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Más de 900 civiles muertos, según Naciones Unidas, una cifra que la propia organización asume subestimada. Tres millones y medio de refugiados, seis millones y medio de desplazados internos. Un éxodo constante de personas que huyen de los ataques. Hospitales bombardeados. Escuelas destruidas. Ciudades barridas casi hasta los cimientos. La guerra de Vladímir Putin contra Ucrania cumple un mes con todo su potencial destructivo, en medio de una feroz contraofensiva de las fuerzas ucranias, que resisten —como una ciudadanía que ha aprendido a vivir bajo las bombas—, pero con un coste altísimo.

El Kremlin no obtuvo el fácil paseo para invadir Ucrania que esperaba. Con las negociaciones para poner fin a la guerra prácticamente estancadas y una lluvia intensa de sanciones occidentales que han atacado a la línea de flotación de la economía rusa, Putin mantiene la ofensiva. Sin apenas avances desde hace días y sin haber obtenido grandes victorias en la invasión, el líder ruso ha pasado a aplicar una política de tierra quemada para subyugar a Kiev en su “operación militar especial” para “desnazificar”, “desmilitarizar” y proteger a las personas rusoparlantes de un país que parece querer fulminar.

Como Mariupol, la ciudad portuaria del mar de Azov, símbolo de la guerra de Putin contra Ucrania y donde aún quedan 100.000 personas atrapadas bajo los brutales ataques contra una urbe arrasada, donde no hay agua, electricidad, calefacción y casi alimentos desde hace semanas y los combates calle a calle entre las tropas ucranias y los soldados rusos son continuos. O Chernígov, en el noreste del país, una ciudad cerca de la frontera con Bielorrusia —país que Putin utilizó como trampolín para la invasión— sometida a constantes bombardeos y prácticamente sitiada por las fuerzas rusas desde hace 12 días. La defensora de Derechos Humanos de Ucrania, Ludmila Denisova, ha denunciado este miércoles que las tropas del Kremlin han dinamitado el puente sobre el río Desna, la única vía que quedaba para la evacuación de la población civil y llevar ayuda humanitaria y que mantienen así a los habitantes de Chernígov como rehenes de su agresión militar.

Vista aérea de la destrucción de un edificio en un bombardeo en Borodianka, en la región de Kiev, el pasado 3 de marzo.
Vista aérea de la destrucción de un edificio en un bombardeo en Borodianka, en la región de Kiev, el pasado 3 de marzo. MAKSIM LEVIN (REUTERS)

Cortar los suministros básicos, las comunicaciones y cualquier cordón umbilical de las ciudades con el resto del país es el primer paso del asedio ruso. También trata de forzar su estrategia de ahogar a la población en Járkov, la segunda ciudad del país, de mayoría de población rusoparlante y a solo unos 40 kilómetros de la frontera Rusia. Las fuerzas rusas están tratando de rodearla y está bajo el fuego constante.

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El ensañamiento y la devastación están motivados por la falta de impulso de las fuerzas rusas. Con grandes problemas logísticos, de moral y de movimiento, las tropas enviadas por Putin están estancadas en el escenario ucranio. El campo de batalla del norte del país se ha mantenido prácticamente estático desde hace días. Aunque esa parálisis significa probablemente que Rusia se está reorganizando antes de lanzar operaciones ofensivas a gran escala, ha advertido el servicio de espionaje británico.

El Kremlin, que niega los ataques a civiles, ha hecho sus mayores avances en el flanco sur, donde ya controla el mar de Azov y casi toda las ciudades de la costa —Mariupol resiste, pero los analistas militares dudan de por cuánto tiempo—; también ha capturado Jersón, una ciudad portuaria de unos 290.000 habitantes, su logro más importante. Ahora, las fuerzas de Putin están tratando de avanzar hacia el este, hacia Odesa, el principal puerto de Ucrania y una ciudad largamente ansiada por el jefe del Kremlin y el nacionalismo ruso.

La batalla de Kiev

Kiev, uno de los principales objetivos militares y gran objetivo político de Putin, sigue casi intacta pese a los bombardeos que la sacuden a diario. Con todo el simbolismo que tiene la ciudad para el líder del Kremlin, que asegura que rusos y ucranios son “un mismo pueblo” y “descendientes” del primer Estado eslavo, el Rus de Kiev, un imperio medieval fundado por vikingos en el siglo IX y cuyo corazón era Kiev, una ciudad que ucranios y rusos reclaman como cuna de sus culturas, religión e idioma.

