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Las reuniones entre las delegaciones rusa y ucrania celebradas este martes en Estambul han concluido sin avances inmediatos pero con un cambio de tono hacia un posible acuerdo. El equipo de negociación ucranio del Gobierno de Volodímir Zelenski ha manifestado que Ucrania sellaría su neutralidad y, por tanto, renuncia a entrar en la OTAN, como exige el presidente Vladímir Putin, siempre que Kiev cuente con garantías de seguridad en sus territorios ofrecidas por terceros países (excepto en Crimea y Donbás). Por primera vez, el Gobierno de Kiev ha hablado también de negociar el estado de Crimea —que Moscú se anexionó con un referéndum ilegal en 2014— aunque dentro de 15 años. La mesa de diálogo de Moscú ha allanado también el camino para una reunión entre Zelenski y Putin. Al término de cuatro horas de encuentro que la parte rusa ha considerado “constructivo”, el viceministro de Defensa ruso, Alexander Fomin, ha anunciado que, para avanzar en el diálogo y “aumentar la confianza mutua”, Moscú ha decidido “reducir drásticamente las operaciones militares” en las áreas de Kiev y Chernihiv. Oficiales de Kiev han tomado con escepticismo el anuncio.

La propuesta del equipo de enviados de Ucrania tendrá que ser ahora valorada por los delegados rusos. Los negociadores enviados por Kiev, liderados por David Arajamia, presidente del grupo mayoritario del Parlamento ucraniano, han presentado una propuesta de acuerdo en la que, a cambio de su “neutralidad” militar ―que incluye la renuncia a ingresar en la OTAN, al establecimiento de bases militares extranjeras en su territorio y al desarrollo de armas nucleares―, exige un tratado de garantías. Este tratado, que debería certificarse en los Parlamentos y una cumbre internacional, implicaría la designación de una decena de países garantes, los cinco del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido) más Turquía, Alemania, Canadá, Israel o Polonia, que, en caso de agresión al territorio ucranio tendrían la obligación de enviar armas y material de defensa en una versión adaptada sin tropas del artículo 5 de la carta de la OTAN.

Quedaría fuera de esta protección la península de Crimea y el área del Donbás, que Moscú controla a través de los separatistas prorrusos. Ucrania ha dejado claro que sigue considerando sus fronteras internacionalmente reconocidas, es decir con Donbás y Crimea, y que se compromete a no tratar de recuperar las partes controladas por Rusia por la fuerza.

La reunión se inició a las 9.30, hora local (una hora menos en la España peninsular), con la recepción por parte del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que instó a ambas delegaciones a estar a la altura de su “misión histórica” y a lograr “una paz justa” para ambas partes. Después de un encuentro de hora y media entre los jefes de delegación ruso y ucranio, los equipos negociadores al completo (entre los que hay representantes gubernamentales, parlamentarios y militares) se reunieron durante cerca de tres horas más, con pausas entre medias. Está previsto que las negociaciones se prolonguen mañana miércoles, según ha informado el Gobierno turco.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, instó antes de las negociaciones a los representantes de Kiev y Moscú a actuar con “responsabilidad” y pactar un alto el fuego. “Con un sentido de responsabilidad estoy seguro de que se pueden alcanzar un alto el fuego permanente”, dijo Erdogan en un discurso dirigido a los delegados de ambas partes en la Oficina Presidencial del Palacio de Dolmabahçe de Estambul, según recoge la agencia Efe. El mandatario expresó asimismo su confianza en que la reunión de hoy y mañana abra el camino para un encuentro a nivel de jefes de Gobierno. “Creemos que no hay perdedores de una paz justa y equitativa. La continuación de la guerra no es del agrado de ninguna de las partes y un alto el fuego inmediato beneficiaría a todos”, subrayó el mandatario turco en su alocución televisada.

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Aludiendo implícitamente a los combates diarios desde que el 24 de febrero las tropas rusas invadieran Ucrania, Erdogan consideró que llegó la hora de que el fuego cese “tan pronto como sea posible”. “Todo el mundo está esperando las buenas noticias de ustedes”, insistió tras recordar los esfuerzos suyos y de su Gobierno para mediar entre las partes con el fin de lograr una solución que ponga fin a los combates.

Hasta ahora, las dos partes se reunieron de forma presencial en tres ocasiones en territorio bielorruso, mientras el día 10 se reunieron sin éxito en Antalya los ministros de Exteriores de Rusia y Ucrania, Serguéi Lavrov y Dmitro Kuleba, respectivamente. Desde entonces las negociaciones se han sucedido prácticamente a diario en formato de videoconferencia a nivel de las dos delegaciones y de grupos de trabajo.

Los puntos más alejados en la negociación entre los dos equipos serían el estatus de Crimea, que Moscú exige ver reconocida como parte de su territorio, y de Donbás, que el Kremlin pretende que alcance la independencia de Ucrania o sea anexionado a Rusia. Con todo, el jefe de la diplomacia ucrania rebajó las expectativas y dijo que, en los puntos mencionados por Erdogan, “no se ha logrado el consenso” con Rusia.

“Garantías de seguridad y neutralidad, estatus no nuclear para nuestro país. Estamos listos para ello”, había dicho Zelenski en una entrevista con varios medios independientes rusos como Meduza o Kommersant emitida este domingo. También aseguró que está dispuesto a un “compromiso” sobre Donbás, la región parcialmente controlada por rebeldes prorrusos desde 2014 y que ahora Moscú ha convertido en objetivo principal de la invasión.

“Entiendo que es imposible forzar a Rusia a liberar el territorio completamente, eso llevaría a la tercera guerra mundial. Por eso digo: es un compromiso. Regresen a [las posiciones] en las que comenzó y nosotros trataremos de resolver el tema de Donbás, el difícil tema de Donbás”, afirmó el líder ucranio: “Quiero terminar esta guerra. No quiero tener cientos de miles de muertos. Así que no me planteo atacar por la fuerza ni en Donbás ni en Crimea. Porque entiendo que muchos miles de los nuestros morirían”.

El cambio de sede de las negociaciones por Turquía, algo que había buscado la parte ucrania dada la implicación cada vez mayor de Bielorrusia en la campaña bélica rusa, se decidió durante el fin de semana tras varias gestiones turcas. Erdogan telefoneó el viernes a Zelenski, y posteriormente certificó que se habían producido “avances” en las posiciones negociadores. El domingo, habló por teléfono con el líder ruso, Vladímir Putin, al que convenció de trasladar las negociaciones a Estambul.

Turquía, pese a ser uno de los miembros más antiguos de la OTAN, es el único país de la Alianza que no ha secundado las sanciones contra Rusia. “No podemos romper los puentes con Moscú, de otra forma, ¿quién hablará con ellos? Nosotros hemos decidido mantener abiertos los canales”, dijo el lunes el portavoz presidencial turco, a la vez que explicó que su país está en permanente contacto con sus socios atlánticos para informarles del avance de la mediación entre Ucrania y Rusia.

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Desde la izquierda, los ministros de Exteriores de Baréin, Al Zayani; Egipto, Shoukry; Israel, Lapid; EE UU, Blinken; Marruecos, Bourita, y Emiratos, Bin Zayed, el lunes en Sde Boker (Israel).
Desde la izquierda, los ministros de Exteriores de Baréin, Al Zayani; Egipto, Shoukry; Israel, Lapid; EE UU, Blinken; Marruecos, Bourita, y Emiratos, Bin Zayed, el lunes en Sde Boker (Israel).Jacquelyn Martin (AP)

Los jefes de la diplomacia de Israel, Estados Unidos, Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Marruecos se han coordinado este lunes para disuadir a Irán de emprender aventuras expansionistas, y han creado una “nueva arquitectura regional” sustentada en un “foro permanente”. La inédita cumbre ministerial celebrada desde el domingo en Sde Boker, un antiguo kibutz (granja colectiva) del Negev, el desierto del sur de Israel, ha venido a sentar las bases del embrión de una ‘OTAN’ regional frente a “Irán y sus [milicias] satélites”, precisó Yair Lapid, el ministro de Exteriores anfitrión del cónclave.

La cita sin precedentes de los jefes de la diplomacia de Israel y los cuatro países árabes, bendecida por la presencia del secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, ha alumbrado un foro estable de “cooperación en materia de seguridad, inteligencia y tecnología” en un marco de “progreso [económico] y tolerancia religiosa”. “Esta nueva arquitectura de capacidades compartidas que estamos construyendo intimidará a nuestros enemigos comunes”, enfatizó Lapid en la conferencia de prensa conjunta que cerró la cumbre del Negev, en un simbólico alineamiento de responsables diplomáticos en un hotel de lujo del desierto. Fuentes diplomáticas israelíes han puntualizado a la prensa hebrea que la futura cooperación militar será ante todo marítima, contra la piratería y los sabotajes navales, y aérea, para neutralizar la creciente amenaza de drones.

