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El segundo viernes del Gobierno de Gabriel Boric estuvo marcado por la violencia en el centro de Santiago. Decenas de jóvenes encapuchados se enfrentaron con la policía y atacaron los negocios del sector de la Plaza Italia, epicentro de las revueltas de 2019 que dieron origen al proceso constituyente y de donde salieron buena parte de los votantes del actual presidente. La aciaga jornada ocurrió días después de que La Moneda enviase al Congreso un proyecto de ley para indultar a los presos relacionados con el estallido social. Los vecinos y comerciantes de la zona, hastiados tras casi dos años y medio de disturbios, exigen mayor orden público, uno de los grandes desafíos que enfrenta la nueva Administración de izquierda.

La manifestación para exigir la renuncia del director de Carabineros, Ricardo Yáñez, y la liberación de los presos de la revuelta arrancó a las 17.00 horas, un ritual que se cumple cada viernes. En cosa de minutos un grupo de niñas con los rostros cubiertos encendieron un basurero fuera del metro más próximo a la Plaza Italia, que se vio obligado a suspender las operaciones, y varios jóvenes prendieron fuego a cajas, bidones y bolsas en medio de la Alameda, la principal arteria vial capitalina. Unos golpeaban a los coches que se interponían en el camino y otros aporreaban fierros contra los paraderos de buses al son de “¡Liberar, liberar, a los presos por luchar!”.

Valezca Garcés, de 65 años, era una de las que gritaba. “Voy a venir hasta que liberen a los presos, aprueben el quinto retiro [del 10% de sus ahorros para la jubilación] y le den a los mapuches lo que quieren, que ellos llevan más tiempo que nosotros luchando”. Su candidato presidencial era el comunista Daniel Jadue, que perdió en las primarias de la izquierda ante Boric. Rechaza que el nuevo mandatario haya dicho que “las actividades delictuales que se realizan los viernes no se pueden seguir permitiendo”. “No somos delincuentes, somos pobladores”, sostuvo Garcés. Consultada sobre los actos vandálicos, argumentó que “la violencia es parte del ADN de la revolución”.

Otra pareja de manifestantes, ella de 42 y él de 38, también apoyaban a Jadue. “Boric no era nuestro candidato, era para salir del paso”, apuntó la mujer, a quien le gustaría que el nuevo Gobierno fuese a las poblaciones “donde los niños pasan hambre y los abuelitos no tienen una pensión digna para vivir”. El centenar de personas reunidas eran principalmente jóvenes -que no querían hablar con la prensa-, pero también había niños y adultos mayores.

Los ánimos de la protesta ya estaban encendidos por el disparo de un policía contra un joven que quedó herido en una manifestación estudiantil horas antes. Según información preliminar citada por el diario La Tercera, una veintena de personas atacaron al agente, que este sábado quedó en libertad a la espera de que la Fiscalía investigue lo ocurrido. La portavoz del Gobierno, Camila Vallejo, calificó el enfrentamiento “de suma gravedad”. “Como Gobierno debemos resguardar el orden público, pero siempre apegado a la protección de los derechos humanos”. El viernes anterior, en el marco de una detención a un manifestante de 65 años, el alcalde Jadue criticó la “represión policial”. “¡A no decepcionar al pueblo!”, advirtió en Twitter al Ejecutivo.

Sobre las 19.00 horas de este viernes, la fachada del icónico restaurante Antigua Fuente apenas se podía ver. Un grupo de delincuentes intentaba incendiar el local con una fogata fuera de la fachada completamente cubierta de placas metálicas y protegida por una reja gruesa. Agentes de Carabineros apagaron las llamas y sacaron del recinto a cuatro trabajadores, incluido el dueño y presidente de la Asociación Gremial Barrio Plaza Italia, Carlos Siri, de 55 años. “Hoy para mi es un dia negro”, decía a este periódico horas antes al interior su local. “Lo normal sería que trataran de vandalizar el restaurante de nuevo”.

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Siri acabó la noche en el hospital por inhalar los humos tóxicos. “Tuvimos que llamar a Carabineros cuatro o cinco veces porque cada vez que se iban, volvían a atacarnos”, ha explicado este sábado en una conversación telefónica desde su casa.

Carlos Siri, dueño del restaurante Antigua Fuente, antes del ataque de este viernes 25 de marzo, Santiago.
Carlos Siri, dueño del restaurante Antigua Fuente, antes del ataque de este viernes 25 de marzo, Santiago.A.L.

El local reconocido por sus sándwiches desde hace más de medio siglo ha sido un foco recurrente de los ataques de los viernes. Antes del estallido atendían entre 600 y 700 clientes diarios. Ahora, en un día normal, 250. Y los viernes es una sorpresa cada vez que entra alguien. En la manzana en que está ubicado el restaurante y que desemboca en la Plaza Italia había 18 negocios antes de las revueltas. Hoy solo sobreviven dos. “Somos la única ampolleta encendida en medio del campo, entonces todos vienen a atacarnos. Creen que estamos en contra de los cambios, pero esto no es una sede política, es un restaurante”, añadió este viernes Claudio Siri, de 42 años, primo y socio de Carlos.

El Gobierno no ha hecho declaraciones públicas sobre los disturbios en Plaza Italia y Lastarria, otro barrio aledaño. Fuentes de la Presidencia Regional Metropolitana derivaron a este periódico a hablar con Carabineros sobre el tema. Representantes de la institución informaron que la jornada acabó con siete detenidos y ocho agentes lesionados.

La semana había arrancado con buen pie para los emprendedores. El ministro de Economía, Nicolás Grau, había participado de la primera reunión de trabajo con representantes de asociaciones de restauración del centro de la capital y les había pedido perdón en nombre del Estado por los actos de violencia que han sufrido. Además, se había comprometido, junto a la alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, a desarrollar un plan para resguardar la seguridad, aunque sin entrar en detalles.

Cuando el ministro abordó los temas del encuentro en una entrevista, dijo que “obviamente” no iría con su familia a cenar al barrio los viernes por la noche, sacando ronchas en el vecindario. Grau se refirió en particular al bohemio sector de Lastarria, donde también se produjeron actos vandálicos que incluyeron el destrozo de vidrios, bombas molotov y fuegos artificiales.

La actitud de los dueños de las pequeñas empresas y de los vecinos del barrio empeoró el mismo lunes de la reunión de Grau, cuando el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Giorgio Jackson, anunció la suma urgencia al proyecto de amnistía de delitos cometidos “con motivo u ocasión de los desórdenes públicos del estallido social” iniciados en octubre del año 2019.

Luz Galarce, profesora de 52 años y miembro de Santiago se Levanta, una organización que reúne 33 agrupaciones vecinales y gremios de pequeñas empresas, rechaza la propuesta. “Antes de eso deberían aplicar medidas para detener la violencia”, plantea por teléfono. “Muchos vecinos se han ido. Yo temo por mi integridad y la de mi hija, de 14 años, que sufre de ataques de pánico”, agrega. “Con los indultos no podemos estar tranquilos. Cuando salgan a la calle ¿adivina a dónde van a ir? A Plaza Italia”, sostiene Siri, quien está buscando un local en el sector oriente de la capital para trasladar su sandwichería.

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El presidente de Chile, Gabriel Boric, gesticula durante una rueda de prensa con medios extranjeros acreditados en La Moneda, el 14 de marzo pasado.
El presidente de Chile, Gabriel Boric, gesticula durante una rueda de prensa con medios extranjeros acreditados en La Moneda, el 14 de marzo pasado.IVAN ALVARADO (REUTERS)

La instalación del presidente Gabriel Boric en La Moneda ha estado llena de gestos simbólicos –sobre todo a las mujeres, a los pueblos originarios y a los sectores con menos recursos–, en línea con las altas expectativas ciudadanas que despierta su gestión. Este lunes, cuando inició la segunda semana de Gobierno, La Moneda ha presentado un proyecto de ley que busca la amnistía para los presos en el marco de las revueltas sociales, que tiene limitadas opciones de aprobarse en el Parlamento. Pero el aterrizaje en la primera línea del poder de una nueva generación de políticos ha estado marcado por un hecho central y sin precedentes: la compleja visita del martes pasado de la ministra del Interior, Izkia Siches, cuando sufrió una emboscada en La Araucanía, en la zona sur del país, donde el Estado chileno mantiene desde hace años un conflicto con las comunidades mapuches que exigen la propiedad de la tierra.

