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Un hombre apunta con un arma a Paula Ruíz, poco antes de disparar contra ella, en San Cristóbal de las Casas (México).
Un hombre apunta con un arma a Paula Ruíz, poco antes de disparar contra ella, en San Cristóbal de las Casas (México).RR.SS.

Paula Ruiz disparó, con el móvil, una foto. Su asesino, la pistola. La mujer de 41 años recibió un balazo en el pecho cuando se interpuso entre su hijo y el asaltante que le acababa de robar su motocicleta, en el centro de San Cristóbal de las Casas, en el Estado mexicano de Chiapas. Desde la noche del sábado, el rostro del criminal apuntando un arma quedó plasmado en una fotografía que ella logró tomar antes de morir. La Fiscalía estatal ha informado este martes de la detención de cuatro personas presuntamente implicadas en el crimen que ha causado conmoción por el ensañamiento de la violencia que sacude esa ciudad.

Como cada noche, el hijo de Paula fue a recoger a su madre al hotel Arrecife de Coral, ubicado en la calle Crescencio Rosas, donde trabajaba como recepcionista. A las 23.00 del sábado, estacionó su motocicleta a pocas calles del hotel y fue a buscar a su madre, según relató el propio joven. Al regresar al vehículo, este ya no estaba. Madre e hijo lo buscaron, y en la confluencia de la calle Álvaro Obregón con el callejón Miguel Hidalgo vieron que un hombre iba empujando la motocicleta mientras un cómplice lo esperaba a bordo de otra moto, explica la Fiscalía de Chiapas en un comunicado.

“Paula “N” y Miguel Alejandro “N” exigieron la entrega de su motocicleta (tipo Italika motor 150 de color amarillo). Uno de los ladrones sacó un arma de fuego y disparó contra Paula “N”, indica el informe. La madre de cuatro hijos cayó herida sobre la calle Crescencio Rosas y los delincuentes huyeron. Su hijo pidió auxilio hasta que finalmente las autoridades llegaron. La mujer fue trasladada en una ambulancia al hospital de Las Culturas, donde falleció poco después, señala el informe.

Paula Ruíz, en una fotografía de archivo.
Paula Ruíz, en una fotografía de archivo.RR.SS.

Dos días después del homicidio, el Ministerio Público ha informado de la detención de cuatro personas presuntamente implicadas en el crimen y robo con violencia, en posesión de la motocicleta sustraída, además de armas de fuego, cocaina y marihuana. Los sospechosos fueron arrestados en acciones separadas en el mismo municipio donde ocurrió el crimen. Primero, agentes de la Policía Especializada detuvieron a Pedro “N” y Sergio Antonio “N” en posesión de un arma de fuego y marihuana, en la colonia La Isla. “En otra acción, se detuvo a Rigoberto “N”, de 21 años y Yareli Concepción “N”, de 27 años de edad”, continúa el parte.

Pedro “N” ha sido identificado por las autoridades como el presunto autor del asesinato de Ruiz, quien fotografió su rostro antes de que le disparara. De acuerdo con la Fiscalía, los cuatro detenidos han quedado a disposición del Ministerio Público, que los acusa de los delitos de violación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos y delitos contra la salud. Su situación jurídica será definida en las próximas horas.

La última imagen que Ruiz logró captar con su teléfono refleja la violencia que azota San Cristóbal de las Casas, provocada por Los Motonetos, un grupo de sicarios que perpetran delitos a bordo de estos vehículos. Esta banda criminal ha sido señalada por las autoridades como responsable de una decena de homicidios cometidos en la ciudad, así como del clima de violencia que se ha intensificado en los últimos meses. La noche del 25 de septiembre pasado, un comando armado atemorizó a los ciudadanos al abrir fuego con disparos al aire que provocaron la muerte de una niña de siete años. El mismo grupo está vinculado con el asesinato del periodista Fredy López Arévalo, en octubre de 2021, en la misma localidad, así como del fiscal de Justicia Indígena, Gregorio Pérez Gómez, en agosto pasado.

El alcalde de ese municipio, Mariano Díaz, reconoció este lunes la situación de violencia que aqueja a los habitantes de la comunidad en los Altos de Chiapas. “Hay muchas quejas de los ciudadanos a través de las redes. La inseguridad es muy fuerte, pero también exigirle a la Fiscalía del Estado que detenga a los bandidos, que sabemos quienes son y se burlan de nosotros”, dijo en una sesión del Ayuntamiento.

El crimen de Paula Ruiz ha provocado una ola de indignación en San Cristóbal de Las Casas mientras se preparan movilizaciones ciudadanas para exigir un freno a la violencia e inseguridad que se ha cobrado muchas vidas como la de Paula. “Sus cuatro hijos lloran su pérdida y se enfrentan a un futuro sin la presencia y protección de su madre”, lamenta en un comunicado el colectivo 50+1 Chiapas. “Hacemos el respetuoso pero enérgico llamamiento a las autoridades federales, estatales y municipales para crear las condiciones de seguridad en Chiapas que garanticen a las mujeres —como grupo en situación de vulnerabilidad— el ejercicio de su derecho a la vida y a gozarla libre de cualquier tipo de violencia”, señala el texto.