La condena del atentado reivindicado por el Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés), en el que dos árabes israelíes mataron a tiros la noche del domingo a dos policías en la ciudad de Hadera (norte), sobrevoló todas las intervenciones de clausura. La del canciller marroquí, Nasser Bourita, fue una de las más explícitas: “Nuestra presencia aquí es la mejor respuesta [al terrorismo]”. También fue tajante la de Blinken, quien recordó que hace pocos años una reunión como la que concluía en el Negev hubiese sido “imposible de imaginar”. Los Acuerdos de Abraham de 2020 para la normalización de relaciones entre Israel y varios países árabes han propiciado el encuentro.

“Estados Unidos va a prestar todo el apoyo a este proceso de transformación de la región”, recalcó el secretario de Estado antes de advertir de que los Acuerdos de Abraham —a los que hasta ahora se han sumado Emiratos y Baréin, en el golfo Pérsico; Sudán, en África, y Marruecos, en el Magreb— no son un sustituto del proceso de paz entre Israel y los palestinos, que permanece suspendido desde 2014.

La Autoridad Palestina y Jordania, su aliado más cercano, han sido los grandes ausentes del foro del Negev. A pesar de que Amán había sido convocado al cónclave, el rey Abdalá II prefirió viajar este lunes a Ramala para no dejar en evidencia la soledad del presidente palestino, Mahmud Abbas. Cuando Blinken le visitó el domingo en la sede presidencial de la Muqata, para reiterarle que EE UU sigue defendiendo la solución de los dos Estados, el veterano rais palestino evocó la necesidad de “aplicar las ideas en las que uno cree”.

La cuestión Palestina

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Estados Unidos se conforma ahora con alentar a Israel a que pacte una “paz económica”, destinada a mejorar las condiciones de vida de los palestinos, sin impulsar las negociaciones para establecer un Estado de Palestina independiente. “Ambas partes están ahora muy alejadas”, se justificó el titular del Departamento de Estado. El presidente Abbas sostuvo que “los últimos incidentes en Europa [en alusión a la invasión rusa de Ucrania] han demostrado que existe un doble rasero (…) por el que nadie hace rendir cuentas a Israel” por la ocupación de los territorios palestinos.

La cuestión palestina fue citada en sus discursos finales ante la prensa por los ministros de Exteriores árabes. Pero Abdulatif al Zayani, de Baréin, y Abdalá bin Zayed, de Emiratos Árabes Unidos, hicieron hincapié en la reactivación del acuerdo nuclear con Irán, que EE UU está ultimando en contra del parecer de Israel y sus aliados del Golfo. También esgrimieron las amenazas que Teherán suscita en la región a través de sus socios chiíes de la milicia libanesa de Hezbolá y los rebeldes hutíes de Yemen. La salida del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución de Irán de la lista de grupos terroristas elaborada por EE UU, que Teherán reclama antes de reeditar el pacto atómico, es también una línea roja para los signatarios de los Acuerdos de Abraham.

Egipto, que mantiene relaciones diplomáticas con Israel desde hace 43 años, ha estrechado los lazos políticos tras décadas de “paz fría”, con el fin de no verse desplazado por las monarquías del Golfo como socio regional privilegiado. El canciller Sameh Shoukry subrayó que la mediación de El Cairo tras el conflicto del año pasado en la franja de Gaza ha sido determinante a la hora de rebajar la tensión. La cooperación militar entre ambos países, sin embargo, apenas ha cesado desde 1979. Las Fuerzas Armadas de Israel revelaron este mismo mes que su aviación derribó en 2021 “sobre el espacio aéreo de un país vecino” drones iraníes que transportaban armamento para las milicias de Hamás en Gaza.

Los ministros de Exteriores de Marruecos, Bourita (izquierda) y de Israel, Lapid, el lunes en Sde Boker (Israel).
Los ministros de Exteriores de Marruecos, Bourita (izquierda) y de Israel, Lapid, el lunes en Sde Boker (Israel).BOAZ OPPENHEIM/GPO HANDOUT (EFE)

Rabat recibe garantías para su integridad territorial

Mientras Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Baréin se integran en el mismo espacio de Oriente Próximo en el que se despliegan Irán y sus satélites, Marruecos parece demasiado alejado de ese escenario de tensión. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Yair Lapid, dio por sentado en su intervención final en el cónclave diplomático que la “cumbre del Negev envía un fuerte mensaje a las fuerzas extremistas encabezadas por Irán que intentan desestabilizar la región”. Para ello se crea “un frente unido y comprometido con la paz y la prosperidad”.

Lapid dedicó a Marruecos una mención especial a fin de aclarar su presencia en Israel. “La relación especial que ha surgido trabajará en conjunto para contrarrestar los ataques a Baréin, EAU e Israel, y contra los intentos de atentar contra la soberanía y la integridad de Marruecos”. “En este contexto”, remachó el jefe de la diplomacia israelí, “la declaración de España de la semana pasada en apoyo del plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental, que otros [países] ya han respaldado, es un paso positivo”.

Una delegación de las Fuerzas Armadas de Israel acaba de ratificar en Rabat los aspectos técnicos del acuerdo de cooperación militar suscrito por el ministro de Defensa, Benny Gantz, en su visita del pasado mes de noviembre a Marruecos. La empresa Industrias Aeroespaciales de Israel facturó el año pasado 22 millones de dólares (19,4 millones de euros) a Marruecos. Entre otros modelos, IAI fabrica el dron suicida Harop, un pequeño avión no tripulado con un radio de acción de más de 1.000 kilómetros, difícilmente detectable por los radares y capaz de transportar más de 20 kilos de carga explosiva. El Frente Polisario denunció la muerte en 2021 de una docena de civiles en bombardeos con drones en el Sáhara Occidental, en ataques que atribuyó al ejército marroquí.

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Las amenazas de Moscú esgrimiendo sus armas químicas, biológicas y nucleares calan. Tanto es así que la OTAN ha activado sus defensas contra ataques con este tipo de armamentos, según ha anunciado su secretario general, Jens Stoltenberg, tras la cumbre de la Alianza celebrada este jueves en Bruselas, en la que estaban presentes los líderes de los 30 Estados miembros, con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a la cabeza. Además, los aliados interpelan directamente a China en su comunicado final para que se abstenga “de dar a Rusia cualquier tipo de apoyo en la guerra y ayudarle a evitar las sanciones”.

El régimen de Vladímir Putin lleva casi desde que comenzó la invasión de Ucrania recordando que Rusia es una potencia nuclear y que si sienten que el Estado ruso está en peligro pueden recurrir a estas armas tan mortíferas. Estados Unidos y la OTAN ya han dejado claro en días anteriores que se toman en serio esta amenaza, al menos en el escenario bélico de Ucrania. De ahí que en la reunión que los líderes de la Alianza han mantenido en su cuartel general de Bruselas hayan acordado enviar a Ucrania material para protegerse de estas agresiones si llega el caso. No serán armas sino “material de protección, detección, descontaminación, sanitario, de entrenamiento…”, según ha explicado Stoltenberg.

Pero la Alianza va más allá: “El general Wolters [comandante supremo de las fuerzas aliadas] ha ordenado activar los elementos de defensas químicas, radiológicas y nucleares y las defensas [contra este tipo de armamento] de las fuerzas desplegadas en los países del este de la Alianza”, ha añadido Stoltenberg. Y los aliados “han desplegado defensas adicionales químicas, biológicas y nucleares para reforzar a nuestros batallones ya existentes y a los nuevos”.

La OTAN ha acordado este jueves desplegar cuatro batallones (en Rumania, Hungría, Eslovaquia y Bulgaria), que se suman a los cuatro desplegados en Polonia, Estonia, Letonia y Lituania. En total, hay unos 40.000 soldados a las órdenes directas de la Alianza y unos 100.000 soldados estadounidenses en suelo europeo.

La Alianza teme que Rusia lance un ataque químico en Ucrania utilizando como excusa la presunta intención del Gobierno de Volodímir Zelenski de recurrir a ese tipo de armamento. Moscú propaga desde hace días el bulo de que Ucrania se ha dotado, con ayuda occidental, de armas químicas, una acusación que China también ha contribuido a difundir. Los occidentales sospechan que se trata de asentar ante la opinión pública una coartada que permitiría justificar el uso por parte del Ejército ruso de armas prohibidas.

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El secretario general de la Alianza ha advertido de que si Rusia recurre a estas armas en Ucrania puede llegar a verse “contaminación” en los países de la OTAN. También ha recordado que el régimen de Vladímir Putin ya ha recurrido a estos ataques “en su propio territorio, contra sus oponentes, en Salisbury [en referencia al envenenamiento del exespía ruso Serguei Skripal] y en Siria”.

