Mostrando entradas con la etiqueta militares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta militares. Mostrar todas las entradas



“Le propongo un ejercicio”, dice Sergio Marroco, veterano de la Guerra de Malvinas. “Imagine que está 74 días sin bañarse y con la misma ropa. Solo eso. No piense en el frío, en que vive mojado y que tiene mucha hambre. Cuando caí prisionero, me bañé seis veces en un mismo día, y fui uno de los tantos que tiramos la ropa por la borda. El olor de mi propia ropa no lo olvido. Ahora me baño tres veces por día, y en lugares calurosos me cambio la ropa hasta cuatro veces. Eso fue la guerra para mí, no te olvidás más”. En 1982, Marroco cumplía con el servicio militar obligatorio en el Batallón de Infantería de Marina Nº 5, el BIM 5, como se lo conoce popularmente en Río Grande, provincia de Tierra del Fuego, a 2.500 kilómetros al sur de Buenos Aires. Tenía 19 años y lo mandaron como soldado raso a Malvinas.

Marroco dice que en 1982 eran todos “pibes jovencitos, muy tiernos”. “Todavía jugábamos con gomeras”, recuerda y hacían “la colimba”. Así se le decía en Argentina a la milicia obligatoria, por “corre, limpia, barre”. Los jóvenes sin preparación militar eran mano de obra gratuita en los cuarteles, y con esa carga simbólica llegaron a las islas. “Una institución castrense tiene una pirámide de mando y la base más grande era el soldado conscripto. El personal de carrera dirigía y, para ellos, nosotros no éramos parte de la institución. Tenías soldados profesionales y pibes que fueron a dar una mano, porque nunca habíamos tenido un fusil en la mano”, dice Marroco.

40 años después del inicio de la guerra contra Reino Unido, la línea entre profesionales y colimbas es la que aún estructura los centros de excombatientes de Malvinas. En Argentina hay 254 asociaciones. Solo en la Ciudad de Buenos Aires existen 11 centros, y 91 en la provincia del mismo nombre. En el resto del país, distritos como Córdoba tienen 15. El denominador común es que conscriptos y militares de carrera no se juntan. Y eso dibuja también los discursos de cada centro. Los primeros nacieron como cobijo entre pares, para reivindicar los derechos de los excombatientes y, sobre todo, oponerse a la estrategia de “desmalvinización” que usó la transición democrática para enterrar los símbolos de la dictadura. Los segundos izan la bandera del honor castrense, hablan de gesta histórica y son poco propensos a la autocrítica.

“Todavía quedan esas rispideces entre los que eran soldados y el personal de cuadro. El problema es cómo separar ahora que ese personal de carrera era parte de una dictadura”, dice Marroco. Y asegura que la única excepción a la regla de la división es el Centro de Veteranos de Guerra de Río Grande que integra. Allí conviven ambos bandos. “Hay héroes que fueron pibes que estaban en su barrio y también hay personal militar”, explica.

Marroco, como muchos de sus compañeros, supieron de torturas y maltratos a los soldados, pepetrados por sus superiores. Fue la extensión de la lógica del terrorismo de Estado bajo la figura del fuego amigo. El Cecim, uno de los primeros centros de excombatientes de Argentina , fundado en 1983 en la ciudad de La Plata (60 kilómetros de Buenos Aires), presentó desde el principio denuncias judiciales contra los oficiales. “Impulsamos causas para que se condene a los militares que estaquearon a conscriptos y a ingleses que cometieron crímenes de guerra”, asegura Mario Volpe, miembro del Cecim. Otros centros no quieren ni siqiuera oír hablar de enjuiciar a sus compañeros de armas.

La dictadura argentina envió a Malvinas unos 23.000 combatientes, de los cuales más de 12.500 eran jóvenes de entre 18 y 20 años, en general nacidos en 1962 y 1963. La posguerra fue dura para ellos. En junio de 1982, el Gobierno de facto se tambaleaba. Había fracasado en su huida hacia adelante y la Plaza de Mayo ya no reunía a decenas de miles embriagados de nacionalismo y gritando ‘vivas’ al dictador Leopoldo Galtieri. Los soldados se contagiaron del descrédito general de las Fuerzas Armadas, responsable de decenas de miles de asesinatos desde su llegada al poder en 1976. Como integrantes del bando derrotado, la dictadura los devolvió al continente por la puerta de atrás.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

En la guerra de Malvinas, terminada el 14 de junio de 1982, murieron 650 argentinos y 255 ingleses. Días después de volver a casa, los soldados argentinos recibieron por escrito una orden de las Fuerzas Armadas en donde se les pedía, en “nombre de la Patria”, un “nuevo esfuerzo”. Los soldados no debía hablar sobre su experiencia en combate, ni ser “imprudentes” con opiniones acerca de la guerra. Se les pedía también que no se “dejasen llevar” por noticias alarmantes para “perpetuar así de forma heroica cómo nuestros soldados dieron la vida por la soberanía nacional”.

El proceso de desmalvinización siguió durante la democracia. Fue una estrategia para dar vuelta la página de la dictadura, pero a costa del silencio y la invisibilidad de sus protagonistas. “El único espacio que encontramos para poder hablar de estos temas fue en los centros de veteranos”, dice Marroco. “Era el único sitio donde no me miraban como a un loco. Ese que estaba al lado se cagó de hambre como yo, se congeló igual que yo, le tiraron tiros como a mí, mató gente. Son cosas difíciles de hablar con alguien que no vivió eso”.

Los sucesivos Gobiernos democráticos liberaron poco a poco el corsé de la posguerra. Los excombatientes lograron pensiones equivalentes a tres pensiones mínimas, además de otros beneficios. Las pensiones provocaron otra grieta, entre aquellos que habían luchado en Malvinas y los soldados “continentales”, que habían participado del conflicto desde la retaguardia, sin pisar el archipiélago.

Durante los últimos años, la identificación de los argentinos enterrados sin nombre en el cementerio isleño de Darwin sirvió para cicatrizar heridas. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y la Cruz Roja pusieron nombre en 2017 a 115 soldados que compartían una fosa común con 121 cuerpos. En septiembre del año pasado, en tanto, identificaron otros seis cuerpos, todos soldados argentinos que murieron a bordo de un helicóptero Puma que trasportaba explosivos y fue alcanzado por un misil británico.

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS América y reciba todas las claves informativas de la actualidad de la región.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites



Source link


Nueve hombres forman fila en sillas de ruedas ante el coronel general Alexánder Fomin, viceministro de Defensa de Rusia. La imagen, divulgada el pasado sábado 26 de marzo —un mes y dos días después del comienzo de la ofensiva contra Ucrania—, mostraba a un grupo de mutilados de guerra, miembros de una generación de rusos a la que el conflicto que asola Ucrania dejará secuelas de por vida, como ya les pasó a sus mayores en Afganistán en los años ochenta y en Chechenia en los noventa. Aquellos conflictos eran dramas que los soldados condecorados solo conocían gracias a viejas imágenes de televisión. Ahora, su realidad se hace hueco poco a poco en las pantallas de los hogares rusos. Este fin de semana, aún convalecientes por la amputación de sus piernas y brazos, los nueve militares fueron distinguidos con medallas al valor y el coraje en un acto donde nadie esbozó ninguna sonrisa.

El homenaje fue difundido por la televisión pública en una insólita exhibición de las consecuencias del conflicto. Las amputaciones y heridas que se intuían en las mangas vacías de los pijamas de hospital llamaban poderosamente la atención, ya que este tipo de imágenes son una rara excepción en los medios rusos, y más aún en Pervy Kanal, la principal televisión estatal de la nación. Muchos otros medios, incluido Nóvaya Gazeta —el último diario totalmente independiente que no había sido bloqueado y que este lunes ha anunciado que suspende su actividad hasta el final de la guerra— también se hicieron eco de la ceremonia.