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El jesuita sevillano Francisco de Paula Oliva, en una imagen de archivo.
El jesuita sevillano Francisco de Paula Oliva, en una imagen de archivo.

Tras una vida en Paraguay, donde trabajó en los barrios más pobres y formó a varias generaciones de jóvenes líderes, el sacerdote jesuita Francisco de Paula Oliva, nacido hace 93 años en Sevilla, España, murió este lunes en Asunción, Paraguay.

El jesuita vivió la revolución Sandinista en Nicaragua, luchó con palabras en los medios de comunicación contra el dictador Alfredo Stroessner y el Partido Colorado en Paraguay, fue expulsado a Argentina y casi secuestrado, sobrevivió como refugiado en Inglaterra y Ecuador hasta que regresó a Paraguay. Fue admirado por el Papa Francisco y la Reina Letizia de España y por miles de personas de Paraguay.

Conocido como pa’i (padrecito, en guaraní, como le dicen en tierras paraguayas a los sacerdotes) Oliva, es un emblema de la lucha diaria por la igualdad social en Paraguay, uno de los países más desiguales de América, donde el 2,5% de la población es dueña de más del 80% de la tierra cultivable.

El pa’i Oliva llevaba mucho tiempo enfermo. Tenía cáncer y otros problemas, cuentan sus allegados, pero los dolores no podían detenerlo. Seguía escribiendo y compartiendo saberes con su lucidez habitual. “Tenemos un nuevo santo paraguayo. San pa’i Oliva”, escribió la historiadora paraguaya Margarita Durán este lunes en su perfil de una red social. Y agregó: “Se fue sin dejar de sorprendernos. Un grande entre los grandes. Aguyje pa’i [gracias padrecito en guaraní]”.

Muchas personalidades de la política y las artes lamentaron su muerte, de izquierda a derecha: como el expresidente del único gobierno de centroizquierda de la democracia paraguaya, el exobispo Fernando Lugo, y el actual mandatario, el conservador del Partido Colorado e hijo del secretario privado del dictador paraguayo, Mario Abdo Benítez. “Nuestro querido pa’i Oliva, compañero incansable en todas las luchas y todos los reclamos por las injusticias sociales”, dijo Esperanza Martínez, senadora paraguaya del Frente Guasu y exministra de Salud.

No importaba si era una manifestación contra el Fondo Monetario Internacional o para apoyar a una pequeña comunidad indígena desplazada, él, siempre que podía, estaba allí, en la calle, con sus vecinos. Vestido con camisa blanca, anteojos, sandalias y bastón, llegaba en algún momento, y los manifestantes, los policías y la prensa, automáticamente, se sentían (nos sentíamos) más seguros, como cuando el mago Gandalf aparece en las batallas de El Señor de los Anillos.

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Oliva se convirtió en jesuita en 1946 y en 1964 se instaló en Paraguay para trabajar como maestro. Se convirtió en ciudadano paraguayo al año siguiente y un mes después fue expulsado por la dictadura de Alfredo Stroessner. La policía lo arrestó, lo subió a un bote y lo llevó al otro lado del río, a territorio argentino. Allí permaneció nueve años, asistiendo a migrantes paraguayos y bolivianos en Buenos Aires mientras estaba bajo vigilancia de la Policía y el Ejército. Por invitación de la Iglesia Anglicana pudo viajar a Inglaterra justo cuando los militares pretendían secuestrarlo en medio de la dictadura argentina. Dos de sus colaboradores son detenidos y desaparecidos.

Vecinos del Bañado, en Asunción, despiden este martes al pa'i Oliva.
Vecinos del Bañado, en Asunción, despiden este martes al pa’i Oliva.Santi Carneri

En ese momento, su superior jesuita, con quien mantenía conversaciones constantes, era el cura argentino Jorge Mario Bergoglio. El Papa Francisco y Oliva se volvieron a encontrar en 2015 en Asunción y se abrazaron como amigos. Oliva llevaba una camiseta que recordaba la masacre de Curuguaty, previa a la destitución de Fernando Lugo.

La actual reina de España, Letizia, pidió reunirse con él en su reciente visita a Paraguay el año pasado, elogió su trabajo y se fotografió arrodillada a su lado.

“Hay dos Paraguay: el de los poderosos económicamente hablando con sus empleados políticos y doctores, 1,5 millones de personas, y después el resto, campesinos y clase media baja, y cada vez más baja que está cayendo en la pobreza e indígenas. Hay 100.000 indígenas totalmente abandonados, no hay políticas públicas para ellos ni nada”, contó Oliva en una entrevista con EL PAÍS en un análisis que sigue vigente hasta hoy.

Cientos de personas del barrio Bañado Sur, donde Oliva siempre vivió y trabajó en la Asociación Mil Solidarios, velaron su cuerpo, que será enterrado este mismo martes. El pa’i Oliva solía describir su obra como “la gota de agua que cae sobre la piedra y finalmente la rompe”.

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