Misiles antibuques, armas antitanques y drones

Como en la cumbre de la Unión Europea, que se celebra en la tarde de este jueves también en Bruselas, en la de la OTAN ha intervenido el presidente de Ucrania, quien, siempre según la versión de Stoltenberg, ha agradecido la ayuda prestada a su país y ha pedido más apoyo. En esa petición se incluyen tanques y aviones de combate, algo que hasta ahora no se ha enviado a Ucrania. “Hemos sido honestos”, ha aclarado el mandatario de los aliados, “y le hemos dicho que no vamos a entrar en la guerra”.

Lo que sí van a enviar los países de la Alianza a Kiev son misiles antibuques de guerra, drones y armas antitanques para frenar el avance ruso hacia la capital ucrania y aliviar el asedio en la costa del mar Negro. El desarrollo de la invasión en Ucrania en sus últimos compases ha dado protagonismo a estos escenarios. El contraataque ucranio habría aflojado algo el asedio que intenta desplegar en la capital ucrania el Ejército ruso. En cambio, el cerco a la ciudad portuaria de Mariupol, en el mar de Azov, no deja de estrecharse, con consecuencias trágicas sobre la población civil, y, además, continúa el hostigamiento de otra ciudad portuaria, Odesa.

La reunión de este jueves ha concluido con la exigencia a Putin de que permita la apertura de corredores humanitarios para que los civiles puedan huir “de Mariupol y otras ciudades sitiadas” y que muestre que se toma en serio las negociaciones de paz decretando un alto el fuego. Entretanto, los aliados seguirán con la política mantenida hasta ahora: “Se han impuesto sanciones masivas y con un alto coste político a Rusia para poner fin a esta guerra. Seguimos decididos a mantener la presión internacional coordinada sobre Rusia. Continuaremos coordinándonos estrechamente con las partes interesadas y con otras organizaciones internacionales, incluida la Unión Europea. La coordinación transatlántica sigue siendo crucial para una respuesta eficaz a la crisis actual”.

A continuación, los 30 Estados aliados interpelan directamente a China, potencia que mantiene una neutralidad escorada hacia Rusia en este momento: “Hacemos un llamamiento a todos los Estados, incluida la República Popular China (RPC), para defender el orden internacional, incluidos los principios de soberanía e integridad territorial, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, a abstenerse de apoyar el esfuerzo bélico de Rusia de cualquier manera, y a abstenerse de cualquier acción que ayude a Rusia a eludir las sanciones. Estamos preocupados por los comentarios públicos recientes de los funcionarios de la República Popular China y pedimos a China que deje de amplificar las narrativas falsas del Kremlin, en particular sobre la guerra y la OTAN, y que promueva una resolución pacífica del conflicto”.

Entre los planes previstos que la guerra ha cambiado está también el relevo al frente de la Secretaría General de la OTAN, que se iba a decidir el próximo junio. Stoltenberg continuará en el puesto finalmente hasta el 30 de septiembre de 2023, según han aprobado este jueves los líderes de los 30 Estados de la Alianza. La invasión de Ucrania por Rusia ha llevado a los aliados a prorrogar su mandato. “Stoltenberg ha estado haciendo un trabajo fantástico, un día tras otro ha jugado un liderazgo crítico para la OTAN”, declaró el consejero de Seguridad de Estados Unidos, Jake Sullivan, un día antes. “Es un activo valioso para la Alianza”, concluyó.

La salida del noruego, después de ocho años en el cargo, estaba ya decidida y él mismo había sido ya elegido como próximo gobernador del Banco Central de Noruega a partir de finales de año, un puesto para el que se convocó un concurso al que él se había presentado. Stoltenberg es un político de larga trayectoria en el país nórdico, donde ha sido ministro de Finanzas y primer ministro, antes de llegar a Bruselas para dirigir la Alianza.

En principio, estaba previsto que la cumbre que la OTAN celebrará en Madrid en junio eligiera al sucesor a partir del 30 de septiembre. Incluso habían comenzado a sonar nombres, todos de mujer, porque había bastante consenso en que era el momento en que la mayor alianza militar tuviera una mujer al frente. Entre los nombres que se han oído estaban los de la ex primera ministra británica, Theresa May, la ex alta representante para la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini o la exministra de Defensa alemana Annegret Kramp-Karrenbauer.

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Las 48 horas más bélicas en la historia reciente de la OTAN y de la UE comienzan este jueves en Bruselas. Por primera vez, las dos organizaciones celebran un Consejo Atlántico y un Consejo Europeo, respectivamente, con una guerra abierta entre dos países en el Viejo Continente. La mayor amenaza de seguridad en Europa desde el final de la II Guerra Mundial llevará a la cumbre de la OTAN a doblar su despliegue militar en los países del Este como respuesta a la amenazadora presencia del Ejército ruso en Ucrania.

El Consejo Europeo, por su parte, contará con la participación del presidente de EE UU, Joe Biden, para estudiar un endurecimiento de las sanciones contra Rusia con el objeto de doblegar al presidente ruso, Vladímir Putin. Los socios de la UE, sin embargo, se resisten al deseo de Washington de acorralar al Kremlin con un embargo a las exportaciones de gas y petróleo que le dejen sin financiación exterior para su guerra.

Las dos cumbres, a las que se añade la del G-7 también este jueves en Bruselas, tienen como telón de fondo un drama humano como no se recordaba en Europa. En las tres citas participará telemáticamente el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, prueba del papel crucial que juega su país en estos momentos en la historia de Europa.

Más de millón y medio de niños ucranios refugiados en Europa, muchos de ellos no acompañados por adultos; una red de 10.000 camas hospitalarias preparadas para atender a los refugiados (3,7 millones hasta ahora) que lleguen enfermos o con enfermedades crónicas; riesgo de hambruna para la población que sigue en el país atacado por Rusia y para la de los países terceros que dependían de sus exportaciones agrícolas; destrucción de ciudades enteras mediante bombardeos y una previsible posguerra que, según algunos cálculos, requerirá un auténtico Plan Marshall europeo de al menos 100.000 millones de euros para rescatar al país invadido del abismo. “Lo que vemos en Ucrania es horroroso, doloroso, un sufrimiento humano y una escala de violencia como no habíamos visto en Europa desde la II Guerra Mundial”, ha señalado el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, la víspera de la cumbre.

Ante ese dramático escenario, fuentes de la OTAN y de la UE no dudan en calificar de “históricas” las cumbres de esta semana y de punto de inflexión para ambas organizaciones. Aunque la urgencia de la crisis de precios de energéticos marca la agenda de los líderes nacionales —y en particular la del español Pedro Sánchez—, en las cumbres del jueves y el viernes no solo se deben pactar medidas para paliar la subida de los precios de la luz y el gas, sino que servirán para replantear también la política de seguridad y defensa del continente.

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“Las decisiones que adoptaremos mañana [por este jueves] tendrán implicaciones de largo alcance”, ha afirmado Stoltenberg. El dirigente de la Alianza prevé un aumento de la inversión en Defensa, que lleva siete años al alza, por “un nuevo sentido de urgencia” y porque “la paz no se puede dar por garantizada”. El propio Stoltenberg afronta un llamamiento para que prolongue su mandato, que expira en septiembre, y evitar así un cambio de mando en plena crisis de seguridad. “Eso le corresponde decidirlo a los 30 aliados, mi tarea ahora es preparar la cumbre”, ha señalado el secretario general.

La cumbre atlántica, por lo pronto, aprobará el despliegue de cuatro batallones en el flanco oriental: en Bulgaria, Rumania, Hungría, Eslovaquia, cuatro de los aliados más próximos geográficamente al campo de batalla. Las nuevas posiciones se suman a las ya desplegadas en Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, por lo que aumentará sensiblemente el número de tropas aliadas dispuestas a hacer frente a los rusos en caso de ataque. Stoltenberg ha recordado que EE UU ya tiene 100.000 soldados en el continente y que otros 40.000 operan bajo mando directo de la OTAN, con cinco formaciones de portaviones aliados navegando por el Báltico y el Mediterráneo.

A este esfuerzo de disuasión de la OTAN se suma el castigo económico sin precedentes que los occidentales han impuesto a Rusia desde que inició la invasión de Ucrania el pasado 24 de febrero. Biden pedirá a los líderes europeos que refuercen el castigo, sobre todo, evitando que Rusia esquive las sanciones con la ayuda de terceros países.

Embargo de las exportaciones energéticas

Algunos socios de la UE, como Polonia o los países bálticos, defienden además que ha llegado el momento de intentar dar la puntilla económica al régimen de Putin, con un embargo total o parcial de sus exportaciones energéticas. Pero los socios potencialmente más afectados por esa ruptura, como Alemania, Holanda o Hungría, se resisten por las repercusiones en sus economías. Y un tercer grupo, en el que España parece encontrarse cómoda, considera necesario reservarse munición para castigar a Putin en caso de una escalada bélica. Temen, además, provocar el colapso de un país de la talla de Rusia, cuyo descenso al caos político y económico podría desestabilizar aún más el Viejo Continente.

