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Cuando Maria Semionova escuchó las noticias sobre los primeros ataques de las fuerzas de Vladímir Putin contra Ucrania se echó a temblar. Después, rompió a llorar. Tiene casi 86 años y con la invasión del Kremlin ya ha vivido tres guerras. Ahora, esta técnica comercial que siente algo de nostalgia por la “seguridad” de la Unión Soviética teme que la violencia que ya asola ciudades del este del país y del sur llegue con fuerza a Dnipró, en el centro. Tiene pánico a padecer otra ocupación como la que vivió de niña, cuando los soldados de la Alemania nazi y sus aliados tomaron su pueblo, muy cerca de Krivói Rog, la ciudad del presidente Volodímir Zelenski. Los recuerdos de aquella época, cuenta, le revuelven el estómago. “¿Qué más puede sufrir este país? Es tan injusto. Yo he vivido guerras, mi hija y mi nieto también. Cuántas generaciones más”, se lamenta.

En menos de 100 años, Ucrania ha vivido una hambruna planificada por el régimen comunista de Iósif Stalin —el Holodomor, “muerte por hambre” en ucranio—; la Segunda Guerra Mundial; la guerra del Donbás, en el Este, con los separatistas prorrusos apoyados por el Kremlin; y la invasión de las tropas enviadas por el jefe del Kremlin. Putin cree que la antigua república soviética es en realidad un país ficticio que quiere mantener bajo su órbita, y que rusos y ucranios encarnan un “mismo pueblo” al que proteger del Gobierno de Kiev, al que ha acusado de ser una panda de “nazis y drogadictos”. La guerra de Putin contra Ucrania rebasa las dos semanas y, a medida que las tropas rusas se adentran en el corazón del país, de 44 millones de habitantes, un Estado geoestratégico entre Rusia y Occidente, los ataques se vuelven más violentos y el número de bajas civiles y de refugiados no ha dejado de aumentar.

En casa de Semiónova y de su hija Svetlana Svetlova, una foto ya antigua en blanco y negro de su nieto, Igor, entonces un crío mofletudo con gorrito y bufanda, y de su esposo, metalúrgico fallecido hace siete años, ocupan un lugar de honor en la vitrina del salón. Los cuadros que ha pintado Svetlova, de 60 años, empresaria inmobiliaria y apasionada de los pinceles, adornan las paredes de la vivienda, en un barrio al este de Dnipró, una ciudad con una importante comunidad judía. “Somos una familia mixta, laicos y judíos. El argumento de Putin de que esto está gobernado por nazis es tan ridículo que ni merece un suspiro”, dice Svetlova. “Queremos democracia, liberalismo, valores europeos. El Kremlin y su propaganda trabajan de acuerdo con los manuales de entrenamiento de la Alemania nazi. Aquí queremos vivir en paz, con calma”, insiste.

Semiónova, menuda y de aspecto frágil, ha pedido a su hija que preste especial atención a la despensa estos días. No olvida nunca las historias sobre el Holodomor, que empezó en 1932, que escuchó en casa de pequeña. Tampoco Svetlova. “Mi abuela me contó que hubo una época en la que literalmente no había nada que comer, los comisarios de seguridad [soviéticos] se llevaron la cosecha. Cuando llegó la primavera al menos comían hierba”, cuenta la empresaria mientras sirve un té negro en una taza de loza en la mesita del salón.

En 2006, Ucrania declaró el Holodomor como un acto de genocidio. La hambruna, ignorada y silenciada en la URSS y también por gran parte de la comunidad internacional, fue “creada deliberadamente” por Stalin entre 1932 y 1933 para eliminar cualquier idea de autonomía en Ucrania, considerada el granero de Eurasia y percibida como una amenaza por el poder central, escribe la periodista Anne Applebaum, que ha investigado a fondo el Holodomor en su libro Hambruna roja. Applebaum cree que la hambruna unida a la represión de los intelectuales y de cualquier elemento que tuviese que ver con la cultura ucrania fue un intento del aparato de Stalin para evitar una contrarrevolución. Las autoridades ucranias estiman que 3,8 millones de personas murieron de hambre. Y después, Stalin prohibió hablar de ello.

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Fallecidos en Járkov por la hambruna en 1933. La fotografía pertenece a la colección del Museo del Holodomor de Kiev.
Fallecidos en Járkov por la hambruna en 1933. La fotografía pertenece a la colección del Museo del Holodomor de Kiev.Alexander Wienerberger

Menos de una década después, en 1941, narra Semiónova, los nazis invadieron Ucrania y tomaron prácticamente todo el país bajo su control. Los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial se han avivado estos días en su memoria. El ternero que nació muerto y cuya piel hubo que entregar a los ocupantes nazis, que llevaban un control estricto de todo; cómo su padre se fue a luchar con el Ejército Rojo y su madre fue destinada a cavar zanjas, mientras su hermano y ella quedaron a cargo de su abuelo, de 70 años. La imagen de su hermano mayor, muy alto para su edad, vestido con ropas de mujer para evitar que los nazis le obligasen a una movilización obligatoria. “Qué terribles eran las batallas. Solo quedaron las chimeneas de un pueblo, lo destruyeron todo”, relata con los ojos llorosos. “Y ahora nos enfrentamos de nuevo a fascistas, fascistas desde el Kremlin”, apostilla Svetlova.

