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Carteles contra el FMI en Buenos Aires (Argentina).
Carteles contra el FMI en Buenos Aires (Argentina).REUTERS

El kirchnerismo pretende que los 45.000 millones de dólares que Argentina debe al FMI los paguen los argentinos que tienen bienes y dinero ocultos en el exterior. Los senadores que responden a la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, presentaron un proyecto de ley que crea un llamado Fondo Nacional para la cancelación de la deuda con el FMI que se financiará con plata negra, producto de la evasión. Una norma paralela acelera y facilita los pedidos a bancos y entidades financieras para que levanten el secreto fiscal con el que protegen a sus clientes. El proyecto sumó el respaldo del presidente, Alberto Fernández, y el repudio opositor, que lo consideró “inviable”.

En diciembre del año pasado, durante un mitin organizado en la Plaza de Mayo, Cristina Kirchner, dijo que los dólares para pagarle al FMI estaban, pero fuera del país. “No, a la Argentina no le faltan dólares, los dólares los tienen afuera. Se los llevaron. Necesitamos que el Fondo nos ayude a recuperarlos desde los paraísos fiscales adonde se han ido miles de millones de dólares en evasión para que les paguemos”, dijo la vicepresidenta. Según la lectura del kirchnerismo, quienes se llevaron los dólares fueron aquellos que apoyaron el crédito que Mauricio Macri pidió al Fondo en 2018, una vez que el mundo le había cerrado el grifo del financiamiento privado. Durante la apertura de sesiones del Congreso, el 1 de marzo pasado, el presidente, Alberto Fernández, recordó que hay una causa judicial abierta contra la presunta fuga de capitales que siguió al ingreso de los dólares aportados por el multilateral.

Semanas después, Argentina acordó con el FMI la refinanciación de la deuda, un texto que no cayó bien en el kirchnerismo. Los diputados y senadores que responden a Kirchner votaron en el Congreso en contra del acuerdo y de los intereses del Gobierno que integran. La fractura se consumó durante las celebraciones del 46 aniversario del Golpe militar, el 24 de marzo pasado. La Cámpora, la agrupación que lidera Máximo Kirchner, hijo de la vicepresidenta, movilizó a 70.000 personas con consignas contra el FMI y duras críticas a Fernández. Ahora ha sido el turno de los senadores, con un proyecto de ley acorde a la lectura kirchnerista de la deuda pero de difícil concreción.

“Se trata de crear un fondo para pagar la deuda contraída por el Gobierno anterior de Mauricio Macri de 45.000 millones de dólares; que quienes se beneficiaron históricamente, o que la fugaron, paguen esa deuda y no el pueblo argentino. Esto no afecta al acuerdo existente entre el Gobierno y el FMI y cuenta con la colaboración y el visto bueno del Presidente”, explicó la senadora Juliana Di Tulio, muy cercana a Cristina Kirchner. Para dar con esos fondos, se promueve otra ley que habilita “a tener la información de quienes sacaron (divisas) del país, haciendo la apertura de secretos, qué monto sacaron y a través de qué instrumento”, agregó la senadora en diálogo con Radio Con Vos.

Según el texto del proyecto, el aporte de aquellos que tienen bienes o divisas no declaradas en el exterior deberán pagar al fisco argentino 20% del valor no declarado . Pasados los seis meses de entrada en vigor la ley, el aporte sube hasta el 32%. Los autores de la propuesta estimaron que al 31 de diciembre de 2021 “hay 417.507 millones de dólares de argentinos en el exterior y/o fuera del sistema financiero institucionalizado de nuestro país”. “De ellos se encuentran declarados ante la AFIP (la oficina de recaudación) sólo 69.000 millones de dólares, según se desprende del impuesto sobre los bienes personales del año 2020″. Los destinatarios de la ley son aquellos que “se beneficiaron con los recursos del FMI, fugaron divisas de la Argentina y no las declararon”. Son ellos, dice el texto, quienes “deben hacer el mayor esfuerzo contributivo y a quienes en definitiva apunta este proyecto de ley para amortizar la deuda con el Fondo”.

La ley en estudio podría ser una amnistía fiscal, como la que permitió a Macri detectar 100.000 millones de dólares durante su gestión. Pero a diferencia de aquella, esta es voluntaria solo en parte. De aprobarse, el Estado tendrá más poder de rastreo, con la participación, por ejemplo, de fiscales, hasta ahora impedidos de pedir la apertura de un secreto bancario. Se crea además la figura del “colaborador”, como se llamará a aquellos que faciliten el hallazgo de bienes y dinero no declarado. A cambio, el colaborador recibirá hasta el 30% de lo que se obtenga por su información. Otra novedad es que los pagos deben ser en dólares y no en pesos, la moneda local.