“El Gobierno debería tener más cuidado. Se observa entusiasmo, pero ha habido muestras de desconocimiento. Estas ganas de querer ir a La Araucanía, pero sin tomar las precauciones del caso, es un problema difícil, que no ha podido resolver ninguna Administración anterior, pero era evitable que este hecho haya marcado la agenda pública de la primera semana”, asegura la politóloga Javiera Arce. “Está bien la luna de miel del Gobierno, pero no se debe tensar tanto el hilo. Esta gestión nos está acostumbrando a vivir de los símbolos –la juventud, las propuestas, las mujeres en el poder, por ejemplo–, pero no se puede abusar, porque los símbolos no hacen sobrevivir un relato político. Es necesario tomar decisiones fuertes y el manejo de expectativas debe ser sustantivo”, agrega Arce, de la Red de Politólogas, que habla del Gobierno desde Instagram, en relación al gusto de esta nueva Administración a esta red social.

La emboscada ha sido el hecho de mayor relevancia de los primeros 10 días de la nueva Administración de izquierda que intenta cambiar el paradigma para resolver un conflicto histórico por las tierras ancestrales en la zona, que en los últimos años ha crecido en intensidad y violencia (en 2021 hubo al menos 1.200 atentados y en 2022 se han registrado ocho homicidios). En busca de diálogo y desmilitarización, Siches se encontró con la resistencia de grupos que no están de acuerdo con ese camino.

La visita a La Araucanía de Siches produjo diversas consecuencias. Primero, la polémica por sus declaraciones, donde se refirió a “presos políticos” de la etnia mapuche, lo que fue matizado por el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Giorgio Jackson. Luego, el asunto fue corregido por su subsecretario del Interior, Manuel Monsalve. “No son presos políticos”, aseguró el socialista.

El conflicto en La Araucanía derivó en otra controversia para la ministra Siches, que optó por no denunciar los hechos violentos, pese a las exigencias de la ley, dado que la Fiscalía había abierto de oficio una investigación. Hubo una tercera consecuencia: a propósito del conflicto, Siches anunció la preparación de un manual de buenas prácticas para referirse al pueblo mapuche– lo que llamó la atención, sobre todo de la prensa–, aunque luego aclaró que no sería el propósito de su futuro manual servir como censura a los medios de comunicación.

La visita del Felipe VI

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Uno de los asuntos que marcó el inicio de la instalación fue la polémica que abrió el propio presidente Boric con España al criticar al rey Felipe VI porque, según el mandatario chileno, retrasó la ceremonia de cambio de mando el pasado 11 de marzo, lo que fue refutado por la Casa Real. La canciller, Antonia Urrejola, se refirió a la polémica este lunes y, a nombre del Gobierno chileno, aseguró que lo dicho por Boric “fue un error comunicacional y no debió haber sucedido”. Pese a este incidente, el sociólgo Axel Callís, director del sitio Tuinfluyes.com, piensa que “se valora el silencio que ha mantenido Boric” en este arranque, como contrapunto a sus antecesores, Sebastián Piñera y Michelle Bachelet, con una marcada presencia mediática. “La palabra presidencial se acota a lo importante y no a la coyuntura”, dice .

En el mismo plano de las relaciones internacionales, Boric ratificó el Acuerdo de Escazú, que busca mejorar el acceso a la información, a la Justicia y la participación pública en materia ambiental en países de América Latina y el Caribe. El acuerdo no fue firmado por el anterior Gobierno, el de Piñera, con el argumento de que podría exponer al país a demandas internacionales, entre otros asuntos. De aprobarse en el Congreso, Chile será el país 25 de la región en sumarse.

El tema del orden público, uno de los principales desafíos del Gobierno de Boric, ha aparecido prontamente en la agenda de La Moneda. Los ministros Siches y Jackson defendieron en el Congreso la extensión del Estado de excepción en la zona norte del país, donde la migración irregular se asoma como uno de las principales urgencias, mientras que en La Araucanía se ha optado hasta ahora por no renovar la medida cuando el 26 de marzo termine la decretada por Piñera.

El pasado viernes, cuando el presidente llevaba recién una semana en el cargo, se repitieron manifestaciones en Plaza Italia, el epicentro de las protestas desde octubre de 2019. El alcalde comunista Daniel Jadue, que perdió en las primarias presidenciales de la izquierda frente a Boric, criticó a la Administración recién asumida por lo que llamó “represión policial”. Para el militante comunista –un partido que compone el bloque original de Boric–, “el Gobierno tiene la responsabilidad de intervenir civilmente las policías para que ejerzan su labor apegados a tratados internacionales en materia de derechos humanos. ¡A no decepcionar al pueblo!”, escribió en las redes sociales.

Ese es el marco de la amnistía propuesta para los llamados presos del estallido. El Gobierno de Boric busca cumplir su promesa a aquellos que lo respaldaron en las urnas. Lo anunció este lunes el ministro Jackson luego de una reunión con la recién asumida senadora Fabiola Campillai, que quedó ciega por la acción policial. Antes, el ministro de Economía, Nicolás Grau, había ofrecido disculpas en nombre del Estado de Chile a los comerciantes de la zona de Plaza Italia por los destrozos de sus locales durante el estallido social.

Lo de la seguridad pública tendrá otra fecha compleja el 29 de marzo próximo: la conmemoración del Día del Joven Combatiente, en memoria de dos hermanos asesinados en la dictadura de Augusto Pinochet. Históricamente ha sido un día difícil por las protestas que se realizan en distintas zonas del país, pero sobre todo en los barrios populares de Santiago. No resulta evidente si con Boric en La Moneda podrán calmarse las aguas durante la jornada, cuando el Gobierno pretende desplegar una agenda enfocada en los derechos humanos.

No será el único gran desafío inmediato. En los próximos días, el Ejecutivo de Boric deberá mostrar su habilidad política en distintas instancias. En el Congreso, parte de su propio bloque aprobó este lunes discutir un nuevo retiro del 10% de los fondos de las pensiones, lo que ha rechazado el ministro de Hacienda, el socialista Mariol Marcel, por sus consecuencias negativas para la economía. La nueva Administración deberá convencer al Parlamento y a la ciudadanía de la inconveniencia de la medida, pese a que cuando estaba en la oposición el mismo Boric respaldó como diputado los retiros de los ahorros previsionales. “Es el desafío primero del Gobierno, porque si le desordena su propia bancada, tendrá consecuencias complejas a futuro”, opina la politóloga Javiera Arce.

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El presidente del Senado chileno, el socialista Álvaro Elizalde, fotografiado tras la entrevista con EL PAÍS en los pasiillos de la exsede del Congreso en Santiago, el 14 de marzo de 2022.
El presidente del Senado chileno, el socialista Álvaro Elizalde, fotografiado tras la entrevista con EL PAÍS en los pasiillos de la exsede del Congreso en Santiago, el 14 de marzo de 2022.Cristian Soto Quiroz

“El presidente Gabriel Boric, el día que asumió, dijo en los balcones de La Moneda que ‘vamos lento, porque vamos lejos’. Yo agregaría algo más: ‘Vamos lejos, porque vamos juntos’. Esa es la gran lección para la izquierda: la unidad en torno a proyectos de cambios profundos”, asegura el presidente del Senado, Álvaro Elizalde (Talca, 1969), que en varios pasajes de esta entrevista apela a la necesidad de una “alianza amplia de la izquierda que no renuncie a su vocación transformadora”. Elizalde lideró hasta hace unos días el Partido Socialista (PS), que hoy forma parte de esta Administración, con importantes ministerios, como el de Hacienda, pese a que no conforma el bloque de origen del actual mandatario y en la primera vuelta presidencial tuvo su propia candidatura.

Como la segunda autoridad de mayor importancia del país, le correspondió colocar la banda al nuevo presidente hace una semana. Desde su flamante despacho en el Senado, relata su mirada acerca del camino que ha tomado el PS, un partido que es parte de la Internacional Socialista y con estrechos vínculos con el PSOE español.