Fuentes comunitarias señalan que la prioridad en estos momentos debe ser aplicar “las sanciones aprobadas hasta ahora”. Un castigo que, según esas mismas fuentes, “ya ha puesto de rodillas a la economía rusa”. La Bolsa de Moscú se vio forzada a cerrar el 28 de febrero, con las primeras sanciones, y solo ha abierto parcialmente este miércoles, con 33 valores cotizando. El Banco de Rusia tuvo que doblar los tipos de interés, hasta el 20%. Y la cotización del rublo se desplomó, aunque se ha recuperado ligeramente en las últimas jornadas gracias, en parte, a que Moscú ha seguido facturando unos 700 millones de euros al día con las ventas de gas y petróleo a la UE.

Pero la creciente agresividad de Rusia, con ataques de misiles hipersónicos contra objetivos civiles en Ucrania y continuas amenazas de recurrir al armamento nuclear, hace cada vez más insostenible políticamente mantener una relación comercial normal con Moscú.

La Comisión Europea ha aprobado este miércoles un proyecto de reglamento con el que se podrá obligar al gigante ruso Gazprom a vender sus centros de almacenamiento de gas en la UE —controla la mitad de las reservas europeas— si los mantiene casi vacíos, como empezó a hacer antes de la guerra.

La presión aumenta también para que la UE ponga fin a las compras de petróleo ruso, con las que cubre un tercio de sus importaciones. Y la renuncia al gas, mucho más difícil por la elevada dependencia de varios países europeos, no se contempla a medio plazo, aunque tampoco se descarta.

La UE también se va a pertrechar en el flanco alimentario, toda vez que la guerra de Putin no solo hace peligrar la gran gasolinera que es Rusia, sino también la gigantesca panadería que es Ucrania. Kiev suministra el 10% del mercado mundial del trigo. Varios países del norte de África y Oriente Próximo importan el 50% de sus cereales de Ucrania y Rusia. Y Ucrania es el cuarto suministrador agroalimentario de la UE y cubre el 52% de sus importaciones de maíz, el 19% de trigo blando y el 23% de aceites vegetales.

El vicepresidente económico de la UE, Valdis Dombrovskis, ha acusado a Rusia de estar “atacando deliberadamente las reservas de alimentos de Ucrania y sus puntos de almacenamiento”. Y el comisario europeo de Agricultura, Janusz Wojciechowski ha comparado la agresión de Putin “con los métodos utilizados por los soviéticos en los años treinta del siglo XX contra Ucrania”, cuando el régimen de Stalin provocó hambrunas que acabaron con las vidas de más de un millón de personas.

Dombrovskis asegura que, a pesar de la grave situación, “la UE no afronta un problema de disponibilidad de alimentos, porque es ampliamente autosuficiente en productos agrícolas”. Pero ha reconocido que el incremento de precios energéticos y agrícolas puede dificultar el acceso de los europeos más vulnerables. En todo caso, la UE deberá socorrer a los países vecinos más afectados.

La Comisión ha aprobado un programa de 500 millones de euros (64,4 millones para España) para ayudar a los agricultores más golpeados por la crisis. También ha derogado temporalmente las normas que obligan a mantener en barbecho por motivos ecológicos ciertas partes de las tierras de cultivo para poder aumentar las cosechas de este año.

La propia UE afronta el reto de alimentar a los más de 3,7 millones de personas huidas de Ucrania en poco más de un mes, con un ritmo que, según la Comisión, ha bajado de 200.000 entradas diarias a 50.000, pero que podría aumentar en cualquier momento si el ataque ruso se recrudece.

Casi dos millones han abandonado el primer país de entrada (Polonia, Rumania o Hungría, sobre todo) y han seguido camino hacia otras partes del territorio comunitario, por lo que casi todos los socios de la UE están absorbiendo parte del éxodo.

La Comisión ha aprobado este miércoles varias orientaciones para que los Estados cumplan las obligaciones de proporcionar servicios sanitarios, educación, alojamiento y derecho al trabajo a los refugiados ucranios, tal y como prevé la directiva sobre protección internacional activada por primera vez en la historia para responder a la mayor oleada de refugiados desde el final de la II Guerra Mundial.

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La Alianza del Atlántico Norte se creó con dos propósitos básicos: evitar una gran guerra en Europa y, en caso de que esto fracasara, gestionar la escalada. Lamentablemente, con la guerra de Ucrania, ha fracasado en ambos aspectos. Si no fuera por la fortaleza del pueblo ucranio y el apoyo de algunos aliados, las tropas rusas estarían ya concentradas en la frontera de la OTAN con misiles apuntando a sus ciudades. Los líderes de la OTAN, que se reúnen esta semana, tienen la oportunidad de redimir a la Alianza y ayudar a los ucranios a terminar la guerra en términos favorables. Pueden hacerlo sin implicarse directamente en la lucha, pero tendrán que liberarse de dos dogmas autodestructivos: que la defensa colectiva de la Alianza empieza y termina en su territorio y que cualquier acción sería una escalada que llevaría a la Tercera Guerra Mundial.

Lo más importante es que los líderes de la OTAN corrijan un error estratégico: dejar que el ruido de sables nuclear de Vladímir Putin quede fuera de control. Un solitario Putin sentado a 10 metros de su ministro de Defensa y de su jefe del Estado Mayor dándoles instrucciones para poner a las fuerzas nucleares rusas en disposición de combate será una de las imágenes definitorias, aunque macabras, de esta guerra. Si el mensaje de Putin fue alto y claro, la respuesta de la OTAN resultó preocupantemente silenciosa, salvo una contestación cortante del ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, que recordó a Putin que “la OTAN también es una potencia nuclear”. La idea, especialmente en Washington, parece ser que la mejor respuesta es ignorar el ruido de sables nuclear de Putin. Sin embargo, la temeraria incursión de las fuerzas rusas contra la mayor central atómica de Ucrania (y de Europa) demuestra que el aviso nuclear de Putin debe tomarse en serio.

No dar marcha atrás y restablecer un cierto equilibrio estratégico en la retórica nuclear es dejar que Putin siente un precedente muy peligroso. ¿Qué le impedirá utilizar potencialmente armas nucleares la próxima vez que se proponga atacar otro territorio europeo? Esto no solo resulta preocupante para Europa. Algunos aliados del Indo-Pacífico deben preguntarse cuál sería la respuesta de Estados Unidos si China utilizara el manual de tácticas nucleares de Putin para apoderarse de algunos islotes. Los líderes de la OTAN deben utilizar su voz colectiva para decir tres cosas: la OTAN es una alianza nuclear. No tiene intención de utilizar armas atómicas en este conflicto. Sin embargo, el uso de armas nucleares cambiará fundamentalmente la naturaleza del conflicto, con consecuencias devastadoras para todos. Este lenguaje simple pero inequívoco debería ayudar a la OTAN a redibujar una línea roja. Lo mismo puede decirse de las armas químicas o de cualquier otra arma de destrucción masiva.

En segundo lugar, los aliados de la OTAN deben ampliar la cantidad y calidad del armamento enviado a las fuerzas ucranias. La guerra está llegando a su cenit. Zelenski tiene que resistir y aumentar el coste de la campaña de Putin. Esto debe comenzar con los grandes aliados, especialmente los de Europa occidental, para aumentar significativamente sus envíos de armas. Si los aliados de Europa del Norte y central están en su tercera o incluso cuarta oleada de envío de armas, los de Europa occidental se encuentran rezagados. Este desequilibrio supone un doble riesgo de sembrar divisiones entre los aliados —los del Este sienten cada vez más que están asumiendo una carga desproporcionada—, pero también de debilitar el suministro de armas críticas en un momento en el que Zelenski necesita reforzar su posición tanto militar como diplomáticamente.

En relación con esto, la calidad de esos envíos también debe evolucionar a medida que las tácticas en la guerra cambian: los rusos utilizan cada vez más su fuerza aérea y sus misiles para causar destrucción y muerte de forma indiscriminada. Tras haber fracasado en decapitar al Gobierno, la campaña militar de Putin busca ahora poner de rodillas a la población ucrania. Para ello, las fuerzas ucranias necesitan más medios para derribar los cazas y misiles rusos y proteger los centros de población y las infraestructuras clave, especialmente en el oeste de Ucrania. Necesitan sistemas de defensa aérea de medio alcance, como los S-300 de fabricación rusa que emplean Grecia, Bulgaria y Eslovaquia. Estados Unidos, con su sistema Patriot, y otros países, como Francia, Italia y Reino Unido, que disponen de sistemas equivalentes de medio alcance, podrían reforzar a esos aliados de primera línea. Proporcionar esa capacidad defensiva a las fuerzas ucranias les dará una oportunidad razonable contra la maquinaria de guerra de Putin y les ayudará a crear un santuario en el espacio aéreo de Ucrania occidental. Será menos controvertido y logísticamente complicado de operar que proporcionar aviones de combate, pero podría hacer verdadera mella en las fuerzas aéreas y de cohetes rusas.