“Cada ciudad cumple un papel, pero la primera misión de Rusia es controlar Kiev. El resto de operaciones van encaminadas a apoyar esa”, comenta John Spencer, militar estadounidense retirado y reconocido experto en combate urbano. Hasta el momento, los choques no se han acercado al centro de la ciudad y se mantienen en poblaciones al norte de la capital, a unas decenas de kilómetros del centro. El Ejército ruso llegó en apenas un par de días a localidades como Bucha, Irpin o el aeródromo de Hostomel, pero en todo marzo no ha logrado ganar más terreno hacia el sur.

“Los rusos minusvaloraron los recursos y el número de tropas que les haría falta para tomar Kiev y cuando intentaron atacarla no consiguieron penetrar más allá de la periferia de la ciudad”, coincide el analista militar Jesús Román desde Kent (el Reino Unido). El vídeo grabado por un vecino en una calle de Bucha el domingo 27 de febrero, donde aparece una columna de carros de combate rusos calcinada, supuso una de las primeras sorpresas de la guerra. La grabación de varios minutos se hizo viral y sirvió para elevar la moral de los ucranios. “Rusia no ha movilizado suficientes fuerzas para controlar todas esas localidades más pequeñas”, entiende Spencer.

Un hombre arrodillado ante el cuerpo de una víctima de un bombardeo contra una zona residencial de Járkov, el 24 de febrero.
Un hombre arrodillado ante el cuerpo de una víctima de un bombardeo contra una zona residencial de Járkov, el 24 de febrero. Anadolu Agency (Anadolu Agency via Getty Images)

La amenaza de que Rusia despliegue su potencial de fuerza aérea, sin embargo, está sobre la mesa. Sería todavía más brutal. De ahí las intensas peticiones del presidente ucranio, Volodímir Zelenski, para que la OTAN imponga una zona de exclusión aérea; algo que la OTAN ya ha rechazado. Por ahora, Putin no ha podido imponerse por el aire porque la fuerza aérea ucrania, sus armas antiaéreas y los manpads (man-portable air-defense system, sistemas antiaéreos portátiles) proporcionados por sus aliados han ganado la partida desde tierra. Pero con sus ataques constantes a las infraestructuras militares y civiles básicas, como aeropuertos, puentes, almacenes, estaciones de tren, el Kremlin quiere también arrebatar a Kiev una ventaja logística que le ha permitido resistir durante un mes.

“Putin ha minusvalorado el potencial de las tropas ucranias y el deseo de combatir de la población”, opina el analista Spencer. “Ha sido un gran error de los rusos el continuar moviendo tanques sin apoyo de infantería y un gran éxito para los ucranios haber destruido tantos tanques” sin los que es casi imposible tomar ciudades, añade el experto estadounidense. Sin embargo, la lucha por las ciudades, con algunas excepciones, suelen ser campañas de desgaste y un nivel muy alto de destrucción. “Si Moscú trata de tomar Kiev, veremos muchísima destrucción”, pronostica Jesús Román.

Para Román, “ralentizar todo lo posible el avance de las tropas rusas, crear inseguridad en sus líneas logísticas y ocupar tropas en otros lugares del teatro de operaciones significa forzar a Rusia a emplear más recursos de los que les gustaría, diseminar sus esfuerzos y desgastar su voluntad de combatir. Cada día que Ucrania no pierde, Rusia no gana y una solución política está más y más cerca”.

Un hombre se despide de su esposa e hijo, a punto de partir en un tren a Lviv desde la estación de Kiev, el pasado 3 de marzo.
Un hombre se despide de su esposa e hijo, a punto de partir en un tren a Lviv desde la estación de Kiev, el pasado 3 de marzo. Emilio Morenatti (AP)

De momento, las pérdidas de Rusia son grandes. Esta semana, el diario pro-Kremlin Komsomolskaya Pravda publicó una información en la que cifraba en “9.861 los soldados muertos en acción, según el Ministerio de Defensa de Rusia”. Horas más tarde, la noticia había desaparecido por completo de la web del diario y sus responsables aseguraron que habían sido víctimas de un ataque informático. En Rusia está prohibido llamar guerra a la “operación militar especial” de Putin y también dar otros datos que no sean los oficiales del Gobierno.

Armas químicas

Estados Unidos ha elevado la advertencia, además, de que Rusia puede estar preparando ataques con armas químicas. Ucrania asegura que ya se ha usado fósforo blanco, capaz de causar quemaduras muy graves, y que tiene información de que Moscú se está moviendo para ampliar el uso de otras armas químicas o biológicas. Kiev ha dado, además, la voz de alarma de que Putin está tratando de arrastrar a la guerra a Bielorrusia, el vecino del norte de Ucrania y que el Kremlin ya usó como trampolín para la invasión, con el líder autoritario bielorruso Aleksandr Lukashenko totalmente dependiente de Moscú.