Pregunta. En España, Podemos entró al Gobierno liderado por el socialista Pedro Sánchez. En Chile, en cambio, es el histórico PS el que acompaña a un líder emergente de la izquierda. ¿Cómo lo explica?

Respuesta. Aquí, como en España, también fue necesario un entendimiento entre actores de izquierda para enfrentar unidos a la derecha y, en el caso de Chile, para asegurar el éxito del Gobierno. Aquí también, al igual que Podemos, el Frente Amplio tenía la idea del reemplazo. Pero la última elección parlamentaria en Chile, de noviembre del año pasado, demostró que somos una fuerza viva.

P. De lo que fue la Concertación de centroizquierda (1990-2010) solo ha quedado en una situación privilegiada el PS, hoy en el epicentro del poder.

R. Ha habido un cuestionamiento a los partidos tradicionales, particularmente de la centroizquierda, que se ha traducido en una merma de su representación electoral. Pero el PS es un partido que forma parte de la cultura chilena, que ha tenido un papel histórico en episodios muy relevantes, con presencia nacional. Existe una importante identificación en particular con la figura de Salvador Allende. Eso no significa que hayamos hecho todo bien, que no seamos autocríticos y que la crisis de los partidos tradicionales no nos afecte, al contrario. Pero hemos tenido mejores bases para enfrentar estos tiempos.

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P. ¿Qué ha hecho mal el PS? Hace al menos una década sufre una fuga de militantes hacia la izquierda y se conforman nuevos movimientos y partidos, como el Frente Amplio de Boric.

R. Durante mucho tiempo estuvo congelado el padrón electoral: se estableció un sistema de inscripción voluntaria con voto obligatorio. Por lo tanto, las nuevas generaciones no se inscribían y no participaban de los eventos electorales. El padrón empezó a envejecer y el sistema político le hablaba solo a quienes participaban en las elecciones y dejó de hablarles a las nuevas generaciones, perdieron el vínculo. Nosotros fuimos parte de ese error, sumado a que tuvimos un papel relevante en los distintos Gobiernos democráticos. Hoy día, a propósito del fenómeno del Frente Amplio, hay una irrupción de una nueva generación que se siente identificada con nuestra historia y principios, con coincidencias sustantivas, pero que se ha planteado con la lógica del reemplazo –algunos de ellos– respecto de los liderazgos tradicionales.

Hay una irrupción de una nueva generación que se siente identificada con nuestra historia y principios

Álvaro Elizalde

P. ¿Cómo lee los gestos de Boric a Allende?

R. El liderazgo de Allende es de carácter universal y es muy valorado especialmente por las nuevas generaciones. Hay una nueva generación que se siente heredera de Salvador Allende. Es la muestra de un socialista que planteó con mucha fuerza, sobre todo en su conducta política, que democracia y socialismo son dos conceptos indisolubles.

P. ¿Es socialista Boric, aunque no milite en partido?

R. En un sentido amplio, sí. Y por eso creemos necesario generar un espacio de convergencia con los movimientos y partidos emergentes que nos permita construir una mayoría. Boric es una persona de izquierda, con concepciones profundamente democráticas, con un compromiso por los derechos humanos que no admiten un doble estándar y comprometido por transformaciones profundas. Y desde el punto de vista cultural, muy identificado con lo que representa la historia de nuestro partido.

­P. ¿Cómo se encara este Gobierno un proyecto de transformaciones profundas con una Cámara de Diputados atomizada y el Senado empatado con la oposición?

R. Tendremos que apelar al diálogo y al entendimiento con otros actores que permitan construir mayorías en torno a las reformas que ha planteado el Gobierno. Aunque no es fácil, hay sectores de la derecha que eventualmente podrían estar en disposición de esos entendimientos, porque están concientes de que en Chile hay un cuestionamiento al sistema político por su incapacidad de respuesta a las demandas de la ciudadanía.

P. En mayo de 2021, hace menos de un año, parte el Frente Amplio y el Partido Comunista le dio un portazo a su partido, que buscaba una definición conjunto en la primaria presidencial. Y usted dijo: “No se humilla al partido de Salvador Allende”.

R. El entonces candidato presidencial del Partido Comunista, Daniel Jadue, y la presidenta del partido de Boric se negaron a que nuestros aliados participaran de una primaria unitaria. Pero quiero distinguir: Boric tuvo una postura distinta. Por eso una vez que gana la presidencial, convoca al PS a ser parte de su Gobierno.

P. El Partido Socialista, entonces, gobierna con parte de un bloque político que hace menos de un año los humilló…

R. Pero no lo hizo Boric. Y, en segundo lugar, hay un interés superior. No se trata de pasarnos facturas unos con otros. Esa lógica fue la que generó la atomización de la izquierda y la centroizquierda en Chile. Siempre vamos a anteponer a Chile y a su pueblo ante otras consideraciones.

P. ¿Cómo se puede construir un futuro conjunto con una mirada tan diferente acerca del pasado? Líderes socialistas, como el propio expresidente Ricardo Lagos, ha sido especialmente criticado por la izquierda que hoy está en La Moneda.

R. Yo tengo una mirada muy crítica de la transición pero, siendo riguroso, bajo ninguna circunstancia se puede pensar que todo lo que se hizo antes fue malo. Pero al mismo tiempo, considero que si esta es la disputa entre las fuerzas de izquierda, la única beneficiada será la derecha.

Tengo una mirada muy crítica de la transición, pero no se puede pensar que todo lo que se hizo antes fue malo

Álvaro Elizalde

P. ¿Por qué Boric convoca a los socialistas a su Gobierno, si parte del discurso fundacional del Frente Amplio es la crítica a las Administraciones que el PS lideró?

R. Cuando Boric nos convoca, lo hace desde la lógica del respeto al partido. Y por varias razones. Lo apoyamos en segunda vuelta a cambio de nada, porque teníamos al fente la candidatura de José Antonio Kast, de extrema derecha, que representaba una amenaza a los avances civilizatorios. Era un deber patriótico. Pero, en segundo lugar, porque si no ampliaba la base de apoyo, especialmente parlamentario, se hacía mucho más difícil llevar adelante los compromisos programáticos. Boric tomó una decisión valiente, de ampliar su base de apoyo en torno a dos coaliciones: Apruebo Dignidad (el Frente Amplio y el Partido Comunista) y Convergencia Progresista (que integran los partidos, como el socialista, que conformaron la extinta Concertación y que forman la Internacional Socialista).

P. ¿Se unirán formalmente en un solo bloque?

R. Esto puede ser el primer paso para construir una alianza nueva con vocación de mayoría, pero hay que hacerlo sin apresuramiento.

P. ¿Qué opinión tiene del Partido Comunista chileno, que integra también el bloque de Boric?

R. Tenemos diferencias sustativas con el PC sobre todo en el ámbito internacional, pero también un profundo respeto. Hemos trabajado muchas veces juntos.

P. ¿El PS chileno es de izquierda o de centroizquierda?

R. Es un partido de izquierda, es su tradición, sobre la base del legado de Allende. Por lo tanto, comprometidos con cambios profundos. Es verdad que fuimos parte de coaliciones con sectores más moderados para construir mayorías. Y en el pasado cometimos el error de muchas veces no defender nuestras banderas con claridad, para explicarle a la ciudadanía que no se avanzaba más producto de la correlación de fuerzas en el sistema político y de la propia sociedad chilena. Eso puede haber desfigurado nuestra identidad.

P. Entonces, ¿esta alianza actual resulta más cómoda para ustedes que la que tuvieron con la Democracia Cristiana, desde 1990?

P. Sin lugar a dudas existe una identificación cultural mucho más fuerte. Pero como existe el error reiterado de juzgar al pasado con ojos del presente –porque las transformaciones que hoy se pueden impulsar son el resultado de esfuerzos que hiceron otros en otros tiempos–, sucede algo más grave: pretender construir el futuro con los ojos del pasado. Hay sectores conservadores de la centroizquierda que quieren reconstituir lo que era la lógica política de la transición. Pero es un error, porque Chile cambió, afortunadamente. Hoy hay generaciones completas que nacieron en la democracia, que se atreven más.

