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Los contactos en persona entre los equipos negociadores de Ucrania y Rusia se reanudarán esta semana tras varias rondas llevadas a cabo de forma telemática. También cambiará el escenario de las conversaciones: si anteriormente se habían llevado a cabo en Brest, en Bielorrusia, país aliado del Kremlin, ahora lo harán en Estambul, Turquía, cuyo Gobierno está haciendo amplias gestiones diplomáticas para mediar entre ambos países ―Ankara ya dio cita en la ciudad de Antalya, el 10 de marzo, a los ministros de Exteriores de los dos países en el marco de un foro internacional―. El objetivo primordial de esta ronda, según explicó el portavoz presidencial turco, Ibrahim Kalin, a la cadena CNN-Türk, es lograr un “alto el fuego inmediato” y el establecimiento de “corredores humanitarios” en las ciudades ucranias sitiadas por fuerzas rusas.

Un miembro del equipo ucranio, David Arajamia, confirmó este lunes a la agencia UNIAN que las negociaciones se iniciarían este martes. Arajamia informó luego a otra agencia de noticias, Interfax Ucrania, de que las delegaciones estaban ya de camino a Turquía, pero que “debido a dificultades técnicas” llegarán probablemente “muy tarde”.

La parte ucrania ha dicho que el ambiente de estas negociaciones entre equipos técnicos está siendo “difícil”, y Vadim Denisenko, asesor del ministro de Interior ucranio citado por Reuters, ha admitido este lunes que no espera grandes avances de esta nueva ronda en Estambul. Sin embargo, los mediadores turcos han certificado ciertos progresos. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, aseguró el viernes que Moscú y Kiev estarían muy cerca del acuerdo en cuatro apartados de las negociaciones, esto es, la renuncia ucrania a la OTAN y su neutralidad; un cierto desarme ucranio sin llegar a la completa desmilitarización; un tratado de garantías para Ucrania, y el reconocimiento y protección oficial del idioma ruso en territorio ucranio.

Crimenna y Donbás alejan el acuerdo

Los puntos más alejados en la negociación serían el estatus de Crimea, que Moscú exige ver reconocida como parte de su territorio, y de Donbás, que el Kremlin pretende alcance la independencia de Ucrania o sea anexionado a Rusia. Con todo, el jefe de la diplomacia ucrania rebajó las expectativas y dijo que, en los puntos mencionados por Erdogan, “no se ha logrado el consenso” con Rusia.

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“Garantías de seguridad y neutralidad, estatus no nuclear para nuestro país. Estamos listo para ello”, dijo el presidente ucranio, Volodímir Zelenksi, en una entrevista con varios medios independientes rusos como Meduza o Kommersant emitida este domingo. También aseguró que está dispuesto a un “compromiso” sobre Donbás, la región parcialmente controlada por rebeldes prorrusos desde 2014 y que ahora Moscú ha convertido en objetivo principal de la invasión. “Entiendo que es imposible forzar a Rusia a liberar el territorio completamente, eso llevaría a la Tercera Guerra Mundial. Por eso digo: es un compromiso. Regresen a [las posiciones] en las que comenzó y nosotros trataremos de resolver el tema de Donbás, el difícil tema de Donbás”, afirmó el líder ucranio: “Quiero terminar esta guerra. No quiero tener cientos de miles de muertos. Así que no me planteo atacar por la fuerza ni en Donbás ni Crimea. Porque entiendo que muchos miles de los nuestros morirían”.

El cambio de sede de las negociaciones por Turquía, algo que había buscado la parte ucrania dada la implicación cada vez mayor de Bielorrusia en la campaña bélica rusa, se decidió durante el fin de semana tras varias gestiones turcas. El viernes, Erdogan telefoneó a Zelenski, y posteriormente certificó que se habían producido “avances” en las posiciones negociadores. El domingo, habló por teléfono con el líder ruso, Vladímir Putin, al que convenció de trasladar las negociaciones a Estambul. La reunión celebrada el pasado 10 de marzo entre los ministros de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y ucranio, Dmitro Kuleba, en la ciudad turca de Antalya y bajo la mediación de su par turco, no dio resultados visibles, pero Ankara ha continuado sus esfuerzos de mediación e insiste en juntar a los presidentes de ambos países.