Las tropas del Kremlin no han conseguido romper las líneas de defensa ucranias, el Ejército invasor ha sufrido importantes bajas humanas y materiales y el Gobierno que lidera Zelenski ha visto reforzado su apoyo popular tras decidir quedarse en el país y mantener una frenética actividad tanto en la escena internacional como hacia sus propios ciudadanos. El líder ucranio, convertido en un símbolo para muchos, ha sido crucial para la resistencia. Ahora, cuando las conversaciones con Rusia para lograr un alto el fuego apenas se mueven, Zelenski mantiene una apretadísima agenda para recabar apoyo internacional y ha hecho llamamientos —personalizando su mensaje en cada país— en los Parlamentos de Estados Unidos, el Reino Unido, Israel, Japón, Italia y Francia. Este martes habló con el papa Francisco.

Cuando el presidente estadounidense, Joe Biden —que pese a la incredulidad de muchos alertó sobre la invasión— está viajando hacia Europa para conversar con sus aliados sobre la guerra y se prepara para aplicar nuevas sanciones a Rusia, la OTAN ha anunciado que reforzará su presencia en su flanco oriental, duplicando tropas en Bulgaria, Hungría, Rumania y Eslovaquia.

En las últimas cuatro semanas, el paisaje de Ucrania ha cambiado por completo. Las ciudades están blindadas con cientos de barreras de hormigón, metal, sacos terreros. Se han cavado trincheras e incluso en los puntos más estratégicos hay tanques apostados y francotiradores en posición. Miles de civiles armados, las milicias ciudadanas, conforman un tupido cinturón que espera a las tropas rusas y protege las infraestructuras civiles. La mayoría de los que se han quedado se han impuesto el objetivo de resistir y luchar: desde los voluntarios que reparten comida y bienes de primera necesidad o cavan trincheras hasta las personas que gestionan los refugios o las partisanas del ciberespacio. La resistencia civil se ha demostrado clave para frenar la invasión.

“Todos los soldados temen la guerra urbana. Los ucranios han hecho un gran trabajo al preparar sus ciudades para hacer que los rusos paguen un alto precio si entran”, entiende John Spencer, responsable de Guerra Urbana en el Madison Policy Forum de Nueva York.

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Rusia y Ucrania han renovado este miércoles el compromiso hasta ahora fallido de acallar las armas para que los civiles puedan escapar de cinco ciudades bajo el fuego de los combates y de varias localidades cercanas a Kiev, la capital. En total, seis corredores humanitarios que, en principio, estarán en vigor entre las 9.00 y las 21.00, hora local, ha informado la vice primera ministra de Ucrania, Iryna Vereshchuk. La tregua incluirá la asediada ciudad de Mariupol, en el sureste del país, un enclave estratégico sometido a un bombardeo constante desde hace días y donde apenas queda comida, según testimonios recogidos por EL PAÍS. La Cruz Roja ha calificado incluso de “apocalíptica” la situación que afrontan los civiles en Mariupol, según informa Reuters. La amenaza de la privación extrema no solo se cierne sobre esa urbe. La portavoz del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados en España (ACNUR), María Jesús Vega, ha señalado a este diario que, si la escalada prosigue, hasta 12 millones de ucranios necesitarán en breve ayuda humanitaria para sobrevivir.

En una declaración por vídeo, Vereshchuk ha confirmado que las fuerzas armadas ucranias habían acordado dejar de disparar en las zonas acordadas como corredores humanitarios en la franja horaria prevista para el alto el fuego e instó a las fuerzas rusas a cesar los ataques. “Hago un llamamiento a la Federación Rusa. Han asumido compromisos públicos oficiales de cese del fuego de nueve de la mañana a nueve de la noche. Hemos tenido experiencias negativas cuando los compromisos asumidos no han funcionado”, recalcó Vereshchuk.

La número dos del Gobierno ucranio aludía a los sucesivos intentos fallidos de los últimos cinco días de abrir corredores seguros para los civiles atrapados en los que ambas partes se han culpado mutuamente de no haber respetado las sucesivas treguas. El último de estos fracasos tuvo lugar este martes cuando apenas unos miles de personas lograron huir de la ciudad nororiental de Sumi (noreste) y de Irpin, en las cercanías de Kiev, a través de sendos corredores humanitarios, según datos oficiales de las autoridades ucranias. El Gobierno ucranio acusó posteriormente a las fuerzas rusas de haber atacado esas rutas, en las que la evacuación se produjo a cuentagotas, y sobre todo, la de la ciudad asediada de Mariupol.