P. Para usted, entonces, que dice que culturalmente el Partido Socialista chileno está culturalmente más cercano al Frente Amplio que a la Democracia Cristiana…

R. Con la DC quiero ser bien cuidadoso, porque ha sido un actor fundamental para construir mayorías. En Chile es el centro el que inclina la balanza. Entonces, tenemos que tener una alguna alternativa para entendernos con el centro progresistas. No creo que haya que desmerecer el papel que cumple el centro progresista en la construcción de mayorías.

“Con la Democracia Cristiana quiero ser bien cuidadoso, porque ha sido un actor fundamental para construir mayorías

Álvaro Elizalde

P. ¿Por dónde debería empezar Chile sus reformas?

R. Tenemos un problema estructural con una pésima distribución de la riqueza y las políticas redistributivas han sido insuficientes. Y no ha sido posible avanzar con más fuerza por un marco constitucional impuesto en dictadura que declara fuera de la Constitución nuestras ideas, es decir, las reformas que tienden a construir un Estado de bienestar. Por lo tanto, una nueva Constitución permitirá liberarnos de la camisa de fuerza que representa la actual Carta Fundamental.

P. ¿Le preocupa que la Convención discuta sobre menores atribuciones al Senado? Este viernes, se votará la norma que plantea un bicameralismo asimétrico.

R. Es parte del debate. Y todos los sectores deben ser escuchados. Comparto con el presidente Boric que la nueva Constitución debe ser un factor de unidad y no de división, como ocurre con la actual. Si no, habrá una tendencia a querer reformar permanentemente la nueva Carta Fundamental. Con respecto al Senado, creo que garantiza que la voz de las regiones sea escuchada. Además, representa un sistema de contrapesos muy relevante en el sistema presidencialista.

P. La socialista Maya Fernández, nieta de Allende, asumió como ministra de Defensa. ¿Qué representa para el partido?

R. Para nosotros es un gesto reparador e importante.

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El nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, ha cargado contra el rey Felipe VI. En una entrevista con la televisión local T13 el lunes por la noche, consideró “bien inaceptable” que su ceremonia de asunción, celebrada el viernes 11 de marzo al mediodía, se demorara “porque el rey de España llegó tarde”. La ceremonia de juramento comenzó 15 minutos tarde, según el horario previsto. Felipe VI llegó el último entre los 12 jefes de Estado que se esperaban en Valparaíso, a 120 kilómetros de Santiago, donde está la sede del Congreso.

Fuentes de la Casa del Rey indicaron que “la delegación española siguió en todo momento las indicaciones del protocolo y seguridad chilena, que son quienes marcan el ritmo de llegada de las caravanas”. “De hecho, la caravana con la delegación española estuvo esperando en fila detrás de otras hasta que protocolo y seguridad dieron la instrucción de que ya se podía acceder”, agregaron.

Boric no se había referido al retraso en el inicio de su ceremonia hasta ahora. Lo hizo en una entrevista distendida en Las caras de La Moneda, un programa conducido por el animador televisivo Don Francisco, uno de los más populares de Chile y Latinoamérica. Las caras de La Moneda (como se llama la sede del Gobierno chileno) prometía durante la campaña mostrar a los televidentes “la persona” detrás “del candidato”.

Boric agradeció el lunes a Don Francisco la entrevista que le hizo días antes de la segunda vuelta del 19 de diciembre, a la que consideró clave en su triunfo sobre el ultraderechista José Antonio Kast. Consultado por el conductor del programa sobre las impresiones que le había dejado su asunción ante el Congreso, cargó contra Felipe VI. “Me pareció bien inaceptable que se atrasara la ceremonia porque el rey de España se había atrasado. Pero bueno, son cosas que pasan. Uno tiene que aceptar los protocolos establecidos”, dijo Boric.

Los invitados debieron recorrer el viernes por carretera los 120 kilómetros que separan Santiago de Valparaíso. Por cuestiones de seguridad, no se les permitió utilizar el aeropuerto de Viña del Mar, ubicado a unos pocos kilómetros. Una vez en Valparaíso, las comitivas sorteaban tres cordones de seguridad antes de llegar a la sede del Parlamento. Cuando la hora de inicio de la toma de juramento se acercaba, era evidente que ya no se podría cumplir con el horario estipulado. A las 12.00 horas, había aún largas filas de coches esperando para dejar invitados frente a las escalinatas del edificio. Las comitivas oficiales de jefes de Estado y presidentes incluían varios vehículos de custodia que se amontonaban sobre la calle. Cada nuevo invitado debía esperar el retiro de toda la comitiva anterior. Felipe VI llegó minutos después que el presidente de Bolivia, Luis Arce. Cuando el Rey ingresó al edificio, se cerraron las puertas y comenzó la ceremonia.

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Gabriel Boric es desde este viernes el presidente más joven de la historia de Chile. Con 36 años cumplidos en febrero, alcanzó por poco la edad mínima que la Constitución de su país exige a los jefes de Estado. Pero la edad no es el único hito de su presidencia. Boric está acostumbrado a romper las reglas. El atuendo informal que lució cuando juró como diputado en 2014 le valió el repudio de sus pares de traje. Ocho años después, Boric se puso camisa y saco, pero no una corbata. Son detalles, algunos pequeños, otros no tanto, cargados de simbolismo político. Chile tendrá que acostumbrarse a ellos.

Los tatuajes que luce Boric son toda una novedad para un presidente de Chile. Boric lleva grabados un árbol, un faro y el mapa de Magallanes, la región del extremo sur del país donde nació. Yumbel Góngora, una artista del tatuaje en Chile, contó en una entrevista reciente que diseñó el mapa que Boric lleva en el brazo cuando ya era diputado. “Todos sus tatuajes giran en torno a su región de origen”, contó. Los tatuajes van acorde con la generación del nuevo presidente, lo mismo que el uso que hace de las redes sociales. Una de las estrellas del mundo digital de Boric es Brownie, su perro, titular de sus propias cuentas en Instagram y Twitter. “Me encuentro aquí frente a ustedes, en la que es una de las grandes sorpresas del destino, yo, un perrito quiltro, me convierto, por elección popular en el Primer Perro de la República”, se lee en un mensaje publicado este mismo viernes en la cuenta de la mascota presidencial, que tiene más de 90.000 seguidores.

Pero no solo se trata de tatuajes, vestuario y redes sociales caninas. Desde que ganase la segunda vuelta electoral, Boric y los integrantes de su Gobierno han sumado una serie de hitos que ya dan forma a una nueva forma de ejercer el poder. La elección de un Gabinete con mayoría de mujeres es la evidencia más obvia. La elección de algunos nombres no lo es tanto. Al frente del ministerio de Defensa, Boric nombró a Maya Fernández, nieta del presidente Salvador Allende. Fernández nació en Santiago, pero cuando Augusto Pinochet derrocó a su abuelo debió exiliarse en Cuba, donde vivió su infancia y su adolescencia.

Durante la investidura presidencial de este viernes se sumaron nuevos símbolos. Izkia Siches y Camila Vallejo, dos de las ministras más poderosas del Gabinete, eligieron para la ceremonia en el Congreso ropa morada, el color que identifica la lucha de las mujeres contra la violencia de género. La jefa de protocolo del presidente, Manahi Pakarati, se vistió de blanco, pero llamó la atención por su atuendo tradicional Rapa Nui, como también se conoce a la Isla de Pascua, donde nació. Los hombres también tuvieron un detalle particular en sus ropas: un prendedor en forma de ciprés que está inspirado en “el árbol de Boric”. El ciprés en cuestión está ubicado en Punta Arenas, región de Magallanes, y se hizo famoso por la afición del nuevo presidente a subirse a sus ramas. Para los seguidores de Boric, el árbol es símbolo de su meteórica carrera política.