Esperar y hacer grandes declaraciones sin aumentar la presión militar sobre Putin también reduciría las posibilidades de éxito en el frente diplomático. Ahora que Zelenski ha mostrado su voluntad de no solicitar el ingreso en la OTAN, ello también ha hecho que la implicación de la Alianza sea menos evidente. Los dirigentes de la OTAN deberían pedir a los mandos de la Alianza que actualicen los planes para asegurar el acceso continuo a los mares Negro y Báltico, así como los planes cibernéticos para proteger activamente las infraestructuras de la OTAN. En clave, estas medidas enviarán un claro mensaje a Moscú: estamos dispuestos a aumentar la presión en los dominios críticos para Rusia.

Estas decisiones no están exentas de riesgo, pero todas se mantienen por debajo del umbral de la implicación militar directa. La OTAN tiene la obligación moral y estratégica de actuar. Hacer demasiado poco, como es ahora el caso, presenta el riesgo inaceptable de una Ucrania subyugada y un Vladímir Putin listo para su próximo movimiento revanchista. El fracaso también tendrá consecuencias duraderas para la credibilidad y el propio propósito de la Alianza. De hecho, ¿qué valor tiene una defensa colectiva sólida como una roca si una parte cada vez más grande del continente europeo está bajo ocupación y en abierto conflicto con Rusia?

Putin nunca ha estado tan cerca del fracaso. Lo que empezó como un intento de cambio de régimen fulminante en Ucrania podría acabar desencadenando un cambio de régimen de larga duración en la propia Rusia. Aunque la OTAN no participe directamente en la lucha, es una guerra que puede ganarse o perderse en función de nuestras decisiones.

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La ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock, durante la presentación de la nueva estrategia de seguridad, este viernes en Berlín.
La ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock, durante la presentación de la nueva estrategia de seguridad, este viernes en Berlín.Christian Marquardt / POOL (EFE)

La invasión rusa de Ucrania ha abierto los ojos a Alemania, donde hasta hace un mes era impensable que el Gobierno se planteara enviar armas ofensivas a un país en guerra o el rearme de su hasta ahora infrafinanciado ejército. Pero la escalada de violencia desatada por Putin ha marcado un punto inflexión. La época del apaciguamiento y de asumir un segundo plano en las cuestiones de política exterior y seguridad ha terminado para Berlín. “Ningún país, ni siquiera Alemania, puede ser neutral en cuestiones de guerra y paz”, afirmó este viernes la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock. El Gobierno se dispone a crear una estrategia de seguridad nacional —el primer proyecto de este tipo en la historia de la República Federal— y, entre otras cosas, este nuevo plan implicará asumir mayor responsabilidad dentro de la OTAN.

“Para nosotros, para mí, existe una responsabilidad especial por la culpa de Alemania en la guerra y el genocidio”, aseguró Baerbock durante la presentación de los trabajos para elaborar la estrategia que coordinará su ministerio, pero involucrará a varios departamentos del Gobierno. “Esto quiere decir que tenemos la obligación de apoyar a aquellos cuyas vidas, libertades y derechos están amenazados”, añadió. La ministra presentó su nueva estrategia al día siguiente de que el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, criticara en el Bundestag la excesiva cercanía de Berlín al Kremlin, priorizando las cuestiones económicas sobre todas las demás.

La guerra que Vladímir Putin ha iniciado en Ucrania enfrenta a Alemania “a una nueva realidad en materia de seguridad”, aseguró la ministra, que adelantó que Berlín tendrá una postura clara, mayor capacidad de acción y unos instrumentos de política exterior y de seguridad más precisos. “A la luz de la ruptura radical de Rusia con nuestro orden de paz, debemos llevar los principios que nos guían a la práctica”, subrayó.

El giro radical de la política exterior y de defensa alemanas se produjo hace tres semanas, cuando el canciller, Olaf Scholz, pronunció en el Bundestag un discurso histórico en el que prometió 100.000 millones de euros para el Ejército. Las decisiones se van concretando desde entonces: Berlín ha anunciado esta semana la compra de 35 cazas de fabricación estadounidense F-35, considerado el avión de combate más moderno del mundo y capaz de transportar bombas nucleares.

La nueva política de seguridad irá más allá del renovado esfuerzo militar y de la diplomacia, apuntó Baerbock. La estrategia debe vincularse a las políticas de la Unión Europea y de la OTAN. Y aunque ha sido la invasión rusa lo que ha desencadenado el nuevo enfoque alemán, la creación de un plan de seguridad ya se contemplaba en el acuerdo de coalición que firmaron socialdemócratas, verdes y liberales en diciembre pasado.

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Un papel más activo

Alemania tomará un papel más activo y asumirá más responsabilidad en la Alianza Atlántica, dijo la ministra de Exteriores. La guerra muestra “una vez más que la seguridad depende de la capacidad de la OTAN para formar alianzas”. El fortalecimiento del flanco oriental y “ejercicios militares adaptados a las nuevas realidades” serán claves en esta etapa, porque “toda el área oriental de la Alianza está sujeta a una nueva amenaza”, subrayó. Por eso, es necesario establecer la presencia de la Alianza en los países del sureste de Europa, añadió, y asegurar que “la disuasión nuclear de la OTAN siga siendo creíble”. El anuncio de Baerbock se ha producido un día después de la visita a Berlín del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, que ratificó una vez más su rechazo a la intervención de tropas en Ucrania porque, de hacerlo, la Alianza se convertiría “en parte del conflicto”.

La nueva estrategia de seguridad alemana abordará también las delicadas relaciones con China. Berlín debe independizarse de las importaciones de energías fósiles, aseguró Baerbock, pero teniendo cuidado de no caer en nuevas dependencias económicas. “Ahora hemos comprobado que una orientación económica unilateral nos vuelve vulnerables”, constató, en uno de los pocos ejemplos de autocrítica que se han escuchado estos días a los políticos alemanes. Alemania estas semanas ha empezado a revisar sus relaciones pasadas con Rusia, pero el debate se centra todavía más en el ámbito académico que en el de los responsables políticos. “Lo que es crucial es que no nos permitamos ser desterrados al silencio, que no nos traguemos las cosas porque somos dependientes económica o energéticamente, sino que tomemos una posición, incluso cuando sea difícil”, subrayó.

Scholz pide un alto el fuego a Putin

Los esfuerzos diplomáticos de los líderes occidentales para parar la guerra continúan. El canciller alemán ha sido el último en hablar con el presidente ruso. Olaf Scholz instó de nuevo a Vladímir Putin a declarar “un alto el fuego lo más rápidamente posible” durante una conversación telefónica que ambos mantuvieron a primera hora de la mañana del viernes. Según un comunicado del portavoz de la Cancillería, los mandatarios hablaron durante más de una hora sobre la guerra “y los esfuerzos para terminarla”. El canciller alemán insistió en que se debe mejorar la situación humanitaria y avanzar para encontrar una solución diplomática al conflicto, añadió el portavoz.

El relato de las agencias de noticias rusas aporta otro contenido. Putin le habría dicho al canciller alemán que Ucrania está tratando de retrasar las conversaciones con Rusia presentando propuestas poco realistas. Pese a ello, asegura estar dispuesto a continuar las negociaciones. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que la llamada de Putin con Scholz había sido dura, pero profesional, según recoge Reuters.

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El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha ahondado este martes en la idea de que Ucrania nunca va a formar parte de la OTAN. Tras días de exigir, sin resultados, que la Alianza Atlántica imponga una zona de exclusión aérea sobre el país y “cierre los cielos” para evitar los ataques aéreos de las fuerzas invasoras de Rusia, el líder ucranio ha recalcado que la ciudadanía empieza a darse cuenta de que el país depende de sí mismo y la ayuda de sus aliados, ha cargado contra la Alianza Atlántica y ha advertido de que otros países puede ser los siguientes en sufrir la agresión rusa. “Ucrania no es miembro de la OTAN. Lo entendemos”, ha dicho. “Durante años hemos oído hablar de la supuesta puerta abierta, pero ya hemos oído que no debemos entrar. Así es y debemos admitirlo”, ha recalcado Zelenski en una reunión por videoconferencia con los líderes de los países miembros de la Fuerza Expedicionaria Conjunta (JEF, por sus siglas en inglés).

