Joe Biden recibe su cuarta dosis de la vacuna de Pfizer, este miércoles en Washington.Anna Moneymaker (AFP)
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, 79 años, ha recibido hoy su cuarta dosis de la vacuna contra el coronavirus un día después de que la FDA diera el visto bueno para esa segunda dosis de refuerzo para los mayores de 50 años. “No ha dolido nada”, dijo el demócrata a preguntas de los periodistas mientras el mandatario procedía a bajarse la manga de su camisa tras recibir la inyección. Biden ha declarado que debido a la estrategia de vacunación, pruebas y tratamientos llevada a cabo el año pasado, EE UU se encuentra en un nuevo momento de la pandemia. “Eso no significa que la covid-19 se haya acabado”, ha querido precisar el mandatario. “Significa que ya no controla nuestras vidas”.
Biden se ha puesto su segunda dosis de refuerzo cuando en Estados Unidos ya hay una subvariante altamente contagiosa de omicrón, BA.2, que representa casi el 55% de los positivos por coronavirus, según estimaciones de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, siglas en inglés). Además, la Casa Blanca ha recordado al Congreso de la nación que en junio se agotan los fondos que existen para hacer frente a la pandemia.
“Esto no es un tema partidista, estamos hablando de medicina”, ha declarado Biden desde la Casa Blanca. Antes de que se le inyectara el refuerzo de la vacuna, el mandatario ha instado al Capitolio a que actúe “inmediatamente”, ya que el país “no puede esperar” a que haya un nuevo repunte de la infección para abordar los problemas de financiación. El presidente fue muy claro al informar de que sin nuevos fondos empezará a haber problemas de suministro de vacunas a “finales de mayo”. Si el Congreso no proporciona más dinero, la administración no tendrá suficientes dosis de refuerzo este otoño “para garantizar que las inyecciones estén disponibles, sean gratuitas y de fácil acceso para todos los estadounidenses”.
Because of the strategy we executed over the past year on vaccinations, testing, treatments, and more, we are now in a new moment in this pandemic.
That does not mean that COVID-19 is over.
It means that COVID-19 no longer controls our lives.
BA.2 se ha convertido en la causa más común de los nuevos contagios por covid-19 en los estados del noreste del país. La semana pasada, la Organización Mundial de la Salud declaró que BA.2 era la versión dominante de Omicron en todo el mundo. Entonces, Rochelle Walensky, directora de los CDC, dijo que anticipaba que pronto sería dominante también en Estados Unidos.
A pesar de que la posición oficial de la Administración Biden era que no se esperaba un aumento de casos que provocase un nuevo pico, la presencia de BA.2 puede trastocar este planteamiento, lo que refuerza la posición de la Casa Blanca de que hay que aprender a convivir y adaptarse con el virus. Los científicos han estado muy atentos a BA.2, una de las tres variedades genéticamente distintas de omicron, que fue descubierta por investigadores sudafricanos en noviembre del pasado año. Anthony Fauci, principal asesor médico del Gobierno de Biden, ha dicho que la subvariante podría causar un aumento en los casos en EE UU, pero no contempla una gran escalada, como sucedió con la propia omicron a mediados de diciembre y el mes de enero.
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En el Reino Unido, que tiene un mayor volumen de población vacunada que EE UU, se ha vivido una nueva ola de casos provocados por esta versión BA.2 más contagiosa del virus. Tanto los casos, como las hospitalizaciones y las muertes por coronavirus han tenido una tendencia al alza desde finales de febrero. Sin embargo, las infecciones de BA.2 no han alcanzado los picos observados con BA.1. Durante toda la pandemia, Estados Unidos ha vivido lo que sucedía en el Reino Unido unas tres semanas más tarde. Las autoridades norteamericanas empezaron a tener en cuenta la tendencia del país europeo para preparar el camino aquí.
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La emergencia se registró en el municipio de El Tambo. En la zona se construía un muro de contención por una falla geológica.
Noticias Nariño
De luto se encuentran los habitantes del municipio de El Tambo, por cuenta del deslizamiento que se registró en zona rural y que acabó con la vida de un obrero.
La emergencia se registró en la vía que conduce hasta el punto de El Zanjón, inmediaciones de la vereda El Capuli.
Versiones señalan que los obreros se encontraban adelantando labores en la vía, entre ellos la construcción de un muro de contención.