La Ministra del Interior, Izkia Siches, viste de morado, el color de la lucha de las mujeres contra la violencia de género.
La Ministra del Interior, Izkia Siches, viste de morado, el color de la lucha de las mujeres contra la violencia de género. Alberto Valdes (EFE)

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Boric rompió otra tradición con la elección del conductor del Ford Galaxie descapotable desde el cual los presidentes chilenos saludan a sus seguidores tras su investidura en el Congreso. Puso al volante a una mujer, la suboficial Lorena Cid, escolta del jefe de Estado desde noviembre del año pasado. La banda presidencial que lució Boric también fue fruto de una innovación. Si el presidente saliente, Sebastián Piñera, encargó la suya a un sastre de París, su sucesor optó por las mujeres del Sindicato Revolucionario Textil y su taller de Santiago. Otro detalle: en el menú que se sirvió a los presidentes invitados hubo una opción de comida vegana muy a tono con los tiempos.

El protocolo no será el fuerte de Boric. Tras la ceremonia de este viernes, la custodia de La Moneda habrá tomado nota del desafío que enfrenta. El presidente se esforzó por respetar las formas, pero las rompió en cuánto lo creyó necesario. A la salida del Congreso en Valparaíso, ya investido en el cargo, ordenó detener el auto para saludar con apretones de manos a la gente que le vitoreaba tras las rejas de seguridad colocadas por la policía. Más tarde, cuando atravesó la plaza de la Constitución para llegar a La Moneda se salió del libreto para sacarse selfies con sus seguidores.

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Gabriel Boric atravesó en la tarde del viernes la plaza de la Constitución, frente a La Moneda, ya ungido como presidente. Lucía aún la banda que había recibido por la mañana en el Congreso, evidencia de su nuevo cargo, y debía ahora hablar a la multitud desde uno de los balcones de la sede del Gobierno. Pero antes de llegar a la puerta de acceso rompió el protocolo, abandonó la alfombra roja y se dirigió hacia su izquierda. Se detuvo entonces frente a la estatua del expresidente Salvador Allende, muerto en su despacho de La Moneda durante el golpe perpetrado por Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973. Fue un homenaje simple pero estudiado, que anticipó el espíritu de lo que vendría después. Boric impregnó su discurso de la épica del líder socialista, mientras sus seguidores coreaban el nombre de Allende. Hubo incluso algunas lágrimas.

“Estas paredes han sido testigos del horror de un pasado de violencia y opresión que no hemos olvidado y no olvidaremos. Por donde hablamos hoy, ayer entraban cohetes y eso nunca más se puede volver a repetir en nuestra historia”, dijo casi en el arranque de su discurso, en referencia al bombardeo sobre La Moneda durante el golpe militar. Volvió a Allende más tarde, para cerrar: “Como pronosticara hace casi 50 años Salvador Allende, estamos de nuevo, compatriotas, abriendo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, el hombre y la mujer libre, para construir una sociedad mejor”. “Se siente, se siente, Allende está presente”, le respondieron.

El clima en la plaza era el de la satisfacción del sueño cumplido. Patricia Requena, actriz, nació en 1957 y recuerda que era una adolescente durante el gobierno socialista. “Yo viví el tiempo de Allende, era muy chiquita, y nunca más tuvimos un proyecto colectivo como ese. La decepción estaba en nuestros corazones, sobre todo en la generación nuestra. Y ahora celebro la alegría colectiva de sentir que todo es posible. Boric proyecta algo distinto, transparente”, cuenta.

Aquellos que no vivieron el Chile previo a la dictadura también celebraban las referencias de Boric al líder socialista. Como Rodrigo Martínez, un contador de 42 años que se acercó a la plaza acompañado por su esposa. “Venimos luchando por esto muchos, muchos años. Esto es un sueño, porque es el momento en que se harán los cambios que se necesitan para ser, por fin, un país desarrollado. Desde Allende pasaron muchos años, y ahora hay un cambio generacional donde ya tenemos la capacidad para crear un país más justo”, dice. O Ignacio Salinas, un estudiante de publicidad de 24 años que dice que conoce “todo de Allende” gracias a su abuelo: “Él fue capaz de pasarme el conocimiento sobre Allende, y cómo no lo dejaron gobernar. La gran diferencia entre Allende y Boric es que ahora el pueblo lo apoya, el Congreso lo apoya y tiene todas las armas para triunfar”.

Boric regresó desde el balcón de La Moneda a las raíces de la izquierda chilena y apenas nombró como referente a Michelle Bachelet, la última presidenta socialista. Obvió al otro mandatario de ese partido, Ricardo Lagos. El resto de su discurso lo dedicó a enumerar los que serán los ejes de su Gobierno. No esquivó los temas más espinosos, como la violencia por el control de tierras indígenas en el sur del país y la presión migratoria en el norte. “En el sur tenemos un problema”, admitió el presidente chileno. “Algunos decían el conflicto mapuche, no señores, no es el conflicto mapuche, es el conflicto entre el Estado chileno y un pueblo que tiene derecho a existir. Y allí la solución no es ni será la violencia”, dijo, ratificando así que retirará al Ejército de las zonas en conflicto. Sobre la cuestión migratoria, prometió trabajar en conjunto con los países limítrofes para recuperar el control de las fronteras, pero antes pidió no olvidar que los migrantes “son seres humanos”.

Boric trazó también un duro panorama económico, pero insistió con las reformas que fueron eje de su campaña, sobre todo las referidas al régimen previsional y la educación. Y ocupó buena parte de su discurso para apostar sin matices por el proceso constituyente que acompañará los primeros meses de su Gobierno. De allí deberá salir en julio una nueva Constitución que reemplace a la heredada de la dictadura de Pinochet. Boric dijo que la Constitución vigente “fue impuesta a sangre, fuego y fraudes por la dictadura”, y pidió defender una que “nazca en democracia, de manera paritaria, con participación de los pueblos indígenas”. “Necesitamos”, dijo “una Constitución que sea para el presente y para el futuro, una Constitución que sea para todos y no para unos pocos”.

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Hubo también guiños hacia la región, con un pedido de Boric a los chilenos para que dejen “de mirar con distancia” a los países vecinos. “Somos profundamente latinoamericanos”, repitió dos veces, lo que puede anticipar un giro de la política exterior chilena desde el eje del Pacífico hacia el del Atlántico y el Mercosur, el bloque que integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, además de Bolivia como asociado. “Desde aquí, desde este continente”, dijo Boric, “haremos esfuerzos para que la voz del sur se vuelva a escuchar firme en un mundo cambiante”.

En ese sur que imagina Boric hay, sin embargo, países a los que no está dispuesto a apoyar, como Venezuela. Sin nombrar directamente al Gobierno de Nicolás Maduro (ausente en la investidura en Santiago), Boric advirtió que su Administración “promoverá siempre el respeto de los Derechos Humanos, en todo lugar y sin importar el color del Gobierno que los vulnere”.

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Gabriel Boric ha asumido este viernes como nuevo presidente de Chile. Ha sido una ceremonia atravesada por la épica y llena de simbolismo: hace solo diez años, Boric era un dirigente estudiantil que se manifestaba en las calles por la educación gratuita. Hoy, con 36 años, lidera la irrupción en La Moneda de una nueva izquierda en Chile, con dirigentes nacidos en democracia y dispuestos a pasar página de la herencia de la dictadura de Augusto Pinochet. El país sudamericano entra así en una etapa política sin precedentes en América Latina, cargada de desafíos por la magnitud de los cambios estructurales prometidos. Los chilenos esperan que Boric entierre el legado neoliberal de los años setenta y avance hacia un país más equitativo, con mayor presencia del Estado en cuestiones básicas como la salud, y promueva la defensa del medio ambiente y una agenda feminista.

Puntual al mediodía de Chile, Boric subió la escalinata del Congreso Nacional, ubicado desde 1990 en Valparaíso, a unos 110 kilómetros de la capital Santiago. Allí se siguió la tradición chilena de cambios de mando y sus históricos ritos republicanos, como el traspaso de la estrella de cinco puntas –una reliquia que lleva el nombre del libertador Bernardo O’Higgins–, considerada como el verdadero símbolo del poder en Chile y que cuelga de la banda presidencial. Boric prometió entonces “ante el pueblo y los pueblos de Chile” desempeñar fielmente el cargo de presidente. Se le vio contento y emocionado y, como se le suele observar desde que resultó electo, con traje, pero sin corbata.

