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Una manifestación de ciudadanos cubanos en Nueva Jersey, EE UU, en apoyo a los presos en Cuba, el pasado 18 de julio.
Una manifestación de ciudadanos cubanos en Nueva Jersey, EE UU, en apoyo a los presos en Cuba, el pasado 18 de julio.KENA BETANCUR (AFP)

Si las inéditas y masivas protestas contra el Gobierno de julio del año pasado conmocionaron Cuba como nunca antes, el impacto de las elevadas sentencias contra 128 manifestantes en La Habana encausados por sedición ha sido también estremecedor. Las severas sanciones –que en el caso de 56 procesados fueron de entre 15 y 30 años de cárcel- han provocado un aluvión de críticas y reacciones en las redes sociales, donde diversos intelectuales, artistas y familiares de los presos han pedido su excarcelación y una amnistía, rechazando unas condenas que consideran “injustas”, “desmedidas” y “ejemplarizantes”. Incluso figuras cercanas al Gobierno han solicitado a las autoridades rectificar. “Que yo sepa no mataron a nadie, ¿condenas de 15, 20 y 30 años por desórdenes públicos? No me parece justo”, dijo el cantautor Silvio Rodríguez.

El Tribunal Supremo de Cuba dio a conocer el miércoles los fallos de seis juicios celebrados contra los participantes en las marchas del 11 y 12 de julio pasados en dos barriadas de La Habana, que derivaron en hechos violentos y dejaron un muerto por disparos de la policía. Las acusaciones fueron mayoritariamente por sedición, y las penas impuestas de entre seis y 30 años de cárcel. Según diversas ONG, entre ellos hay siete jóvenes de 16 y 17 años, que han recibido penas de entre 7 y 19 años de prisión.

Tras conocerse el fallo, comenzaron las muestras de rechazo en las redes y el cuestionamiento a las autoridades, algo cada vez más habitual. El reconocido actor Luís Alberto García resumió así el sentir de numerosos internautas: “¿El propósito de esas condenas tan largas a un grupo de jóvenes a lo largo y ancho del país es infundir pavor? ¿Que ‘el escarmiento’ evite en el futuro cualquier disentimiento? ¿Que nunca más una persona nacida y residente en esta tierra se atreva a gritar ‘no soy feliz’, ‘no estoy contento’, ‘no me gusta su gestión de Gobierno’, ‘no me siento libre’? Las multas existen, las prisiones domiciliarias existen, la obligación de resarcir los daños económicos causados, también. Pero ¿10 años de prisión, 15, 23, 30?…. Son desproporcionadas. Muy desproporcionadas”.

Este lunes, los medios digitales independientes La Joven Cuba y El Toque publicaron un llamado Manifiesto contra el silencio, por la justicia, firmado por más 40 intelectuales y artistas cubanos, mayoritariamente residentes en la isla pero también en el exterior. Aseguran que lo sucedido en Cuba en julio fue un “estallido social expresado mediante la desobediencia civil, resultado de la mala gestión gubernamental de la economía y de modos autoritarios de gestionar el conflicto y participación sociopolíticos en Cuba”, y que tuvo “como respuesta un despliegue represivo de las fuerzas militares del Estado”.

Con los juicios y las elevadas sentencias, el Gobierno actúa ahora con “una violencia política y jurídica desproporcionada y metódica, que rebasa con mucho los episodios puntuales y espontáneos de violencia cometidos durante el estallido por algunos ciudadanos”, asegura el documento, que tiene, entre otras, las firmas del prestigioso cineasta Fernando Pérez, el escritor y traductor Alex Fleites, el periodista Jorge Fernández Era, los historiadores Alina Bárbara López Hernández y Leonardo Fernández Otaño, además de reputados economistas como Omar Everleny, Pedro Monreal, Mauricio de Miranda y Carmelo Mesa-Lago.

El manifiesto exige la excarcelación de los presos e indica que “la forma concreta de iniciar tal proceder —por una amnistía o fórmula similar— puede ser objeto de debate; su sustancia no”. También considera que “hay desproporción de las condenas, vulneraciones en los estándares procesales vigentes —según la legislación cubana e internacional— y una exhibición ejemplarizante de los procesos por la prensa estatal nacional”, concluyendo que “las penas dictadas son escarnios públicos contra toda la sociedad cubana —más allá de simpatías ideológicas o militancias políticas— para impedir cualquier intento de protagonismo activo de las personas en los destinos de su país”.