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Cristina Fernández de Kirchner se ha tomado muy en serio la posibilidad de un aporte de los evasores fiscales. Así se lo hizo saber al embajador de Estados Unidos, Marc Stanley, durante una reunión celebrada el pasado lunes en su despacho en el Senado. Con todo, es difícil que la ley pase el filtro del Congreso, donde el oficialismo no tiene mayoría en ninguna de las dos Cámaras.

La oposición ya adelantó que no dará su voto a lo que consideran un nuevo impuesto. Asegura, además, que el Estado ya tiene herramientas para perseguir la evasión y, sobre todo, que pretende recaudar sobre bienes que no sabe siquiera si existen. “¿Cómo van a gravar bienes que no están declarados? El nuevo impuesto que buscan crear es inaplicable”, resumió el diputado Mario Negri, presidente del bloque opositor en la Cámara Baja.

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La fiscal general de Guatemala, Consuelo Porras, señalada por jueves y fiscales de obstrucción investigaciones contra la corrupción que involucran a funcionarios del Gobierno del presidente Giammattei.
La fiscal general de Guatemala, Consuelo Porras, señalada por jueves y fiscales de obstrucción investigaciones contra la corrupción que involucran a funcionarios del Gobierno del presidente Giammattei.JOHAN ORDONEZ (AFP)

Carlos Antonio Videz ha sido el último en irse. El exfiscal especial contra la impunidad hizo público este domingo, a través de una carta, que salía de Guatemala debido al acoso del que es víctima por investigar casos de corrupción y crimen organizado en el país centroamericano. Su renuncia y exilio demuestra la guerra abierta en Guatemala por parte de redes criminales e incluso de altos cargos dentro del sistema judicial contra funcionarios comprometidos contra la impunidad. Según declaró recientemente el exjefe de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad en Guatemala (FECI), Juan Francisco Sandoval, ahora exiliado en Estados Unidos, hasta la semana pasada eran al menos 13 exoperadores de justicia los que, como él, tuvieron que huir de su país debido a la persecución que enfrentan.

Videz acusa directamente en su comunicado a la fiscal general Consuelo Porras, un controvertido personaje, quien ya había sido señalada por otros jueces y fiscales por obstaculizar su trabajo. “Ha quedado claro que la fiscal general ha ido avanzando en su plan de garantizar impunidad a las redes criminales que debiera perseguir. Desde el inicio de su mandato complicó la función de fiscales comprometidos e independientes”, acusa Videz, quien además denuncia una cruzada contra defensores de derechos humanos y activistas, quienes enfrentan procesos judiciales que sí avanzan con celeridad dentro del sistema judicial, “mientras que las investigaciones no avanzan contra ciertas personas”, dice el exfuncionario en relación a casos de corrupción pública y crimen organizado estancados.

“Fui uno de los fiscales a cargo de casos emblemáticos, como ‘Construcción y corrupción’, en el que descubrimos maniobras complejas del saqueo al Estado guatemalteco. El avance de las pesquisas permitió descubrir una serie de eventos que se operativizaron [sic] conforme la operación avanzaba”, explica el exfiscal. Videz afirma que, gracias a esta investigación, se pudo determinar un desfalco de al menos 125 millones de quetzales (más de 16 millones de dólares al cambio actual) y una red de corrupción y lavado de activos que involucraba a funcionarios dentro del Estado. “Diferentes tribunales de justicia determinaron la responsabilidad de varios procesados”, afirma.

El exfiscal especial es duro en su denuncia contra las autoridades guatemaltecas. “Lejos de realizar un esfuerzo para apoyar al equipo de trabajo, las autoridades utilizaron la complejidad de la investigación como un arma contra de los fiscales. A petición de los propios señalados de corrupción se utilizaron diversos perfiles falsos en redes sociales para atacar el trabajo realizado. Hay coordinación de los operadores en esas cuentas con la administración del Ministerio Público actual”, afirma.