En el público estaba su familia y su pareja, la que será a partir de hoy la nueva primera dama en Chile, Irina Karamanos, militante feminista del partido de Boric, Convergencia Social. En la testera se encontraba, como indica la tradición, el presidente saliente, Sebastián Piñera, y ambos intercambiaron unas breves palabras. Al salir del edificio, a la primera persona que saludó Boric fue a la recién asumida senadora Fabiola Campillai, la mujer que quedó ciega por la actuación policial en el marco del estallido social de 2019. Le siguieron los expresidentes Ricardo Lagos y Eduardo Frei, que ingresaron juntos al Congreso, y la que fue mandataria de Brasil, Dilma Rousseff, invitada especialmente a la ceremonia por Boric. También estuvo el precandidato presidencial Gustavo Petro, quien llegó junto con la comitiva argentina. El presidente Alberto Fernández fue el único que habló con la prensa. Fuera de protocolo, el argentino dijo que pensaba llevarse muy bien con Boric. “Pensamos igual”, explicó. Faltaron a la cita los presidente de Colombia, Iván Duque, y de Venezuela, Nicolás Maduro. El rey Felipe VI, representante de España, fue uno de los últimos en la larga fila de autos oficiales que se formó frente al Congreso.

“Sepan que vamos a dar lo mejor de nosotros para estar a la altura del desafío que tenemos como país. Es difícil encontrar las palabras”, fueron las primeras declaraciones de Boric como presidente, en un encuentro improvisado con la prensa. Esta tarde dará su primer discurso desde La Moneda.

Las bandas militares recibieron a cada uno de los invitados. Pero fuera del Congreso, el ambiente era desangelado, sin público ni “vivas” para el nuevo presidente. Solo se escuchaba el canto de las gaviotas. La gente que intentó acercarse al edificio, como ha ocurrido en cada uno de los traspasos de mando en Chile, se encontraron con un vallado policial colocado a unos 300 metros del lugar. Cuatro mujeres fueron el único público presente frente a las escalinatas. Habían llegado muy temprano, cuando todavía la seguridad era mínima y allí se instalaron. “Nos quisieron sacar, pero somos mujeres y nadie nos va a echar. Nos pusieron excusas: que el covid, que la seguridad, pero aquí estamos”, repetían apresuradas cuando les consultaban cómo habían logrado burlar el cordón de seguridad.

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Lejos de la policía, lo seguidores de Boric acusaban al presidente saliente, Sebastián Piñera, de aislar el Congreso para neutralizar las protestas en su contra. “Aquí, en Valparaíso, muchos querían despedir a Piñera no de buena gente”, dice Andrea Cortés, una empleada del Congreso. “Antes, uno podía llegar hasta un lado del Congreso, para manifestarse, pero hoy en día es tal el descontento que hay en contra de Piñera que muchos quieren pedirle cuentas por los derechos humanos y su mal manejo. Pero la policía lo sigue protegiendo”, agrega Silvio Cúneo, un profesor de 46 años. A su lado, Luigi Antonucci, un chef vecino de Valparaíso, seguía la ceremonia desde su teléfono celular. “Ahora tenemos un presidente de verdad”, dijo cuando Boric se colocó la banda presidencial. Y Boric finalmente se acercó a la gente. Al salir del Congreso, recorrió 100 metros en el auto descapotable oficial, ordenó que se detuviese, caminó hacia las rejas de seguridad y saludó a su seguidores.

Así fue el cierre de la ceremonia, antes de regresar a Santiago. La jornada había arrancado temprano en Cerro Castillo, la residencia presidencial de descanso en Viña del Mar, al lado de Valparaíso, donde Boric y su pareja se alojaron la noche del jueves y el viernes desayunaron con un grupo de dirigentes sociales. Fue un símbolo de la apertura del palacio a la cuidadanía, en la línea de las señales que Boric ha dado desde que resultó electo el pasado 22 de diciembre. En los jardines de esta residencia, el presidente y sus 24 ministros –14 de ellas mujeres– se sacaron la foto oficial.

La llegada de Boric a La Moneda marca varios hitos. Por primera vez, una mujer, Izkia Siches, será ministra de Interior, una cartera de primera línea que tiene a su cargo la conducción política y la seguridad pública. La nieta de Salvador Allende, Maya Fernández, ocupará el ministerio de Defensa, en un gesto simbólico y político considerando el trágico golpe militar de 1973. Con el nuevo Gobierno, a su vez, regresa el Partido Comunista a la primera línea del poder político, un espacio que no ocupaba desde la Unidad Popular de Allende. Lo hará con Camila Vallejo en la vocería, uno de los cargos de mayor relevancia de La Moneda, y con la integración de dos militantes comunistas al frente de las carteras de Ciencias y Trabajo. El Ejecutivo de Boric debuta a su vez con la incorporación del mundo socialista, que no pertenece al bloque de origen que lo llevó a la presidencia, pero que ha sido incluido en esta nueva coalición que debuta este viernes, todavía sin nombre.

El nuevo Gobierno tendrá que lidiar con las grandes expectativas que ha generado –fue electo con el 55% de los votos–, y con enormes desafíos inmediatos, como una economía en declive, la crisis migratoria en el norte y episodios de violencia en la Araucanía, en el sur. Para reducir el temor de la derecha a una Administración que tendrá entre sus socios al Partido Comunista, Boric puso la economía en manos de Mario Marcel, un moderado socialista respetado por todo el espectro político. Boric convivirá además en el arranque de su mandato con una convención constituyente que deberá tener listo en julio el texto de una nueva Constitución. De ser finalmente aprobada en un referendo, representará un cambio profundo al entramado constitucional actual –que data de 1980, del régimen de Augusto Pinochet, aunque con múltiples reformas– y, por lo tanto, de todas las instituciones vigentes.

Una de las primeras decisiones del actual Gobierno, anticipada en la noche del jueves, fue retirar las 139 querellas por Ley de Seguridad del Estado (LSE) presentadas en el marco del estallido social contra personas detenidas por violencia, algunas acusadas o condenadas por delitos graves. La decisión, en línea con las promesas de campaña, provocó la crítica de la actual oposición: “Es una mala señal hacia justificar la violencia”, lamentó Jaime Bellolio, que hasta hoy era el portavoz de Piñera.

La ceremonia en el Congreso ha sido el primer paso de una jornada que terminará esta noche, frente al Palacio de La Moneda. Boric tendrá allí el baño de masas que no tuvo en Valparaíso: cuando el sol esté ocultándose, saldrá al balcón de la sede del Gobierno y hablará a la multitud. Será su primer acto público como presidente de Chile.

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Gabriel Boric será desde este viernes el nuevo presidente de Chile. Y con él llegará una nueva izquierda a La Moneda. Con solo 36 años, este líder surgido de la fragua de las protestas estudiantiles se pondrá al frente de un proceso que promete cambios profundos. Se trata de enterrar definitivamente lo que queda del legado de la dictadura, que en los años ochenta aplicó a rajatabla las políticas neoliberales del consenso de Washington. De aquel país forjado al calor de las ideas de los Chicago Boys deberá surgir uno nuevo. Al menos eso ha prometido Boric, y así se lo exigirá su electorado, que pide más Estado en cuestiones básicas como la educación y la salud, y más igualdad. La ceremonia de asunción será en Valparaíso, la ciudad costera que es sede del Congreso. Boric se trasladará luego a Santiago, al pie de la cordillera de los Andes, y por la noche saldrá al balcón de La Moneda para dar su primer discurso como presidente. La capital chilena se prepara para una gran fiesta.

Boric jurará como líder de una alianza de partidos de izquierda de nuevo cuño y otras fuerzas tradicionales, como el Partido Comunista, con el apoyo de los socialistas. Su gabinete promedia los 49 años y está integrado por una mayoría de mujeres. Serán ellas las que delinearán el perfil del Gobierno: feminista, promotor de un desarrollo sustentable y, sobre todo, más cercano a la gente. “En Chile, el neoliberalismo fue extremo y hoy se intenta desmantelar en el mismo sitio donde nació. Este país no solo fue el más neoliberal, fue también el primero, incluso antes que en EE UU y Reino Unido. El único país donde la asociación entre dictadura y neoliberalismo funcionó fue en Chile”, dice Carlos Ruiz, académico de la Universidad de Chile y de relación estrecha con el nuevo presidente.

