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La Policía Metropolitana de Londres, conocida como New Scotland Yard, ha seguido investigando el escandalo de las fiestas en Downing Street durante el confinamiento, mientras el Gobierno de Boris Johnson, la oposición y los medios de todo el país concentraban su atención en la invasión de Ucrania y daban prácticamente por amortizado un asunto que, apenas hace dos meses, había colocado la losa final en la carrera política del primer ministro. Pero este martes, los responsables de la investigación han anunciado que ya tienen listas para su entrega las 20 primeras multas a personal del número 10 de Downing Street y del 70 de Whitehall (donde reside la Oficina del Gabinete del primer ministro) que habrían quebrado las normas de distanciamiento social. La policía asumió la competencia indagadora sobre doce de todos los eventos celebrados en sede gubernamental durante la pandemia. Más de cien cuestionarios, con la obligación formal de ser cumplimentados e incluso la posibilidad de hacerlo con ayuda de abogado, fueron enviados a las personas que aparecían en los centenares de fotos, correos y documentos que manejaban los investigadores. Entre los destinatarios de esos cuestionarios/interrogatorios se encontraban el mismo Johnson, su ministro de Economía, Rishi Sunak, o el secretario del Gabinete (y número uno del cuerpo de altos funcionarios), Simon Case. De hecho, Case fue el responsable de llevar a cabo una investigación interna sobre el escándalo, que tuvo que abandonar en manos de su segunda, Sue Gray, cuando se supo que él mismo había participado en una de las fiestas.

Downing Street ya se ha apresurado a señalar que Johnson no se encuentra entre los primeros multados, pero nada indica que no pueda finalmente recibir su propias sanción, porque el consenso general anticipa que Scotland Yard apenas ha comenzado a entregar las primeras penalizaciones administrativas. No son sanciones penales, y por tanto no se incorporan a los antecedentes policiales del sancionado. Scotland Yard ni siquiera ha dado los nombres de los multados, y la ley no les obliga a comunicar la sanción a sus superiores. En el caso de Johnson, sin embargo, existe un compromiso explícito por parte del propio primer ministro y de su equipo de Downing Street de hacer pública la sanción, si finalmente recibe una. Sin embargo, el Gobierno británico sigue sin admitir que se haya incumplido la ley en sede pública, ni mucho menos que el primer ministro haya podido engañar deliberadamente al Parlamento y esté obligado a dimitir. “El primer ministro ya ha pedido disculpas por todas aquellas cosas que no se hicieron bien, por el modo en que se gestionó todo este asunto y por todos los errores que se cometieron”, ha dicho un portavoz del Ejecutivo.

“Es una vergüenza que, mientras el resto del país cumplía con las normas, el Gobierno de Johnson actuaba como si las reglas de la pandemia no hubieran sido escritas también para ellos”, ha dicho este martes la número dos del Partido Laborista, Angela Rayner, quien de nuevo ha vuelto a exigir la dimisión del primer ministro. A su petición se ha sumado la de Ed Davey, líder de los liberales demócratas: “Si Johnson cree que puede escabullirse de las consecuencias del partygate, se equivoca. Todos sabemos quién fue el responsable”, ha dicho.

A pesar de la cascada de diputados conservadores que se sumaron a las peticiones de dimisión en el momento más delicado de todo el escándalo, y del número de ellos que llegaron a enviar “cartas de retirada de confianza” a la dirección del grupo parlamentario, para forzar una moción de censura interna contra Johnson, la situación en el partido ha cambiado drásticamente. La guerra de Ucrania, la necesidad de mostrar unidad y respaldo al Gobierno, y el hecho cierto de que el primer ministro ha sabido estar a la altura de las circunstancias, ha calmado los ánimos levantiscos de muchos diputados. Eso no quiere decir que Johnson se haya escapado de la soga, porque sería difícil de justificar una multa por las fiestas prohibidas. Sería la confirmación de que el primer ministro incumplió la ley y mintió al Parlamento y hay muchos críticos latentes en el seno de su partido que estarían dispuestos a volver a la carga.

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Scotland Yard tiene ya el listado de personas implicadas en las fiestas de Downing Street a las que desea interrogar. Y Boris Johnson, que asistió presuntamente a 6 de los 12 eventos investigados, está entre ellas. La Policía Metropolitana anunció a última hora del miércoles su intención de enviar cuestionarios por escrito a todos los implicados. Tendrán la categoría legal de un interrogatorio formal y los destinatarios estarán obligados a decir la verdad. Dispondrán de siete días para devolver el documento cumplimentado. En el caso de que sus respuestas no convenzan a los agentes, o de que no sean capaces de justificar su presencia en esas reuniones, se enfrentan a una multa de 200 libras (unos 237 euros, al cambio actual). La multa es una infracción menor y no se incorpora a los antecedentes penales del sancionado. Pero sí queda registrado en el historial personal del Archivo Nacional de la Policía.

Johnson no ha querido nunca dar una respuesta directa a la pregunta, pero a través de aliados anónimos ha dejado claro en varios medios que no tiene intención de dimitir si finalmente Scotland Yard le impone una o varias multas. A la vez, sin embargo, el primer ministro se ha comprometido públicamente a dar a conocer a la ciudadanía tanto el resultado final del informe de las fiestas que elabora la funcionaria Sue Gray (conocido solo en una pequeña parte, por la obligación de no interferir con la investigación policial) como cualquier sanción que reciba.