“Camaradas combatientes, ustedes, verdaderos hombres, verdaderos militares, verdaderos continuadores de la gloriosa tradición de nuestros padres y abuelos, no han defraudado en ningún momento al Estado, cumplieron sus misiones al 100%”, dijo Fomin al comienzo de su discurso en el hospital clínico-militar Vishnev.

En las imágenes retransmitidas del acto se puede observar el gesto adusto y la mirada perdida de un hombre al que el general condecora y da la mano tras perder una pierna. Sus compañeros aplauden al mismo tiempo con gestos taciturnos. Poco después, otro combatiente, el único que se sostenía en pie, también es galardonado por sus acciones en Ucrania. El hombre, al que le falta un brazo, se mantiene ausente, con el ceño fruncido y la mirada en otro lado, mientras le colocan la medalla y es abrazado.

De izquierda a derecha, Serguéi Rudskoi, representante del Alto Estado Mayor del Ejército ruso; el portavoz del ministerio de Defensa, Igor Konashenkov; y Mijail Mizintsev, jefe del centro de control de Defensa Nacional, en una rueda de prensa el 25 de marzo.
De izquierda a derecha, Serguéi Rudskoi, representante del Alto Estado Mayor del Ejército ruso; el portavoz del ministerio de Defensa, Igor Konashenkov; y Mijail Mizintsev, jefe del centro de control de Defensa Nacional, en una rueda de prensa el 25 de marzo. NATALIA KOLESNIKOVA (AFP)

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

El número de militares rusos muertos y heridos en la guerra es uno de los datos más sensibles para el Kremlin. El Ministerio de Defensa ruso actualizó la semana pasada la cifra de bajas en el segundo recuento hecho público desde que comenzó la guerra. Según las informaciones oficiales de Moscú, sus Fuerzas Armadas han contabilizado 1.351 fallecidos y 3.825 heridos hasta el 25 de marzo. El Kremlin atribuyó a Ucrania hasta 30.000 bajas —“14.000 muertos y 16.000 irrecuperables”, en la jerga que emplea el Gobierno ruso—. Sin embargo, Ucrania asegura que las pérdidas rusas rondan las 17.000 víctimas, entre muertos y heridos.

“No esperaba recibir esta condecoración… por la lucha contra el nazismo”, decía en el reportaje uno de los soldados, Yégor Vereschagin, tomando aire antes de hacer alusión al pretexto que ha esgrimido Rusia para desatar la guerra. Además de los condecorados, el canal ruso también entrevistó a otros dos militares galardonados que yacían en sus camas sin apenas poder mover más que la cabeza. El comandante de artillería Maksim Okolota, herido en un combate contra tanques ucranios, aseguraba que los civiles les habían recibido bien. “La población no era agresiva, nos daban cigarrillos y comida”, afirmaba.

Pasada la primera semana de la guerra, cuando el ejército ucranio frenó el avance ruso, Putin anunció una nueva paga para las familias de los muertos y heridos en combate. Al pago único de 7,4 millones de rublos (68.000 euros), previsto como seguro de vida, se han sumado otros 5 millones (46.000 euros) a repartir mensualmente por la pérdida del combatiente. En el caso de resultar herido grave, la compensación extra es de 3 millones de rublos (27.500 euros).

La prolongación del conflicto, que ya va por su segundo mes, conlleva cada vez más actos de homenaje públicos a heridos y caídos. El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, visitó otro hospital el 11 de marzo para entregar otras condecoraciones. Uno de los militares recibió el título de Héroe de la Federación de Rusia por la toma de la presa que ocho años después ha vuelto a abrir sus compuertas para enviar agua a la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014. Antón Starostin resultó herido por un misil antitanque Javelin durante la defensa de un puente.

Las reacciones a la muerte de los soldados por parte de sus familias se adecúan al relato oficial. La versión rusa del canal alemán Deutsche Welle publicó este fin de semana una entrevista a la madre de un soldado fallecido en Ucrania. “Esto es así, con palabras simples: si no hubiéramos bombardeado nosotros, los ucranios nos hubieran bombardeado a nosotros. Un bombardeo hubiera sido necesario, aquí no había alternativa. Por supuesto, nadie esperaba esto”, decía dolida por la pérdida de su hijo a principios de marzo.

Además de los actos oficiales, las redes sociales rusas también se han volcado en homenajear a los soldados caídos, lo que unido a las noticias de los diarios locales supone un goteo constante de noticias dramáticas sobre la invasión de Ucrania. En VKontakte, la alternativa nacional a Facebook propiedad del monopolio estatal Gazprom, algunas comunidades, como Operación especial en Ucrania, libro de la memoria, publican a diario imágenes de jóvenes que han perdido la vida en el frente. Las fotografías van acompañadas de una breve biografía y palabras de aliento a sus familiares. “Murió en el transcurso de la operación emprendida en Ucrania para la defensa de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, la patria y el cielo sobre Rusia”, es el epitafio de muchos de ellos. La mayoría, nacidos entre los años 1996 y 2000, eran bebés durante la segunda guerra de Chechenia, la primera que ordenó Vladímir Putin tras ser elegido por Boris Yeltsin como su sucesor al frente del país.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link


Soldados revisan a una mujer en un punto de control, en San Salvador, El Salvador.
Soldados revisan a una mujer en un punto de control, en San Salvador, El Salvador.Rodrigo Sura (EFE)

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, respondió con contundencia al desafío salido de las calles. A los 14 asesinatos de las pandillas del viernes, el mandatario respondió con un decreto que le da poderes especiales para combatirlos y a los 62 homicidios del sábado respondió con una orden que llega hasta las celdas donde hay miles de pandilleros encarcelados y de donde salen muchas de las órdenes. “Todas las celdas cerradas 24/7, nadie sale ni al patio. Mensaje para las pandillas: por sus acciones, ahora sus ‘homeboys’ no podrán ver ni un rayo de sol”, ordenó el mandatario, dispuesto a llevar el castigo hasta donde más duele.

El resto de las medidas tiene que ver con el despliegue de más soldados y policías en las calles que operarán ahora amparados por un paquete legal que amplía su margen de actuación. Por si había alguna duda, Bukele acompañó sus órdenes de una catarata de mensajes a jueces y fiscales donde les advirtió sobre la nueva situación que reina en el país ante la tentación de atender posibles violaciones a los derechos humanos. “Estaremos pendientes de los jueces que favorezcan delincuentes”, escribió en Twitter. Un día después, este domingo, hubo decenas de detenidos.

El estado de excepción decretado este domingo, que inicialmente durará 30 días, permite a Bukele restringir la libertad de entrada y salida del país, la libertad de expresión, la inviolabilidad de la correspondencia o la prohibición de la intervención de telecomunicaciones sin orden judicial. También quedó suspendida la libertad de asociación y el derecho a ser informado de las razones de un arresto y se extendió el plazo de detención a 15 días, cuando el tiempo habitual es de 72 horas.

“Desde ayer, tenemos un nuevo repunte de homicidios, algo que habíamos trabajado tan duro por reducir. Mientras combatimos a los delincuentes en las calles, tratamos de descifrar lo que está pasando y quiénes están detrás, financiando esto”, escribió Bukele en Facebook, tras la reunión con su equipo de Seguridad. Ante la incertidumbre causada, dijo que: “Servicios religiosos, eventos deportivos, comercio, estudios, etc., pueden seguirse realizando normalmente”.

El estado de excepción de Bukele llegó después de que se supiera que algunas de las 76 víctimas del fin de semana fueron elegidas al azar. Según una fuente de seguridad citada por La Prensa Gráfica y que prefirió hablar en condición de anonimato, entre los muertos de este fin de semana “hay víctimas elegidas al azar. Un señor que estaba haciendo agujeros en la calle y sin mediar palabra lo mataron. Un vendedor de fruta, un panadero, el cliente de un taller. Es un mensaje claro al Gobierno. Ellos, las pandillas, quieren algo y, al parecer, el Gobierno no se lo ha dado. Todo parece indicar que es un ajuste de sangre”, dijo al diario salvadoreño.

