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El Tribunal Supremo de Cuba (TSC) dio a conocer el miércoles los fallos de seis juicios celebrados contra 129 cubanos participantes en dos grandes manifestaciones de protesta contra el Gobierno realizadas el 11 y 12 de julio pasados en La Habana, que derivaron en hechos violentos y enfrentamientos con la policía. Las acusaciones fueron por hurto y sedición, y las penas impuestas por los tribunales muy elevadas: 31 personas fueron condenadas a privación de libertad de entre 20 y 30 años, 25 a condenas de entre 15 y 19 años de cárcel y 48 personas más a penas de entre 10 y 14 años de prisión. Solo uno de los acusados fue absuelto, y otro recibió una pena de cuatro años “de trabajo correccional sin internamiento”. Varias ONG y numerosos académicos en las redes sociales han criticado el fallo de los tribunales por considerar las “sanciones desmedidas” y con un “evidente objetivo ejemplarizante”, para desestimular posibles futuras protestas.

Aunque diversas fuentes y familiares de los encausados habían informado antes de que numerosas personas ya habían sido condenadas en diversas localidades del país a elevadas sanciones por las inéditas protestas que sacudieron el país el 11 y 12 de julio, es la primera vez que las autoridades ofrecen datos oficiales de las sentencias de estos macroprocesos. Según la Fiscalía General de Cuba, en el país han sido procesadas por las protestas de julio a 790 personas, de las que 55 tienen 16 y 17 años de edad.

Los juicios contra las 129 personas se realizaron entre el 14 de diciembre y el 3 de febrero, e involucraron a los participantes en las manifestaciones ocurridas en dos barriadas de La Habana, la esquina de Toyo, en el municipio de Diez de Octubre, y en el reparto obrero de La Güinera, donde se produjo un muerto por disparos de la policía. Lo sucedido en Toyo y La Güinera tuvo amplia repercusión y conmovió al país, pues a diferencia de lo ocurrido en otras ciudades y pueblos, donde las manifestaciones fueron mayoritariamente pacíficas, aquí derivaron en una verdadera batalla campal, con patrullas de la policía volcadas y duros enfrentamientos entre agentes del orden y efectivos antidisturbios contra los manifestantes, algo que nunca antes había ocurrido en Cuba.

EL TSC considera “probado y demostrado” que los condenados —de los que no se dice edad, pero que al parecer son mayoritariamente jóvenes— “intentaron subvertir el orden constitucional de forma violenta” obedeciendo “instrucciones impartidas por personas tanto desde Cuba como desde el exterior”. En el caso de los sucesos de la esquina de Toyo, se afirma que los manifestantes “lanzaron piedras y botellas contra varios funcionarios” e “instalaciones de la Policía Nacional Revolucionaria, autos patrulleros; voltearon una moto y carros pertenecientes a la Asamblea Municipal del Poder Popular y provocaron lesiones a otras personas y graves daños materiales”. En La Güinera, el TSC dice que “lanzaron piedras, palos, botellas y cócteles molotov contra agentes” y “otros trabajadores de instituciones estatales (…) a quienes causaron lesiones”, además de asediar “por varias horas” una “unidad de la Policía Nacional Revolucionaria”.

El alto tribunal destaca que en los juicios se tuvo en cuenta “la gravedad, lesividad y violencia de los actos cometidos”, así como que los “sucesos fueron deliberadamente organizados en medio de la situación compleja que atravesaba el país, como consecuencia de la pandemia de la covid-19, en particular en la provincia de La Habana, razones por las que se habían tomado medidas excepcionales para contrarrestar sus efectos, que incluían, entre otras, la limitación de movimiento y el aislamiento social”.

La información del Supremo no hace referencia a las edades de los condenados, pero según la ONG Prisoners Defenders, entre ellos hay siete jóvenes de 16 y 17 años, que han recibido penas de entre 7 y 19 años de prisión, y otro más, que recibió la pena de trabajo correccional. En Cuba, la mayoría de edad es a los 18 años, pero la responsabilidad penal es a los 16 años —el Código Penal contempla la posibilidad de reducir a la mitad las penas a los menores—.