El desafío, por supuesto, es enorme. No solo porque las expectativas de la calle están muy altas. El arranque del nuevo Gobierno coincide además con el trabajo de una Convención que redacta una Constitución desde cero, una experiencia que tiene pocos antecedentes en el mundo. En Chile, dice Ruiz, “hay un cambio de actitud hacia el modelo y una deliberación en curso”. “La figura de Boric encarna esa nueva subjetividad, y puede que sea finalmente el líder de una nueva izquierda, pero que eso se materialice dependerá de la salida del proceso Constituyente. El cambio vendrá si se logra remover uno de los pilares del modelo, que es el Estado subsidiario, esto es, uno que no interviene en las cosas que se considera que pueden hacer los privados o el mercado”.

Boric llega a La Moneda bajo el paraguas de la Constitución de 1980, redactada en dictadura, y lo dejará con otro. El cambio lo obligará a rediseñar la estructura institucional del país a partir de mediados de este año, cuando está previsto que termine el trabajo de la Convención y se celebre un referendo “El éxito de Gabriel Boric esta ligado al éxito del proceso constituyente. Si la nueva Constitución se aprueba por poco o se rechaza sería un tremendo fracaso para el Gobierno y para Chile”, advierte Ignacio Briones, exministro de Hacienda del segundo Gobierno de Sebastián Piñera. Para Leonidas Montes, director del Centro de Estudios Públicos, también será clave la salud de la economía. “Durante el segundo semestre, Chile tendrá un frenazo importante, con más inflación junto con demandas para que el Estado siga repartiendo dinero, como se hizo durante la pandemia. Habrá también un shock por la guerra en Ucrania y la subida de los precios del petróleo”. Para capear la tormenta, Boric ha nombrado en el ministerio de Hacienda a Mario Marcel, expresidente del Banco Central y uno de los economistas más respetados del país, tanto por la derecha como por la izquierda.

En este escenario de incertidumbre, Boric deberá satisfacer viejas demandas. Tiene a su favor el apoyo de aquellos que en 2019 salieron a las calles para pedir por un nuevo Chile. Está además al frente de la primera generación de políticos que nació en democracia y no carga con el lastre del temor a una regresión autoritaria, el fantasma que sobrevoló buena parte de la transición democrática desde 1990. “La gran crítica de estos grupos es que en Chile no hubo transición, que la Concertación fue una farsa y que continuó con la Constitución de Pinochet. Ellos encarnan la transición”, dice Leónidas Montes. El ambiente político es de la proximidad de una revolución pacífica.

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“Chile tuvo tres revoluciones en 16 años (1964-1980): la revolución en libertad de Eduardo Frei Montalva, la revolución socialista de Salvador Allende y la capitalista de Augusto Pinochet y los Chicago Boys. Y el país no lo resistió”, advierte el exsenador democristiano Ignacio Walker. Por eso, dice Walker, “es de esperar que se entienda que los Gobiernos no parten de cero y que tienen que buscar un equilibrio de continuidad y cambio”. “Esa es la lógica del reformismo gradualista, que es lo propio de la democracia”, asegura Walker, canciller durante el Gobierno de Ricardo Lagos.

Jorge Arrate, uno de los rostros históricos de la renovación socialista y hoy cercano a los intelectuales del Gobierno de Boric, define el momento actual como de “innovación e imaginación política”. Y, como Walker, asegura que ha habido fenómenos de este tipo en el último siglo en Chile: “Hubo tres frentes populares en los años treinta del siglo pasado que triunfaron en el mundo y uno de ellos fue el chileno. Luego hubo una alianza única entre socialistas y comunistas, que no ocurría en el resto del mundo”, y menciona los Gobiernos de Frei y de Allende y la posterior “modernización de la dictadura”, a la que llama “un injerto único y monstruoso entre la extrema libertad económica y extrema brutalidad dictatorial”.

¿Puede la ola de Boric replicarse en otros procesos de izquierda en América Latina? Arrate considera que lo que ocurra en Chile podría “proyectar ideas, experiencias y efectos en el resto de la región”, sobre todo porque tiene al menos tres elementos fundamentales que podrían replicarse: el cambio generacional, su énfasis feminista y, la principal, la convergencia de las izquierdas.

El propio Boric ha tomado distancia de la revolución bolivariana de Venezuela y del nicaragüense Daniel Ortega. Prefiere verse en el espejo del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y se entusiasma con el colombiano Gustavo Petro, precandidato a presidente en su país. Arrate, con todo, dice que la Administración de Boric será menos ideológica con respecto a otros procesos anteriores. Y describe las particularidades del proyecto chileno: “Se caracteriza porque es un esfuerzo de fundir, en una sola perspectiva, la idea de una sociedad más justa y más igualitaria –socialista–, con las perspectivas del feminismo y el ecologismo. El resultado de eso es un programa de profunda transformación”.

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El presidente electo de Chile, Gabriel Boric, recibe un obsequio protocolar de manos del presidente de Perú, Pedro Castillo, este jueves 10 de marzo de 2022 en Santiago.
El presidente electo de Chile, Gabriel Boric, recibe un obsequio protocolar de manos del presidente de Perú, Pedro Castillo, este jueves 10 de marzo de 2022 en Santiago.MARTIN BERNETTI (AFP)

Una lista de invitados dice mucho del anfitrión, en este caso del nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric. La ceremonia de asunción prevista para este viernes contará con líderes de la izquierda latinoamericana, como el precandidato colombiano Gustavo Petro y la brasileña Dilma Rousseff. No habrá nadie, sin embargo, representando a la Nicaragua de Daniel Ortega o la Venezuela de Nicolás Maduro. Boric invitó en cambio a los escritores nicaragüenses Sergio Ramírez y Gioconda Belli, emblemas de la resistencia a Ortega, pero a nadie de la oposición venezolana. En el listado de presidentes estarán los de Argentina, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Perú y Uruguay. Pero no viajarán ni el colombiano Iván Duque ni el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. El primero voló a Washington para reunirse con Joe Biden, pero antes tomó nota de la invitación personal que Boric envió a Petro, su principal rival político. Bolsonaro fue menos diplomático y dijo, sin vueltas, que no pensaba ir a la asunción de “ese tal Boric”. Envió en su lugar a su vicepresidente, el general retirado Hamilton Mourão.

Una de las primeras definiciones en política exterior de Boric fue plantar cara a los Gobiernos de Nicaragua y Venezuela, incluso contra la opinión del Partido Comunista, integrante de su coalición de Gobierno. “En el caso de Nicaragua no logro encontrarle nada ahí, y en el caso de Venezuela es una experiencia que más bien ha fracasado”, dijo en una entrevista reciente. Nicolás Maduro devolvió el gesto sin diplomacia y dijo que Boric era parte de “una izquierda cobarde frente al imperialismo”. ¿Cuál es la izquierda que prefiere Boric? Él mismo respondió a la pregunta: “Me da mucha esperanza y espero tener un trabajo codo a codo con Lucho [Luis]Arce en Bolivia, si Lula gana las elecciones en Brasil con Lula, la experiencia de Gustavo Petro si se consolida en Colombia. Creo que ahí se puede armar un eje tremendamente interesante”.

Lula y Petro formaron parte de la lista de 26 invitados especiales a los que tiene derecho el presidente electo. El brasileño se excusó pero agradeció el gesto, lo mismo que el nicaragüense Ramírez. “Boric ha querido enviar un mensaje claro a la dictadura en Nicaragua, lo cual, desde la izquierda que él representa, demuestra que no está dispuesto a ninguna tolerancia con aquellos gobiernos que contradicen la democracia”, dijo Ramírez en declaraciones al sitio ex-ante. En el listado personal de Boric hay referentes de todo el progresismo regional. Están la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, y la feminista Rita Segato. También músicos que forman parte de su discoteca, como Pedro Aznar.