Unos 1,5 millones de judíos ucranios fueron asesinados por los nazis y sus colaboradores (una de cada cuatro víctimas de la Shoah), la mayoría a manos de escuadrones de la muerte. En solo unos días, más de 33.000 fueron fusilados en Babi Yar, un barranco de Kiev hoy convertido en memorial contra el Holocausto y que fue alcanzado por los efectos de un ataque contra la antena de televisión de Kiev, que el Gobierno ucranio ha atribuido a Rusia. Entre cinco y siete millones de ucranios perdieron la vida en la Segunda Guerra Mundial.

Después, analiza Timothy Snyder, profesor de la Universidad de Yale y especializado en Europa Central y Oriental, llegó la represión soviética que consideró a muchos ucranios como sospechosos de colaborar con los nazis. Empezó de nuevo la política de rusificación, dice Snyder. Y durante las cuatro décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el poder central de Moscú trató de borrar la lengua y la cultura ucranias.

Hoy, en casa de Semiónova y Svetlova hacen planes por si tienen que huir. Ese escenario nunca estuvo sobre la mesa en 2014, cuando Rusia se anexionó la península ucrania de Crimea con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional, ni cuando estalló la guerra en el este contra los secesionistas alzados por Moscú que se ha cobrado en ocho años unas 14.000 vidas. Pero ahora, las tropas rusas avanzan y codician también Dnipró, de casi un millón de habitantes —antes de que empezase el éxodo por la guerra en todo el país que la ONU cifró este martes en dos millones de refugiados— y un enclave estratégico en el centro el país por su localización para el paso de suministros y sus industrias.

Mientras, la ciudad se prepara para la llegada del invasor. Hay barricadas, controles, patrullas y trampas antitanque prácticamente en cada esquina. Svetlova ha aparcado los pinceles y ahora se dedica a preparar cócteles molotov con otras voluntarias. De momento, pese a la insistencia de su hijo Igor, que vive en Israel, no se irán. “Nos esconderemos del bombardeo en un refugio antiaéreo, prepararemos cócteles molotov que los hombres les tirarán, haremos algo, lucharemos. Nosotros no vamos a ninguna parte. Mi madre sobrevivió a Hitler, mi familia sobrevivió al nazismo y ahora también sobreviviremos al fascismo y a Putin”, asegura.

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Dos azafatas saludan a los ganadores de un concurso organizado por Visa en la Copa del Mundo de fútbol, en julio de 2018 en Moscú.
Dos azafatas saludan a los ganadores de un concurso organizado por Visa en la Copa del Mundo de fútbol, en julio de 2018 en Moscú.Rebecca Blackwell (AP)

Las compañías estadounidenses de tarjetas y medios de pago Visa y Mastercard han decidido este sábado suspender todas sus operaciones en Rusia por la invasión de Ucrania y la incertidumbre económica que plantean las sanciones impuestas por la comunidad internacional contra Moscú.

El anuncio de ambas compañías se produce horas después de que el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, instara a un grupo de legisladores de EE UU a excluir a Rusia del sistema internacional de pagos. Las suspensiones anunciadas impedirán que las tarjetas Mastercard y Visa emitidas por bancos rusos funcionen en otros países y bloquearán las tarjetas emitidas en el exterior para comprar bienes y servicios rusos. En cambio, las tarjetas emitidas por bancos rusos con el logotipo Visa o Mastercard podrán seguir funcionando dentro del país porque esas transacciones están en manos de un operador local.

“Nos vemos obligados a actuar tras la invasión no provocada de Ucrania por parte de Rusia y los acontecimientos inaceptables que estamos presenciando”, ha dicho Al Kelly, presidente y director ejecutivo de Visa, en declaraciones recogidas por la agencia Reuters. “Esta guerra y la amenaza constante a la paz y la estabilidad exigen que respondamos de acuerdo con nuestros valores”.

Por su parte, Mastercard ha apelado a “la naturaleza sin precedentes del actual conflicto y el incierto entorno económico” para justificar su decisión de suspender los servicios de su red en Rusia. “Este anuncio se deriva de nuestra reciente decisión de bloquear a múltiples instituciones financieras de la red de pagos de Mastercard, tal y como exigen los reguladores a nivel mundial”, explica el comunicado de la compañía.

