones especializados en perseguir a los enemigos del régimen, el batallón Yug (Sur, en ruso) y el Sever (Norte), cuyos soldados son conocidos como los kadirovtsi, los leales al presidente checheno.

Para el Kremlin, las fuerzas chechenas tienen un aura especial que las diferencia del resto del Ejército. Primero, su población rusa digiere mejor sus pérdidas humanas tanto por su etnicidad como por ser de minoría musulmana. Esto último también hizo que cobrasen importancia en Siria desde 2017 para vigilar a la población. Y segundo, son veteranas de guerras como las dos chechenas, las de Oriente Medio y del este de Ucrania. Kadírov ha convertido estas fuerzas en su propia guardia pretoriana y desde la pacificación de la república han sido su arma para la represión de cualquier rastro opositor en la región.

La brutalidad de los kadirovtsi es conocida. Novaya Gazeta publicó una investigación el año pasado en la que localizó a al menos 12 personas ejecutadas por sus fuerzas de seguridad en una oleada de detenciones a finales de 2016. Uno de los miembros de las fuerzas especiales que participaron en aquella operación, Suleimán Gezmajmáyev, contó detalles sobre los interrogatorios. Según su relato, si un detenido “no confesaba, se volvía a intentar dos o tres horas después, hasta que confesaba o moría”. Entre otros instrumentos que empleaban, nombraba porras eléctricas, bates de goma y barriles de agua de 100 litros donde los detenidos eran sumergidos colgados desde el techo.

El Sever está curtido en combate. Las autoridades rusas confirmaron que había sido enviado a Siria en 2017, cuando el diario independiente Nóvaya Gazeta publicó que sus tropas habían recibido sendos manuales sobre cómo actuar en la república árabe. En concreto, cómo diferenciar a periodistas de espías y cómo identificar a oficiales de inteligencia, combatientes y mercenarios.

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Uno de los exmiembros más famosos de Sever es Zaur Dadáyev, segundo al mando del batallón que perpetró el asesinato del opositor Borís Nemtsov frente al Kremlin en 2015. Dadáyev fue condenado por el asesinato del político, una de las principales figuras contra la guerra entonces, aunque nunca se investigó quién ordenó el atentado.

Presencia en Ucrania

La primera prueba de la presencia de las fuerzas de la república del Cáucaso en Ucrania la reveló el propio Kadírov el 26 de febrero, cuando publicó en su perfil de Telegram un vídeo de un militar izando en la valla de un puesto de la Guardia Nacional de Ucrania una bandera chechena con el retrato de su padre, Ajmat Kadírov. “Alabado sea Alá. Den la bienvenida a Rusia”, escribió el mandatario. No especificó cuál era aquel lugar, aunque un vídeo de otro soldado en las mismas puertas indicó que sería Gostomel, a unos 25 kilómetros de Kiev.

Ese mismo día también circuló la información de que habrían muerto en Ucrania los comandantes Magomed Tusháyev, responsable de Sever, y Azor Bisáyev, de la OMON (un destacamento especial de la policía) de Ajmat-Grozni. Kadírov publicó en sus redes un vídeo en el que supuestamente conversaba con ellos por teléfono y decía que están “más vivos que todos los vivos, e incluso más vivos que los que difunden falsedades desde el sofá”. Además, afirmaba que no presentaban un rasguño y estaban dotados de suministros al completo.

Un día después, el presidente de Chechenia criticaba el lento avance de las Fuerzas Armadas rusas en Ucrania y urgía a “comenzar una operación a gran escala en todas las direcciones”. “Más de una vez he participado personalmente en tácticas y estrategias contra terroristas, he combatido en batallas, y en mi opinión los planes elegidos en Ucrania son demasiado lentos”, escribió en su perfil personal.

El líder checheno, que combatió junto con su padre contra las tropas rusas en la guerra de Chechenia de los noventa, ha difundido también otros vídeos donde se ve a sus tropas rezando en un claro de un bosque mientras un convoy de cientos de vehículos del Ejército ruso avanzaba lentamente.