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Muy criticada ha sido la utilización de la figura delictiva de “sedición” para encausar a los participantes en las protestas de julio, las mayores ocurridas en 62 años de revolución. El artículo 100 del Código Penal vigente en Cuba plantea que incurren en este delito, penado con sanciones de 10 a 20 años de cárcel, o pena de muerte, a quienes “tumultuariamente y mediante concierto expreso o tácito, empleando violencia, perturben el orden socialista o la celebración de elecciones o referendos, o impidan el cumplimiento de alguna sentencia, disposición legal o medida dictada por el Gobierno, o por una autoridad civil o militar en el ejercicio de sus respectivas funciones, o rehúsen obedecerlas, o realicen exigencias, o se resistan a cumplir sus deberes”.

En 1994, tras producirse los incidentes del ‘Maleconazo’, las mayores protestas contra el gobierno hasta ese momento, que fueron de mucha menor proporción y focalizadas solo en La Habana, los tribunales cubanos condenaron a cientos de personas por desorden público, pero a sanciones de un año de cárcel en la mayoría de los casos. Por eso, las elevadas condenas de ahora y el uso del delito de sedición han levantado gran polvareda.

El Gobierno cubano niega que las protestas del 11 y 12 de julio fueran un estallido espontáneo y responsabilizan a Washington de alentar la “desestabilización” del país y generar una “situación de ingobernabilidad”. Académicos, sociólogos, historiadores y artistas cubanos han expresado públicamente su rechazo a las condenas desmedidas y ejemplarizantes, solicitando a las autoridades magnanimidad y juzgar sólo a los que participaron en hechos violentos, e incluso hay quienes han pedido una amnistía. EL TSC aseguró que los condenados fueron sometidos a juicio respetando todas las garantías procesales y que tiene derecho a interponer recurso de casación ante el Supremo.

Ayer se conoció también que un tribunal de la provincia cubana de Matanzas comenzó a enjuiciar a 17 detenidos durante las inéditas protestas del 11 de julio en la ciudad de Cárdenas, con peticiones fiscales de hasta nueve años de prisión por los delitos de desórdenes públicos, desacato y atentado.

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Las protestas contra el Gobierno de Cuba del pasado 11 de julio, las mayores ocurridas en la isla en 62 años de la revolución, han llevado a encausar a 790 personas. Son datos oficiales que ofrecen por primera vez las autoridades cubanas sobre el número de detenidos y los procesos en curso. Según la Fiscalía General, hay abiertos 117 expedientes contra 790 personas (el 69% de ellas en prisión provisional desde julio). De ellos, 55 son adolescentes de entre 16 y 18 años y otros 60 jóvenes de entre 19 y 20 años. Las acusaciones son diversas, y van desde desórdenes públicos, desacato, instigación a delinquir y daños, en los casos más leves, hasta delitos como robo con fuerza y violencia, atentado, sabotaje e incluso sedición, sancionados con penas de hasta 30 años de privación de libertad, algo que ha sido muy criticado por diversas ONG y los familiares de los procesados.

Según la versión de la Fiscalía, los manifestantes del 11-J “atentaron contra el orden constitucional y la estabilidad del Estado socialista (…) en un contexto especialmente complejo de crisis económica mundial, agudizada por una pandemia sin precedentes que arrebató la vida a muchos cubanos, y el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero del gobierno de Estados Unidos” en un intento de “destruir la Revolución”.

Sobre el delito de sedición, el que contempla penas más duras, que ha sido incluso cuestionado por figuras cercanas al Gobierno, las autoridades defienden que se “corresponde con el nivel de violencia demostrado en las conductas vandálicas que de manera tumultuaria causaron lesiones y pusieron en peligro la vida de ciudadanos, funcionarios y miembros de las fuerzas del orden, al agredirlos con el empleo de objetos cortantes, contundentes e incendiarios, con la perturbación grave del orden público y el deliberado propósito de subvertir el orden constitucional”.

Hasta el martes se habían celebrado en la isla 84 juicios, en 44 de los cuales los tribunales ya dictaron sentencia, resultando sancionadas 172 personas. La Fiscalía no ha informado de las penas impuestas. Organizaciones anticastristas y la ONG Cubalex aseguran que al menos medio centenar de personas han sido condenadas a penas superiores a los 20 años de cárcel por sedición, y elevan el número de detenidos durante las protestas a más de un millar. En el caso de los menores de edad, las autoridades confirmaron que durante las protestas fueron detenidos 27 menores de 16 años, 10 de los cuales fueron ingresados en reformatorios. En Cuba la mayoría de edad es a los 18 años, pero desde los 16 se tiene responsabilidad penal (si bien con sanciones más atenuadas).