Manifiestan que en el sitio se viene presentando una falla geológica, razón por la cual fue necesario implementar trabajos para contrarrestar la situación.
Sin embargo, de un momento se presentó un fuerte deslizamiento.
Obrero falleció
La emergencia provocó que tres operarios resultaran gravemente heridos.
De inmediato fueron trasladados hasta un centro asistencial del municipio, sin embargo confirmaron que uno de ellos, falleció.
El obrero que falleció fue identificado como Carlos H. L, mientras que los heridos fueron identificados como Oscar Alexander B. D. y Olmedo Alexander C. J; quienes tuvieron que ser traslados hasta un centro asistencial de Pasto.
La situación en el departamento de Nariño, es cada vez más crítica, por tal razón, en las últimas horas, algunos municipios fueron declarados en alerta roja, ante la crisis que se afronta.
Vadim Belov sostenía una imagen de su hermano Volodímir, militar muerto en el frente del Donbás, el jueves en su casa de Zabirya (Ucrania).
Una colección de fotografías de Yevgen Jarchenko preside, desde una mesita de café, el salón de la que fue su casa, a las afueras de Kiev. Parece un altar: el joven sonriente y con un sombrero rayado; en otra imagen, al lado de dos iconos religiosos, posa con su uniforme militar. “El 1 de febrero habría cumplido 35 años, pero la guerra nos lo arrebató”, suspira su madre, Natalia Jarchenko.
Yevgen era admirador del Che Guevara, amaba el cine y le chiflaba el color rojo, tanto que sus amigos le llamaban red (rojo en inglés). Había estudiado en la Academia de Policía, pero no le gustó, así que se recicló y se licenció en Derecho. Acababa de abrir un pequeño despacho cuando Rusia se anexionó Crimea. Poco después, cuando comenzó la guerra del Donbás, el joven, a quien nunca le había interesado especialmente el Ejército, se alistó como voluntario en uno de los batallones que más tarde pasarían a sumarse a las filas de la Guardia Nacional para apoyar al desnutrido y mal organizado Ejército ucranio. Murió en un ataque unos meses después. “Ahora, cuando hablan de que va a venir la guerra se me revuelve el estómago. La guerra está en mi casa desde hace ocho años”, recalca Natalia tirando de los cordones de una sudadera roja que fue de su hijo.
Unas 14.000 personas —en su mayoría soldados y milicianos— han muerto en los dos bandos del conflicto del Donbás desde 2014, según estimaciones de la ONU. Alrededor de un 25% de ellos eran civiles. La última guerra de Europa se libra en el este de Ucrania, entre el Ejército del Gobierno y los separatistas prorrusos de las autodenominadas “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk, que reciben el apoyo político y militar del Kremlin. El conflicto al que los ojos de medio mundo mira ahora con alarma en plena escalada de tensión de Rusia con Occidente en torno a Ucrania, en cuyas fronteras Moscú ha concentrado decenas de miles de soldados, ha causado también miles de heridos, un millón y medio de desplazados internos y ha drenado la economía del país más pobre de Europa junto a Moldavia. El coste de la guerra del Donbás, humano y económico, es oceánico.
Natalia Jarchenko posaba junto a las fotografías de su hijo Yevgen, muerto en el frente en 2014.María Sahuquillo
En los últimos días, la guerra puede haber entrado en una nueva fase. Las rupturas del enésimo alto el fuego son habituales, según documenta la misión de observación de la OSCE. Pero el aumento de ataques desde el jueves, las acusaciones cruzadas de ambos bandos y las órdenes de los líderes separatistas de evacuar a la población civil de los territorios y movilizar a los reservistas hace temer que el conflicto que se ha estado cociendo a fuego lento estalle en llamas. Los jefes secesionistas de Donetsk y Lugansk hablan de actos de sabotaje de suministro de agua y gas y afirman que temen que Kiev lance un ataque para recuperar el control de toda la región. El Gobierno ucranio lo niega rotundamente y advierte de que todo son “provocaciones” para profundizar la crisis en un momento especialmente delicado.