Resultará complicado, llegado el momento, defender en el Parlamento un borrón y cuenta nueva. Sobre todo porque, a pesar de los intentos de Johnson de pasar página en todo este escándalo, cada día surge alguna foto nueva o algún dato comprometedor. Este miércoles, el tabloide Daily Mirror publicaba una imagen de Johnson del 15 de diciembre de 2020. Un empleado está sentado frente a la mesa de trabajo, sobre la que hay un altavoz de los que permiten realizar llamadas de multiconferencia. También hay una botella de prosecco (vino espumoso italiano) abierta. Y una bolsa de patatas fritas. El empleado es Stuart Glassborow, vicesecretario privado de Johnson, y lleva un collar de espumillón. Detrás de él, el propio Johnson parece colocarse algo en la solapa de su chaqueta. Y un poco más atrás, se ve a otra persona con un gorro de Papá Noel.

Scotlanda Yard había descartado en un principio incluir ese evento, una especie de concurso virtual de preguntas y respuestas para el personal que trabaja en Downing Street, en su investigación, por no detectar su relevancia penal. Pero anunció a última hora del martes que iba a echar un nuevo vistazo a la foto y a revisar su decisión.

La decoración del apartamento

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La intervención de la policía en el asunto de las fiestas durante el confinamiento supuso un salto considerable en la gravedad del escándalo político y puso a Johnson contra las cuerdas. Lo mismo puede suceder ahora con otro asunto que persigue desde hace meses al primer ministro conservador: la costosa redecoración del apartamento privado del que disfrutan él y su esposa, Carrie Symonds, en el edificio de Downing Street. El equipo jurídico del Partido Laborista ha enviado ya una carta a Scotland Yard en la que señala que existen “sospechas razonables” de que el primer ministro se saltó las leyes contra la corrupción a la hora de buscar el dinero para ese lavado de cara de la residencia oficial y que las autoridades “están obligadas a actuar de oficio”. La Policía Metropolitana ha confirmado que ha recibido ya la carta y la ha sometido a consideración.

La Comisión Electoral reveló en su día un intercambio de wasap entre Johnson y David Brownlow, el multimillonario donante del Partido Conservador que puso gran parte de los casi 150.000 euros que el matrimonio Johnson destinó a rediseñar su vivienda. El primer ministro pedía en sus mensajes a Brownlow más dinero para concluir las obras. Contrataron a la diseñadora de moda entre los famosos, Lulu Lytle, quien llegó a encargar papel pintado de pared a casi 1.000 euros el rollo. Lytle fue una de las 30 personas que asistió a la fiesta cumpleaños sorpresa de Johnson, el 19 de junio de 2020. Los abogados de la oposición laborista relacionan los favores de Brownlow y su reunión, dos meses después, con el ministro de Cultura, Oliver Dowden, para que el Gobierno contribuyeran en una exposición que preparaba el empresario en el Royal Albert Hall. El equipo de comunicación de Downing Street ha negado ya oficialmente cualquier relación entre los mensajes y la reunión posterior.

Major carga contra Johnson

Ya se ha convertido en un viejo rival de Johnson, que no oculta su desprecio a las formas políticas del actual inquilino de Downing Street. Pero el ex primer ministro conservador, John Major, conserva un prestigio que dota de un peso relevante a sus críticas. “Mentir de un modo deliberado al Parlamento siempre ha sido letal para cualquier carrera política y así debería ser siempre”, ha dicho Major en una intervención en el centro de pensamiento Institute for Government (Instituto para la Gobernanza). El veterano político no ha puesto paños calientes a su acusación pública: “En Downing Street, el primer ministro y su equipo se saltaron las leyes. Se inventaron excusas descaradas y pidieron, un día tras otro, a la ciudadanía que creyera lo increíble. Se envió a los medios de comunicación a los ministros para defender lo indefendible y quedar como ingenuos o como culpables”, ha dicho Major.

No es la primera vez que el ex primer ministro expresa su desagrado hacia Johnson. Ha sido un duro crítico del Brexit y del modo en que se gestionó, y saltó al debate público para alertar de la gravedad de la decisión que adoptó su rival al cerrar unilateralmente la actividad del Parlamento para poner fin al interminable debate sobre la salida de la UE. El Tribunal Supremo acabó revirtiendo esa decisión, en una dura sentencia contra Johnson.

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Starting this Thursday, many citizens walk the streets without the obligation to wear masks. We see each other’s faces when we cross paths, although it is true that many still use them. We break down the details of the new regulations.

Once again we see each other on the street, without masks


Two women walk down the street, with and without masks. EFE/David Aguilar

The Government approved last Tuesday the decree law that regulates that masks are no longer mandatory abroad at the moment when the sixth wave of the pandemic in Spain is in the declining phase and after a historical rise in the accumulated incidence originated by the omicron variant of SARS-CoV-2.

And that is why on December 24, on Christmas Eve, the mask returned to the streets after a summer freed from this mask in the open air.

Now him Ministry of Health It is still recommended to take it outside in crowds, such as at a busy traffic light where we have to wait a few minutes or a shopping street full of pedestrians.

But it is allowed that in the outdoor patios of schools, children over 6 years old are allowed to remove the mask that they must continue to use in classes.

expensive street masks
A mask hanging from the branches of a tree, in La Fresneda, (Asturias). EFE/Eloy Alonso

When is it mandatory to wear the mask?