Las autoridades salieron al paso a las crecientes críticas por el procesamiento de adolescentes y acusaron a EE UU de fomentar una campaña contra Cuba por violar los derechos humanos. “Informe de ChildDefender señala que en 2019 cerca de 700.000 niños fueron arrestados y 3.371 asesinados con armas de fuego en EE UU. Por su parte, la aplicación de políticas antiinmigrantes provocó, entre abril y junio de 2018, la separación de 4.500 niños de sus padres”, contraatacó el Canciller Bruno Rodríguez en su cuenta de Twitter.

Petición fiscal en uno de los casos abiertos contra manifestantes por las protestas del 11 de julio.
Petición fiscal en uno de los casos abiertos contra manifestantes por las protestas del 11 de julio.

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Este miércoles, en el tribunal provincial de San José, provincia de Mayabeque, se desarrollaba un nuevo juicio contra siete vecinos del pueblo de Bejucal. En esa localidad, situada a 30 kilómetros de La Habana, el 11 de julio una multitud salió a las calles y se manifestó frente a diversas sedes oficiales gritando consignas contra el Gobierno y el presidente del país, Miguel Díaz-Canel, produciéndose en algunos momentos incidentes y rotura de vidrieras. Hay siete procesados, a los que se piden penas de entre 5 y 12 años de cárcel. Entre ellos está el estudiante de música Abel Lescay, que ha tenido notable repercusión mediática y a quien la Fiscalía pide una sanción de siete años de privación de libertad. Está acusado de desorden público y desacato continuado. Él asegura que no cometió ningún hecho violento. La única prueba que se ha conocido en su contra un vídeo en el que se ve que insulta a la policía. “La fiscalía me pide 7 años por llamarle a un policía maricón”, aseguró Lescay.

En el acta de la petición fiscal, suministrada por los familiares de los procesados, se describe así lo sucedido ese día en Bejucal: aproximadamente a las 2 de la tarde del 11-J, “aprovechando la compleja situación existente en el país relacionada con la pandemia”, los acusados se sumaron “a un numeroso grupo de personas que habían sido convocadas por las redes sociales para manifestarse en contra del orden constitucional establecido en el país, junto a las cuales recorrieron diversas calles del poblado, por las que obstruyeron el tránsito vehicular de algunas vías mientras vociferaban consignas y frases, entre las que se encontraba una que rezaba ‘Diaz-Canel, singao’, dirigida a ofender a la figura del Presidente de la República”. Prosigue el informe fiscal describiendo el recorrido que hicieron por el pueblo hasta llegar a una tienda de moneda en divisas y una farmacia, que fue apedreada, “causando una afectación económica de 1.400 CUP [pesos cubanos, equivalentes a 50 euros o 56 dólares al cambio oficial]”. De Lescay se dice que “además de vociferar su desacuerdo con el régimen social cubano, se enfrentó al Jefe de la Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria, Daniel Vázquez, al que llamó ‘maricón y mama pinga”.

El caso de Lescay, que ha recibido el respaldo de su Universidad, es considerado por un destacado académico cubano “un ejemplo de las sanciones desmedidas y ejemplarizantes con las que el Gobierno quiere lanzar un mensaje claro de que no serán toleradas más protestas”. No obstante, señala, “EE UU manipula todo lo que ocurre en Cuba, y eso no ayuda”, y pone como ejemplo la nota publicada por la embajada de EE UU en Cuba el 22 de enero: “Los padres de los jóvenes manifestantes del 11-J temían por sus hijos que se unieron a las protestas pidiendo un futuro mejor. Ahora el régimen acosa vergonzosamente a familias preocupadas y procesa a sus hijos”, acusa Washington. La respuesta cubana, a través del canciller Bruno Rodríguez, no se hizo esperar: “EE UU conoce bien que los actuales procesos judiciales en Cuba se desarrollan con pleno apego a la ley y dentro de estándares internacionalmente aceptados. Miente para empañar la labor ejemplar de Cuba en la protección a su niñez y justificar medidas coercitivas criminales”.

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