La escalada ha elevado por enésima vez las alarmas de Occidente. EE UU y la OTAN creen que las acusaciones separatistas son una operación del Kremlin, que podría usar como pretexto para intervenir abiertamente en el Donbás, donde ha repartido casi un millón de pasaportes rusos, e incluso en todo el país. El Kremlin, que pese a la evidencia niega su presencia en el conflicto y lo denomina “guerra civil”, ha iniciado un protocolo de acogida a los evacuados. Mientras, el presidente ruso, Vladímir Putin, asegura que la población de Donetsk y Lugansk está sufriendo un “genocidio”.
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Como Yevgen Jarchenko, la mayoría de bajas militares se produjeron los dos primeros años de guerra. Tras las movilizaciones europeístas y contra la corrupción que derribaron al presidente Viktor Yanukóvich, aliado de Moscú, el Kremlin, consciente de que Ucrania se alejaba de su esfera de influencia, lanzó una operación en la península ucrania de Crimea, que se anexionó con un referéndum no reconocido por la comunidad internacional en marzo de 2014. No mucho después empezó la escalada violenta en el este de Ucrania, donde los separatistas prorrusos de Donetsk y Lugansk declararon la independencia de ambas regiones tras una apresurada votación.
Vecinos de Stanytsia Luhansk, cerca de la línea del frente, en la parte controlada por el Gobierno ucranio, observaban los daños en su casa de un ataque, el pasado viernes. ALEKSEY FILIPPOV (AFP)
Las feroces batallas de 2014 y 2015 en el Donbás, otrora una rica zona minera e industrial, se saldaron con un tercio de la región bajo control de los separatistas. Tras la firma de los acuerdos de Minsk entre Ucrania, Rusia y representantes de las autodenominadas “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk, el avance de tropas se detuvo. Pero los pactos que marcaban la senda para la paz no se cumplieron y la lucha encarnizada se transformó en una guerra de trincheras que dura hasta hoy. La línea del frente de unos 400 kilómetros, que apenas se ha movido desde entonces, parece simbolizar ahora más que nunca —con las bambalinas y las negociaciones diplomáticas para enfriar la crisis bullendo contra el reloj— la pugna entre Rusia y Occidente.
Los estancados acuerdos de Minsk, que todas las partes incumplen, no han traído la paz. Los ataques a lo largo de la línea del frente causan aún un goteo de fallecidos; uno o dos a la semana, según datos del Ejército ucranio, sobre todo por disparos de francotiradores o morteros. Las cifras de bajas de los líderes separatistas son algo más opacas, pero la ONU estima que la sangría es similar. Este sábado, el operativo militar de Ucrania notificó dos soldados fallecidos en los ataques del viernes.
A Volodímir Belov, de 36 años, le alcanzó una mina de mortero el pasado junio en una trinchera de la línea del frente cerca de Mariúpol, en el mar de Azov. No sobrevivió. En un momento estaba hablando con su hermano Vadim por WhatsApp sobre las vacunas contra el coronavirus, con especial énfasis tras la muerte de su madre por la covid-19 meses antes, y al siguiente, el silencio. “En 2014, cuando el Kremlin robó Crimea, fue un shock. Queríamos una vida mejor. En aquella época la corrupción había llegado a tal nivel que no había a dónde ir”, dice Vadim, de 31 años, en la cocina de su casa en Zabirya, una ciudad dormitorio cercana a la capital ucrania. Así que Volodímir, que trabajaba en una compañía de internet, que en sus ratos libres componía música electrónica y jugaba de portero en un equipillo de fútbol y a quien sobre todo le gustaba hacer de hermano mayor, se alistó.
Familias tocadas de cerca por la guerra como los Belov, los Jarchenko, o la pareja formada por Lesia y Olekandr Kotovi, herido muy grave en el frente en 2015, observan tensos la escalada de estos días. Son tiempos muy difíciles, reconoce Kotovi mientras prepara café en su cocina recién reformada. No solo por el temor a una nueva guerra abierta, sino también por el equilibrio en el que se mueve el Gobierno. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, arrasó en las elecciones de 2019 con un discurso contra la corrupción y prometió “parar” la contienda en el este. Su antecesor y rival, Petró Poroshenko, había prometido ganarla. Ahora, el líder ucranio, un actor cómico sin experiencia política a quien muchos vieron como un caramelito para Putin, se ha transformado en un halcón en política exterior.