La acusación contra la fiscal general Consuelo Porras no es nueva. Juan Francisco Sandoval fue cesado el pasado verano de su cargo al frente de la FECI, un organismo que ha logrado grandes avances en la lucha contra corrupción. En una rueda de prensa dada antes de su abrupta salida del país, Sandoval dijo que su destitución era ilegal y que fue ordenada por Porras, para proteger a amigos “que pudieran resultar involucrados en las investigaciones”. El abogado achacó su salida a varias pesquisas que dirigía, que incluyen supuestos casos de sobornos y corrupción, y que tocaban al Gobierno del presidente Alejandro Giammattei. “Me hicieron un llamado de atención con respecto a los perversos planes de la señora fiscal general por antecedentes que han tenido otros operadores de justicia contra quienes realizó conductas adversas y agilizó órdenes de captura. No es que yo no pueda responder ante algún señalamiento, el tema es lo manipulada que está la justicia y el riesgo que correríamos en un centro de detención por la cantidad de personas que han sido sometidas a [algún] proceso por virtud de mis acciones”, afirmó el funcionario exiliado en Washington.

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En la capital de Estados Unidos también han buscado refugio la exfiscal general Thelma Aldana, la exmagistrada de la Corte de Apelaciones, Claudia Escobar, el exfiscal de la FECI Andrei González y la magistrada electa de la Corte de Constitucionalidad (CC) Gloria Porras. Su denuncia es idéntica a la de Sandoval e incluye el señalamiento contra la fiscal general Porras por su manipulación de la justicia para evitar que avancen los casos por corrupción. Erika Aifán, integrante del Juzgado D de Mayor Riesgo de Guatemala, denunció también en una entrevista con EL PAÍS cómo la fiscalía emprende procesos contra los funcionarios de justicia que luchan contra la impunidad. “Como jueces de mayor riesgo, lo único que pedimos es que haga su trabajo objetivo, que verifique por qué los fiscales que tienen a cargo estas causas contra nosotros no las han archivado. Si estimara que hay fundamentos, ella puede pedir la presentación de un juicio. Sin embargo, estos casos no los archiva, pero tampoco presenta un juicio”, afirmó la jueza.

El abogado Diego García-Sayán, relator especial sobre la independencia de magistrados y abogados de la ONU, ha advertido en este diario sobre el peligro al que se enfrentan los jueces y fiscales en Guatemala. “Algo que debe ser seriamente investigado es cómo, y a través de qué personas, se mueven en los altos niveles del poder político estas redes de interferencia grosera en la justicia y de ataque artero y sistemático a la independencia judicial”, recomienda. “La información disponible indica que los altos niveles del poder político habrían demostrado tal grado de corresponsabilidad que parecería que poderes oscuros se han apropiado de poderosas herramientas de control y de sujeción del poder judicial”, advierte el experto.

El acoso contra los funcionarios de justicia ha despertado la atención de Estados Unidos, que la semana pasada expresó su “preocupación” por la persecución que sufren los fiscales en el país centroamericano. Washington criticó lo que considera “el maltrato inaceptable y el abuso persistente” a fiscales y exfiscales por parte del Ministerio Público. La fiscal general Porras ha sido sancionada por Estados Unidos, que la señala de obstrucción en las investigaciones de casos de corrupción que involucran a funcionarios públicos y organizaciones criminales. El Gobierno estadounidense decidió en julio pasado congelar “temporalmente” la cooperación con el Ministerio Público después de que se conociera el cese del jefe de la FECI. Washington ya había expresado su malestar ante la destitución de Sandoval, a quien las autoridades estadounidenses habían elogiado su papel en la lucha contra la corrupción.

La embestida contra los funcionarios independientes que luchan contra la impunidad se recrudece en Guatemala, país que se ahoga en un tsunami de denuncias de corrupción. El diario digital salvadoreño El Faro publicó a mediados de febrero que un “exhombre de confianza” del presidente Giammattei le ha acusado de haber recibido 20 millones de quetzales (2.6 millones de dólares) “provenientes de sobornos de empresas constructoras para financiar su campaña en 2019″. El diario afirma que “a cambio de ese dinero, según el testigo, Giammattei se comprometió con el entonces ministro de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda, José Luis Benito, a conservarlo en el cargo un año y mantener operando un millonario esquema de corrupción en contratos de construcción y mantenimiento de carreteras”. El Gobierno guatemalteco desmintió la denuncia y acusó a El Faro de orquestar “un ataque político” contra el mandatario.