Turquía, pese a ser uno de los miembros más antiguos de la OTAN, es el único país de la Alianza que no ha secundado las sanciones contra Rusia. “No podemos romper los puentes con Moscú, de otra forma, ¿quién hablará con ellos? Nosotros hemos decidido mantener abiertos los canales”, dijo el lunes el portavoz presidencial turco, a la vez que explicó que su país está en permanente contacto con sus socios atlánticos para informarles del avance de la mediación entre Ucrania y Rusia.

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En el octavo día de ofensiva contra Ucrania de las fuerzas del presidente ruso, Vladímir Putin, delegaciones de Kiev y Moscú volverán previsiblemente este jueves a sentarse en una mesa de diálogo para tratar de alcanzar un alto el fuego. Con el asedio del ejército ruso al corazón de las ciudades ucranias, el asedio a Kiev y Járkov y el bombardeo a zonas civiles, el Gobierno de Volodímir Zelenski exige a Moscú que deje de lanzar ataques para poder avanzar en la senda del diálogo. Rusia, que ha agudizado su ofensiva ante la resistencia ucrania, no ha detenido los bombardeos y ha aumentado la violencia contra infraestructuras civiles. Los observadores internacionales tienen pocas esperanzas de que este segundo intento diplomático alcance alguna solución, pese al número de bajas rusas.

La reunión, que podría celebrarse en Bielorrusia, cerca de la frontera con Ucrania, será el segundo intento de establecer un canal diplomático entre Ucrania y Rusia. El primero, el lunes no solo no llegó a un acuerdo concreto sino que, en plena reunión, Putin bombardeó el centro de Járkov, la segunda ciudad más poblada de Ucrania, atacando inmuebles residenciales.

La seguridad de la delegación ucrania correrá a cargo de los servicios especiales del líder autoritario bielorruso Aleksandr Lukashenko, según Kiev, pese a que parte de las tropas de Putin están entrando desde territorio de Bielorrusia, donde hace un mes Rusia empezó a concentrar también tropas para, supuestamente, hacer maniobras militares conjuntas con Minsk.

Las tropas de Putin no están teniendo un avance tan rápido como el planeado por el Kremlin. El Ministerio de Defensa reconoció este miércoles por primera una cifra oficial de víctimas propias, 498 muertos y 1.597 heridos, para desmentir “las incalculables pérdidas” que les atribuye “la desinformación occidental”. La cifra, que aún así es tres veces menos que la cifra de soldados rusos que Ucrania dice que ha eliminado, es casi cinco veces sus pérdidas totales en Siria y subraya el nivel de resistencia que han enfrentado las fuerzas rusas en Ucrania. En Siria, ademas, Moscú envió paramilitares, que también se sospecha que están infiltrados en territorio ucranio y que esperan el momento para intervenir, según los servicios secretos ucranios y de Estados Unidos.

Mientras se espera la mesa de diálogo, el coste humano y económico y de la guerra es inmenso: cientos de víctimas civiles y casi un millón de refugiados, la mayor crisis de Europa de este siglo. Está por ver si las sanciones que ahogan y obstaculizan ya la economía rusa conducen a Moscú a acordar un alto el fuego. Putin, que asegura que tiene el objetivo de “desnazificar” ucrania, quiere la rendición de Kiev y la renuncia del Gobierno. El presidente Zelenski dice que está abierto a hablar sobre el estatus de Ucrania como un país neutral (lo que cortaría sus posibilidades, ya lejanas, de unirse a la OTAN), pero que no claudicará.

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Kiev denuncia además crímenes de guerra por parte de la fuerzas rusas. “Muchas de nuestras ciudades y pueblos ahora sufren el terror ruso”, dijo Oleksii Reznikov, ministro de Defensa ucranio y jefe de la delegación negociadora de Kiev. Zelenski dice que ha recibido “algunas señales” de Rusia, cada vez más aislada por la comunidad internacional, pero que el resultado es incierto. “Hasta el momento no tenemos el resultado que nos gustaría. Rusia ha expresado sus puntos, nosotros los nuestros para poner fin a la guerra. Recibimos algunas señales”, comentó esta semana el líder ucranio, que volvía denunciar los ataques rusos y el encarnizamiento de Putin contra zonas civiles y el asedio a ciudades y pueblos. “Rusia quiere presionar con ese método poco astuto pero que no pierda el tiempo. Esa táctica no funciona con nosotros”.