Oleksandr Kotovi, herido en el frente, y su esposa, Lesia, el domingo en su casa de Kiev.María Sahuquillo
Analistas como Dmitri Trenin, del Instituto Carnegie de Moscú, creen que la intensísima presión de Rusia sobre Ucrania busca no una invasión a gran escala, sino obligar al Gobierno a negociar directamente con los líderes separatistas, a quien Kiev considera marionetas de Moscú, y forzar a Kiev a implementar los acuerdos de Minsk. Solo su parte, eso sí. Los pactos exigen la celebración de elecciones locales en Donetsk y Lugansk, tras las que se concedería cierta autonomía a las regiones; pero los acuerdos disponen también que se debe devolver el control de la frontera con Rusia a las autoridades ucranias, la retirada de milicianos y armamento de los territorios en control de los separatistas y que esos comicios se deben celebrar bajo la ley electoral ucrania y con la presencia de observadores internacionales.
Implementar la parte que depende de Kiev sin tener constancia de que el resto también se incumple es un jarabe amargo difícil de tragar para Zelenski, que tendría enormes problemas en casa. “Sería una capitulación en cierta medida”, dice Oleksandr Kotovi. “No al mismo nivel que ceder a que Rusia se quede los territorios ocupados abiertamente, pero es duro pensar que tanta gente habría muerto o sufrido heridas para que luego llegue Moscú a torcer el brazo así”, dice Lesia. Las lesiones de Oleksandr fueron gravísimas. Tuvo que volver a aprender a hablar y a andar. Ahora lucha en los tribunales para que se le reconozca un mayor grado de discapacidad. La burocracia es “una pesadilla”, dice Lesia. Y su abogado les reclama el 50% de la indemnización que obtengan.
Natalia Jarchenko, rusa con pasaporte ucranio y “patriota” no se atreve a analizar la escalada rusa. Cuando Moscú se anexionó la península ucrania de Crimea y algunos de sus allegados lo celebraron con cava le dolió el corazón. Cuando Yevgen murió dejó de hablarles. Al otro lado de la región, Vadim Belov, no cree que la crisis que ha puesto a ucrania en el foco mundial de nuevo vaya a derivar en una guerra a gran escala que arrastraría además, alerta, a toda Europa. “El objetivo del Kremlin no es Ucrania. El mundo necesita saber qué está pasando aquí y quién es el responsable”, insiste el hombre ante una taza de té hirviendo. Y añade: “El pueblo ruso no es el enemigo de Ucrania. El enemigo de Ucrania y de toda Europa es Putin y su séquito”.
De acuerdo a lo conocido, las unidades pertenecían a la Fundación Hematológica Colombia e iban a ser distribuidas en diferentes centros médicos de la ciudad.
Noticias Cali.
Rechazo, indignación y repudio total ha generado la noticia que confirmaba durante la mañana de este miércoles el robo a un banco de sangre en Cali.
El insólito caso de acuerdo a lo que se ha podido establecer, sucedió cuando un camión que pertenecería a la Fundación Hematológica de Colombia transportaba alrededor de 100 bolsas cargadas con sangre.
Las unidades al momento del robo estaban siendo transportadas a diferentes centros hospitalarios y clínicas de la capital vallecaucana.
Sobre el hurto no es mucho lo que se conoce, pero según algunas versiones preliminares, los delincuentes habrían abierto el vehículo y hurtado las bolsas glóbulos rojos certificados.
Hasta el momento las autoridades no han confirmado quiénes estarían detrás del hurto o en que condiciones se presentó.
Sin embargo precisaron que las unidades irían destinadas a clínicas como Colombia, Valle del Lili y Clínica DIME e hicieron un llamado a no aceptar o recibir en ningún centro médico hemocomponentes que no sean entregados directamente por los trasportadores oficiales de la Fundación Hematológica Colombia.
En redes sociales varias han sido las opiniones por el hecho:
Lo insólito en nuestra ciudad se acaban de robar más de 100 bolsas de sangre de un banco que las distribuye a diferentes centros médicos de Cali para salvar vidas. Asaltantes llegaron a la Fundación Hematológica Colombia y cometieron este increíble hecho de llevarse la sangre. pic.twitter.com/DFObKfBMA1
Se trata de dos pequeñas de 9 y 16 meses de nacidas. La falta de acceso y la vulneración de derechos cada vez más sigue cobrando vidas.