En una nota de prensa, el nuevo Gobierno explicó que Boric “ha querido invitar a un abanico amplio de personas comprometidas con la causa democrática y la lucha por los Derechos Humanos y la dignidad de las personas”. Para Heraldo Muñoz, canciller de Chile durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet (2014-2018), “la impresión que da la lista de invitados es que el Gobierno de Boric estará más cerca de los Gobiernos de Canadá y Nueva Zelanda que del socialismo del siglo XXI” americano, representado por Venezuela. “Boric se sentirá más cercano a la socialdemocracia europea, como la de España; esas relaciones serán particularmente activas”, agrega. España envió a una delegación liderada por el rey Felipe VI, además de la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

El exembajador Reyes Matta, asesor del expresidente Ricardo Lagos (2000-2006), ve además un cambio de paradigma en la política exterior chilena, acorde con los nuevos tiempos. “Ellos consideran que la política económica exterior tiene que tener un desarrollo sustentable, y que es eso lo que debe determinar si un acuerdo es bueno o malo. En ese marco, lo principal será reconstruir la relación sudamericana, con la búsqueda de una agenda con mínimos comunes. Estamos ante una agenda vinculada a lo ecológico, los derechos humanos y el feminismo”, dice.

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Hay un capítulo especial para Cuba. La Habana estará representada este viernes por su canciller, Bruno Rodríguez, quien ya llegó a Santiago tras anunciar que su intención es “promover el desarrollo de los lazos históricos que unen a nuestras naciones”. Boric puso una línea roja a Nicaragua y Venezuela, pero salvó la relación con la isla, luego del enfriamiento que impuso el Gobierno saliente de Sebastián Piñera. El excanciller Heraldo Muñoz espera un regreso a los tiempos de Michelle Bachelet, donde si bien había “gente que sentía una amistad por la solidaridad de Cuba durante la dictadura, la relación no fue para nada intensa sino más bien protocolar, de Estado a Estado”.

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Un retrato de Izkia Siches, quien se hará cargo del ministerio de Interior en Chile.
Un retrato de Izkia Siches, quien se hará cargo del ministerio de Interior en Chile.Alberto Valdés (EFE)

El nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, llega a La Moneda con varias banderas de lucha bajo el brazo, pero una de las mayores características de su Administración será su sello feminista. Lo ha declarado explícitamente, como nunca había ocurrido en Chile, aunque el país sudamericano ha sido gobernado en dos ocasiones por una mujer, Michelle Bachelet, en administraciones en las que hubo importantes avances simbólicos y políticos. La principal innovación del mandato de Boric, junto con el recambio generacional, han sido las consecutivas señales hacia las mujeres en distintos ámbitos, en una especie de vuelta de mano hacia el electorado ­que le concedió un triunfo mayoritario en la segunda vuelta de diciembre: el femenino. Como anunció en enero, 14 de sus 24 carteras comienzan en Chile a estar lideradas por ministras. Boric, de 36 años, decidió a su vez que el ministerio de la Mujer funcionaría no en un céntrico edificio, sino en el mismo Palacio de La Moneda y que su ministra, Antonia Orellana –la más joven del Gabinete, con 32 años–, formará parte del comité político por primera vez. Es una señal potente porque busca, entre otros asuntos, llevar la agenda de género al corazón del poder y lograr que la equidad entre hombres y mujeres se transforme en una meta desde todo el aparato público del Estado.

“Un Gobierno feminista se expresa en una voluntad de reconocer la importancia de la acción colectiva de las mujeres. No querer cooptar el movimiento de mujeres, sino que reconocerlo como actor en toda su diversidad y dialogar. Tenemos un compromiso y buscamos implementar un enfoque de género y feminista en todas las políticas públicas”, aseguraba Orellana hace unos días a EL PAÍS. Su diagnóstico parece claro: “En Chile se vive una profunda contradicción: hay un discurso y un alcance de las mujeres a altos espacios de poder que no coincide con las condiciones que vive la mayoría de las mujeres”.

Junto con la nominación de un mayor número de mujeres que de hombres en su equipo de Gobierno, Boric da señales importantes. Por primera vez, por ejemplo, este viernes una mujer llegará a liderar el ministerio del Interior con la médica Izkia Siches. Tendrá bajo su responsabilidad la coordinación política del Gobierno y la seguridad pública del país, lo que parece monumental dadas las dos principales emergencias que enfrenta Chile: la crisis migratoria en el norte y la violencia en la Araucanía y las regiones aledañas. Una segunda figura fundamental en su primer anillo de poder será Camila Vallejo, compañera de ruta de Boric desde las movilizaciones universitarias de 2010, que llegará a la vocería del Gobierno, una función fundamental. Con su llegada al ministerio político, de paso, el Partido Comunista vuelve a la primera línea de una Administración, como no sucedía desde la Unidad Popular de Salvador Allende (1970-1973). Su equipo de guardianas lo completa Orellana desde el ministerio de la Mujer, con profunda cercanía personal y política con el mandatario.

“Lo del Gobierno feminista ha sido una declaración muy explícita y sostenida en el tiempo de parte de Boric y sus equipos. Ha dado señales que parecen ir más allá de lo que habíamos comprendido antes como gobiernos con algunos compromisos, habitualmente parcelados, en materia de género. Aquí, en cambio, pareciera que la etiqueta feminista está aglutinando una idea que es mucho más transversal en la propia concepción que tiene el Gobierno de su función y en cómo se proyectaría en la agenda política y en las prácticas”, asegura la académica Yanira Zúñiga, experta en derechos fundamentales y género. En referencia a las consecutivas señales –como la llegada de Siches a Interior, un ministerio que la experta considera “masculizado”–, opina que “dejan de manifiesto una nueva compresión que va mucho más allá de lo que habíamos tenido tanto en la experiencia chilena como latinoamericana”, asegura la investigadora de la Universidad Austral y autora de . Nunca más sin nosotras, un libro que la nueva ministra de la Mujer de Boric tiene en su mesa de noche en estos días.

Ha habido señales simbólicas, como la nominación de la primera mujer que se desempeñará como edecán en Presidencia. Es la teniente coronel de Carabineros, Cecilia Navarro Luke, que tendrá como misión acompañar al mandatario en ceremonias oficiales. Pero se han realizado hechos concretos y nuevos para la sociedad chilena. Con motivo del 8M, el nuevo Gobierno publicó un instructivo donde limitó la aparición de los ministros varones durante la jornada y los llamó a evitar todo tipo de protagonismo. Les recomendaba, a su vez, no conceder entrevistas ni felicitar a sus compañeras. Las órdenes se siguieron con obediencia, porque la jornada estuvo protagonizada por las mujeres del nuevo Ejecutivo, que iniciaron el día con una rueda de prensa en la llamada Moneda chica, donde se instaló Boric en enero y sus colaboradores para organizar el traspaso.

“El ser un Gobierno feminista significa cambiar la manera en la cual nos relacionamos, en la cual vemos el mundo que ha estado durante demasiados siglos contadas por hombre”, dijo Boric como mandatario electo cuando se desarrolló el Encuentro Interministerial para las Políticas de Género. “Así que les pido, encarecidamente, particularmente a los hombres, que nos lo tomemos muy en serio y que al final de nuestro Gobierno podamos haber colaborado con el cambio cultural que el movimiento feminista ha empujado”, indicó con relación a la ola feminista que se hizo visible en 2018 y que, antes del estallido, fue la punta de lanza de los cambios en Chile.

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Es un fenómeno que el mundo mira con atención. La ministra de Igualdad de España, Irene Montero, antes de embarcarse a Chile para participar del cambio de mando este jueves, habló con el podcast El café diario de las amplias expectativas que generan en el resto del mundo y en especial en las izquierdas el sello feminista de su amigo Boric.

Para Diamela Eltit, escritora chilena, “hay nuevos signos en cuanto a las estructuras gubernamentales y no solo por la conformación ministerial ­–la presidenta Bachelet nominó al Gabinete paritario que no funcionó por las tensiones internas de su propia coalición–, sino porque el nuevo escenario lo han generado las mujeres y no solo por un grupo de personas que haya instalado el tema de género en la agenda”. Para Eltit, Premio FIL de Literatura 2021, lo que estamos viendo es consecuencia de todo un siglo en que las mujeres chilenas se han movilizado. “Es una tarea larga y nadie puede pensar que el equilibrio necesario se concretará rápidamente, pero lo que presenciamos en Chile es un punto de partida muy sólido”. Para interiorizarse sobre estas temáticas, ya en campaña, Boric recibió clases de feminismo, con académicas como Luna Follegatti.

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