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Representantes de Armenia y Turquía se han reunido este viernes en Moscú para tratar de normalizar las relaciones entre ambos países, en su primer encuentro en muchos años. Esta primera ronda de conversaciones entre dos Estados sin lazos diplomáticos busca marcar la pauta para reabrir la frontera entre Turquía y Armenia (que comparten una linde de unos 300 kilómetros), que ha estado cerrada tres décadas; algo que podría impulsar el comercio y el transporte.

La reunión entre los representantes especiales designados por Armenia, el vicepresidente del Parlamento Ruben Rubinyan, y Turquía, el exembajador en Estados Unidos Sedar Kilic, transcurrió “en una atmósfera positiva y constructiva”, según han coincidido en señalar en comunicados separados. Los enviados a Moscú se limitaron a compartir sus ideas “preliminares” respecto al proceso, según indicó el Ministerio de Exteriores turco en un comunicado. Con todo, Ankara y Ereván siguen comprometidos a “continuar las negociaciones sin precondiciones” y con la vista puesta en una “total normalización de las relaciones”, señala la nota turca.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Armenia afirmó que espera que la cita de Moscú conduzca al establecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de fronteras cerradas desde 1993. La reunión consolida, además, el papel de Rusia –que también ha firmado el acuerdo de alto el fuego entre Ereván y Bakú en la guerra de Nagorno Karabaj de 2020— como mediador y su influencia en el Cáucaso sur.

Pese al doloroso pasado que comparten –la moderna Armenia fue fundada como refugio de miles de armenios que huyeron del genocidio iniciado en 1915 por el Imperio otomano-, Turquía fue uno de los primeros países en reconocer a la actual República de Armenia tras su independencia de la Unión Soviética en 1991. Sin embargo, Ankara, que no reconoce el genocidio armenio, congeló las relaciones y cerró su frontera con Armenia dos años más tarde en solidaridad con Azerbaiyán, país tradicionalmente aliado a Turquía pues comparte numerosos lazos culturales y lingüísticos.

El bloqueo turco a Armenia se produjo cuando, durante la primera guerra por Nagorno Karabaj (territorio internacionalmente reconocido como parte de Azerbaiyán pero poblado mayoritariamente por armenios y que exigía su independencia), las fuerzas armenias conquistaron Kelbajar, provincia fuera del Karabaj, lo que provocó un éxodo masivo de azerbaiyanos.

Más tarde, en 2008, se produjo un deshielo diplomático cuando las eliminatorias para el Mundial de fútbol de Sudáfrica encuadraron a Turquía y Armenia en el mismo grupo. El entonces presidente turco, Abdullah Gül, viajó a Ereván y mantuvo reuniones con su homólogo armenio, Serzh Sargsián, que abrieron las puertas a una posible normalización de las relaciones. Sin embargo, el proceso naufragó al año siguiente tras las presiones de Azerbaiyán, que llevó a cabo importantes inversiones en el sector energético turco y argüía que, antes de dar pasos hacia la apertura, Armenia debía devolver a Azerbaiyán el territorio de Nagorno Karabaj y las provincias circundantes ocupadas durante el conflicto de inicios de la década de 1990.

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En la guerra de 2020, Azerbaiyán recuperó parcialmente el control del Nagorno Karabaj y totalmente el de las provincias de mayoría azerbaiyana que lo rodean. Ahora, Ankara considera que se han levantado los obstáculos a la normalización entre ambos países. Las conversaciones tienen por ahora un tinte práctico, sin entrar en los conflictos históricos, como el genocidio armenio.

De producirse la reapertura de las fronteras, Armenia podría obtener beneficios económicos, ya que las rutas podrían usarse por no solo por parte de Turquia, sino también por Irán y hasta por Azerbaiyán. Mientras, Ankara cree que el deshielo beneficiaría a sus posibilidades económicas en el Cáucaso, incluida Armenia (el Gobierno de Ereván levantó recientemente un embargo a los productos turcos decretado en protesta por el apoyo militar turco a Azerbaiyán durante la última guerra del Karabaj).

Además, como parte del acuerdo de paz entre Ereván y Bakú se establecerá un corredor ferroviario que unirá Azerbaiyán con su enclave de Najicheván (separados por territorio armenio), algo que pretende utilizar Turquía para establecer vías de comunicación directas para transportar sus mercancías a Asia Central. Al mismo tiempo, se espera que los intercambios comerciales a través de la nueva frontera mejoren la situación económica tanto de la zona oriental de Turquía (la más pobre del país) como de Armenia.

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