Las seis vías de escape seguro que deberían permitir a los civiles ponerse a salvo este miércoles discurren entre Mariupol y Zaporiyia, Enerhodar a Zaporiyia; de Sumi a Poltava; de Izium a Lozova; de Volnovaja a Pokrovsk, y desde varias ciudades alrededor de Kiev ―Vorzel, Borodianka, Bucha, Irpin y Gostomel― en dirección a la capital. De momento, se desconoce si la evacuación está transcurriendo sin incidentes. Sí se sabe, según fuentes oficiales ucranias citadas por Reuters, que algunos coches particulares han logrado abandonar Sumi y que un convoy de refugiados, compuesto sobre todo por mujeres y niños, ha salido también de Enerhodar.

De acuerdo con las autoridades ucranias y testimonios desde dentro de la ciudad, la situación más grave es la que padecen los ciudadanos de Mariupol, la urbe en la costa del mar de Azov, en el mar Negro, cuya situación la Cruz Roja ha definido como “apocalíptica”: la ciudad está completamente sitiada por los soldados rusos desde hace más de una semana, el mismo tiempo que lleva sin agua, calefacción, suministro eléctrico, cobertura móvil ni conexión a internet, y con los civiles refugiados bajo tierra para guarecerse de unos bombardeos sin tregua. Las pocas informaciones que llegan desde dentro de la urbe confirman que su casi medio millón de habitantes ya está viviendo una tragedia humana. Unas 200.000 personas están tratando de huir de la ciudad, según el Comité Internacional de la Cruz Roja.

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Yulia, contable de 50 años que consiguió huir de la ciudad este lunes a pie, ha relatado a EL PAÍS que las tiendas de la ciudad ya no tienen suministros. Los habitantes han empezado a cocinar con la nieve que recogen del suelo en fogatas improvisadas en parques y jardines. Cada vecino trae lo poco que le queda en casa para poder cocinarlo y compartirlo con el resto. “La guerra me ha enseñado que en caso de necesidad te beberías hasta el agua de los charcos”, confiesa esta ciudadana ucrania, informa Margaryta Yakovenko.

En el centro de esta importante localidad portuaria y de producción metalúrgica del sureste de Ucrania, se acumulan las ruinas de los edificios destruidos y los cadáveres. Algunos coches se han quedado abandonados en medio de la carretera con sus ocupantes muertos por proyectiles en el interior. Las autoridades están enterrando a los muertos en fosas comunes porque es imposible hacerlo de otra manera por los bombardeos continuados. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, informó el martes de que, la víspera, una niña de 6 años de Mariupol había muerto de deshidratación por no haber conseguido agua para beber.

El diputado ucranio Dmitro Gurin, citando fuentes de la oficina del alcalde de esa ciudad, ha confirmado a la cadena BBC que la situación en la urbe costera, cuyo control es clave para cerrar el acceso marítimo de Ucrania al exterior a través del mar Negro, es dramática. “Solo queda comida para tres días”, recalcó Gurin.

Este diputado sostiene que el Ejército ruso está “arrasando” la ciudad con sus misiles y ha alertado de que, a su juicio, “la Tercera Guerra Mundial ya ha comenzado”, por lo que los países occidentales no deberían dudar en decretar una zona de exclusión aérea en los cielos ucranianos.

Uno de cada cuatro ucranios precisará ayuda

La oficina en España de ACNUR ha denunciado este miércoles, en declaraciones de su portavoz, María Jesús Vega, que “si la escalada no se detiene” en un “plazo breve de tiempo” entre “diez y 12 millones de ucranios necesitarán ayuda humanitaria de urgencia para sobrevivir”; es decir, comida, agua, suministros básicos y alojamiento. Este cálculo engloba a prácticamente un cuarto de una población de algo más de 44 millones de personas. La portavoz precisa que esa cifra se refiere a personas que permanecerán en Ucrania, no a los entre cuatro y cinco millones de refugiados ―más de 2′1 millones de ucranios han salido ya del país― que ACNUR calcula que huirán de la invasión rusa de la exrepública soviética.

“Hay que tener en cuenta que, ya antes de esta guerra, eran tres los millones de ucranios que precisaban de asistencia humanitaria para sobrevivir”, recalca Vega. A esta situación ya antes de urgencia, provocada por la contienda en el este del país, en la región del Donbás, en conflicto desde 2014, “se suma ahora esta nueva guerra y unos niveles de destrucción enormes”, recalca la portavoz. Vega aboga por no olvidar que si las consecuencias económicas de esta guerra serán sin duda graves, más aún lo serán “las consecuencias humanas”. “El impacto de esta guerra en vidas humanas, en personas refugiadas, en desplazados internos y en destrucción será sin duda brutal”, recalca la portavoz de la agencia de la ONU para los refugiados.