La medida más tangible ordenada por Bukele es la llegada a las calles de más militares y policías en los municipios donde se dieron estos homicidios. Sin embargo, los asesinatos ocurrieron en zonas que ya estaban consideradas como prioritarias en el Plan Control Territorial (PCT), un programa de seguridad puesto en marcha desde su llegada al poder en junio de 2019. Según Bukele la reducción se debe a su plan de seguridad que sacó 5.000 soldados a patrullar barrios y colonias en el pequeño país centroamericano.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Las revelaciones del periódico El Faro, señalan, sin embargo, que el descenso se debe a un pacto con las pandillas MS-13, Barrio 18 Sureños y Barrio 18 Revolucionarios, un ‘ejército’ de casi 70.000 pandilleros en un país de siete millones de habitantes. En cualquier caso, el hecho objetivo es que en 2015 el país contabilizaba 20 asesinatos diarios y hoy ronda los cuatro. Hace seis años, El Salvador tenía una tasa de 103 muertos por cada 100.000 habitantes y hoy está en 17. Más allá de las cifras oficiales, la disminución ha supuesto un cambio radical entre la población y le ha permitido a Bukele apuntalar su popularidad. Durante los dos últimos años ha sido posible tomar el autobús sin temor, mirar el celular en la calle o tomar un taxi en la noche.

En medio de la controversia generada por el estado de excepción, Bukele añadió más enigmas al día al retuitear a una usuaria que detalló haber estado presente en una reunión en la que se planteó su derrocamiento por Estados Unidos. “En Bolivia, en una cena con asesores políticos, dijeron que están siendo contactados por una “organización” de USA, tanto de demócratas como de republicanos, para ‘derrumbar’ a Bukele y operar desde Panamá. Por lo visto ya lo están haciendo”, decía el mensaje retuiteado por el presidente el día que amplió sus poderes.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link



El pasado jueves, al cumplirse el primer mes de la ofensiva que el Kremlin justifica haber emprendido para “desnazificar” Ucrania, un reconocido periodista ruso encontró clavado en la puerta de su casa un emblema con la bandera azul y amarilla del país vecino y la palabra “Judensau”, que significa “cerdo judío” en alemán, escrita sobre ella. Y a sus pies, una cabeza de cerdo con una peluca que emulaba su emblemática melena rizada.

“¿Han decidido intimidarme a mí y a mi familia? ¿A mí, a quien se llevaron para fusilarle los militares de Dudáyev (primer líder separatista checheno)?”, denunció Alexéi Venedíktov en su canal de Telegram. El que hasta hace unas semanas dirigía la decana radio Eco de Moscú, liquidada tras ser bloqueada por las autoridades por su cobertura de la guerra, ha sido uno de los amenazados por mostrarse crítico con el conflicto.

Este viernes fueron atacadas dos activistas de San Petersburgo. “¡Peligro! ¡Aquí vive una traidora a la patria!”, estaba escrito en sendos carteles pegados a la entrada de los domicilios de Daría Heikinen, del Movimiento Mayak, y de Kristina Vorotníkova, antigua ayudante del opositor Alexéi Navalni. En el caso de la primera mancharon su pomo con unos fluidos, mientras que la segunda activista se encontró la puerta pintarrajeada con la palabra “traidora”. Y en el rellano de sus domicilios, estiércol por el suelo.

Del incidente que le afectó, el periodista Venedíktov consiguió una grabación del pasillo interior del edificio en el que vive donde aparecía la persona que puso la cabeza de cerdo en su portal, un hombre que podría haberse disfrazado de repartidor. Según dijo a la agencia de noticias Ria Novosti, la policía “ya estaba al corriente de los hechos” incluso antes de poner la denuncia.

Antes hubo otros casos. El 16 de marzo, la activista Olga Mísik se encontró la puerta de su casa pintada de arriba a abajo. “Mi apartamento ha recibido un tratamiento cosmético”, escribió en Twitter la manifestante, que se hizo famosa por leer la Constitución rusa frente a la policía en las protestas de 2020, cuando aún era adolescente. Mísik mostró tres fotografías donde se podía leer el mensaje dirigido contra ella: “No vendas la patria, puta”.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Mísik comentó aquella amenaza con una sutil advertencia. “Occidente apostará por la quinta columna. No solo por los que viven allí geográficamente, sino también por los que están con su conciencia esclava. Pero el pueblo de Rusia podrá distinguir a los patriotas de los traidores y tal purificación de la sociedad solo fortalecerá el país. A. Hit… [Adolf Hitler], perdón, V. V. Putin”, publicó Mísik al transcribir, una por una, las palabras que poco antes había dicho el mandatario ruso.

Aquella pintada estaba encabezada por una zeta, la letra que la propaganda ha convertido en el símbolo de los que apoyan la guerra. “Za rodinu” (por la patria, en ruso); “Za presidenta” (por el presidente), son algunos de los lemas promovidos con una letra que antes de comenzar el ataque se hizo viral en las redes sociales. El motivo, estar pintada sobre los camiones y carros de combate rusos como distintivo para el fuego amigo, un indicio de que ya habían acabado los preparativos para la guerra.

Militares que rechazan participar “en la operación especial”

No solo parte de la sociedad civil ha mostrado su rechazo al conflicto. El 25 de febrero, segundo día de la guerra, un jefe de pelotón y 11 soldados del destacamento ruso Plastún se negaron a cruzar la frontera que separa Ucrania de la región rusa de Krasnodar. Los militares denunciaron que era una acción ilegal, y como resultado, fueron devueltos a su base, se abrió una investigación y fueron despedidos. Ahora luchan ante la justicia por su reincorporación laboral porque consideran que la expulsión fue improcedente.

“Ninguno de ellos tenía el pasaporte para viajar al extranjero ni tenía la intención de salir, dado que sus obligaciones se limitaban al territorio de la Federación de Rusia”, compartió en Telegram su abogado, Mijaíl Benyash. Además, la defensa resaltó que cruzar ilegalmente la frontera es un delito tipificado por el artículo 322 del Código Penal ruso, a lo que se hubieran añadido otros crímenes bajo la legislación ucrania.

Este suceso no es una excepción. “Después de esta noticia nos han llegado historias similares de Crimea, Veliki Nóvgorod, Omsk, Stavropol… trabajadores que buscan ayuda”, escribió en sus redes sociales Pável Chikov, un conocido defensor de los derechos humanos y columnista habitual de la prensa rusa. “Escriban a nuestros abogados; ayudaremos a los oficiales a recuperar sus empleos por haberse negado a ir a las hostilidades de Ucrania”, agregó el también presidente de la fundación Ágora, quien fue expulsado en 2019 junto a otros activistas del Consejo Presidencial de Derechos Humanos, dependiente del Kremlin.

Según Benyash, “hay bastantes otkázniki (los que rechazan ir a la guerra, en un juego de palabras) en toda Rusia, pero solo estos han tenido el coraje de demandar. El resto se unió [a la invasión] sin rechistar, lo que dice mucho sobre ellos como luchadores”. “Su negativa no debe verse como una declaración política”, escribió el abogado, quien defendió que negarse a participar en “una operación especial” (como la denomina el Kremlin) “no es una falta disciplinaria ni una ofensa en absoluto”.

La agrupación Plastún forma parte de la OMON, el acrónimo del cuerpo antidisturbios y antiterrorista de la Guardia Nacional (Rosgvardia), una fuerza mixta militar y policial, creada en 2016 y que solo cumple órdenes del presidente, no del Gobierno y su Ministerio de Defensa. “El capitán Farid Chitav y el resto de los hombres tomaron la decisión por cuenta propia”, según Benyash.