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Los firmantes, entre los que se halla el escritor Rafael Rojas y la artista y activista Tania Bruguera -premio Velázquez de artes plásticas 2021-, llaman a sus “colegas” a acompañarlos en la denuncia. “Es un deber intelectual general de académicos y artistas, en cualquier época y sociedad, condenar la violencia y la arbitrariedad sin dobles raseros; sin dispensas ideológicas o subterfugios de realpolitik”. El lunes se conoció también que un grupo de 35 madres y familiares de los presos por los sucesos de julio constituyeron una asociación para solicitar la amnistía de los condenados.

Aunque diversas fuentes y familiares de los encausados informaron antes de que numerosas personas habían sido condenadas en diversas localidades del país a elevadas sanciones por las protestas de julio, los primeros datos oficiales del Tribunal Supremo sobre las condenas por sedición contra 128 personas tuvieron gran repercusión, y no solo en la redes. Diversos medios anticastristas han publicado estos días fotos y datos personales de los jueces y fiscales que han participado en los procesos, ante lo cual el domingo instituciones oficiales cubanas cerraron filas y salieron a defender la legalidad de los juicios y las sentencias.

“En estos días hemos estado observando cómo se articulan algoritmos y matrices de opinión subversivas que intentan desacreditar la actuación de fiscales y jueces, mayoritariamente jóvenes, que enfrentan con profesionalidad el más estricto principio procesal de la tutela judicial efectiva y del debido proceso tras los hechos vandálicos que tuvieron lugar el pasado 11 de julio de 2021″, dijo el presidente de la junta directiva de La Habana de la Unión Nacional de Juristas de Cuba (UNJC), Osmín Álvarez Bencomo. La UNJC mostró su “indignación” por “las descalificaciones de conductas delictivas extremadamente graves que fueron tipificadas y sancionadas a raíz de estos hechos por sedición, al tratarse del levantamiento colectivo y violento de un grupo de personas contra autoridades y el orden público con el fin de derrocarlo”.

El Gobierno no reconoce que lo sucedido en julio fuera un “estallido social”, sino que lo considera un intento de “subvertir el orden constitucional de forma violenta” obedeciendo “instrucciones impartidas por personas tanto desde Cuba como desde el exterior”, tras lo cual, dice, está la mano de Estados Unidos.

Realmente, las consecuencias de las sentencias y la reacción de la opinión pública han calentado el ambiente como pocas veces antes. Según el medio oficial Cubadebate, la declaración emitida por la UNJC subraya : “los juristas de Cuba, en especial los de la capital, rechazamos categóricamente y enfrentamos cualquier intento de manipulación mediática y advertimos que, contra todo aquel que intente subvertir la justicia que en nombre del pueblo de Cuba se imparte, mediante amenazas o el descrédito, o simplemente facilitando la información, caerá todo el peso de la ley”. Y agrega: “Por cada colega amenazado, lo multiplicaremos por decenas de miles a todo lo largo y ancho, dispuestos a cambiar la toga y el estrado si fuera necesario por el fusil y la trinchera”.

También en las redes sociales la cosa esta caliente; entre los comentarios más reproducidos estos días está el del trovador Silvio Rodríguez, que el 17 de marzo dijo: “Si cometieron los actos de violencia de que se les acusa, de acuerdo en que sean juzgados y que se les apliquen las penas correspondientes. Pero que yo sepa no mataron a nadie. ¿Condenas de 15, 20 y 30 años por desórdenes públicos? No me parece justo. Tampoco se aclaran las edades de los condenados. Con esto los enemigos de Cuba están haciendo zafra. No lo permitamos, siendo transparentes y rectificando lo que haya que rectificar”.

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Manifestación en Oxford, Inglaterra, contra la invasión rusa.
Manifestación en Oxford, Inglaterra, contra la invasión rusa.Steve Parsons (AP)

Un grupo de intelectuales ha hecho una declaración afirmando que no cabe pretexto para no condenar la agresión rusa a Ucrania. “Ningún conflicto político, y menos unas reivindicaciones nacidas de discutibles intereses, justifica el paso dado por Putin de desencadenar una guerra de ocupación de un país independiente”, se lee en el texto. Entre otros firmantes aparecen los filósofos Fernando Savater y Félix de Azúa, los escritores Rosa Montero, Andrés Trapiello y Daniel Gascón o los historiadores Antonio Elorza, José Carlos Mainer y Ángel Viñas. Afirman que la amenaza nuclear lanzada por el presidente ruso, Vladímir Putin, “revela el grado de deshumanización alcanzado por su política”.