A mask must always be used, from 6 years of age, regardless of the safety distance, in the following cases:

  • In any closed space for public use or that is open to the public, such as supermarkets, shops, schools, workplaces…
  • In the outdoor mass events, when attendees are standing. If they are seated, it will be mandatory when a safety distance of 1.5 meters between people cannot be maintained, except for groups of cohabitants.
  • In the means of transport by air, by bus or by rail, including passenger platforms and stations, or by cable car, as well as complementary public and private passenger transport in vehicles with up to nine seats, including the driver, if the occupants of the tourism vehicles They do not live in the same address.
  • In closed spaces ships and boats when the safety distance of 1.5 meters cannot be maintained, except for groups of cohabitants.

In what cases is the mask exempt?

  • To people who present some type of respiratory illness or difficulty that may be aggravated by the use of the mask or that, due to their situation of disability or dependency, they do not have the autonomy to remove the mask, or present behavioral changes that make its use unfeasible.
  • In the event that, for the nature of the activitiesthe use of the mask is incompatible, in accordance with the indications of the health authorities.
  • In closed spaces for public use that are part of the place of residence of the groups that meet there, such as institutions for the care of the elderly or disabled.
  • Also in the dependencies destined to collective residence of essential workers or other groups that have similar characteristicsprovided that the vaccination coverage against covid-19 is greater than 80% with the complete schedule and the booster dose, accredited by the competent health authority.
  • This last exception will not apply to external visitors or workers in residential centers for the elderly or disabled, since in this case the use of a mask is mandatory.



Se ha convertido casi en una cuestión de pura estadística. Si la Policía Metropolitana de Londres (New Scotland Yard, como se la conoce por la dirección de su sede central) dispone de más de 300 fotos de las supuestas fiestas en Downing Street durante el confinamiento, y este es el edificio donde vive y trabaja Johnson (y de donde apenas salió durante esos meses), las probabilidades de que el primer ministro británico salga en alguna de ellas son considerables. Y la voluntad del político conservador de intentar dejar atrás esta pesadilla que ha puesto en serio riesgo su carrera se va a chocar constantemente contra un muro. El tabloide Daily Mirror ha publicado este miércoles una imagen, aparentemente capturada por un teléfono móvil, de otra fiesta en la oficina del Gabinete de Johnson.

La fotografía es del 15 de diciembre de 2020. Un empleado está sentado frente a la mesa de trabajo, sobre la que hay un altavoz de los que permiten realizar llamadas de multiconferencia. También hay una botella de prosecco (vino espumoso italiano) abierta. Y una bolsa de patatas fritas. El empleado es Stuart Glassborow, vicesecretario privado de Johnson, y lleva un collar de espumillón. Detrás de él, el propio Johnson parece colocarse algo en la solapa de su chaqueta. Y un poco más atrás, se ve a otra persona con un gorro de Papá Noel.

Aquel día, algunos trabajadores de Downing Street habían organizado un quiz show (un concurso de preguntas y respuestas) virtual. Varios equipos de hasta seis personas se habían repartido frente a los ordenadores de las distintas oficinas del edificio para participar. En aquel momento, Londres estaba en Nivel dos de restricciones sociales por la pandemia: prohibidas las reuniones en interior de miembros de hogares distintos; límite de seis personas en exteriores; trabajo desde casa siempre que sea posible.

La fiesta-concurso, que incluyó alcohol y comida y se prolongó hasta casi las diez de la noche (se sugirió por correo a los participantes que salieran por la puerta trasera de Downing Street) estaba incluida entre los 16 eventos investigados por Sue Gray, la vicescretaria permanente de la Oficina del Gabinete encargada de elaborar el informe sobre las fiestas prohibidas. Pero en el documento preliminar que presentó hace una semana indicó que Scotland Yard no había hallado indicios, ni en la reunión del 15 de marzo ni en otras tres de las analizadas, como para abrir su propia investigación policial. Sí lo hizo, en cambio, con las otras 12 fiestas.

Johnson se ha aferrado a ese dato durante su comparecencia en la sesión de control de la Cámara de los Comunes para intentar restar hierro a la pregunta que le lanzaba el diputado laborista Fabian Hamilton: “En los últimos minutos, ha surgido otra foto del primer ministro en Downing Street, rodeado de alcohol, comida y gente que viste espumillón. Parece una fiesta. ¿Tiene el primer ministro intención de referir este incidente a la policía?, porque no está entre los que investiga actualmente”, lanzaba Hamilton su cuestión retórica.

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“Su señoría está completamente equivocado”, respondía Johnson. Horas después, sin embargo, Scotland Yard anunciaba que iba a “revisar” su decisión inicial de no incorporar esa fiesta a su investigación. “Los agentes determinaron, basándose en las pruebas disponibles en ese momento, que el evento no sobrepasaba el umbral para abrir una investigación criminal. Esa valoración inicial se ha sometido ahora a revisión”, decía la Policía Metropolitana en un comunicado público.

El exasesor estrella de Johnson e ideólogo del Brexit, Dominic Cummings, que está obsesionado con derribar al primer ministro después de perder su batalla personal contra la esposa de Johnson, Carrie Symonds, y salir de modo humillante de Downing Street, echaba leña al fuego. En su cuenta de Twitter restaba valor a la foto de la discordia: “Hay muuuuuchas mejores fotos circulando por ahí fuera, incluidas algunas del apartamento privado [la residencia oficial del matrimonio Johnson]”, apuntaba Cummings.