Los corredores humanitarios se utilizan para permitir a los civiles una vía segura para escapar de la guerra. Según el Derecho Internacional Humanitario, no se trata de una concesión de los contendientes, sino de una obligación legal, establecida en la 4ª Convención de Ginebra de 1949 y en sus protocolos adicionales de 1977, que obligan a las partes a proteger a los civiles en tiempo de guerra, facilitar su retirada en condiciones de seguridad y permitir el libre paso de alimentos, material médico y otros bienes esenciales.

Estas vías de escape en teoría seguras consisten en un cese temporal de los combates para permitir la huida de la población civil por trayectos previamente acordados. El término se evocó por primera vez en los años noventa, durante la guerra de Bosnia, en la antigua Yugoslavia, cuando Naciones Unidas estableció lo que definió como “áreas seguras” para que los civiles salieran de las zonas de combate y, sobre todo, de las ciudades que, como sucede ahora en Ucrania, están bajo asedio. La Asamblea General de Naciones Unidas mencionó por primera vez de forma explícita estos corredores en 1990.

Sin embargo, organizaciones internacionales como Médicos sin Fronteras (MSF) han alertado del riesgo de que estos pasillos de salida de civiles se conviertan en un pretexto para redoblar los ataques, una vez que los corredores humanitarios se cierran, y para limpiar la imagen de quienes cometen crímenes de guerra, so pretexto de que los civiles han podido huir si así lo deseaban. En un comunicado difundido este domingo, MSF recordaba que los civiles “no deberían perder su condición” incluso si prefieren quedarse o si se ven imposibilitados de escapar y que nunca se debe atacar a los civiles, ni antes ni durante ni después del establecimiento de un corredor humanitario. La organización reclama que los pasillos humanitarios no tengan plazos y que los civiles puedan huir con seguridad en cualquier momento.

En Ucrania, muchas personas tienen además dificultades para emprender la huida: ancianos, discapacitados o simplemente personas sin medios que no tienen a dónde ir. Por ejemplo, uno de cada cuatro ucranios tiene más de 60 años, de acuerdo con la organización humanitaria HelpAge, que cita a fuentes oficiales del país. Muchos de ellos tienen problemas de movilidad, así como una mayor resistencia a dejar sus vidas atrás.

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El domingo 2 de enero en las webs del influyente semanario Expresso y de la cadena de televisión SIC, que pertenecen al grupo portugués Impresa, había un mensaje en lugar de noticias: “Los datos serán vaciados en caso de que no se proceda al pago del dinero”. La intrusión fue reivindicada por un grupo llamado Lapsus$, que unos meses antes accedió al sistema informático del Ministerio de Sanidad en Brasil. Destruyeron millones de ficheros de los dos medios de comunicación. La empresa informó de que no pagó ningún rescate.

La policía judicial aseguró que el ciberataque buscaba más alimentar el ego que la cartera. “La invasión de un gran grupo de medios es para ellos un motivo de orgullo y una forma de vanagloriarse ante sus pares. Estos movimientos tienen el gozo en conseguir entrar y destruir”, explicó una fuente policial al diario Público.

Fue el primero de una oleada de ciberataques producidos entre enero y febrero contra empresas e instituciones estratégicas de Portugal, que alcanzó cotas nunca antes observadas en el país. La web de la Asamblea de la República fue asaltada el mismo día de las elecciones, el domingo 30 de enero, aunque solo estuvo inoperativa pocos minutos. Los piratas, según la institución, no accedieron a datos esenciales. También los medios del grupo Cofina sufrieron un bloqueo en las webs de sus cabeceras, entre otras el diario más vendido en Portugal, Correio da Manhã, o la revista Sábado. Pero fue la operación contra la red de Vodafone Portugal, ocurrida a las 21.00 del lunes 7 de febrero, la que tuvo mayor envergadura y gravedad en la historia de la cibercriminalidad del país.

El apagón que impidió realizar llamadas de voz y enviar SMS fue total durante una hora y afectó a cuatro millones de clientes de la operadora de telecomunicaciones, incluidos organismos estratégicos como el Instituto Nacional de Emergencia Médica, algunos servicios de bomberos, bancos, tribunales y correos. Los servicios comenzaron a restablecerse progresivamente a partir de las 22.00, aunque los efectos se prolongaron durante varias jornadas. El presidente ejecutivo de Vodafone Portugal, Mário Vaz, consideró la agresión como “un acto terrorista y criminal” ejecutado “con el propósito seguramente voluntario e intencional de dejar a nuestros clientes sin servicio alguno”.