Critican “la pasividad reinante” ante la situación y denuncian la “ceremonia de la confusión que lleva a promover movilizaciones en defensa de la agresión, bajo la máscara del ‘no a la guerra’”. Cualquier solución a la guerra en curso, a su juicio, “ha de arrancar del fin de la agresión, contraria al Derecho Internacional y a los valores universales de convivencia entre los pueblos”.

Los autores de la declaración sostienen que los argumentos del líder ruso para la invasión son mendaces. “La fundamentación proporcionada por Putin de unas supuestas razones históricas, que incluyen una grotesca culpa de Lenin y una no menos ridícula satanización del gobierno democrático de Kiev, sobre el telón de fondo de que Ucrania es Rusia, solo añade el fraude intelectual a su proyecto de restauración del imperio bajo su poder autocrático”. Alertan de que estamos “ante un proyecto destinado a insistir en su camino de la muerte para lograr sus propósitos frente a la Europa democrática. Y que contiene suficientes elementos como para desencadenar una Tercera Guerra Mundial a medio plazo”.

Respaldan la política “prudente y determinada” del presidente español, Pedro Sánchez. Por otro lado, lamentan “la actuación de francotiradores participantes en instancias internacionales, como el Grupo de Puebla, cuyas actuaciones favorables a la guerra erosionan tanto la eficacia de la acción del Gobierno como la cohesión democrática de la sociedad española”.

El Grupo de Puebla es un foro político de orientación izquierdista. En los últimos días ha hecho dos comunicados relativos al conflicto. El 24 de febrero: “El Grupo de Puebla expresa su profunda preocupación por el reciente curso de los acontecimientos en Ucrania y hace un llamado cordial a las partes involucradas en el mismo, Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea, para mantener la paz y la seguridad de Ucrania abandonando la vía de la intervención militar y de las sanciones económicas unilaterales contra Rusia, como instrumentos de presión para forzar una salida asimétrica del conflicto con un alto costo de vida para los ciudadanos involucrados”. Entre sus firmantes, el expresidente ecuatoriano Rafael Correa, el expresidente colombiano Ernesto Samper o el expresidente paraguayo Fernando Lugo. El siguiente comunicado, a diferencia del primero, apuntó a la responsabilidad de Rusia. Salió el 26 de febrero. Decía: “Desde el Grupo de Puebla condenamos el uso unilateral de la fuerza y las graves consecuencias humanitarias que generan los ataques realizados durante la madrugada por parte de la Federación Rusa a la capital de Ucrania, Kiev”. Entre otros, lo firmaban de nuevo Samper y Lugo, no aparecía Correa y sí el expresidente español Rodríguez Zapatero.

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Frente al discurso de que la OTAN arrincona a Rusia y la amenaza con su destrucción, un grupo de intelectuales rusos ha lanzado un manifiesto para dar voz “a la parte de la sociedad que odia la guerra y considera un crimen el uso de las amenazas militares y el estilo de los criminales en la retórica exterior”. Alrededor de 5.000 personas han firmado ya esta carta abierta, publicada el 30 de enero por el congreso de la intelligentsia, el nombre por el que se conoce en ruso al mundo de la cultura. Filósofos, periodistas, activistas, historiadores y artistas han impulsado esta iniciativa, que reclama una desescalada militar en la frontera con Ucrania para volver a la normalidad con Occidente.

“Sabemos que la mayoría de la población rusa no quiere la guerra, había que hablar claro y mostrar lo peligroso que es el aventurerismo del liderazgo ruso”, explica al otro lado del teléfono el primer nombre de la lista, el histórico defensor de los derechos humanos y exparlamentario Lev Ponomariov.

Esta es una de las pocas demostraciones públicas de descontento hasta ahora contra el pulso militar con la OTAN. Por un lado, la mayor parte de los rusos no responsabilizan al Kremlin de la tensión: tras la primera escalada militar de la primavera de 2021, un 48% de los encuestados por el centro de estudios sociológicos Levada señalaba a la Alianza Atlántica y un 20% a Kiev como culpables. Por otro, en la Rusia actual es muchísimo más difícil manifestarse que al principio de la guerra. En marzo de 2014 hubo dos protestas en Moscú con decenas de miles de personas mientras los soldados sin identificación rusos —los hombrecillos verdes, como los llamó Putin— tomaban Crimea. En aquellas marchas participaba el exvicepresidente Borís Nemtsov, asesinado en 2015 poco antes de publicarse su investigación sobre la intervención rusa en la guerra. “Entonces se podía salir a la calle, ahora es imposible. Salir a protestar ahora acaba en detenciones, en sangre, no se pueden llevar a cabo”, lamenta Ponomariov.