El diario Chechnia Segódniya publicó que Kadírov habría enviado unos 12.000 hombres al frente, y el mandatario obligó al medio a retractarse. Aún no está claro si las unidades chechenas participarán en lo más duro de los combates, aunque según el periódico independiente Kavkazski Úzel (El Nudo del Cáucaso, en castellano) todo apunta a que sí. El diario, declarado agente extranjero por las autoridades rusas, tuvo acceso al coronel del Servicio Federal de Seguridad (FSB) y exdiputado de la Duma Estatal (el Parlamento ruso), Guennadi Gudkov. Según sus informaciones, el Ejército checheno participará en el asalto a Kiev, y su tarea podría ser la represión y las incursiones contra objetivos específicos. Kadírov ha anunciado este martes que han muerto dos de sus hombres en Ucrania y seis han resultado heridos.

Uno de los grandes enemigos de Kadírov es el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, que se ha negado a abandonar el país. El mandatario checheno afirmó a finales de enero que si él fuera el presidente ruso, “hace mucho que habría ocupado Ucrania, enviado allí tropas y restablecido el orden”. Y un día después de comenzar la invasión, reunió a miles de personas en Grozni y señaló directamente al presidente ucranio. “Señor Zelenski, el tiempo de las payasadas ha llegado a su fin. Ha llegado la hora de cumplir el deber con su pueblo para evitar consecuencias irreversibles. Hoy más que nunca es necesario implementar los acuerdos de Minsk”, amenazó Kadírov.

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La Unión Europea da otro paso en su escalada de sanciones contra Rusia como represalia por la invasión de Ucrania. Los Veintisiete van a prohibir la emisión a las principales televisiones internacionales rusas, las públicas Russia Today y Sputnik TV, y a sus filiales. El anuncio llega apenas unas horas después de que se comunicaran dos durísimas sanciones financieras, la desconexión de varios bancos rusos del sistema de pagos internacional Swift, y la congelación de los activos del banco central ruso en los países implicados en este castigo (la UE, Estados Unidos, Canadá y Reino Unido). En ambos casos la encargada de comunicar la decisión ha sido la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

“En otro paso sin precedentes, prohibiremos la maquinaria mediática del Kremlin en la Unión Europea. Los medios públicos Russia Today y Sputnik, más todas sus filiales, no podrán extender sus mentiras para justificar la guerra de Putin y la división en nuestra Unión. Estamos desarrollando herramientas para prohibir su desinformación tóxica en Europa”, ha justificado la presidenta Von der Leyen junto al alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrell.

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El tren, con destino a Kiev, debía de partir de la estación de Mariupol a las cinco de la tarde del viernes 25 de febrero. Algo lo retrasó a las siete. Después avisaron a los viajeros, que ya estaban en sus asientos, que no se pondrían en marcha hasta las siete de la mañana. En la estación, dentro de los vagones, se oían explosiones cercanas y ruido de aviones y helicópteros. Eran señales de que las tropas rusas se encontraban ya muy cerca de esta ciudad de medio millón de habitantes situada en la región del Donbás. Mariupol, un enclave portuario con una gran industria metalúrgica, es la ciudad más importante de la región después de que Donetsk, antes la capital, quedase en manos de los separatistas rusos.

A las siete y media de la mañana a los viajeros se les comunica que las vías se encuentran inutilizadas y que el viaje por tren es imposible. A los aproximadamente 300 pasajeros los agrupan en cuatro autobuses, que, a las nueve de la mañana, salen rumbo a una estación intermedia, desde donde podrán montarse en otro tren hacia Kiev. Según comentan algunos de ellos, son, probablemente, los últimos autobuses que parten antes del asalto final ruso. Algunos de los viajeros, como una madre que va con sus tres hijas pequeñas, todas menores de 10 años, esperan poder saltar desde Kiev —cuya situación es también cada vez más inquietante— a Polonia y alcanzar la ciudad de Cracovia, donde tienen parientes. Viajan muy preocupadas, porque dejaron todo en la parte norte de Mariupol y porque van sin dinero y sin PCR. No saben si les dejarán cruzar la frontera. Decidieron huir con lo puesto por miedo a las bombas y a los proyectiles que no dejaban de oír desde su casa.