“Ninguno de los demandantes fue informado de su viaje de trabajo a territorio ucranio para participar en una operación militar especial, ni sobre las tareas ni las condiciones de esta operación. Por lo tanto, no dieron su consentimiento”, subrayó Benyash, un letrado conocido por haber sido juzgado en 2018 por supuestamente agredir a un policía al reunirse con un manifestante. Amnistía Internacional y otras ONG como Frontline Defenders dijeron que aquel proceso “tuvo una motivación política”.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link



Vladímir Putin ordenó el 24 de febrero invadir Ucrania por tres frentes “para desmilitarizar y desnazificar” el país. Un mes después, su ejército da un giro de consecuencias imprevisibles y asegura que el objetivo principal es algo mucho más tangible para un posible acuerdo de paz futuro: tomar solo la región de Donbás, que los separatistas controlaban ya en parte desde 2014. “A medida que las agrupaciones individuales completan con éxito las tareas asignadas, nuestras fuerzas y medios se concentrarán en lo principal: la liberación completa de Donbás”, ha señalado este viernes en una sesión informativa el primer subjefe del Estado Mayor, el general Serguéi Rudskói.

Militares rusos, sobre un vehículo blindado de transporte de personal en Armyansk, en el norte de Crimea. Foto: EUROPA PRESS | Vídeo: REUTERS

Un tridente asaltó Ucrania a finales de febrero en una campaña denominada “operación militar especial para la protección de las repúblicas de Donetsk y Lugansk”. Una parte de las fuerzas armadas rusas intentó llegar a Kiev desde el norte, partiendo incluso desde un tercer país, Bielorrusia, en un ataque relámpago por la vía más rápida, Chernóbil. En el este se abrió otro frente con el apoyo de las milicias y los contratistas privados que operaban en el territorio separatista. Y al sur, desde la anexionada república de Crimea, otro asalto ha buscado unir la península del mar Negro con Donbás, dando lugar a una de las batallas más cruentas del conflicto: el asedio de Mariupol.

Pese a acotar supuestamente su ofensiva a Donbás, las fuerzas armadas rusas se guardan la carta de proseguir a continuación hacia el interior de Ucrania e intentar ocupar ciudades como Kiev y Járkov, bombardeadas desde hace semanas. “Inicialmente, no planeamos asaltar ciudades, para evitar su destrucción y minimizar las pérdidas entre el personal y los civiles, pero no excluimos esa posibilidad”, añadió Rudskói.

Un hombre hace el gesto de la victoria mientras pasea con un niño por una calle de la ciudad de Odesa, el jueves. Foto: MANUEL BRUQUE (EFE)

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

El objetivo de esta campaña ha variado de una fase a otra de la guerra. El pasado 18 de marzo, el presidente Putin pronunció un discurso en un mitin-concierto celebrado en el estadio de la final del Mundial de Rusia, que estaba a reventar con su aforo de 81.300 plazas. Coreado por el público, el mandatario aseguró que “el objetivo principal de la operación militar en Donbás y Ucrania ha sido liberar a la población del genocidio”. Sin embargo, el 25 de febrero, segundo día de la guerra, instaba al ejército ucranio a dar un golpe de Estado porque sería más fácil negociar con él que con “un Gobierno de drogadictos y neonazis”. Otros pretextos empleados por el Kremlin han sido la hipotética amenaza que supondría para Crimea la entrada de Ucrania en la OTAN, y ya avanzado el conflicto, un supuesto desarrollo de armas biológicas financiado por Estados Unidos con la etnia eslava como objetivo. Washington lo desmintió categóricamente, asegurando que sus laboratorios solo se dedicaban a la detección temprana de brotes potencialmente pandémicos, como sucedió en Ucrania en 2012 y 2018 con la fiebre porcina africana.

Durante las negociaciones mantenidas estas semanas entre ambas partes, la delegación rusa ha insistido en tres exigencias clave: Ucrania debe asumir un estatus de neutralidad que la aleje de Occidente y de la OTAN; debe reconocer la integración de Crimea como parte de Rusia; y debe asumir la independencia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk.

El Ministerio de Defensa ruso anunció también este viernes su segundo recuento de bajas en lo que va de guerra: 1.351 muertos y 3.825 heridos, según las cifras oficiales ofrecidas por Rudskói. El general aseguró que los ucranios “ya no tienen reservas y cubren sus pérdidas con personal sin capacidad de las defensas territoriales”.

Según el Estado Mayor ruso, sus rivales habrían perdido en total 30.000 de sus 260.000 combatientes, entre 14.000 fallecidos y 16.000 heridos, lo que habría obligado a Kiev a movilizar más tropas. Rusia, pese a asegurar tener muchas menos bajas, ha anunciado sin embargo que también movilizará hasta 16.000 mercenarios traídos de Oriente Medio. A estos se suman otras unidades procedentes de territorios tan dispares como el lejano oriente ruso, Chechenia y Abjasia, según la inteligencia británica.

El subjefe del Estado Mayor ruso aseguró que la supuesta “desmilitarización” de Ucrania “se está logrando con ataques de alta precisión contra instalaciones militares y los despliegues de las unidades, así como contra aeródromos, puestos de mando, arsenales y depósitos de armas”.

Los datos de Naciones Unidas contradicen que se trate de una operación quirúrgica. Según el recuento del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, 977 civiles han muerto y 1.594 han resultado heridos hasta la madrugada del 24 de marzo, aunque la cifra puede ser mayor.

Asimismo, sus datos tampoco confirman el supuesto “genocidio” con el que Putin justificó su casus belli contra el Gobierno de Volodímir Zelenski. Naciones Unidas señala que en las regiones de Donetsk y Lugansk han muerto 279 civiles en lo que va de conflicto: 224 en la zona controlada por el Gobierno y 55 en territorio separatista.

En su valoración de los progresos del ejército ruso, Rudskói recalcó además que sus tropas podrían haber sufrido contratiempos por el sabotaje ucranio. “127 puentes fueron volados por los nacionalistas ucranios para frenar nuestra ofensiva”, dijo el coronel, quien aseguró además que disponen de una superioridad total en el cielo porque “la aviación y el sistema de defensa aérea de Ucrania fueron destruidos casi por completo”.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link


Nuevo escándalo en el Ejército: capturaron a 5 militares en Nariño por presunta corrupción

Autoridades investigan presunto tráfico de municiones de uso restringido y privativo de las Fuerzas Armadas.

Noticias Nariño.

Cinco militares del Ejército Nacional y un civil, cuya identidades se mantienen en la más completa reserva, fueron capturados por unidades de inteligencia de la Fuerza de Tarea Hércules que opera en Tumaco.

La investigación se adelanta desde hace varios meses por un fiscal del grupo de crimen organizado de la Fiscalía.

Señalan que los uniformados son investigados por presuntos delitos como concierto para delinquir agravado; peculado por apropiación en concurso homogéneo y sucesivo y tráfico, fabricación y porte de armas, municiones de uso restringido y privativo de las Fuerzas Armadas.

de los militares
Este es el comunicado que emitió la Fuerza de Tarea Hércules.

La información fue entregada por el propio el comandante de la Fuerza de Tarea conjunta de Estabilización y Consolidación Hércules, general Jaime Alonso Galindo.

Enfatizó en que los capturados de inmediato fueron puestos a disposición de un juez con función de control de garantías quien definirá su situación judicial

“Estas acciones se generan con el propósito de coadyuvar en el fortalecimiento de la política institucional de transparencia y de adelantar acciones de prevención y detección de comportamientos delictivos”, sostuvieron.