El espíritu del manifiesto alude a una frase muy repetida aún hoy por los mayores que vivieron la Segunda Guerra Mundial, conocida en Rusia como la Gran Guerra Patria: “No lo repitáis”. La carta lo recalca así: “Hablamos en nombre de Rusia, y no de vosotros [las autoridades], porque el pueblo, habiendo perdido millones de personas en conflictos pasados, piensa desde hace décadas que cualquier alternativa es mejor a la guerra. ¿Lo habéis olvidado?”.

Una de las firmantes es Natalia Evdokímova, exdiputada y ahora secretaria general del Consejo de Derechos Humanos de San Petersburgo. “La situación es tensa. No creo que vaya a haber un ataque a Ucrania, donde ahora hay fuerzas de la OTAN que instruyen a los militares ucranios, porque esto llevaría a una guerra, aunque nuestro país se encamina a ello. Todos desean que haya algún modo de cambiar de rumbo”, responde por teléfono.

“Por desgracia prevalece el punto de vista de que nos apuntan con armas ofensivas, de que nos amenazan los países de la OTAN. Esto es resultado de nuestros canales de televisión, que difunden continuamente esto”, agrega Evdokímova. En esta línea, el manifiesto destaca que se está imponiendo el mensaje de que una guerra es inevitable: “Nadie pregunta a los ciudadanos de Rusia, no hay discusión pública. Solo se presenta un punto de vista en la televisión estatal, y es el de los partidarios de la guerra. Desde allí se escuchan amenazas militarse directas, rezuman la agresividad y el odio hacia Ucrania, Estados Unidos y los países occidentales, pero lo más peligroso es que la guerra es presentada como el curso aceptable e inevitable de los acontecimientos”.

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En los últimos meses no solo ha aumentado el despliegue de militares en torno a Ucrania, con más de 100.000 tropas junto a sus fronteras, sino que también lo ha hecho la beligerancia en las declaraciones de los altos cargos rusos.

El presidente Vladímir Putin advirtió el 21 de diciembre de que los “misiles hipersónicos están activados en modo de combate”. El mandatario afirmó entonces que “en el caso de que continúe la línea agresiva de los colegas occidentales, adoptaremos las medidas de represalia técnico-militares adecuadas. Reaccionaremos con dureza a sus medidas hostiles”. El ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, acusó a EE UU de preparar provocaciones con armas químicas en la región del Donbás y de enviar mercenarios a la zona.

El 23 de enero, el jefe de la delegación ante la OTAN, Konstantín Gravrílov, subrayó que si la OTAN ignoraba las demandas de Rusia, “Moscú sacará conclusiones y defenderá su seguridad en Europa por otros medios… Y tanto los europeos como los estadounidenses lo sentirán en el cuello”.

Ponomariov advierte de que “es importante movilizar a la sociedad contra el partido de la guerra”. A sus 80 años, el activista ha sido declarado agente extranjero y las autoridades han abierto un proceso administrativo en su contra. Para evitar problemas, el manifiesto señala los firmantes que están en esta lista negra de agentes extranjeros. Entre ellos figuran la ensayista y periodista Tatiana Vóltskaya y el escritor y guionista Víktor Shenderóvich. Este último abandonó el país tras ser declarado agente extranjero en vísperas de año nuevo.

El manifiesto también ha sido apoyado por los miembros de Yábloko, partido liberal de inclinación europeísta y sin representación en la Duma, el Parlamento ruso. Su fundador, Grigori Yavlinski, criticó la posición inamovible de Moscú al negociar sus garantías de seguridad. “Es un ultimátum que Putin presentó a EE UU y la OTAN y que se parece más a la demanda de un terrorista que ha tomado un rehén. Si no se cumplen, sufrirán los ciudadanos de un país diferente, Ucrania (Y Rusia, por supuesto)”, advirtió el político en un escrito tras lamentar que las amenazas contra Kiev han animado a Finlandia y otros países a pedir unirse a la alianza.

“Hace tres años Putin nos dijo que las armas hipersónicas y los misiles del fin del mundo de propulsión nuclear nos proporcionarían seguridad y tranquilidad; y hoy resulta que todo ya no depende de nosotros, sino de la OTAN. Los estadounidenses están probando ahora misiles hipersónicos, esto se llama carrera armamentística, y fue iniciada por la Rusia de Putin”, lamenta Yavlinski, que volvió la vista atrás, a la Unión Soviética: “Ya perdimos esa carrera una vez y nuestro país se vino abajo, ¿queremos repetir?”.

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