Con la neutralidad de Ucrania como uno de los puntos clave en las exigencias de Rusia para negociar un alto el fuego en la feroz invasión que el presidente ruso, Vladímir Putin, lanzó hace 20 días, el mensaje de Zelenski ahonda en un mensaje que ya ha ido deslizando en las últimas semanas: que la OTAN “no está preparada” para Ucrania.

Con ataques desde el cielo cada vez más feroces por parte de las fuerzas rusas, que han puesto en la diana la destrucción de las infraestructuras militares y civiles ucranias y también están atacando barrios y zonas residenciales, Zelenski ha criticado a la OTAN. “La alianza más poderosa del mundo parece hipnotizada por la agresión de Rusia”, ha dicho el líder ucranio, que ha urgido a encontrar una solución para proteger el espacio aéreo ucranio. “Hemos presentado una propuesta para que Ucrania por sí sola pueda proteger su espacio aéreo y a su gente. Aquellos países que tienen frontera común con Rusia deberían pensar en cómo protegerse y estamos haciendo todo lo posible para obtener defensa aérea y aeronaves”, ha insistido Zelenski en la reunión en la que participaban nueve líderes de los países bálticos y nórdicos, además de Países Bajos, y el primer ministro británico, Boris Johnson.

Ucrania recibió la invitación para adherirse a la Alianza Atlántica —de la que es miembro España— en 2008, pero desde entonces no ha avanzado en el proceso. El país necesita reformas y la etiqueta de socio no ha estado ni de cerca sobre la mesa. Sin embargo, en la retórica del Kremlin —que ha cuestionado la soberanía de Ucrania, un país que cree gobernado por “nazis y drogadictos” y también un “portaviones de la OTAN”— esa membresía es una “amenaza para Rusia”.

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Mientras arrecian los ataques contra Ucrania, Zelenski, en otro maratón diplomático por videoconferencia, imploró a los diputados canadienses que aumenten el apoyo militar y ayuden a crear una zona de exclusión aérea. “Por favor, cierren el cielo. Todos ustedes deben hacer más para detener a Rusia y proteger a Ucrania y a Europa. Están destruyendo todo”, dijo en un emotivo discurso ante el Parlamento de Canadá, en el que incidió en que 97 menores han muerto desde que Putin lanzó lo que el líder ruso denomina “operación militar especial”.

Los diputados canadienses aplaudían este martes a Zelenski tras su intervención telemática.
Los diputados canadienses aplaudían este martes a Zelenski tras su intervención telemática.DPA vía Europa Press (Europa Press)

El éxodo de personas que huye de la guerra no deja de aumentar. Ya ha superado los tres millones de personas, según Naciones Unidas. Y conforme Rusia endurece sus ataques, sobre todo contra las ciudades y pueblos, la huida es mayor. Este martes, tras varios ataques en Kiev y en los alrededores de la capital, que las tropas de Putin quieren cercar, las autoridades ucranias han informado de que en el ataque a una escuela el domingo en Mikolaiv, en el sur del país y una ciudad objetivo prioritario para el Kremlin en su ofensiva al flanco sur, murieron siete personas que se refugiaban en el centro escolar.

El Ejército ruso prosigue también su campaña de destrucción de infraestructuras. La madrugada de este martes ha causado “daños masivos” al bombardear el aeropuerto de la ciudad de Dnipró, ha señalado el gobernador de la región, Valentyn Reznichenko, que no ha informado de víctimas.

Pese a los bombardeos, Moscú sigue sin lograr avances rápidos. Las tropas rusas han llevado a cabo varios ataques limitados al noroeste de Kiev, intentando sin éxito cruzar el río Irpin, de acuerdo con Instituto para el Estudio de la Guerra. Están concentrándose a unos 25 kilómetros de la capital sin lanzar una ofensiva desde ese flanco, de acuerdo con la consultora de seguridad y defensa Rochan Consulting, que lo atribuye a una posible falta de tropas.

Oleksii Arestovich, asesor del presidente de Ucrania, ha publicado un vídeo en el que calcula que las hostilidades terminarán “a principios de mayo”. Es, ha pronosticado, el momento en el que “Rusia se quedará sin recursos [humanos] para mantener la invasión”. “Creo que a más tardar a principios de mayo deberíamos tener un acuerdo de paz, tal vez mucho antes, ya veremos, estoy hablando de las últimas fechas posibles”, ha señalado en la grabación, informa la agencia Reuters. Arestovich, considerado mano derecha de Zelenski, ha aludido también a otro escenario “completamente loco”: que Rusia “envíe nuevos reclutas [a Ucrania] tras un mes de entrenamiento”.

En el sur, los rusos retomaron el lunes su ofensiva desde Jersón hacia Mikolaiv. En su último informe, el Ministerio de Defensa del Reino Unido alerta de la posibilidad de que Rusia esté organizando un referéndum en Jersón, de unos 300.000 habitantes, para justificar la proclamación de una “república separatista”. Es lo que sucedió en 2014, con la anexión de la península ucrania de Crimea, y posteriormente en la región del Donbás, con la autoproclamación de las “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk. El Kremlin reconoció como Estados independientes a estas dos entidades separatistas el 21 de febrero, lo que sirvió de antesala a la guerra, que se inició tres días más tarde.

El líder checheno, un brutal aliado de Putin

El líder de la región rusa de Chechenia, Razmán Kadirov, asegura en un vídeo que está en Ucrania. Kadirov ―considerado uno de los aliados más brutales de Putin― afirma encontrarse en Gostomel, un aeropuerto cercano a Kiev tomado por los rusos en los primeros días de la invasión.

En una grabación difundida a través de Telegram, el presidente checheno aparece con uniforme militar supervisando mapas y planos alrededor de una mesa junto a varios soldados. “El otro día estábamos a unos 20 kilómetros de ustedes, los nazis de Kiev, y ahora estamos aún más cerca”, escribió en un mensaje en el que retoma la retórica de Putin de que la ofensiva rusa persigue “desnazificar” Ucrania. El dirigente de la República de Chechenia, miembro de la Federación Rusa, hace a su vez un llamamiento a los soldados ucranios a que se rindan. “O estarán acabados”, advierte. “Les mostraremos que la práctica rusa enseña la guerra mejor que la teoría extranjera y las recomendaciones de los asesores militares”.

Este martes, unas 29.000 personas salieron de localidades sitiadas a través de corredores humanitarios, según las autoridades ucranias. La mayoría salieron de la ciudad portuaria de Mariupol, uno de los lugares donde la situación humana era ya “apocalíptica” la semana pasada, de acuerdo con Cruz Roja. Desde hace 11 días, 200.000 de su casi medio millón de habitantes subsisten sin agua corriente, electricidad y sin apenas comida. Unos 2.000 coches particulares lograron abandonar la localidad este martes, ha informado el Ayuntamiento. Unas 150.000 personas han salido ya por corredores humanitarios de ciudades asediadas en Ucrania.

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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, viajará la próxima semana a Bruselas para participar en una cumbre extraordinaria de la OTAN y en una reunión del Consejo Europeo para tratar la crisis de Ucrania, según ha confirmado este martes la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki. Las reuniones virtuales, llamadas y contactos entre el presidente de Estados Unidos y los aliados europeos se han multiplicado a lo largo de todo el conflicto y, especialmente, desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero. Pero este será el primer desplazamiento del líder norteamericano para un encuentro presencial. La cita de la Alianza Atlántica está prevista para el 24 de marzo, jueves.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, confirmó la convocatoria en un mensaje publicado en Twitter poco antes del anuncio formal de Washington. “Abordaremos la invasión de Ucrania por parte de Rusia, nuestro firme apoyo a Ucrania y un mayor refuerzo de la defensa y fuerza de disuasión de la OTAN”, señaló. “En este momento crítico, Norteamérica y Europa deben continuar juntos”, añadió.

Los aliados de la OTAN no han desplegado tropas en Ucrania para su defensa ante Moscú, ya que el país no forma parte de la Alianza Atlántica, pero sí están respaldando a esta antigua república soviética frente a los zarpazos de Vladímir Putin a base de entrega de armamento y ayuda humanitaria. Lo que sigue fuera de la mesa, tal y como insistió la portavoz de la Casa Blanca, es el envío de aviones caza, algo que las potencias occidentales rechazan porque consideran que no es lo que más necesita la defensa ucrania y haría escalar el conflicto peligrosamente.

Planes frente a las crisis de seguridad y energética

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, también ha confirmado que Biden asistirá a la primera jornada de la cumbre europea prevista para el 24 y 25 de marzo. La cita estaba llamada a centrarse en los planes de contingencia para hacer frente a las crisis de seguridad y energética provocadas por la invasión rusa de Ucrania. En particular, a las medidas necesarias para contener el precio de la electricidad. Pero la presencia del presidente de EE UU revela la gravedad de la situación que perciben Bruselas y Washington. “En estos tiempos que nos ponen a prueba, la acción transatlántica es más importante que nunca”, ha señalado Michel.