El primer ministro británico ha hecho en los últimos días una remodelación a conciencia de su equipo de Downing Street. Ha nombrado nuevo jefe de Gabinete, nuevo director de Comunicaciones y nuevo jefe de Personal. Ha incorporado además al Gobierno a euroescépticos del ala dura del partido, como Jacob Rees-Mogg o Chris Heaton-Harris para recuperar el apoyo de esa poderosa corriente dentro de los conservadores. Y ha anunciado el fin definitivo de las restricciones sociales por la pandemia que tanto irritaban al ala más libertaria de los tories. Pero no se quita de encima la sombra de las fiestas prohibidas. Ni podrá hacerlo hasta que no se publiquen íntegramente tanto el informe final de Gray (retenido mientras investiga Scotland Yard) como las pesquisas policiales. Johnson ha vuelto a comprometerse este miércoles en el Parlamento a dar a conocer el documento de Gray en cuanto esté listo. Mientras tanto, deberá hacerse a la idea de que sigan apareciendo fotos comprometedoras.

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He was born and grew up in one of the poorest territories in Colombia, but that did not prevent him from fulfilling his dream of reaching the Champions League: this is the hard story of Luis Díaz, one of the stars of the Colombian National Team.

‘Lucho’ was born into a Wayuú family, in the municipality of Barrancas, in La Guajira, cataloged as one of the most remote places in Colombian geography.

Díaz did not have an easy start. As is unfortunately common in that area of ​​the country, he was closely acquainted with malnutrition and insecurity. However, football was always the way out.

He learned to play on a court located in front of his grandparents’ house. He inherited the talent of his father, who was also a soccer player in his youth and is now a children’s coach on the same field where Luis kicked his first ball.

Since he was a child his idol was Ronaldinho, so for hours he would train at the door of his house to imitate the Brazilian star’s dribbles and fantasies.

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Luis Díaz was discovered by ‘El Pibe’ Valderrama

Although he never thought to go this far, fate would have another plan for him. He was discovered by ‘El Pibe’ Valderrama in an indigenous tournament and after showing his talent, the offers did not stop coming.

Little by little he was climbing in Colombian football. The “peasant” Díaz won four championships in the two years in which he was a member of the club and that caught the attention of international teams.

It was then that he arrived at Porto, where he showed the world the magic of those goals that conquered Europe. All this, while at the same time becoming a celebrity in his country.

Lucho is the faithful demonstration that dreams are achieved with perseverance and effort. And although until now it is a Latin American promise, it is clear that it was born to achieve success.

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All the autonomous communities, except the Basque Country, which has abstained, have endorsed the end of the mandatory nature of the mask outdoors from next Thursday. The exception is in mass events, including sports.

All the Autonomous Communities, with the Basque Country abstaining, support the end of the mask on the street

The Minister of Health, Carolina Darias (c), chairs the meeting of the Interterritorial Council of the National Health System held this Monday at the Ministry of Health. EFE/ Ministry of Health

The Interterritorial Council of the National Health System, made up of the Ministry of Health and the counselors of the autonomous communities, met this morning to give the green light for the end of the mask on the street, although it will continue to be recommended to use it if there are crowds.

Massive events, including sporting events, when standing or when the interpersonal distance of 1.5 meters cannot be kept if seated are excepted.

This measure will be definitively approved tomorrow by the Council of Ministers so that, after the publication of the decree law in the Official State Gazette on Wednesday, it enters into force next Thursday.

The mask in the street became mandatory again when the sixth wave rose strongly with the arrival of omicron and just as the Christmas holidays began. On Christmas Eve the mask returned to the outside, although many people continued to use it.

sixth wave
Several people with masks walk down the street. EFE/Brais Lorenzo

Capacity increases at sporting events

In this same meeting, the Interterritorial Council has increased the capacity in sporting events, which goes from 75% to 85% in open venues and from 50% to 75% if they are closed; These figures will be reviewed before the end of February when, some of the sources consulted point out, the entire public can resume.

Some communities, such as Madrid and Andalusia, have abstained on this point because they rejected that there were still capacity limitations.

On the other hand, at this morning’s meeting, the Minister of Health, Carolina Darias, has informed the directors of the last advances digital covid certificate within the European Commission.

In this way, the Ministry of Health has reported that a proposal to modify the regulation has been published so that these certificates can be issued to people who participate in clinical trials of vaccines against covid (as is the case of the Spanish Hipra) and that the documents can be accepted by other member states so as not to apply restrictions to free movement.

In this sense, Spain has proposed the issuance of digital recovery certificates based on antigen tests and not only on PCR tests as up to now, although these advances, says Health, must follow their regulatory course to be consolidated.

The Council of Ministers will approve a royal decree next Tuesday that will eliminate the mandatory nature of masks outdoors, a measure that, “if all goes well”, will come into force two days later, on February 10, once it is published in the BOE

Covid in Spain: Masks are no longer mandatory on the street next Thursday


Several people walk through a street in the center of Oviedo. EFE/JL Cereijido/File

This was explained in statements to Efe by the Minister of Health, Carolina Darias, shortly before signing an agreement with AstraZeneca for the acquisition of 30,000 doses of the drug Evusheld, a monoclonal antibody aimed at improving the protection of immunocompromised people against covid-19. 19.