Informa Jorge Said desde Zaporizhya (Ucrania)

Foto: Unas niñas escapaban el sábado en el tren de Mariupol con destino a Kiev.

Lea aquí el reportaje completo



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Los tanques rusos circulan por TikTok. En la red social que más crece se pueden encontrar vídeos como el que Maria02903 grabó desde su coche, donde se ve una columna de tanques que avanzan por una carretera helada, a diez kilómetros de Ucrania.

En internet circulan estos días los videos de tropas rusas en movimiento, tomados por espectadores casuales. Hay aviones, camiones, orugas y cohetes. En un corte del 8 de febrero, un conductor adelanta una fila larguísima de blindados que avanzan rodando, señal de que están cerca de su destino. En otro vídeo, un hombre que pasea al perro se cruza, según The Washington Post, con lo que sería un lanzacohetes de misiles balísticos. Muchos vídeos se han localizado en la frontera entre Rusia y Ucrania, donde el ejército de Vladimir Putin ya habría desplegado hasta 190.000 soldados.

Los conflictos armados también son digitales. Es así hace una década; ahora, multiplicado. Todos llevamos cámara, más gente graba imágenes, y compartirlas es un gesto instantáneo. En 2022, cualquier suceso será emitido en tiempo real. Es inevitable. Pero no dejará de extrañarnos: en TikTok, una adolescente de Valladolid puede saltar en dos segundos de mirar una coreografía a ver vídeos de Sergio Ramos en su casa, y de ahí a un MiG-31K ruso que aterriza en Bielorrusia.

Los vídeos son un detalle, pero la ofensiva rusa sobre Ucrania es un conflicto que tiene al menos tres frentes digitales.

Hay una guerra por la información. ¿Qué tropas está moviendo Rusia? ¿Dónde están? ¿De qué vehículos dispone? Estas preguntas típicas de la inteligencia ahora se responden también con fuentes abiertas. Con vídeos de TikTok y con imágenes de satélites no militares. Michael Sheldon, analista del Digital Forensic Research Lab, compartía en Twitter dos imágenes del aeródromo Tomarovka, en Rusia, pero apenas a 30 kilómetros Ucrania, tomadas con el satélite Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea. Comparando los días 5 y 15 de febrero, aseguraba ver una docena de nuevas aeronaves: “Cada punto representa probablemente un helicóptero [Mi-24]”.

Una imagen satélite del 21 de febrero, de un despliegue reciente de tropas en Krasnyy Oktyabr, cerca de Belgorod (Rusia), a a 12 kilómetros de la frontera con ucrania.
Una imagen satélite del 21 de febrero, de un despliegue reciente de tropas en Krasnyy Oktyabr, cerca de Belgorod (Rusia), a a 12 kilómetros de la frontera con ucrania.MAXAR TECHNOLOGIES (via REUTERS)

Hay una guerra por (o contra) la desinformación. Cualquiera puede compartir una imagen y hacerla pasar por lo que no es. Es lo que estarían haciendo los separatistas prorrusos de las regiones de Donetsk y Luhansk, apoyados por Rusia, que en los últimos días han difundido vídeos acusando al ejército ucranio de unos ataques que estos niegan. Diferentes expertos occidentales cuestionan las imágenes (el sonido de disparos de un video, por ejemplo, estaría copiado de otro más antiguo sacado de YouTube); creen que las denuncias desde Moscú eran un pretexto para justificar el envío de tropas a la región, que efectivamente se produjo este lunes. En palabras del antiguo ministro de defensa ucraniano, Andriy Zagorodnyuk: “Nada de eso ha ocurrido. Es básicamente una guerra virtual, una guerra que existe en el espacio informacional. No existe en la realidad”.

Es un ejemplo del arma de doble filo que es internet. Permite que los investigadores verifiquen informaciones propagandísticas, vengan de donde vengan, pero también es caldo de cultivo para las mentiras. En Twitter, Reddit o TikTok el ruido es atronador.