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Biden ya participó por videoconferencia en el Consejo Europeo celebrado hace un año, en el que se analizó la evolución de la pandemia de covid-19 y sus repercusiones a ambos lados del Atlántico. Pero ya entonces la sombra de un posible conflicto planeaba sobre la reunión. Entonces, el presidente ruso, Vladímir Putin, ya había comenzado a acumular tropas junto a las fronteras de Ucrania.

“Cuando cayó el imperio soviético, creímos en el llamado ‘final de la historia’ y en el triunfo definitivo de la democracia”, le dijo entonces Michel a Biden. “Pero al cabo de 30 años, sabemos que nos equivocamos sobre el triunfo de la democracia liberal”, reconoció el europeo. Y abogó por una unidad transatlántica comparable a la de la II Guerra Mundial. “Lo que hagamos juntos hoy determinará el mundo en que vivan mañana nuestros hijos y nietos”, argumentó Michel.

La visita de Biden a Bruselas será el primer viaje del presidente de EE UU a Europa desde que Putin inició la guerra contra Ucrania el pasado 24 de febrero. Preguntada sobre la posibilidad de que el Biden aproveche el viaje para visitar Polonia, país limítrofe con la atacada Ucrania y que ha visto llegar las bombas muy cerca de sus fronteras, Psaki respondió que la agenda no está cerrada todavía. Tres jefes de Gobierno de países de la Unión Europea ―Polonia, República Checa y Eslovenia― viajaron este martes en tren a Kiev, la capital ucrania, en una muestra poderosa de apoyo.

La portavoz de la Casa Blanca bromeó con las sanciones contra el presidente Biden y otros altos cargos anunciadas este martes en Rusia, advirtiendo de que la que afecta al mandatario va dirigida a “Joseph Robinette Biden”, omitiendo la terminación “júnior”, que se utiliza cuando padre e hijo comparten el mismo nombre y apellido (en Estados Unidos no suelen usarse dos apellidos): “El presidente Biden es júnior, puede que hayan sancionado a su padre, que en paz descanse”.

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La OTAN ha advertido este martes de que Rusia podría estar preparando un ataque químico contra Ucrania y que el presidente ruso, Vladímir Putin, intentaría camuflarlo como una operación de falsa bandera, es decir, que intentaría atribuirlo a Kiev. El aviso llega en el vigésimo día de la invasión rusa del país vecino y refleja la inquietud occidental ante un recrudecimiento de la ofensiva a la vista de que Moscú no logra imponerse sobre el terreno. El secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, ha advertido de que Rusia pagará “un precio muy alto” si consuma el ataque biológico, pero se ha negado especular sobre una posible respuesta militar por parte de los aliados.

Stoltenberg ha recordado que Putin ya ha demostrado varias veces que está dispuesto a usar armas químicas para eliminar a sus rivales u opositores. Y que ayudó al régimen de Bachar el Asad a lanzar ataques químicos en Siria contra su propia población. El primero de ellos constatado, el 21 de agosto de 2013, provocó 1.400 muertos en el este de Damasco en un bombardeo con gas sarín. Desde entonces, Asad ha lanzado unos 50 ataques químicos, según estimaciones del Gobierno de EE UU.

La OTAN teme que Putin repita ahora en Ucrania el mismo sistema de ataque devastador que en Siria. Y que la estrategia incluya armas químicas, a pesar de estar prohibidas por tratados internacionales suscritos por Moscú, aprovechando como excusa el bulo difundido en los últimos días sobre la presencia de armas químicas o nucleares en el bando ucranio.

“Desde hace meses hemos sacado a la luz la larga lista de mentiras de Rusia”, ha señalado Stoltenberg en una rueda de prensa previa a la reunión extraordinaria que los ministros de Defensa de la OTAN celebrarán este miércoles en Bruselas. “Dijeron que no planeaban invadir Ucrania y la invadieron. Dijeron que estaban retirando tropas y enviaron más. Dijeron que estaban protegiendo a los civiles y están matándolos”, ha enumerado Stoltenberg antes de lanzar su dramática advertencia.

“Absurdas afirmaciones sobre laboratorios biológicos en Ucrania”

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“Ahora hacen absurdas afirmaciones sobre laboratorios biológicos y armas químicas en Ucrania, lo cual no es más que otra mentira”, ha acusado el dirigente de la OTAN. Y considera que ese aparente infundio es presagio del siguiente movimiento de Putin: “Estamos preocupados porque Moscú podría escenificar una operación de falsa bandera, incluyendo posiblemente armas químicas”.

El riesgo de un ataque con armas químicas en Siria en 2012 llevó al entonces presidente estadounidense, Barack Obama, a advertir que su utilización supondría cruzar una línea roja que provocaría la entrada de EE UU en el conflicto. Pero tras la consumación del ataque en 2013, la Casa Blanca no cumplió la amenaza y optó por buscar un entendimiento por la vía diplomática.

El secretario de Estado estadounidense en aquel momento, John Kerry, y el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, alcanzaron un acuerdo que preveía el recuento, inspección, control y eliminación de las armas químicas del régimen de Asad. El pacto fue, en realidad, el comienzo de un uso frecuente de esas armas que ha continuado hasta la fecha.

El ala de la OTAN más dura con Moscú, con Polonia al frente, también considera ahora que el uso de armas químicas en Ucrania debería marcar un punto de inflexión en la implicación de Occidente en el conflicto. Pero Stoltenberg se ha negado este martes a especular sobre un posible salto cualitativo más allá de redoblar la presión política y económica sobre Putin.

“Rusia pagará un precio muy alto”, ha asegurado el secretario general de la Alianza. Pero ha preferido “no especular sobre una posible respuesta militar por parte de la OTAN”.

La OTAN ha evitado hasta ahora cualquier intervención directa en Ucrania por temor a provocar una escalada que, según los líderes de ambos lados del Atlántico, podría desencadenar una tercera guerra mundial con arsenales nucleares al alcance de los dos bandos. Ese riesgo ha llevado a los aliados occidentales a no declarar una zona de exclusión aérea, como reclama el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, para evitar los ataques aéreos rusos.

La Alianza tampoco quiere verse implicada en la guerra por un ataque ruso, fortuito o deliberado, que golpee a alguno de los aliados (Polonia, Eslovaquia, Hungría y Rumanía) que son limítrofes con Ucrania. El ataque del pasado domingo contra una base militar ucrania a solo 25 kilómetros del territorio polaco ha llevado a la OTAN a extremar la vigilancia para evitar un percance irreversible.

Stoltenberg ha alertado del riesgo de que dada la proximidad de los ataques rusos “se produzca un accidente o un incidente”. Y ha abogado por “reforzar la vigilancia, nuestra reacción y mantener abiertas las líneas de comunicación [con Moscú] para evitar que un incidente pueda provocar una espiral fuera de control”.

El riesgo de un roce imprevisto entre fuerzas aliadas y rusas parece llamado a aumentar porque los ministros de Defensa preparan a partir de este miércoles un replanteamiento de las posiciones defensivas de la Alianza, para concentrar mayores recursos aún en el flanco oriental. “La invasión rusa de Ucrania y la integración militar de Bielorrusia crean una nueva realidad en la seguridad del continente europeo”, ha sentenciado Stoltenberg.

La nueva realidad incluye el rearme acelerado de Alemania, que ha anunciado una inyección de 100.000 millones de euros en su presupuesto de defensa, y la llegada masiva de tropas estadounidenses a un continente del que se estaban retirando. Los datos de la OTAN indican que ya hay 100.000 soldados estadounidenses en Europa, una cifra que no se alcanzaba desde 2007 y que supera en 40.000 al contingente que había a finales de 2021.

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Transcurridas apenas 24 horas de la cumbre que la Unión Europea clausuró el pasado viernes en Versalles, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, se esmera en explicar por qué, en su opinión, esta cita marcará un hito en la historia común. Este exprimer ministro belga, de 46 años, no escatimó tiempo a los periodistas de EL PAÍS, el diario italiano La Repubblica, el francés Le Figaro y el belga Le Soir (miembros de la alianza LENA) durante la entrevista concedida este sábado en un hotel de París. Michel defiende con vehemencia los grandes pasos que ha dado la UE en la crisis de la covid y en la crítica situación actual. No lo cita, pero su discurso entronca sin duda con esa tradición que Jean Monnet, uno de los padres fundadores de la Unión, resumió en una frase ya tópica y manida, incluso desgastada, pero desgraciadamente actual: “Europa se hará en las crisis y será la suma de las soluciones que a esas crisis se den”.