Health will thus carry out a new decree with which the imposition of masks in the open air will be eliminated, which will be published, “if all goes well”, in the BOE on Wednesday the 9th so that it can enter into force a day later.

Previously, the minister will give an account of the measure to the councilors in an Interterritorial Council of the National Health System that she has convened for Monday; the details of the standard are still being finalized, sources from her department tell Efe.

Masks are mandatory outdoors, unless individual sports are being practiced or in natural spaces, since last December 24; It was one of the measures that the Executive agreed with the regional officials at the conference of presidents held two days earlier to stop the advance of the sixth wave.

The decree that returned the imposition of face masks in open spaces – whose use had been relaxed in June 2021 due to the good evolution of the pandemic – was validated on Tuesday in Congress, not without little criticism from parliamentary groups.

Asked why the measure has been postponed for another week, Darias replied that it was adopted with the endorsement of the regional presidents at a time when there was “an exponential growth in cases due to the omicron variant and we had great uncertainty about how it would go.” to behave.”

And it is now, when three weeks of decline in all epidemiological indicators have been chained, when it has been decided to eliminate them outdoors, he added.

According to data provided yesterday by the Ministry of Health, the cumulative incidence of the coronavirus stands at 2,420 cases per 100,000 inhabitants, with continuous declines for two weeks. Last Friday it was at 3,078.

Daily infections are also being lower and hospital pressure is decreasing. All the indicators of the evolution of the pandemic confirm that the peak of the sixth wave has been overcome and its clear and daily decrease in all communities and age groups.

Hospital discharges outnumber new admissions and PCR positivity is also going down.

The Minister of Health, Carolina Darias, during the press conference after the visit of the vaccination device in the City of Arts and Sciences in Valencia. EFE/Biel Aliño



El equipo de Gobierno de Boris Johnson ha confirmado a media mañana de este lunes que la vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete, Sue Gray, ya había entregado al primer ministro su informe sobre las fiestas prohibidas en Downing Street durante el confinamiento. Gray ha preferido quitarse cuanto antes un asunto que le quemaba en las manos, a pesar de que su decisión no dejará satisfecha a la oposición laborista. Gray ha atendido la exigencia de New Scotland Yard (como se conoce a la Policía Metropolitana, por su sede central) y el texto contiene “referencias mínimas” a las ocho fiestas que investiga la policía, por presuntas infracciones penales. De ese modo, el informe queda expuesto de modo incompleto a la opinión pública, y tiene casi más relevancia por lo que oculta que por lo que revela. Si la famosa fiesta del 20 de marzo de 2020 a la que Johnson asistió, o el cumpleaños sorpresa que le preparó su esposa, Carrie Symonds, en el Cabinet Room (la sala con la mesa ovalada donde se reúne el Gobierno en pleno) no aparecen reflejadas en detalle, la implicación evidente será que hay serios indicios de que se quebró la normativa legal.

La intervención, a mediados de la semana pasada, de la Policía Metropolitana de Londres introdujo más confusión al escándalo que ha paralizado en las últimas semanas la actividad política británica. Si en un principio puso contra las cuerdas a Johnson, al anunciar que abría su propia investigación y dar la gravedad de una presunta infracción penal a todo el asunto de las fiestas en Downing Street, contribuyó paradójicamente a liberar la tensión a la que se enfrentaba el político conservador. Por dos motivos. En primer lugar, porque las autoridades policiales exigieron que el informe de Gray omitiera referencias a las fiestas que Scotland Yard aún está investigando, para evitar posibles injerencias. De ese modo, el primer ministro puede acudir este lunes a la Cámara de los Comunes con un informe descafeinado que le permite salir airoso del lance. El retraso producido por este enfrentamiento burocrático ha proporcionado además oxígeno extra a Johnson, con un fin de semana por medio que ha desinflado pasiones y calmado ánimos, especialmente entre los diputados conservadores.

Es prácticamente seguro que el primer ministro anunciará una seria remodelación de su actual equipo de Gobierno. Rodarán cabezas para transmitir sensación de arrepentimiento y de castigo, después de un escándalo que ha irritado a la mayor parte de la ciudadanía y que ha desplomado la credibilidad y popularidad de Johnson, según las últimas encuestas. Y habrá anuncios del gusto del ala dura de los conservadores, como nuevas leyes para explotar las consecuencias del Brexit, de cuya entrada en vigor se cumplen dos años este lunes. Sanciones y mano dura contra Rusia, por la crisis de Ucrania. Y una baza extra: la decisión de eliminar la obligatoriedad de la vacuna contra la covid-19 del personal sanitario, una medida que provocó una de las mayores rebeliones hasta la fecha entre los diputados conservadores.

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Martín Caparrós says that he distrusts those who have already governed Latin America and claim to be from the left, but he is “much more excited about the Chilean case” with people who “do not come from sectors of traditional political activity” but are “young people who come from fighting it on the street”.

In this sense, Chile, with the election of Gabriel Boric as president, “is the first result of something that has been happening in the region for all these years, which were the street explosions, which, as they did not have a clear project, dissolved,” The Argentine writer and journalist who participates in the Hay Festival in Cartagena de Indias assures EFE in an interview.