Las autoridades lo describieron como “el más destructivo” de todos los ocurridos en Portugal, que ha visto un crecimiento disparado de la cibercriminalidad desde que la pandemia forzó una migración masiva de empresas e instituciones al mundo digital. Los datos del gabinete de cibercrimen de la Fiscalía General del Estado muestran el salto en la cifra de denuncias recibidas en dos años: de las 195 presentadas en 2019 se pasó a 1.160 en 2021.

El Centro Nacional de Ciberseguridad de Portugal, sin embargo, considera que la oleada de ataques es similar a la que registran otros países comunitarios. “Desde 2020 se ha visto una fuerte aceleración con el inicio de la pandemia y con la consecuente migración de la masa laboral para el trabajo en remoto y con el simultáneo incremento de la dependencia de las instituciones públicas y privadas de sus canales digitales”, indicaron en un comunicado.

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En abril de 2007 Estonia se convirtió en el primer país que sufría un ciberataque contra sus pilares estratégicos (bancos, medios de comunicación y empresas estatales), que tuvieron problemas para desarrollar su actividad con normalidad durante semanas. Desde entonces se han multiplicado los delitos y la percepción ciudadana sobre la inseguridad. Según el Eurobarómetro, el 76% de los europeos creen que podrán ser víctimas de algún ciberataque. Además del impacto económico que sufren los organismos afectados, los especialistas señalan que los ciberataques deterioran la confianza de los ciudadanos en sus instituciones cuando afectan a infraestructuras esenciales como las sanitarias.

El lucro, el principal móvil

Los investigadores todavía no han encontrado la motivación del ataque contra Vodafone Portugal, aunque no lo relacionan con los que afectaron a grupos de comunicación, al Parlamento o a la empresa de laboratorios Germano de Sousa, el último de entidad registrado en el país, que impidió la labor de la empresa durante varios días. Sin embargo, el fiscal responsable de cibercrimen, Pedro Verdelho, considera que la ofensiva contra la compañía de telecomunicaciones no puede verse como una operación para alimentar la vanidad de hackers. “Hoy en día los grandes ataques informáticos vienen del crimen organizado puro y duro”, afirmó al diario Público. El lucro se ha convertido en el principal móvil de esta actividad ilegal.

Según publicó el semanario Expresso, el 24 de enero en un foro ruso de transacciones a menudo ilícitas un hacker anunció que vendía el acceso a una compañía de telecomunicaciones portuguesa. El punto de partida de la subasta era 2.100 euros. Esta es una de las pistas que estudia la policía portuguesa para aclarar la operación contra Vodafone.

Un informe del Parlamento Europeo señalaba que ya en 2019 el 86% de las infracciones digitales estaban motivadas por fines económicos frente a un pequeño porcentaje promovido para espionajes. “El número, complejidad y escala de los incidentes en ciberseguridad está creciendo, y también su impacto económico y social”, sostienen.

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La cumbre de la UE con la Unión Africana, celebrada este jueves y viernes en Bruselas, ha sido escenario de un nuevo incidente machista. Durante los saludos protocolarios con los jefes de Estado africanos, en la primera jornada este jueves, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, sufrió un desaire machista ante la pasividad del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, que recuerda a un episodio anterior.

El incidente tiene potencial para convertirse en un nuevo sofagate, aquel episodio de hace un año en el que, durante una visita al presidente Recep Tayyip Erdogan en Ankara, la presidenta de la Comisión fue relegada a sentarse en un sofá mientras el presidente del Consejo ocupaba una silla junto al dirigente turco: Michel no reaccionó entonces ante la desigualdad de trato, y las acusaciones de machismo le persiguen hasta hoy.

En esta ocasión, el protagonista ha sido el ministro de Asuntos Exteriores de Uganda, Jeje Odongo, quien durante el saludo de protocolo y el posado para la foto ha pasado de largo sin estrechar la mano ni dirigir una sola palabra a Von der Leyen –le hace un leve gesto de saludo, casi imperceptible– y se ha ido en cambio directo a saludar, con fuerte apretón de manos, y a conversar con los dos hombres que acompañaban en ese momento a la alemana: el propio Michel y el presidente francés, Emmanuel Macron.