Lea también:





Source link



El ministro de Exteriores turco, Mevlüt Çavusoglu, anunció este domingo que su país “aplicará la Convención de Montreux”, que prohíbe el paso de buques militares a través de los estrechos del Bósforo y los Dardanelos (por los que se accede del mar Mediterráneo y el Egeo al mar Negro) a los barcos de aquellos países implicados en una guerra. Esta prohibición concierne tanto a Ucrania como a Rusia, si bien es más relevante para el segundo país dada su mayor flota.

El Gobierno ucranio, tanto a través de su embajador en Ankara como en una conversación telefónica entre el presidente de ese país, Volodímir Zelenski, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, había pedido activar la Convención de Montreux, firmada en 1936 y aún en vigor. El retraso en tomar una decisión, según explicó una fuente oficial turca, se debió a que los diplomáticos de Turquía debatían si podían calificar técnicamente lo que sucede en Ucrania de guerra, lo cual activaba Montreux, o se trata, como asegura la versión rusa, de una “operación militar”. En una entrevista este domingo con el canal turco CNNTürk, Çavusoglu explicó que se ha consultado a juristas, expertos y militares, y finalmente se ha llegado a una conclusión: “En un principio hubo un ataque ruso. Pero ahora, tal y como se puede apreciar con la situación de muchas ciudades, está claro de que ha evolucionado a una guerra”.

La medida es fuertemente simbólica e inclina a Ankara —miembro de la OTAN, pero con profundos lazos económicos, políticos y estratégicos con Moscú— del lado de Ucrania, un país con el que también ha forjado una alianza en los últimos años con la venta de drones armados (que están siendo usados contra las fuerzas rusas) y la utilización de tecnología ucraniana en la fabricación de drones.

Con todo, Rusia no debería tener mayores problemas a corto plazo con esta prohibición porque en los últimos meses ha trasladado numerosos efectivos de su Armada al mar Negro, incluidos buques de las flotas del Norte y el Báltico. Además, tal y como recordó el ministro Çavusoglu, la propia Convención de Montreux permite a los buques de países beligerantes entrar en el mar Negro en caso de que se hallen de regreso a su base, lo que podría servir para que barcos rusos de la flota del mar Negro que se hallen actualmente en el Mediterráneo accedan a las costas meridionales de Rusia y Ucrania. Eso sí, en caso de que el conflicto se alargue, podría suponer problemas logísticos para la Armada rusa, que mantiene despliegues en el Mediterráneo, por ejemplo en Siria.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete





Source link


El Ejército anunció que al menos dos soldados serán separados por el bochornoso hecho.

Noticias Bogotá.

Como una total vergüenza fueron catalogados los hechos en donde varios militares se enfrentan a golpes, se lanzaron sillas, palos, piedras y cascos en un batallón en la ciudad de Bogotá.

Hecho que de acuerdo a lo confirmado por las autoridades se presentó en el Batallón de Policía Militar No. 15.

Estaban en formación.

En donde al menos cuarenta soldados se ensañaron en una violenta trifulca y batalla campal que quedó registrada en varios vídeos realizados por otros de sus compañeros.

Dichas imágenes permiten apreciar cómo los militares en medio de lo que han denominado una provocación, terminan peleando y enfrentados  como se manifestó anteriormente.

La pelea que se registró en las instalaciones de la Brigada 13, ubicada en Puente Aranda dejó al menos a 15 soldados heridos.

Hubo pronunciamiento oficial

Y según los superiores, el fuerte enfrentamiento se desencadenó porque una «patrulla disciplinaria ejercía su función de verificar el cumplimiento de las normas de comportamiento al interior de las instalaciones de la unidad militar», como confirmaron a través de un comunicado de prensa.

En el comunicado indicaron de igual forma que «luego de un llamado de atención se originó una confrontación, inicialmente entre dos soldados, que terminó en agresión».

Comunicado de prensa del Ejército.

Por estos hechos que fueron dados a conocer por Blu Radio, informaron desde el Ejército que dos soldados terminaron a disposición de la autoridad competente.

Además, se inició un procesos administrativos y disciplinarios para desvincularlos de la institución.

Frente al tema de los heridos, aseguraron no hubo lesiones de consideración: «Los afectados fueron atendidos de manera oportuna y en el dispensario médico de la institución».

 

 





Source link


La situación es crítica en el este de Ucrania. El ejército ruso asegura haber abatido a cinco militares ucranios durante una supuesta incursión en su territorio. La acusación eleva a un nuevo nivel la tensión en la región y se produce tras numerosas advertencias de Kiev de que Moscú podría buscar un pretexto para lanzar una operación militar. Esta información se ha conocido el mismo día que el presidente ruso, Vladímir Putin, ha convocado de urgencia a su Consejo de Seguridad.

“Cinco miembros del grupo de sabotaje y reconocimiento que violó la frontera rusa fueron abatidos”, recoge el comunicado del Ministerio de Defensa ruso, que también menciona la supuesta destrucción de dos vehículos de transporte BMP durante la madrugada del 21 de febrero en la zona de Mityakisnkaya, en la región de Rostov.

“El destacamento fronterizo del Servicio de Seguridad de Rusia (FSB) solicitó refuerzos a las fuerzas armadas rusas del Distrito Militar Sur. Durante el enfrentamiento por la evacuación de emergencia de un grupo de sabotaje, dos vehículos de las Fuerzas Armadas de Ucrania entraron en la frontera estatal de la Federación Rusa”, dice el comunicado, que también atribuye a un proyectil de Kiev la destrucción esta misma jornada de un puesto del FSB ruso ubicado a unos 150 metros de la frontera. En ambos casos no hubo víctimas rusas, según la información de Moscú.

Kiev desmiente rotundamente estas informaciones. El secretario del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa ucranio, Oleksiy Danilov, remarcó durante un acto que sus fuerzas armadas solo devolverían el fuego “si únicamente estuviera amenazada la vida de nuestros militares”. “Pueden fantasear todo lo que quieran (…) el mundo está listo para esto. El deseo de la Federación de Rusia de provocarnos no funcionará”, advirtió Danilov.

La gravedad de la situación en Donbás y Ucrania general entró en una nueva fase el pasado 17 de febrero, cuando se intensificaron los bombardeos en la línea de contacto. Kiev mostró imágenes aquel día de varios edificios civiles que habían resultado alcanzados, incluida una guardería donde había niños en ese momento. Un día después, los jefes de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk anunciaron la evacuación de mujeres y menores a Rusia en sendos vídeos que, a tenor de sus metadatos, habían sido grabados antes de intensificarse las violaciones del alto el fuego.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Por otra parte, las autoridades separatistas declararon una movilización general en la que fueron llamados a filas los reservistas y se ha prohibido abandonar la región a los varones de entre 18 y 55 años.

El portavoz de Vladímir Putin, Dmitri Peskov, adelantó que la reunión del Consejo de Seguridad de este lunes podría ser de gran importancia. El mandatario ruso recibió la pasada semana una iniciativa de la Duma Estatal para valorar el reconocimiento de las dos autoproclamadas repúblicas. Hasta ahora, la posición oficial del Kremlin ha sido insistir en que el Gobierno ucranio conceda un estatus especial a la zona separatista, como figura en los acuerdos de paz de Minsk de 2015, y negocie directamente con sus autoridades.