Boris Johnson ha encontrado dos aliados inesperados en su lucha por sobrevivir un día más en el puesto: la burocracia administrativa y policial, y el hartazgo de algunos diputados conservadores que, como en el conocido chiste de los familiares del moribundo, comienzan a quejarse de que “ni se muere ni cenamos”. En la semana en que debía conocerse finalmente el informe de Sue Gray sobre las fiestas prohibidas en Downing Street durante el confinamiento, la decisión de la Policía Metropolitana de Londres de abrir su propia investigación sobre al menos ocho de esos eventos —después de detectar “serios indicios de infracciones penales”— ha alterado la agenda política de un país en combustión y desinflado en parte la tensión acumulada. New Scotland Yard ha pedido a la alta funcionaria que se limite a publicar “referencias mínimas” sobre aquellas partes del informe que podrían afectar a las investigaciones en curso.

La Policía se descarga a sí misma de toda responsabilidad, al asegurar a la vez que ni ha pedido que se retrase la publicación, como habían sugerido algunas informaciones, ni tiene inconveniente en que se den a conocer los detalles de otros encuentros y reuniones en Downing Street que no supusieron un presunto quebranto de la ley. Gray está desesperada por quitarse de las manos un informe que tenía finalizado el pasado miércoles, pero su prestigio profesional depende en gran medida de que no cunda la sospecha de un resultado final aguado y edulcorado, que no cuente toda la verdad a la ciudadanía.

En la actual situación de impasse, con abogados de una y otra parte peinando los detalles del texto, el consenso general es que su publicación se retrasará al menos hasta el próximo lunes, o incluso más tarde. “El informe debe ser publicado en su totalidad. Cualquier intento de esconder o suprimir detalles clave será un error”, advertía este jueves en Twitter el diputado conservador Mark Harper, uno de los más críticos con Johnson. Lo respaldaba, con un un retuiteo, Steve Baker, el parlamentario euroscéptico que orquestó la moción de censura interna contra la ex primera ministra, Theresa May; aupó a Johnson hasta Downing Street, y en los últimos días ha dado por amortizada la carrera del primer ministro.

Gray depende directamente de Johnson, como vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete. Es imparcial, pero no independiente. Debe entregar su informe directamente al primer ministro, y por eso ha filtrado sus temores a que el Gobierno decidiera editar el texto y suprimir las partes más embarazosas. Sería la versión más aséptica posible antes de que el propio Johnson acudiera a la Cámara de los Comunes, volviera a pedir perdón a los ciudadanos, aunciara una drástica remodelación de su equipo en Downing Street, e intentara pasar página. El líder de la oposición laborista, Keir Starmer, ya ha anticipado que su partido está dispuesto a usar todo los procedmientos parlamentarios a su alcance para asegurarse de que el texto sea publicado y dado a conocer a los diputados de manera íntegra. Starmer ha pedido ya en reiteradas ocasiones a Johnson que dimita “por decencia”, y lleva tres semanas explotando el escándalo de las fiestas en las sesiones de control de la Cámara de los Comunes. En cada una de ellas, Johnson se ha mostrado más desafiante y combativo. Este miércoles ya dejó claro que no pensaba dimitir, fuera cual fuera el resultado del informe sobre las fiestas, y reprochó a la oposición estar perdiendo el tiempo mientras había cosas más urgentes que atender, como la crisis entre Ucrania y Rusia.

Pero la presión ha sido tan intensa, por parte de los medios, la oposición y sus compañeros de filas más críticos, que el primer ministro se ha comprometido ya al menos tres veces ante las cámaras a publicar el texto en su integridad. Conclusión: Gray quiere evitar tanto una interferencia en la investigación policial como airear detalles privados de muchos funcionarios de bajo rango, que pudieron participar en las fiestas, pero apenas se verían obligados a pagar una multa; la policía no quiere que se contaminen sus pesquisas y se vea arrastrada al debate político, porque el público y los medios sacarían rápidamente sus propias conclusiones; la oposición y los conservadores más irritados con Johnson no quieren que el debate se cierre en falso con un informe precipitado y descafeinado; y el equipo de Johnson aprovecha la incertidumbre para seguir ganando adeptos a su causa, y convencer a los parlamentarios de sus filas más dudosos para que concedan una nueva oportunidad a su primer ministro. Muchos han reclamado ya que se ponga fin a un asunto que mantiene paralizadas decisiones económicas y políticas importantes. Si Downing Street consigue desinflar el suflé, quizá Johnson, de nuevo, vuelva a demostrar por qué muchos le llaman el Houdini de la política inglesa.

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London’s Metropolitan Police Service on Tuesday said it would investigate “a number of events” that took place in Downing Street and other government buildings during Covid-19 lockdowns in the United Kingdom in 2020 and 2021.