Noticias Colombia
Un nuevo y trágico hecho contra la niñez se sigue presentando en La Guajira, luego de que dos niñas murieran por causa de desnutrición.
Así lo indicó el representante de la ONG Nación Wayúu, José Silva Duarte, tras confirmar que fueron dos los casos que se han registrado en el mes de enero.
El primer caso de muerte a causa de la desnutrición en el 2022 fue el 8 de enero y se trató de un bebé de nueve meses de nacido.
Mientras que el segundo caso correspondió a una bebé de 16 meses de nacida que murió cerca de las nueve de la mañana.
De acuerdo con lo reportado, la madre de una de las menores ante el difícil acceso a estas zonas, no pudo recibir la atención que debía ser brindada a su hija.
#URGENTE El reciente informe de Human Rights Watch @hrw_espanol confirmó que ¡los indígenas Wayuu padecen niveles desproporcionados de pobreza! Y deja en evidencia LA MUERTE DE 32 NIŃOS menores de 5 años por desnutrición. @deluque debería contar sobre eso en su discurso político pic.twitter.com/WBLyz1tPoM
Por esta razón, desde la ONG emitieron una alerta a las autoridades para que intervengan y cumplan de una vez con la Sentencia T-203 de 2017 a favor de la comunidad.
Voceros señalaron que estos hechos se convertirían en los primeros casos registrados en lo corrido de 2022, demostrando la vulneración a los derechos fundamentales hacia esta población.
“hay una grave vulneración a unos derechos fundamentales, hacia la población indígena infantil, que requiere una protección especial y que fueron establecidos a través de la SetenciaT-302, pero que hasta el momento se encuentra en desacato», afirmaron.
También agregó que, la atención que ha recibido la población infante de estas comunidades ha sido muy poca para lo realmente necesario.
“Estos niños se encuentran a merced del hambre y desnutrición y prueba de ello es que en menos de 15 días ya van dos fallecimientos a causa de esta grave situación”, manifestó.
Según las cifras del Instituto Nacional de Salud en 2021, fallecieron 38 niñas y niños Wayúu menores de cinco años, a casusa de hambre y sed.
De no ser por los caballos de Isla de Pascua, la tierra no habría llegado al laboratorio.
Uno de ellos, la bacteria Streptomyces hygroscopicus, produjo un compuesto, un producto natural aislado en 1972 al que llamaron rapamicina, en honor a Rapa Nui, nombre que le dieron a la Isla de Pascua sus indígenas.
Descubrieron que eran muy bueno inhibiendo el crecimiento de hongos, pero había un problema.
«También era inmunosupresor así que dejaba la parte del cuerpo tratada sin defensas.
«Imagínate que tienes una infección fúngica en tu mano y te aplicas una crema de rapamicina: mata los hongos pero probablemente te dará una infección bacteriana», explica Ajai.
Sin embargo, Sehgal intuyó su valor.
«Él sabía que tenía una actividad inmunosupresora muy agresiva, y también, que era una droga muy segura pues no se podía encontrar el nivel tóxico.
«Es decir: normalmente lo que se hace es darle a un ratón más y más y más dosis del medicamento hasta que muere, y así encuentran el nivel máximo seguro. Pero en el caso de la rapamicina nunca encontraron el nivel tóxico pues los ratones nunca morían», aclara Ajai.
En ese momento, los inmunosupresores que se tenían «eran todos altamente tóxicos».
El doctor Suren Sehgal en el laboratorio.
Además, aunque pareciera contradictorio que algo que evita una defensa contra los tumores pudiera ser un fármaco anticanceroso probable, el dr. Sehgal observó que este compuesto parecía poseer propiedades novedosas pues podía impedir que las células se multiplicaran.
En una época en la que todas las quimioterapias mataban células vivas, contar con algo así podía ser muy beneficioso.
Sehgal envió una muestra del compuesto al Instituto Nacional del Cáncer (CIN) de EE.UU. donde notaron que tenía una «actividad fantástica» contra los tumores sólidos.
El trabajo en esa dirección estaba arrojando resultados prometedores cuando se suspendió abruptamente.
Desobediente
En 1982 Ayerst decidió cerrar su laboratorio de investigación de Montreal, y trasladar a unos pocos de sus científicos a sus instalaciones en Princeton, Nueva Jersey, Estados Unidos.