Kiev rechaza esta medida mientras no recupere el control de las fronteras de la región con Rusia y se retiren de allí todas las armas y grupos apoyados por Moscú. El Gobierno que preside Volodímir Zelenski advierte de que el reconocimiento ruso de la región supondrá su retirara de facto de los protocolos de Minsk.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link



El presidente ruso, Vladímir Putin, se prepara para exhibir su músculo militar entre alertas de Estados Unidos y la OTAN de que el Kremlin está contemplando una invasión inminente de Ucrania. El líder ruso supervisará este sábado maniobras militares que incluirán el lanzamiento de misiles balísticos y de crucero (capacitados para transportar ojivas nucleares), según ha informado el Ministerio de Defensa ruso. El Kremlin ha asegurado que las maniobras de este fin de semana son las que no se pudieron llevar a cabo en 2020 y 2021 debido a la pandemia de coronavirus, y que estaban en la agenda desde hace tiempo. Pero los ejercicios militares elevan la tensión en plena crisis con Occidente y cuando Estados Unidos y la OTAN han intensificado sus llamadas de alerta de que Rusia puede estar preparando un ataque contra Ucrania. Además, Moscú, insatisfecha con las propuestas de Washington a sus demandas de reescribir la arquitectura de seguridad europea, reiteró este jueves su amenaza de iniciar medidas “técnico-militares” si fracasa la negociación.

Putin presenciará los ejercicios desde un centro de operaciones del Ministerio de Defensa, según el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. “Estas maniobras son imposibles sin el jefe de Estado. Ya saben, la famosa maleta negra y el botón rojo”, ha dicho este viernes Peskov, que ha apuntado que el líder ruso duerme “tranquilo” estos días de alta tensión.

Putin ha asegurado que mantiene la vía diplomática abierta y que mantendrá nuevas conversaciones con Occidente para resolver la crisis en torno a Ucrania, pero que sus demandas de “garantías de seguridad”, que pasan por reescribir los términos del desenlace de la Guerra Fría y devolver a la OTAN a posiciones anteriores a 1997, así como el veto a la membresía de Ucrania y Georgia en la Alianza Atlántica, deben ser escuchadas. “Estamos listos para emprender el camino de la negociación con la condición de que todas las cuestiones se consideren juntas, sin separarse de las principales propuestas de Rusia”, ha dicho Putin este viernes en una conferencia de prensa en Moscú junto al líder autoritario bielorruso, Aleksandr Lukashenko.

Cuando las conversaciones diplomáticas de alto nivel contra el reloj parecen no tener fin, Estados Unidos ha elevado este viernes su alerta al insistir en que Rusia, en vez de retirar sus tropas de las cercanías de la frontera con Ucrania como ha anunciado, está acumulando hasta 190.000 soldados, según un documento de Washington enviado a la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). Un número superior a los 150.000 que estimó el presidente estadounidense, Joe Biden, esta semana.

Las maniobras previstas este sábado se suman a otras que Rusia desarrolla junto a Bielorrusia —con fecha de finalización este domingo—, así como ejercicios en el mar Negro y también en la península ucrania de Crimea, que Rusia se anexionó en 2014 con un referéndum no reconocido por la comunidad internacional. Putin muestra habitualmente el potencial del ejército ruso como maniobra de fuerza, intimidación y también de amenaza. En 2018, en su discurso anual sobre el estado de la nación, anunció una nueva generación de armas nucleares, incluido un misil de crucero intercontinental “invencible” y un torpedo nuclear. Y lo hizo con una presentación vistosa, con vídeos animados que mostraban múltiples ojivas nucleares dirigidas a Florida, donde el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, tiene su casa de vacaciones en Mar-a-Lago.

“Se desarrollará un ejercicio programado de las fuerzas de disuasión estratégica”, ha informado el Ministerio de Defensa de Rusia sobre las maniobras. El objetivo, según explica una nota del departamento dirigido por Serguéi Shoigú, el ministro más cercano a Vladímir Putin, es verificar la preparación de los “comandos militares y las tripulaciones de los sistemas de misiles, buques de guerra y bombarderos” y la fiabilidad “de las armas de las fuerzas estratégicas nucleares y convencionales”.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Esta nueva flexión de músculo militar llega, además, en un momento de especial tensión en la zona del Donbás, donde el Gobierno ucranio y los separatistas prorrusos apoyados por el Kremlin, que luchan desde hace ocho años en un conflicto que se cocina a fuego lento, intercambian acusaciones de ataques contra la población civil y de romper el alto el fuego. Kiev ha informado este viernes a mediodía de 60 violaciones del alto el fuego en las 24 horas anteriores, incluidos 43 disparos de artillería que alcanzaron una guardería y un colegio en la parte de la región de Lugansk controlada por el Gobierno. Mientras, los líderes separatistas de Donetsk, Denis Pushilin, y Lugansk, Leonid Pasechnik, respaldados por Moscú, han asegurado que van a iniciar una “evacuación masiva de civiles” a la vecina Rusia alegando ataques de las fuerzas ucranias. El Kremlin afirma que no tenía conocimiento de estos planes. Tampoco conocían esos planes las autoridades de la vecina ciudad de Rostov, donde, según Pushilin, se trasladaría a los civiles.

El anuncio añade más tensión a una situación caliente y en la que EE UU y la OTAN sospechan que Moscú está preparando una operación de falsa bandera; es decir, un ataque orquestado por el Kremlin para usarlo como excusa para una incursión militar, una intervención en el Donbás, donde ha repartido casi un millón de pasaportes rusos. Putin, que ha ahondado en los últimos meses en su retórica de que en las regiones de Donetsk y Lugansk se está produciendo un “genocidio” de personas de hablar rusa, habló este viernes de “escalada” e insistió en que la situación es preocupante.

El Gobierno ucranio, por su parte, negó las acusaciones de los jefes separatistas. También la oleada de noticias en medios de la órbita del Kremlin que hablan de que Kiev prepara una ofensiva para recuperar las áreas del Donbás en poder de los secesionistas y de que habría lanzado ya un ataque contra una instalación estratégica de la región. “Refutamos categóricamente los informes de desinformación rusos sobre las supuestas operaciones ofensivas o actos de sabotaje de Ucrania en las instalaciones de producción química”, ha remarcado el ministro de Exteriores, Dmytro Kuleba. “Ucrania no lleva a cabo ni planea ninguna acción de este tipo en el Donbás. Estamos totalmente comprometidos con la resolución diplomática de conflictos”, ha añadido.

Tras una madrugada particularmente activa en la que se han producido cortes de electricidad y de algunos operadores telefónicos en las regiones del Donbás controladas por el Gobierno, el ministro de Defensa ucranio, Oleksii Reznikov, insistió en que Rusia y sus representantes [los separatistas prorrusos] buscan desencadenar un pretexto para lanzar una agresión. “Lo más probable es que esperaran que la parte ucraniana tomara represalias para poder culparnos por empeorar la situación”, dijo en una intervención en el Parlamento. “Las provocaciones no terminarán. Nuestro objetivo es mantener la cabeza fría, responder adecuadamente pero no dejarnos provocar. Estimamos que la probabilidad de una gran escalada es baja”, añadió.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link


Todo comenzó con el aviso de los traileros. Mensajes de radio donde alertaban, desde el martes por la tarde, que se venía la tragedia a los pueblos. Hombres armados para destruir una ciudad, decenas de camionetas con blindaje artesanal, perforadas para encajar los rifles de asalto de un calibre capaz de tumbar helicópteros, marcadas con una X, como en una guerra, para no confundir con el enemigo. Se movían rápido hacia el norte, según avisaban los conductores de camión que trataron de alertar con horas de antelación de lo que estaba a punto de suceder. Sin nadie pisándoles los talones, conscientes del poder de sus pistolas, estos hombres vestidos de militar y equipo táctico, se tomaron el tiempo de echar gasolina a sus carros, de grabarse en vídeo presumiendo de artillería y cilindradas: “Ya llegó la Chapiza: venimos con todo”.