Ante el desplante, el presidente del Consejo, que tenía la ocasión perfecta para enmendar los errores del pasado, calla y no hace nada. Es Macron quien invita al ugandés a saludar a Von der Leyen. Finalmente, Odongo se acerca a la líder alemana, y conversa brevemente con ella, pero sin darle la mano en ningún momento. Más tarde, el ugandés publicó en redes sociales una fotografía del instante en la que se le veía a él saludando solamente a Macron y Michel, con el siguiente mensaje: “Fui recibido por el presidente del Consejo Europeo y el presidente de Francia, Emmanuel Macron”. Ni rastro de Von der Leyen. El mensaje fue borrado más tarde.

“Me sentí herida y me sentí sola, como mujer y como europea”, censuró Von der Leyen en una comparecencia en el Parlamento Europeo en abril del año pasado, tras el sofagate. El episodio hizo patente la rivalidad entre las dos cabezas visibles de las instituciones europeas, pero la imagen de Ankara se convirtió sobre todo en el símbolo de las inaceptables humillaciones que muchas mujeres sufren todavía a diario en Europa. El nuevo patinazo de Michel se produce, además, a escasos cuatro meses de que el ex primer ministro belga tenga que renovar el cargo al frente del Consejo, un proceso al que se enfrenta a los dos años y medio de ser elegido.

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, es relegada a un sofá en la reunión de la UE con el líder turco. Vídeo: REUTERS

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Rara vez llega al poder el primero en levantar la daga, pero el hecho de que lo haga el ministro de Economía, el puesto con más poder en el Gobierno británico después del de primer ministro, sugiere que Boris Johnson se está acercando a sus idus de marzo. Rishi Sunak, con una aparente candidez, cuestionó públicamente el pasado jueves el comportamiento de su jefe, al ser preguntado por la presunta calumnia que Johnson lanzó a principios de la semana contra el jefe de la oposición. A Sunak se le ha unido este viernes el ministro de Sanidad, Sajid Javid, que ha elogiado a Keir Starmer.

El primer ministro había acusado a Starmer de haber evitado investigar al pedófilo Jimmy Savile durante el tiempo en que ocupó el puesto de Fiscal General del Estado. Para entender la gravedad del golpe bajo, es necesario recordar la conmoción nacional y el dolor que provocó la noticia de que el popular presentador de programas musicales de la BBC había abusado sexualmente de al menos 500 menores y mujeres. Varios diputados conservadores han tomado la decisión de reclamar abiertamente la dimisión de Johnson después de que el primer ministro se negara a rectificar sus palabras. Cuando finalmente lo hizo, el jueves pasado, su explicación fue más una excusa para justificarse a sí mismo que un perdón en toda regla a su rival político. “Entiendo que no tuvo nada que ver personalmente con la decisión (…) Me refería a su responsabilidad al frente de la organización”, intentó aclarar Johnson.

Su reticencia a dar marcha atrás debidamente provocó que Munira Mirza, la directora de Estrategia Política de Downing Street y fiel asesora de Johnson durante 14 años, abandonara el barco después de enviar una demoledora carta de dimisión a Johnson. “Eres mucho mejor hombre de lo que jamás entenderán muchos de tus detractores, y por eso resulta tan desesperadamente triste que te hayas rebajado a ti mismo al hacer una acusación tan injuriosa contra el líder de la oposición”, explicaba Mirza, frustrada porque su jefe y amigo no hubiera atendido su petición de que se disculpara como era apropiado.

Pero los dos golpes políticos más preocupantes para Johnson se los proporcionaron dos de los ministros que aspiran a sucederle y a ocupar su puesto. “Para ser honesto, yo nunca habría dicho eso, y me alegra que el primer ministro haya aclarado sus palabras”, había dicho Sunak. Poco después, el ministro de Sanidad, Sajid Javid, elogiaba públicamente el historial del laborista Starmer: “Cuando dirigió la Fiscalía hizo un buen trabajo, y merece todo nuestro respeto. Es un trabajo muy duro, merece un respeto absoluto. Y por eso el primer ministro ha salido a aclarar sus palabras”, ha dicho Javid en SkyNews. A partir de los códigos conspirativos que se han vuelto a activar en las últimas semanas en Westminster y Whitehall (como se conocen al Parlamento y a la zona donde se concentran los departamentos del Gobierno británico), mucho más importante que el elogio a las aclaraciones de Johnson es el hecho de que dos de sus ministros con mayor peso político se desmarquen públicamente de su desafortunado ataque al líder de la oposición.