El doctor Sehgal era uno de ellos, pero la rapamicina no corrió con la misma suerte.
Era, sencillamente, un asunto de negocios. La compañía no vislumbraba un futuro lucrativo para ella como fármaco así que decidió ponerle fin al proyecto.
La orden fue deshacer todo, archivarlo y olvidarlo.
«Mi papá hizo todo lo contrario», recuerda Ajai.
Sabiéndo que el cierre de las instalaciones de Montreal significaba que no tendría acceso a fermentadores a gran escala necesarios para producir rapamicina, el doctor Sehgal preparó un lote para llevárselo a Princeton.
«Lo metió en pequeños frascos de vidrio, se los llevó a la casa y los puso en el congelador de mi mamá, marcados con una etiqueta que decía: NO COMER, pues parecía helado».
Ajai se enteró de la travesura de su papá cuando fue a ayudar a empacar para la mudanza a Princeton y le fue encargada la tarea de asegurarse de que su preciosa (y clandestina) carga llegara sin problemas al nuevo hogar.
«Yo tenía 20 años y era oficial de las Fuerzas Armadas de Canadá en ese entonces. Pero lo hice por mi padre.
«Metí todo en un contenedor de helado, compré hielo seco pues teníamos que desconectar el congelador para meterlo en el camión de trasteo, sellé todo con cinta aislante y le hice huecos porque cuando el hielo seco se derrite crea dióxido de carbono, y no quería que se convirtiera en una bomba, y así se fue».
El plan dio resultado.
«El congelador llegó al sótano de su nueva casa en Princeton, sin explotar y con todas las muestras intactas, y ahí se quedaron durante unos 5 años«.
Un nuevo principio
A finales de la década de 1980, los transplantes de órganos ya estaban dejando de ser ciencia ficción. Pero el gran obstáculo seguía siendo el sistema inmunológico, que se activaba y atacaba la parte extraña al cuerpo, poniendo en riesgo la vida de los pacientes por rechazo.
Se necesitaba un inmunosupresor pero ¿recuerdas que los aprobados eran peligrosos y poco eficaces?
Para ese entonces, la empresa para la que trabajaba Sehgal había cambiado y él le llevó a los nuevos gerentes de la fusionada Wyeth-Ayerst la idea de explorar si la rapamicina podía ser la solución.
Los trasplantes de órganos eran una realidad, pero también los riesgos.
Desde el punto de vista de la farmacéutica, había llegado la hora de resucitar el proyecto: había mucho oro al final de ese arcoíris.
«‘Pero -le dijeron- ¿Cómo va a continuar su trabajo si todas las muestras fueron destruidas?’
«‘Quizás no’, les respondió.
«En ese momento él no tenía idea si las muestras que estaban en el congelador seguían vivas, si podía producir más rapamicina a partir de ellas: es como la masa madre para hacer pan, o el cultivo iniciador del yogur.
«En el laboratorio comprobó que habían sobrevivido. A partir de lo que mi papá guardó se crearon lotes nuevos para hacer los estudios«, cuenta Ajai.
Por si fuera poco…
Después de tantos años de creer pero no poder, en 1987 Sehgal tuvo los medios para volver a sacar a la luz lo que había sido desenterrado en Isla de Pascua.
Como otras maravillas, había salido de la tierra pascualina, pero tras dos largos viajes, fue enterrada nuevamente.
Tras varios estudios clínicos exitosos, en 1999 el Comité Asesor de la FDA hizo una recomendación unánime para la aprobación de Rapamune, el inmunosupresor desarrollado por el dr. Sehgal y su personal que le ha reportado ganancias multimillonarias a Wyeth-Ayerst y, desde 2009, a Pfizer.
Pero Sehgal no quería únicamente desarrollar el potencial de la rapamicina como fármaco.
Había convencido al CIN de que reactivara su investigación sobre su efecto en los tumores malignos y quería entender cómo funcionaba… ¿por qué ‘congelaba el tiempo’ en el lugar que tocaba?
Con ese fin, envió muestras e información del compuesto a varios centros de estudio.
El ahora biólogo Daniel Sabatini -quien en 1992 estaba haciendo su doctorado en Medicina y Filosofía (MD-PhD)- se topó con uno de esos paquetes del doctor Sehgal, con una nota que decía: «¡Buena suerte!».