La noche del martes nadie miraba a Caborca, la última ciudad del desierto de Sonora que comunica con Estados Unidos, de unos 89.000 habitantes. Y los hijos despiadados del que fuera el mayor narcotraficante del mundo, Joaquín El Chapo Guzmán, estaban a punto de sitiar de nuevo una localidad completa. Mientras eso sucedía, toda la información nacional estaba rebasada por la división entre los partidarios de Andrés Manuel López Obrador y sus adversarios por una investigación periodística contra el hijo mayor del mandatario; los habitantes de las zonas acomodadas de la Roma y la Condesa, en la capital, protestaban en redes por la “invasión yanqui” que ha disparado los alquileres; los periodistas se unían por primera vez porque los están matando en las provincias; el país hervía desde el centro y mientras eso sucedía, una guerra se acababa de desatar en el norte, pero también en Michoacán, en Colima, en Guerrero o en Zacatecas, y miles de habitantes rezaban en sus casas para que las balas no atravesaran la pared. Todo esto pasa en México todos los días al mismo tiempo.

Alrededor de las siete de la tarde del martes, un convoy con más de 20 camionetas desfiló desde Altar (Sonora) hacia Caborca, unos 35 kilómetros al norte. Este puñado de millas desérticas divide el poder de dos principales cárteles de la droga, históricamente unidos. En Altar se han hecho fuertes los hijos de El Chapo, conocidos como Los Chapitos, más sanguinarios e impredecibles de lo que fuera su padre, según los expertos consultados. En este pueblo recóndito a pocos kilómetros de Estados Unidos, el narcotráfico ha encontrado en los últimos años otro negocio muy rentable: los migrantes. Hasta este punto llegan todos los dramas que riegan el resto del país, los miles de hacinados en Tapachula, los otros miles que logran salir de centros de detención, los que consiguen avanzar hacia el norte. Un embudo de cientos de ellos cada día que buscan cruzar del otro lado por precios que van desde los 4.500 dólares a los 7.500 por persona.

Y en Caborca mantienen el poder los herederos del histórico capo de los noventa, Rafael Caro Quintero, agrupados bajo su lugarteniente, apodado El Cara de Cochi. Todos de Sinaloa y todos antiguos socios que han controlado las rutas del desierto desde hace décadas para el tráfico de droga hacia Estados Unidos. La desgracia de los cabecillas, la de El Chapo, cumpliendo cadena perpetua en Estados Unidos, y la de Caro, tras 28 años en prisión y ahora prófugo, ha fragmentado al poderoso cartel de Sinaloa, que se pelea esta codiciada plaza. Los Chapitos quieren todo el negocio: las rutas de la droga, las armas y los migrantes, cuentan veteranos reporteros de la zona. Por este motivo, amenazan y sitian, cuando se les antoja, la ciudad del enemigo.

Los balazos se escuchaban cada vez más cerca. Una vecina de Caborca, de 45 años, cuenta desde el otro lado del teléfono cómo desde las siete de la tarde del martes sabían, a través de grupos de Whatsapp, lo que habían avisado los traileros. También lo supo desde ese momento la policía, la Guardia Nacional y hasta el Ejército. Se metieron en sus casas y esperaron a que comenzara el asedio de su pueblo sin que una autoridad lo impidiera. Desde sus salones y habitaciones escucharon balazos sin tregua durante horas, el rafagueo de metralletas cada vez con más claridad. Y la taquicardia, la psicosis colectiva: “¿Nos vamos de aquí?, ¿a dónde?, ¿a un hotel?, ¿vendrán a por mí?”. “Empieza como si estuvieras en una zona de guerra, como si se fueran contra la ciudad. Los primeros balazos los escuchamos a las 12 de la noche y los últimos a las seis de la madrugada del miércoles. Nadie durmió”, cuenta la mujer, que prefiere no dar su nombre por miedo a represalias del narco.

Lo que ningún vecino de Caborca comprende es cómo un convoy de ese tamaño pudo pasar por delante del destacamento de la Guardia Nacional, con más de 150 hombres, y después, de otro de la Secretaría de la Defensa, sin que nadie, ni un solo soldado, se asomara a defender el pueblo. Mucho menos la policía municipal. “No hubo una sola autoridad que saliera a enfrentarlo, se escondieron todas las corporaciones. Nos dejaron solos, nos abandonaron”, señala la vecina. Y no es la primera vez que sucede algo así, esos mismos hombres, que en aquel momento sumaban más de 100, tomaron la ciudad en marzo del año pasado.

No se trató de un enfrentamiento entre carteles, sino de una declaración de intenciones. De una exhibición de fuerza que comenzó con la toma de la ciudad, desolada a esas horas, con balaceras a casas, agujereadas sus fachadas, el asesinato de dos hombres que quedaron tendidos en la calle y la búsqueda de posibles enemigos en casas. “Una vecina me contó cómo los sicarios se asomaban por las ventanas, por las azoteas, con sus armas, como buscando a gente, posiblemente narcomenudistas de los contrarios, con toda la impunidad del mundo”, agrega la mujer.

Con una de las camionetas tumbaron el portón eléctrico de la casa de los Uribe a las tres de la madrugada. Cuando la madre de Eduardo Uribe se despertó, un grupo de 10 sicarios había rodeado su cama. Buscaban a su hijo. Estaba durmiendo en otro cuarto con su amigo, Sebastián Manríquez, hijo de un veterano periodista de Caborca. Se los llevaron a los dos a la fuerza, pese a los gritos y súplicas de la madre desesperada. Los subieron a dos camionetas distintas. A las ocho de la noche del día siguiente, miércoles, apareció Manríquez. Su amigo ha aparecido con vida este jueves. Otros tres más fueron secuestrados esa noche, todavía hay dos desaparecidos.

Este jueves, Caborca sigue herida. Las escuelas han cerrado, el presidente municipal, Abraham David Mier Nogales, ha recomendado a los comercios un toque de queda no oficial para las 10 de la noche. “Reconozco que los hechos vividos esta madrugada rebasaron el nivel de respuesta de las corporaciones policiacas, ya que no fuimos capaces de prevenir estos lamentables hechos”, reconoció el alcalde. El Ejército, la policía y la Guardia Nacional se desplegaron el miércoles en las entradas del municipio, cuando los balazos hacía horas que no se escuchaban. “Ya sabemos cómo es esto. Los operativos duran dos o tres días y luego se relajan las corporaciones. Y vuelve la misma situación. Como si les estuvieran dando chance a los sicarios, vacaciones, mientras ellos simulan que tienen el control”, señala una vecina indignada.

Hace solo seis días, López Obrador emprendía una gira por Sonora, gobernada por el que fuera su jefe de Seguridad, Alfonso Durazo, gobernador desde septiembre. El recorrido incluía la revisión de las obras en estadios de béisbol y reuniones con autoridades de los pueblos yécora, seri y yaqui. La estrategia del Gobierno federal, como ha sucedido en otro de los puntos más calientes del país, Michoacán, es aumentar la presencia de soldados y agentes de la Guardia Nacional. Pero la cantidad de uniformados no ha evitado los balazos, ni en Sonora ni tampoco en Michoacán o Zacatecas, otro de los Estados con más presencia del crimen organizado en el último año.

El Estado, de casi tres millones de habitantes, tiene una tasa de homicidios que ronda los cinco al día. En 2021 murieron asesinadas 1.968 personas, una cifra que no ha dejado de crecer y que batió un récord letal de 23% más muertes que el año anterior. Durazo convirtió el tema de la inseguridad en su eje principal de campaña en las elecciones de junio del año pasado, y llegó a sacar pecho de los siete cuarteles de la Guardia Nacional construidos en el Estado, así como del despliegue de casi 3.000 efectivos del polémico cuerpo de espíritu castrense nacido ex profeso para controlar la violencia en el país. Formada por exmilitares y expolicías, el mando civil de la Guarda Nacional estuvo a cargo de Durazo como responsable de Seguridad. Pero la violencia, después de sus cinco meses de Gobierno en la entidad, sigue siendo la principal deuda pendiente.