The announcement heaps extra pressure on prime minister Boris Johnson, who has found himself at the heart of the so-called partygate scandal amid allegations in the media that Downing Street and government staff broke Covid-19 rules on several occasions to host parties and social gatherings . EFE

prc/jt



Diputados, ministros, periodistas… todos lo que se mueven en la “burbuja política” de Westminster Whitehall, en Londres, permanecen paralizados desde primera hora de este miércoles, a la espera que la vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete, Sue Gray, entregue su informe final de la investigación en torno a las fiestas prohibidas en Downing Street. Hay un consenso general que señala que las próximas horas serán cruciales para el futuro político de Boris Johnson. El primer ministro ha comparecido este miércoles en la sesión de control de la Cámara de los Comunes para hacer frente a una nueva batería de duras críticas de la oposición laborista, sobre todo después de que en las últimas horas se conociera la decisión de la Policía Metropolitana de Londres de iniciar por su cuenta una investigación de las polémicas fiestas, en medio del confinamiento. Johnson comparece sin que el informe se haya conocido aún, porque resulta inconcebible que anuncie él mismo sus conclusiones sin haber dado tiempo a los diputados a examinarlo con detalle. Lo que ha hecho, sin embargo, es escudarse en la actual crisis de Ucrania para restar importancia al escándalo que le acosa.

La decisión del momento en que el texto se entrega corresponde a Gray, pero Downing Street se reserva la prerrogativa de revisarlo y anular aquellas partes que puedan comprometer la seguridad personal de los funcionarios implicados. Si en algún momento el equipo de Johnson se planteó publicar solo un sumario del informe, la presión de los últimos días ha hecho que se replantearan esa estrategia y anunciaran su voluntad de publicarlo íntegramente.

El líder de la oposición laborista, Keir Starmer, ha señalado la escalada de gravedad de todo el escándalo que supone el hecho de que la policía haya decidido abrir su propia investigación. Johnson, con el mismo tono desafiante que ha decidido adoptar en las últimas horas, se ha escudado en que el informe aún no es público, y que por tanto no puede comentar nada al respecto. A cambio, ha reprochado a Starmer que insista en el asunto de las fiestas mientras hay otros asuntos más importantes sobre la mesa, como la crisis de Ucrania. “El Gobierno del Reino Unido y su primer ministro está logrando unir a todo Occidente en la preparación del paquete de sanciones más duro que sea posible contra Rusia”, ha presumido Johnson. No se ha dejado ni un argumento de ataque en el cajón. Acusaba a Starmer de estar en contra del Brexit o de haber obstaculizado el fin del confinamiento o el despliegue de la campaña de vacunación. Y contaba con el respaldo del puñado de diputados conservadores fieles que mantiene, que no han cesado de gritar y abuchear a la bancada contraria.

Gran parte de los otros diputados conservadores, los que habían expresado su hartazgo con Johnson, optaron finalmente por esperar a la aparición del informe de Gray, antes de decidir si enviaban a la dirección del grupo parlamentario una “carta de retirada de la confianza”. Según los estatutos del Partido Conservador, cuando la dirección del histórico Comité 1922 (el órgano que organiza a los parlamentarios sin cargo en el Gobierno) recibe un número de cartas equivalente al 15% de los diputados, que actualmente supone 54, se activa automáticamente el mecanismo de moción de censura interna. Sería el modo de derribar, en el caso de que prosperara, a Johnson.

El político conservador y su equipo han dado señales en los últimos días de que no están dispuestos a tirar la toalla. Johnson comparecerá en la Cámara de los Comunes de inmediato, una vez publicado el informe de la investigación, para volver a pedir disculpas a la nación e intentar controlar “el relato final de todo lo sucedido”, según han explicado fuentes de Downing Street. Sue Gray no tenía ni competencia ni autoridad para declarar a Johnson inocente o culpable, y se ha limitado a plasmar en su texto una relación completa de los hechos y su contradicción con las normas vigentes para combatir la pandemia. Pero también ha transmitido parte de su información a la Policía Metropolitana de Londres.

Su directora, Cressida Dick, anunciaba este martes la apertura de una investigación sobre varias de las fiestas prohibidas durante el confinamiento. Johnson se verá obligado a declarar ante los agentes que conducen las pesquisas, bien en calidad de testigo, bien en calidad de investigado (con presencia de abogado y previa advertencia de que “no está obligado a declarar en su contra”). La última vez que ocurrió algo así fue en 2006, cuando Tony Blair fue interrogado como testigo en el escándalo del intercambio de títulos honoríficos por dinero. El primer ministro conservador querrá convencer a los suyos de la necesidad de pasar página cuanto antes y concentrarse en asuntos más urgentes, como la crisis de Ucrania y Rusia, o el complicado invierno que atraviesa el país con la inflación disparada y un notable incremento del coste de la vida para muchos hogares británicos.

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El temor, expresado por varios diputados conservadores, reside en que la investigación policial se alargue, y el Gobierno esté todo ese tiempo en un estado de semiparálisis que deteriore aún más la credibilidad de Johnson y del Partido Conservador. “Esto va a arrastrarse durante varios meses, y la mayoría de nosotros quisiéramos dejarlo atrás y volver a la normalidad política. No será posible mientras Johnson permanezca en su puesto”, ha dicho el diputado conservador Robert Syms, otro de los que ya ha expresado públicamente que se está planteando enviar a la dirección del grupo parlamentario una nueva “carta de retirada de la confianza”.