Ciertamente la tuvo.
«Descubrió el mecanismo de acción del fármaco: cómo funciona», dice Ajai.
Y los esfuerzos para comprenderlo condujeron a que él y otros científicos independientemente identificaran una proteína conocida como mTOR, revelando aspectos fundamentales sobre nuestra naturaleza biológica.
¿Qué es eso???
«Imagínate una obra en construcción. El contratista general se ocupa de decirle a los plomeros, los carpinteros, los electricistas, los albañiles, etc. qué hacer. Si hay suficientes ladrillos y cemento, ordena que se levanten las paredes; si las tuberías no van a llegar hasta mañana, le dice a los plomeros que suspendan el trabajo.
«El mTOR hace eso por la célula. Es un sensor; detecta si hay nutrientes y le dice a la célula que crezca o no crezca«.
Es un indicador fundamental: si, por ejemplo, la división celular empieza sin los niveles óptimos de aminoácidos, glucosa, insulina, leptina y oxígeno para alimentar el proceso, la célula muere en vez de multiplicarse.
Estructura de mTOR
Lo que hace la rapamicina es engañar a las células del cuerpo para que piensen que hay pocos nutrientes cuando los hay, paralizando el crecimiento.
Y lo que los científicos están empezando a entender es que eso no es lo único que sucede.
Volviendo a la obra de construcción, mientras está marchando, hay bultos por aquí, basura por allá, pero si de pronto se tiene que suspender todo por falta de materiales, el contratista le dirá a los obreros que, mientras llegan, limpien y organicen el lugar.
Pues resulta que cuando la rapamicina engaña a mTOR, éste hace lo mismo con las células: les indica que se limpien, pues resulta que éstas van acumulando depósitos de deshechos que no eliminan y con el tiempo las hacen menos eficientes.
Eso es, básicamente, envejecer.
«La célula se limpia y se repara pues piensa que no tiene provisiones», dice Ajai.
¿Que fue del papá de Ajai?
El doctor Sehgal recibió la admiración del mundo médico y el agradecimiento de millones a los que la rapamicina les había dado una vida más larga.
Supo de mTOR y la respuesta a lo que le intrigaba: por qué congelaba el tiempo. Pero no supo sobre la limpieza celular que propicia. Sin embargo, hasta en eso fue de cierta forma pionero, haciendo con su cuerpo lo que muchos investigadores harían -y siguen haciendo- con animales en los laboratorios.
En 1998, se le diagnosticó cáncer de colon metastásico en estadio IV después de una colonoscopia de rutina.
«Tras el primer año de quimioterapia que no podía tolerar -lo estaba matando- decidió suspenderla y empezar a tomar rapamicina.
«Él sabía que suprimía tumores; el tumor es una célula rebelde que crece sin control y la rapamicina se lo impide. Estaba experimentando en sí mismo pero le habían dado sólo seis meses de vida, así que no podía empeorar mucho más la situación», señala su hijo.
«Se mejoró. De hecho, vivió una vida buena durante 4 años, pudo conocer a sus nietos y ellos a él. Y un día, en un viaje a India para dar conferencias, le dijo a mi madre: ‘Me siento bien, pero nunca sabré si es la rapamicina lo que me está manteniendo vivo a menos de que deje de tomarla’.
«Y eso hizo.
«En cuestión de 6 meses, el cáncer invadió todo su cuerpo y eso fue todo, se acabó.
«En su lecho de muerte me dijo: ‘lo más estúpido que hice fue dejar de tomar mi medicina’. Pero esa era su naturaleza. Era un científico y necesitaba saber.
«Además, estaba tratando de convencer a otros de que iniciaran los ensayos clínicos para el cáncer, y estaba emocionado pues, básicamente por lo que hizo, porque él documentó todo, así fue».
«Trabajó hasta el final. El día antes de morir, estaba escribiendo un artículo en la cama abogando por las propiedades antitumorales de la rapamicina».
El doctor Suren murió el 21 de enero de 2003.
Los usos de la rapamicina se siguen multiplicando, como inmunosupresor y en diferentes tipos de cáncer y otras enfermedades. En este momento, hay decenas de estudios en curso explorando su potencial para aminorar las consecuencias negativas de la vejez.
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