La foto de la cerveza

La imposibilidad de cerrar definitivamente a principios de la semana la investigación sobre las fiestas ha provocado un continuo goteo de filtraciones que mina la credibilidad de Johnson. El informe de la funcionaria Sue Gray, a pesar de su demoledora condena a los “fallos en el liderazgo”, el “incumplimiento de los estándares éticos” y el “consumo excesivo de alcohol” en Downing Street, no pudo dar detalles sobre los 16 eventos denunciados. Doce de ellos se hallan aún bajo las pesquisas de Scotland Yard, y la policía exigió a Gray que no revelara detalles que pudieran comprometer la investigación. El Daily Mirror asegura en su edición de este sábado que en al menos una de las casi 300 fotos que han llegado a manos de los agentes encargados del caso aparece Johnson con una cerveza en la mano. Se trataría de la fiesta sorpresa del 19 de junio de 2020, en pleno confinamiento, celebrada en el Cabinet Room de Downing Street, la sala con la mesa ovalada donde se reúne el Gobierno en pleno. Fue un evento organizado por Carrie Symonds, la esposa de Johnson, que concentró a cerca de 30 personas. La foto, según el tabloide, muestra al primer ministro con una lata de Estrella Damm, la cerveza catalana, en la mano. Junto a él está el propio Sunak, aunque en su caso se limita a tomar un refresco sin alcohol.

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Más de una docena de diputados conservadores han anunciado ya públicamente su decisión de enviar una “carta de retirada de confianza” al histórico Comité 1922, que organiza oficialmente los procesos de elección de líder del Partido Conservador. El número de cartas recibidas se mantiene en secreto, pero si alcanza la cifra mágica de 54 (el 15% del grupo parlamentario), se activaría automáticamente la moción de censura interna para cuestionar el liderazgo de Johnson.

Son pocas las voces, en las últimas horas, que defienden sin matices a Johnson. Y algunas de las que lo hacen resultan casi contraproducentes para su causa. Nadine Dorries, la ministra de Cultura que entró en la última remodelación de Gobierno, se ha lanzado a defender a su jefe en los medios con un ardor que ha provocado sonrojo entre sus colegas conservadores. Su argumento: todo el escándalo de las fiestas es una conspiración con la que los partidarios de permanecer en la UE y contrarios al Brexit intentan revertir esa decisión.

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El primer diagnóstico «era que tenía inflamación en la médula por el incidente de hace ocho años (cuando le dispararon)», sin embargo, podrían ser los bipolímeros. La Segura pide ayuda para encontrar una solución médica.

Noticias Cali.

Natalia Segura, la influencer conocida como ‘La Segura’, acudió nuevamente a sus redes sociales para hablar de los problemas de salud que la aquejan, y que incluso, «yo  a veces no puedo dormir, vivo con dolores» y que podría ser, efectos de los biopolímeros que se aplicó hace varios años.

«No puedo estar mucho tiempo de pie», contó entre lágrimas.

La Segura
El dolor en su columna se ha vuelto crónico, a veces no puede caminar, permanecer mucho tiempo de pie o ni siquiera dormir.

Se puso estos elementos hace 14 años, cuando aún era muy joven, «que yo en mi ignorancia no sabía que me estaba poniendo». Y pidió, «¡por Dios no lo hagan, no se las pongan más!».

Hace unos meses contó que estaba de reposo y en tratamiento médico por secuelas que tenía del atentado que le hicieron hace unos años, cuando le dispararon.

‘La Segura’, contó que no ha podido trabajar.

Aunque si ha logrado hacer unos vídeos, «necesito hacer una pausa para poderme recuperar».

En este momento, se encuentra en Medellín, donde pasará .

Mensajes de solidaridad

La influencer agradeció a quienes la han apoyado con su carrera en redes sociales, «aquí también se puede hablar de esto, de que estar mal también nos pasa».

Contó que ya tiene dos citas con dos especialistas, «soy consciente que mi diagnóstico es mucho más difícil (…) no solo soy una paciente con biopolímeros, si no me opero puedo seguir alargando este sufrimiento de dolores aterradores, si me opero pueden ayudarme a aliviarme».

Tras su vídeos, desde Greeicy Rendón hasta Lina Tejeiro, otros personajes e influencerse le enviaron mensajes de solidaridad.

El uso de biopolímeros en Colombia ha dejado no solo actrices, influencers con graves secuelas y largos procesos médicos de recuperación.

Son miles de mujeres, y muchos hombres también, enfermos, atravesando por cirugías, dolorosas sesiones de masajes, con largos períodos de incapacidad.

A pesar de las graves secuelas que puede dejar la aplicación de estos elementos, en Colombia muchos siguen aplicándoselos, y también, en clínicas de garaje y hasta en centros estéticos conocidos, los siguen poniendo.

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