Los criminales abandonaron Caborca después de 24 horas de sitio. Al menos un centenar de hombres con la capacidad de pasear con armas largas y grabarse en vídeos que publicaron en redes sociales mientras tomaban las calles sin que una autoridad les pusiera un freno. Escondida en sus casas, una ciudadanía acorralada por el poder real que gobierna su pueblo. Y así, hasta la próxima intervención. Las promesas de campaña, la pomposidad de los soldados y los cuarteles, se han silenciado a fuerza de balazos.

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS México y reciba todas las claves informativas de la actualidad de este país



Source link


El Gobierno francés anunció en la noche del lunes, tras una reunión de más de cinco horas entre los presidentes de Francia y Rusia, que Emmanuel Macron había logrado arrancar a Vladímir Putin la promesa de que Rusia “no emprenderá nuevas iniciativas militares”. Apenas unas horas después, el Kremlin no solo lo ha negado tajantemente, sino que también ha recalcado que Francia no es el interlocutor correcto porque ni siquiera lidera la OTAN. “En esencia, es falso. Moscú y París no pudieron cerrar ningún pacto. Simplemente, es imposible”, ha comentado a la prensa el portavoz de Putin, Dmitri Peskov.

Macron se reunió con Putin en Moscú como parte de una gira diplomática que incluye otro encuentro este martes con el líder ucranio, Volodímir Zelenski. Ambos mandatarios ofrecieron una rueda de prensa en la que no se comentó ningún tipo de pacto o concesión, salvo que volverían a dialogar próximamente para abordar lo que logre arrancar de Kiev el líder francés. No obstante, fuentes de El Elíseo dijeron poco después que Moscú se comprometía a no adoptar nuevas iniciativas militares, “lo que permite contemplar una desescalada”.

“Francia ocupa la presidencia de los países de la Unión Europea. Francia es miembro de la OTAN, donde París no ostenta el liderazgo. En este bloque el liderazgo lo tiene otro país. ¿De qué acuerdos podemos discutir?”, se preguntó retóricamente el portavoz del Kremlin ante las noticias de un supuesto pacto.

París también aseguró que Moscú se había comprometido a retirar sus 30.000 soldados de Bielorrusia una vez concluyan los ejercicios militares programados entre el 9 y el 20 de febrero. El Kremlin ha insistido estas últimas semanas en que así lo hará, y Peskov lo reiteró una vez más este martes. “Nadie ha dicho nunca que las tropas rusas permanecerían en Bielorrusia. Esto nunca ha sido discutido. El Estado de la Unión [entidad supranacional entre Rusia y Bielorrusia] realiza ahora un ejercicio militar y, una vez completado, las fuerzas volverán seguro a sus bases”, agregó Peskov.

Nuevas maniobras

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

En cualquier caso, la actividad militar rusa no para. A los ejercicios bielorrusos se han sumado en los últimos días armas de largo alcance como baterías de misiles antiaéreos S-400 y cazas de cuarta generación Su-35. Y el Ministerio de Defensa ha anunciado nuevas maniobras poco después de acabar la reunión de Macron y Putin. Estas tendrán lugar en el sur del país, en zonas cercanas a Ucrania como las regiones de Volgogrado y Stavropol, así como en las repúblicas del Cáucaso y en Abjasia y Osetia del Sur. Todos estos territorios son reclamados por Georgia, otra exrepública soviética a la que Moscú veta su entrada en la OTAN dentro de las garantías de seguridad que exige a Washington y Bruselas. Estos ejercicios durarán varias semanas e incluyen entrenamientos de armas combinadas con misiles, carros de combate y navíos.

Asimismo, las fuerzas armadas rusas han anunciado también que seis grandes navíos de desembarco de las flotas del Báltico y del Norte atraviesan los estrechos del Bósforo y los Dardanelos en su rumbo al Mar Negro. Un día antes llegaron al Mediterráneo a través del estrecho de Gibraltar un crucero, una fragata y otro navío antisubmarinos; y una semana antes también accedieron al Mediterráneo a través del canal de Suez otra flotilla liderada por otro crucero.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link


Control de armas en las calles de Guayaquil, a finales de enero.
Control de armas en las calles de Guayaquil, a finales de enero.VICENTE GAIBOR DEL PINO (REUTERS)

El miedo campa en Guayaquil. La delincuencia en la capital económica de Ecuador ha alcanzado tal nivel que ha encerrado a los ciudadanos en sus casas. El país comenzó el año con un récord de 329 asesinatos contados hasta el 4 de febrero, que dejó lejos la ya exagerada cifra de muertes violentas del 2021. Guayaquil concentra un tercio de esas muertes. El año pasado ya se cerró con el doble de homicidios que 2020 -2.464 hasta el 30 de diciembre- y en enero hubo 122, una cifra mucho menor que la registrada este año.

Las muertes llegan en grupo, como ocurrió en unas canchas de fútbol en el sur de Guayaquil, cuando cinco personas fueron acribilladas por un supuesto enfrentamiento entre bandas a las nueve de la noche. Pero también ocurren en zonas turísticas, como le pasó a un visitante holandés al que mataron por tratar de robarle en las icónicas escalinatas de Las Peñas. Otro hombre fue ejecutado a modo de sicariato mientras cenaba en un restaurante lleno de gente en el norte de la ciudad. Y un repartidor que se perdió en un barrio marginal terminó muerto en un asalto para quitarle la motocicleta con la que trabajaba. Todo esto en el mes de enero.

La reacción oficial ha sido reforzar la presencia de cuerpos de seguridad en las calles y asociar la situación al narcotráfico internacional. El pasado octubre, el Gobierno decretó el estado de excepción y movilizó a militares en las calles, pero la ola de violencia no bajó. “Estaremos listos para responder ante cualquier reacción de los grupos de delincuencia organizada”, advirtió el pasado viernes la ministra de Gobierno, Alexandra Vela, al informar en una rueda de prensa de la detención de diez miembros de la banda Los Lobos, que según la Policía, es una de las que se disputa el control de la ruta de la droga dentro del país. “Un golpe de esta naturaleza puede tener efectos en varios lugares y aumentar la violencia”, auguró la ministra, que considera que se está librando una “guerra” entre el Estado, la sociedad y las bandas criminales.

La perturbación en la tranquilidad de la gente es tan palpable que las principales avenidas del centro de Guayaquil se quedan desiertas al caer la actividad laboral y los negocios comerciales se lamentan por la falta de clientes, aquejados además por las restricciones de la pandemia de covid-19.

La raíz del despunte de inseguridad es que Ecuador es hoy, de acuerdo a la explicación gubernamental, el punto de salida del narcotráfico internacional hacia Estados Unidos y Europa debido a la porosidad de las fronteras terrestres con Colombia y Perú. Y eso repercute en la violencia urbana, pero también en enfrentamientos recurrentes entre bandas dentro las cárceles del país y en las cifras récord de incautaciones. Hasta el 26 de enero, van más de 15 toneladas detectadas, el triple que hace un año. En todo 2021, llegaron a las 210 toneladas, casi el doble del año anterior. A la par, hubo más de 300 presos muertos en al menos cinco brotes de violencia dentro del sistema penitenciario.

Estos “logros”, declaró el presidente ecuatoriano Guillermo Lasso sobre las incautaciones, “tienen consecuencias como el aumento de muertes violentas en las calles como ha sucedido en enero”. Por eso, justificó el despliegue de militares en labores de patrullaje junto a 1.100 efectivos de la policía. No especificó el número de soldados que recorrerían las calles del país, pero prometió además entregar nueve millones de dólares para equipar a la Policía con autos, motos y armas. Días después, Lasso reconoció que la lucha contra el narcotráfico no era una “pelea fácil” y que sería irresponsable dar una fecha sobre cuándo terminaría la batalla y volvería la tranquilidad al país.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS América y reciba todas las claves informativas de la actualidad de la región.



Source link

top