Por último, hay una guerra por las infraestructuras de información. Un objetivo estratégico en los conflictos del futuro no serán ni puentes, ni aeropuertos, sino servidores y redes de ordenadores. Ucrania ha denunciado dos ciberataques recientes, uno en enero y otra la semana pasada. El último hackeo atacó webs del gobierno y del ejército, y también los servidores de los dos mayores bancos del país. Otros ataques anteriores han logrado cortar el suministro eléctrico, inutilizar miles de ordenadores y hasta las cajas de los supermercados. Los ciberataques se suceden en el país desde 2014, en lo que sus autoridades definen como una “guerra híbrida” de Rusia contra Ucrania.

Pero volvamos a los vídeos de TikTok, porque en ellos también se vislumbrará la otra guerra, la analógica, que es la vulgar, la antigua, la peor y la más importante. Me refiero a la que sufren los vecinos del Donbás sin agua y sin luz, atrapados desde hace ocho años entre el Ejército y los separatistas prorrusos. Las víctimas de la guerra también van a estar en los vídeos virales, no bajo el encuadre, donde veremos tanques sobre la nieve y proyectiles que iluminan el cielo, sino del otro lado de la cámara, sosteniendo un teléfono.

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El Departamento de Defensa de Estados Unidos ha alertado este miércoles de que las tropas rusas “están listas” para llevar a cabo un ataque sobre Ucrania y de que el Kremlin planea una invasión a gran escala de la antigua república soviética de forma “inminente”. El presidente ruso, Vladímir Putin, decidió el lunes reconocer la soberanía de las regiones orientales ucranias de Donetsk y Lugansk, controladas por fuerzas separatistas prorrusas, y envió soldados a la zona en una supuesta “misión de paz”. La operación ha sido interpretada por Washington y sus aliados occidentales como “el principio de la invasión” del país. Según el Pentágono, la agresión final por parte de Rusia está a punto de comenzar.

“Las fuerzas rusas han continuado concentrándose más cerca de la frontera y se encuentran en una fase avanzada de preparación para actuar o llevar a cabo una acción en Ucrania”, señaló el portavoz del Pentágono, John Kirby, en rueda de prensa. Poco antes, un responsable del mismo departamento había precisado, bajo la condición del anonimato, que el 80% de los más de 150.000 militares rusos destacados en las fronteras ucranias se habían colocado ya en disposición de ataque a la espera de las siguientes órdenes.

En una noche intensa e inquietante, mientras los aeropuertos de Jarkov y Dnipro, en el Este de Ucrania cerraban sus pistas de forma imprevista y Rusia ha cerrado ha cerrado su espacio aéreo en las zonas más cercanas a la frontera con Ucrania, el presidente Volodímiz Zelenski ha enviado un emotivo mensaje a la ciudadanía ucrania y rusa. Kiev está dispuesto a negociar con Moscú en cualquier canal y en cualquier momento, ha dicho en un discurso en ucranio y en ruso divulgado en su canal de Telegram. “Hoy inicié una llamada telefónica con el presidente ruso. El resultado fue el silencio, aunque el silencio debería estar en el Donbas”, ha asegurado en el videocomunicado antes de dirigirse de manera directa a los rusos: “Estamos separados por más de 2000 kilómetros de fronteras mutuas, a lo largo de las cuales se encuentran 200.000 de sus soldados y 1.000 vehículos blindados. Su liderazgo ha aprobado su paso hacia el territorio de otro país. Este paso podría convertirse en el comienzo de una gran guerra”, ha recalcado. “No necesitamos la guerra, ni caliente, ni fría, ni híbrida. Pero si las tropas nos atacan y alguien trata de arrebatarnos nuestro país, nuestra libertad, nuestras vidas, las vidas de nuestros hijos, entonces nos defenderemos. Y cuando nos ataquen verán nuestras aras, no nuestras espaldas”.