El asedio contra los funcionarios que se han enfrentado al poderoso aparato criminal de Guatemala es tal que hasta algunos de ellos que han sido apresados han denunciado violencia en su contra dentro de los penales. Leily Santizo, exintegrante de la Comisión Internacional Contra la Impunidad (Cicig), denunció la semana pasada que fue víctima de agresiones por parte de dos abogados, sancionados por Estados Unidos con la prohibición de ingresar a su territorio. “El tema pasó de los insultos, casi a los golpes, y, si no es por los policías del Sistema Penitenciario, no sé hasta donde hubieran llegado”, dijo la exfiscal, en declaraciones recogidas por Efe. Santizo cumple prisión preventiva desde el 10 de febrero por un caso sobre el que el Ministerio Público no ha querido dar detalles. Su detención es una muestra de la difícil situación que sufren quienes han plantado cara a la corrupción en Guatemala. “No sólo nos están criminalizando, sino que ahora a través de agresiones pretenden hacernos callar”, afirmó Santizo, quien además ha denunciado que teme por su vida.

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la semana pasada en Caracas.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la semana pasada en Caracas.Rayner Peña R (EFE)

Las autoridades venezolanas anunciaron el arresto de dos diputados y dos alcaldes, pertenecientes al oficial Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), acusados de los delitos de corrupción y narcotráfico, y de dos fiscales del Ministerio Público, junto a otros trabajadores de la estatal Petróleos de Venezuela, por formar parte de una red de traficantes de gasolina. Las detenciones responden a una iniciativa anticorrupción denominada operación Mano de Hierro, que ha sido muy comentada estos días por el presidente Nicolás Maduro, y por otros mandos de la revolución bolivariana, como Diosdado Cabello, Tarek El Aissami y Jorge Rodríguez.

El Gobierno ha dado a entender que se trata de un operativo en desarrollo, a gran escala, que busca combatir a las mafias enquistadas en el Estado venezolano que trafican con gasolina y sustancias ilícitas en algunas zonas del país. Estos grupos han sido responsabilizados de ser los causantes de la escasez de ciertos bienes en el pasado.

La alcaldesa judicializada es Keyrineth Fernández, del municipio Jesús María Semprún, y junto a ella dos diputados, Taína González y Luis Viloria. Fernández es una dirigente indígena juvenil del Estado Zulia con un discurso político comprometido e intransigente. La Policía Nacional Bolivariana informó tras detenerla de que portaba seis kilos de cocaína. Algunas versiones informativas han denunciado que Fernández ya había sido señalada por esas causas en el pasado y a pesar de eso estaba en libertad. Se acusa a los tres de formar parte de una red de narcotráfico que operaba entre los Estados occidentales de Zulia y Falcón.

Tarek El Aissami, actual Ministro de Petróleo –exministro del Interior y abogado criminalista-, está a cargo de esta operación y ha declarado que el Gobierno de Maduro “llevaba varios meses” trabajando para dar con los hilos de esta organización. “Presentamos este duro golpe al pueblo para que quede claro que no se aceptará ni se dará tregua a los funcionarios corruptos que fueron electos por voluntad soberana”, añadió.

Por su parte, el Fiscal General del régimen chavista, Tarek William Saab, anunció la detención de Jorge Peña, Fiscal Superior del estado Delta Amacuro, y Manoel Gil Da Silva, Fiscal Superior del Estado Bolívar, al oriente y sur oriente del país, acusados, junto al alcalde del municipio Independencia, Carlos Vidal, de traficar y contrabandear gasolina, un bien escaso en la Venezuela de Maduro en los últimos años. En el operativo fue apresado también Juan Carlos Barragán, un trabajador de Petróleos de Venezuela.

“El PSUV condena de manera absoluta, clara, diáfana, total, cualquier acto de desviación de los valores revolucionarios, más cuando estos actos tengan que ver con hechos de corrupción, de narcotráfico, de delincuencia organiza”, ha declarado a su vez Diosdado Cabello, numero dos del régimen chavista y vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela. Cabello ha confirmado que estas personas han quedado expulsadas de la organización.

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El agravamiento de la corrupción como un mal endémico en Venezuela ha sido uno de los argumentos más usados por la oposición venezolana cuando toca hacer un diagnóstico sobre las causas del derrumbe de la economía venezolana y el fracaso del modelo de desarrollo chavista. Lo habitual es que la dirigencia bolivariana no dé respuesta a estas acusaciones. El tono de algunos altos dirigentes del chavismo estos días, sin embargo, indica que esta operación está en desarrollo y que puede caer más gente, dirigentes políticos o funcionarios comprometidos en delitos graves.

“Si a algún otro diputado lo cazamos, no necesitará una carta astral para saber su futuro”, ha declarado en una alocución transmitida por el canal estatal Venezolana de Televisión, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hombre de confianza de Nicolás Maduro. “Yo se lo voy a decir de una vez: irá a la cárcel si se convierte en un nauseabundo traidor.”

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