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Hasta el último momento la Policía Metropolitana de Londres (la Met, o New Scotland Yard, como se conoce su sede) se había resistido a entrar en el escándalo de las fiestas prohibidas en Downing Street durante el confinamiento. En parte por la excusa de mantener la regla de no investigar infracciones en la pandemia de modo retrospectivo. En parte por esperar a las conclusiones de Sue Gray, la alta funcionaria que ha tomado las riendas de la investigación interna. Pero sobre todo, por el tremendo impacto político que tendría revestir de sospecha criminal una crisis política de tal magnitud. Hasta este martes. La directora de la policía, Cressida Dick, ha confirmado ante la asamblea municipal de Londres que su departamento investiga ya varias de las fiestas que tuvieron lugar en la sede del Gobierno. “Puedo confirmar que la Met investiga en estos momentos varios eventos que ocurrieron en Downing Street y Whitehall [como se conoce al complejo donde se concentran los principales ministerios, antiguo Palacio de Whitehall] en los últimos dos años, en relación con la posible violación de las reglas de distanciamiento social para combatir la covid-19″, ha dicho la comisaria.

La decisión, que incrementa notablemente la presión sobre Johnson, ha sido una combinación de la información compartida entre Sue Gray, la vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete que conduce las pesquisas internas, y la propia Cressida Dick. Esta última, presionada en los últimos días por la oposición laborista por su pasividad ante el escándalo, ha valorado además “las opiniones de sus propios agentes” para dar un paso tan delicado, según ha explicado.

Todo ocurre durante una semana crítica para el primer ministro. A la espera del informe de Gray, que todos daban por sentado que sería antes del viernes, aunque no tenga una fecha oficial de publicación, Johnson intenta recuperar una apariencia de normalidad, mientras su equipo transmite la idea de que nada está perdido y de que su jefe pretende plantar cara y resistir en el puesto. Las pruebas, sin embargo, se acumulan en su contra. Como la fiesta sorpresa de cumpleaños que organizó su esposa en pleno confinamiento. Carrie Symonds compró una tarta el 19 de junio de 2020 y convocó a unas 30 personas en el Cabinet Room (la sala del Consejo de Ministros con su mesa ovalada) para sorprender al primer ministro, que ese día cumplía 56 años. Entre los invitados estaba Luly Lytle, la cotizada diseñadora de interiores a la que el matrimonio Johnson había encargado la redecoración de su apartamento privado, en el número 11 de Downing Street.

Hubo comida preparada, procedente de los almacenes Mark&Spencer, y se cantó el Cumpleaños Feliz. Hasta el ministro de Economía, Rishi Sunak, a quien todas las quinielas sitúan como principal candidato a suceder a Johnson, se dejó ver por la fiesta, “aunque no fue invitado”, según uno de sus portavoces. ITV asegura que varios familiares de Johnson pasaron esa noche en Downing Street, y la fiesta se prolongó. Fuentes del Gobierno ya han admitido que los hermanos del primer ministro compartieron esa noche con él y su esposa una barbacoa en el jardín de la residencia, pero que el número de personas nunca superó el límite de seis que estaba entonces vigente.

“Un grupo del personal que trabaja normalmente en el número 10 de Downing Street se reunió brevemente en el Cabinet Room, después de una reunión, para desear al primer ministro un feliz cumpleaños. Él no estuvo presente más de 10 minutos”, aseguran los portavoces de Johnson en su respuesta oficial a las nuevas informaciones. Ya no niegan ni la celebración sorpresa, ni la tarta, ni las 30 personas convocadas en un espacio interior, ni el hecho de que todo eso ocurriera mientras las reglas, para el resto de británicos, prohibían los encuentros en sitios cerrados de individuos procedentes de distintos domicilios.

“Es completamente nauseabundo que el primer ministro dedicara esa tarde a compartir pastel con 30 amigos en un espacio interior. A pesar de que ya nada nos sorprende, todavía nos trae al recuerdo un dolor muy vivo. Mientras decenas de personas le cantaban el cumpleaños feliz, algunas familias no podían siquiera cantar juntas en recuerdo de sus seres queridos en un funeral”, ha dicho Jo Goodman, la mujer que contribuyó a fundar la asociación Justicia para los Familiares de Víctimas de la Covid-19. “Si tuviera alguna decencia, haría lo que nosotros y el resto del país le está reclamando y dimitiría”, ha exigido Goodman. “El primer ministro se ha convertido en una distracción para la nación. Mientras millones de personas luchan por pagar sus facturas, Boris Johnson y su Gobierno dedican todo el tiempo a intentar limpiar su rastro de engaños, corrupción y quebranto de la legalidad”, ha asegurado el líder de la oposición laborista, Keir Starmer.

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Fuentes de Downing Street han confirmado que la polémica fiesta de cumpleaños ya formaba parte de la investigación de Gray, y por tanto no se trata de un episodio nuevo que pudiera retrasar aún más su investigación. Sin embargo, la decisión de New Scotland Yard de entrar a investigar varias de las fiestas puede provocar un efecto inesperado: el equipo de Johnson, según ha adelantado SkyNews, retrasará la publicación del informe hasta que concluyan las pesquisas policiales, que podrían llevar semanas o meses.

La funcionaria, que en última instancia depende directamente del primer ministro, tenía previsto entregar a Johnson una copia de su informe horas antes de hacerlo público. La estrategia del político conservador y de su equipo pasaba por preparar de inmediato una intervención ante la Cámara de los Comunes en la que vuelva a ofrecer sus disculpas e intente “controlar el relato final” de todo lo ocurrido. Por eso muchas voces, comenzando por los editoriales del diario The Times, exigen la publicación íntegra del informe, y no el sumario de conclusiones que Downing Street pretendía presentar.

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