Poco ante, han llegado desde Moscú más ingredientes de este cóctel de consecuencias imprevisibles. El Kremlin ha asegurado este miércoles que Putin ha recibido una petición urgente de ayuda de los líderes separatistas de las regiones de Donetsk y Lugansk. La reclamación “para repeler la agresión de las fuerzas armadas de Ucrania” ha elevado las alertas de los servicios de seguridad ucranios y occidentales, que temen que sea un elemento precursor para una agresión militar rusa, con el pretexto de defender a la ciudadanía de las dos autodenominadas “repúblicas populares”, en las que Moscú ha repartido más de 700.000 pasaportes rusos.

Kiev ha negado repetidamente que esté preparando una ofensiva para retomar el control de toda la zona del Donbás, de la que un tercio está desde 2015 bajo control de los secesionistas prorrusos, que reciben el apoyo del Kremlin.

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La crisis ucrania se fraguó a finales del año pasado, cuando Rusia empezó a acumular soldados en su frontera y los servicios de inteligencia de Estados Unidos recabaron las primeras informaciones sobre los supuestos planes de ataque por parte del Kremlin. El conflicto se aceleró en enero. Washington alertó entonces de que Moscú planeaba simular agresiones para conseguir un pretexto con el que justificar la invasión de Ucrania, ocho años después de haberse anexionado de forma ilegal la península de Crimea.

Las acusaciones de ataques entre el Gobierno ucranio y los separatistas prorrusos respaldados por Putin comenzaron el jueves y los primeros soldados rusos entraron el lunes. Para la Administración de Joe Biden, el Kremlin está siguiendo al dedillo el manual que habían anticipado. Estados Unidos ha recalcado que no acudirá con sus propias tropas al rescate del pueblo ucranio, pues el país no pertenece a la OTAN, pero el martes anunció el despliegue de 800 soldados estadounidenses más en los países bálticos —Estonia, Letonia y Lituania― para reforzar el flanco oriental de la Alianza Atlántica. A principios de mes, ya anunció el envío de 3.000 soldados adicionales a Europa del Este. También apoya al Gobierno de Kiev con armamento y ayudas económicas.

EE UU sigue sin dar por muerta la vía diplomática con Rusia, pero esta parece cada vez más improbable. “Esto ha sido un teatro diplomático por parte de los rusos”, ha explicado este miércoles en Washington Ned Price, portavoz del Departamento de Estado. “Decían estar comprometidos con la vía diplomática, mientras sus acciones apuntaban lo contrario”. El presidente francés, Emmanuel Macron, mantuvo el domingo dos conversaciones telefónicas con Putin, tras las cuales anunció que tanto el líder ruso como Biden habían aceptado celebrar una cumbre bilateral. La Casa Blanca lo confirmó. Al día siguiente, sin embargo, el líder ruso lo consideró “prematuro”.

Evacuación de una planta química

Desde el Donbás, los jefes secesionistas de Donetsk y Lugansk, Denis Pushilin y Leonid Pasechnik, respectivamente, argumentaron que el apoyo de Rusia ayudaría a “evitar bajas civiles y una catástrofe humanitaria”, ha dicho el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. El Gobierno ucranio, la OTAN y EE UU llevan semanas alertando de que Moscú ha puesto en marcha una serie de operaciones de falsa bandera —maniobras fabricadas por el Kremlin— para tener la excusa de intervenir. El ministro de Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, ha asegurado que un turno de noche de una importante planta química de la península ucrania de Crimea ha sido evacuado. Apuntó que puede deberse a una posible preparación para una intervención rusa. “Moscú parece no tener límites en los intentos de falsificar pretextos para una mayor agresión”, comentó en las redes sociales.

Una petición de ayuda a Rusia fue una de las causas que derivó este lunes en el reconocimiento de Putin de la independencia de las regiones secesionistas. Algunos analistas creen que el reclamo de este miércoles puede servir a las tropas rusas para entrar abiertamente. Desde que Putin firmó el decreto de reconocimiento, que llevaba aparejado el despliegue de tropas para el “mantenimiento de la paz”, han estado entrando con vehículos sin seña. Otros observadores creen que estas solicitudes podrían llegar a desencadenar un ataque ruso contra Ucrania más grande.