A ese discurso también han vuelto expresiones olvidadas hace décadas. Michel era un adolescente de 15 años cuando cayó el muro de Berlín. Aquel final de la Guerra Fría desterró una retórica —y unos miedos— que ahora estremecen de nuevo: “Mundo libre”, “amenaza nuclear”, “tercera guerra mundial”. Esos peligros y su lenguaje han regresado con la invasión de Ucrania por Rusia y el presidente del Consejo Europeo los conjuga.

Pregunta. ¿La UE ha estado a la altura de las circunstancias en Versalles?

Respuesta. Esta cumbre permanecerá en los anales de la UE. Puede que no lo veamos ya, pero estoy convencido de que es un impulso a una Europa más soberana e independiente. Hemos decidido abordar con espíritu de soberanía europea temas que son fundamentalmente nacionales [como la energía o la defensa]. Es una elección de los 27 jefes de Estado y de Gobierno que compromete a sus democracias.

P. ¿Ucrania tiene razones para creer que Europa responde de acuerdo a la gravedad del momento?

R. Estoy en contacto constante con [el presidente] Volodímir Zelenski: comprende el paso político dado en esta cumbre. Es cierto que deseaba más. Pero la ampliación es una cuestión delicada, sobre la que no todos los países europeos opinan igual. También debemos considerar a los países con los que se ha iniciado ya el proceso de adhesión [Serbia, Albania, Macedonia y Montenegro]. Debemos apoyar a nuestros socios que miran al mundo libre y no quieren caer en el mundo de los autócratas. Los acuerdos de asociación tienen un enorme potencial que está subestimado.

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P. Por el momento, las sanciones no han tenido efecto en la guerra, ¿debe Europa dejar de comprar gas y petróleo rusos?

R. Sabíamos que no iban a detener la guerra en un chasquido de dedos. Hemos calibrado los primeros cuatro paquetes de sanciones para que sean dañinos para el régimen de [Vladímir] Putin y tengan el menor impacto posible sobre nosotros. Hay impacto: ahora hay negociación directa entre Ucrania y Rusia. No somos ingenuos, no es suficiente, y hay dudas sobre la sinceridad de las negociaciones. ¿Hay alguna opción adicional? Sí. Examinaremos cuándo activarla de manera concertada.

P. ¿Qué pasará con la cercanía de la UE a Ucrania, si esta es derrotada y Putin instala un Gobierno títere?

R. Tenemos condiciones para colaborar con gobiernos comprometidos con la democracia, las libertades, los derechos humanos… Hoy hay una Ucrania libre y democrática, el desafío es luchar con ella para que siempre sea así. Intentamos apoyarlos en lo posible, incluso rompiendo tabúes, como los 1.000 millones que destina el fondo europeo para armas, y con fuertes sanciones económicas. Estamos haciendo lo máximo posible sin agravar el conflicto. Rusia es una potencia nuclear y somos muy conscientes de que si este conflicto se convierte en el de la OTAN contra Rusia, caeremos en la tercera guerra mundial.

P. Y entregar armas, ¿no convierte a Europa en cobeligerante?

R. La Unión Europea no está en guerra con Rusia. Apoyamos a Ucrania con medios militares, humanitarios y financieros. Putin está perdiendo la batalla de la comunicación. Quería mostrar un conflicto latente entre Rusia y la Unión Europea y la OTAN. Pero el mundo es más amplio. Fue fundamental movilizarse, junto con Zelenski, para la resolución de las Naciones Unidas. Esto a corto plazo puede parecer que no cambia el juego, pero sí lo hace. En el área del Pacífico, en Latinoamérica, en África, se entiende cada vez más que es una guerra de Putin, no una guerra de Rusia contra Ucrania. Las mentiras, las fábulas para justificar la guerra no resistieron. A menudo se dice que las democracias son débiles frente a la propaganda, pero las democracias europeas y nuestros socios han abierto los ojos del mundo sobre los verdaderos motivos de esta guerra.

P. ¿Ha hecho China todo lo posible para detener la guerra?

R. No votó con Rusia en las Naciones Unidas. Puede que no sea suficiente, hubiera sido mejor si hubiera votado con los europeos, cierto. Pero que China no vote [con Moscú] es un punto interesante. China está en una posición intermedia: no es un apoyo incondicional a Rusia ni es un apoyo total para Ucrania. Aunque no nos equivoquemos: sería un error que los europeos se descartaran a sí mismos [como interlocutores]. Lo que está sucediendo es un problema mundial, pero es, ante todo, asunto de los europeos. Lo que está en juego es la situación de Europa. No podemos subcontratar este asunto, ayer a Estados Unidos, o mañana a otro.

P. La relación con Putin, ¿está en un punto de no retorno destinado a terminar ante la justicia internacional?

R. Abogo por el pragmatismo. Hoy está Vladímir Putin en el Kremlin. ¿Cuál será la situación mañana? Nadie lo sabe. Hay temas inmediatos a discutir: acceso humanitario, centrales nucleares y, por supuesto, una posible negociación de paz. Necesitamos hablar con quien está en el Kremlin hoy. Pero es la Unión Europea la que dice que si existe el derecho internacional y —existe—, entonces hay necesidad de justicia internacional. No hay ley sin justicia.

P. Para usted, ¿hay crímenes de guerra?

R. Corresponderá a los organismos internacionales decirlo. En cualquier caso, cuando hay disparos que parecen ser deliberados contra civiles, en un hospital de maternidad, creo que deben calificarse como crímenes de guerra, incluso si corresponde hacerlo al sistema de justicia internacional.

P. ¿Ha sido Europa ingenua con Putin?

R. No. Las democracias deben hablar con países que no son democráticos. ¿Ha sido esto desencadenado por el acuerdo de asociación [de la UE con Ucrania]? No lo creo. Es un cóctel de elementos. Está la plaza del Maidán. Es el pánico de un autócrata frente a la libertad y la democracia. Estos son países con poblaciones de habla rusa: si ven cuál es la realidad democrática, la realidad del mundo libre… Él ve la democracia como una pandemia. Teme el contagio.

P. Usted habló con él…

R. Frecuentemente.

P. ¿Se siente engañado?

R. Que yo sea uno de los que han hablado con él regularmente me da acceso y me permite, por ejemplo, abordar la cuestión humanitaria o nuclear. Hay una historia de nuestra relación que permite ahora que hablemos entre nosotros entendiendo los puntos de vista. No es que los compartamos, pero entendemos qué ángulo es el suyo y él debe entender el nuestro. Podemos repetir que queremos la paz, pero eso no va a traerla. La traerá el cambio en el equilibrio de poder y la negociación.

P. ¿Teme que Rusia use armas atómicas?

R. Si hablamos de la tercera guerra mundial, si hablamos de un conflicto entre la OTAN y Rusia, es porque es un país con armas nucleares. Todos los conflictos y guerras son dramáticos, extremos y a menudo difíciles. Pero cuando el agresor tiene el botón nuclear, hay una dimensión de una naturaleza diferente.

P. ¿Requerirán estos desafíos un nuevo fondo de deuda mancomunada en la UE?

R. Primero hay que identificar los objetivos comunes. Esto se estructura en tres partes. Primero, tenemos una debilidad energética. Segundo, en defensa, no es ningún secreto que hace apenas semanas hubo diferencias, pero Putin ha contribuido involuntariamente a concienciar sobre la necesidad de tomar en serio esto en un marco europeo. Ahora todos entendemos que reforzar la defensa europea significa reforzar la OTAN. El tercer punto es la economía, con sus debilidades: lo vimos cuando carecíamos de mascarillas, lo vemos hoy con microchips.

P. ¿Con qué instrumentos?

R. Estamos solo al comienzo del periodo presupuestario europeo, reforzado con el fondo de recuperación. Podemos examinar cómo ajustar la ejecución de este fondo para que coincida mejor con nuestros objetivos. Segundo, hay que estudiar cómo alinear mejor el capital privado con nuestros objetivos. Tercero, no revelo ningún secreto al decir que hay un debate sobre el Pacto de Estabilidad.

P. Europa tiene un problema de deuda abultada y envejecimiento. ¿Cómo conjugarlo todo?

R. Somos una potencia económica. Tenemos la capacidad financiera, como se demostró en la crisis de la covid. No todos los Estados miembros tienen el mismo nivel de deuda sobre PIB, pero la UE es un proyecto de convergencia.

P. ¿Será necesario otro préstamo conjunto?

R. Pensamos en un esquema de movilización de los medios ya disponibles. Sobre la hipótesis de desplegar recursos adicionales —públicos y privados— y de qué manera, se expresaron diferentes opiniones [en Versalles]. La Comisión también tendrá presentar opciones, y los Estados miembros decidirán.

P. ¿Son profundas las diferencias?

R. En absoluto. Tomamos una decisión inteligente: primero definir objetivos y luego ajustar instrumentos. Esto se debatirá en las próximas semanas.

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