Pushilin, jefe de la región separatista de Donetsk, no descartó este miércoles una “solución militar” para expandirse. Los separatistas reclaman el derecho a hacerse con la totalidad de ambas regiones, de las que ahora solo controlan un tercio.

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Emmanuel Macron y Joe Biden, el pasado junio en Bruselas.
Emmanuel Macron y Joe Biden, el pasado junio en Bruselas.Brendan Smialowski (AP)

Los presidentes de Estados Unidos, Joe Biden, y Francia, Emmanuel Macron, consideran una “señal alentadora” el anuncio de Moscú de que va a empezar a retirar las tropas rusas estacionadas desde hace meses a lo largo de la frontera con Ucrania. No obstante, en una conversación telefónica de una hora de duración, ambos se mostraron de acuerdo en la necesidad de ser “prudentes” y, sobre todo, de poder “verificar” las afirmaciones rusas en una situación que sigue siendo muy “frágil”, dijo este martes el Elíseo.

“El desafío hoy es evaluar la calidad de los anuncios rusos sobre el fin de ciertas maniobras militares”, explicaron fuentes de la presidencia francesa tras la nueva entrevista telefónica de los mandatarios, que habían hablado por última vez el pasado sábado. Las frecuentes conversaciones —cuatro desde el comienzo de la crisis ucrania— se deben a la voluntad de Washington y París de continuar “perfectamente coordinados” ante Moscú, de acuerdo con el Elíseo. Tanto Biden como Macron coincidieron en que “hay que tomar nota de las medidas rusas” pero que también “hay que verificarlas, comprobar su alcance y significado”, según la presidencia francesa.

“Hay anuncios rusos, hay imágenes de un cierto número de hombres y material embarcados, pero sigue habiendo maniobras militares rusas aéreas, navales y terrestres de magnitud. Las maniobras rusas no han acabado (…) hay un indicio, pero el dispositivo militar ruso sigue siendo muy impresionante y para que vuelvan la confianza y la calma debe ser netamente reducido”, insiste París. “Muchas cosas son posibles” todavía en una situación que sigue siendo muy “frágil”, recalca.

Las tropas rusas regresando a sus guarniciones militares.

París considera que la promesa de retirada de tropas tras la conclusión de los ejercicios militares alegados para desplegarlas a lo largo de la frontera ucrania viene a reafirmar la estrategia de Macron a poco más de una semana de la visita de este a Putin en el Kremlin, pese a la “prudencia” con la que las dos partes subrayan que hay que tomarse todo anuncio ruso. Algo especialmente importante para el mandatario francés —sobre todo a dos meses de las elecciones presidenciales— después de que el Kremlin desmintiera tajantemente las afirmaciones del Elíseo de que Macron había logrado arrancar a Putin la promesa de que Rusia “no emprenderá nuevas iniciativas militares”.

“El movimiento de desescalada es conforme” a lo que Putin le dijo a Macron hace una semana, afirmaron las fuentes francesas, según las cuales lo fundamental es tener un “punto de partida”.

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“Buscamos una salida de la crisis y para ello hay que empezar en alguna parte. Un buen punto de partida es la reducción del dispositivo militar ruso en las fronteras de Ucrania (…) No extraemos más conclusiones, no es decir que lo anunciado sea la salida de la crisis, eso hay que construirlo y será gradual”, matizó el Elíseo. El objetivo, recordó, sigue siendo, además de la desescalada rusa en la frontera ucrania, “relanzar las negociaciones en el marco del formato de Normandía” sobre el Donbás y abrir a otros socios una discusión “más ambiciosa” en torno a la seguridad en Europa.

París adelantó que Macron conversará este miércoles también con el presidente chino, Xi Jinping. Aunque China no forma actualmente parte de las negociaciones, como miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene “una responsabilidad particular en materia de mantenimiento de la paz y seguridad internacionales”, justifica Francia la inminente entrevista, en la que Macron le comunicará a su homólogo chino “el interés común en lograr que Rusia entre en un diálogo útil” con Francia y sus aliados.

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