Los bancos más importantes de Rusia, incluido Sberbank, el mayor prestamista del país, y el banco central de Rusia, desestiman los efectos de las medidas. “Todas las tarjetas bancarias emitidas por bancos rusos seguirán funcionando hasta la fecha de expiración”, aseguró el Banco de Rusia. Sberbank añadió que podrán utilizarse “para retiradas en efectivo, hacer, transferencias usando el número de la tarjeta y para pagos en tiendas rusas, tanto online como offline”.

La retirada de Visa y Mastercard es la última medida de una amplia batería de represalias contra el Kremlin, en la que se incluyen las sanciones, pero también cancelaciones y suspensiones de actividad comercial y otros servicios, como la plataforma internacional de pagos interbancarios SWIFT, que excluyó a Rusia hace tres días. La marca de lujo Prada ha anunciado este sábado que dejará de vender en Rusia, así como la firma de equipamiento deportivo Puma. El grupo español Inditex, propietario de Zara, suspenderá temporalmente la actividad en las 502 tiendas que tiene en Rusia, igual que la cadena española de joyería Tous. El gigante IBM ha anunciado también este la suspensión temporal de actividades.

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Al boicot económico se suma una campaña de cancelaciones en el mundo de la cultura, con el veto a ilustres artistas como la soprano Anna Netrebko o el director de orquesta Valeri Gergiev, entre otros, por no retractarse de su conocido apoyo al líder del Kremlin.



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El 6 de enero de 2021, día del asalto al Capitolio, al demócrata de Maryland Jamie Raskin le esperaban en el Congreso centenares de mensajes de condolencia y las miradas de consuelo de legisladores de ambos partidos. Una semana antes, en la mañana de Nochevieja, fue encontrado en su casa de Takoma Park, al nordeste de Washington, el cuerpo sin vida de su hijo de 25 años, Tommy, junto a una nota de suicidio. Decía: “Os ruego que me perdonéis. La enfermedad venció hoy. Por favor, cuidad por mí los unos de los otros, de los animales y de los pobres del mundo. Con todo mi amor, Tommy”. La enfermedad que ganó la partida al muchacho fue la depresión. Raskin la definió con los ojos húmedos en una entrevista con EL PAÍS como “un grave y solitario problema de salud mental agravado por la pandemia, por la escandalosa irresponsabilidad de Donald Trump en su gestión de la crisis sanitaria y por todo el veneno que este inyectó en nuestro sistema político”.

La suma de ambos traumas, perder a un hijo y estar a punto de perder una democracia, sumieron al congresista, de 59 años, en una “oscuridad impenetrable” de la que, dice, pudo salir gracias al encargo de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, de liderar el segundo impeachment contra Trump, que no prosperó. Además de consuelo, aquello dio notoriedad a Raskin, y lo convirtió en una suerte de símbolo para quienes en este país creen que la democracia se halla en peligro.

Un año después, es uno de los miembros más destacados de la comisión que investiga en el Congreso los hechos del 6 de enero. Y, tras vivirlos en primera fila, y revivirlos después a través de casi 500 testimonios de personas implicadas, cree estar “cerca de determinar lo que pasó realmente” en una jornada que debía servir de rutinaria certificación del triunfo electoral de Joe Biden y acabó convertida en uno de los episodios más tenebrosos de la democracia estadounidense.

El congresista Jamie Raskin, en primer plano, dirige el equipo de encargados del 'impeachment', es decir, el grupo de legisladores que ejercerán la acusación durante el juicio a Trump.
El congresista Jamie Raskin, en primer plano, dirige el equipo de encargados del ‘impeachment’, es decir, el grupo de legisladores que ejercerán la acusación durante el juicio a Trump.JONATHAN ERNST (Reuters)

“Hubo una manifestación masiva que se convirtió en un motín. La convocatoria amparó una insurrección violenta instigada por grupos extremistas: los Proud Boys, los Three Percenters, los First Amendment Praetorians y los Aryan Nations. Vinieron a Washington con el plan de asaltar el Capitolio y eso fue lo que hicieron. Aquello derivó en un golpe”, aclaró Raskin en la entrevista, celebrada a principios de mes, durante un receso de su agitada vida parlamentaria. “Golpe’ es un término inusual en nuestro lenguaje político, porque no tenemos mucha experiencia internamente al respecto, y porque pensamos que normalmente es algo que se monta contra un presidente. Este caso era distinto: fue Trump quien urdió un golpe contra su vicepresidente Mike Pence —a quien exigió que no validara los votos del Colegio Electoral—, y también contra el Congreso. Cuando agotó todas las opciones no violentas, recurrió a la violencia”.

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Raskin acaba de publicar Unthinkable. Trauma, Truth, and the Trials of American Democracy (que, con el título de Lo imposible, está previsto que publique en septiembre en español el Berg Institute en su Biblioteca Literatura y Derechos Humanos). El libro mezcla la memoria de un duelo personal y familiar con el recuento privilegiado de unas semanas cruciales, que el autor sitúa en el contexto de la historia de Estados Unidos y de las ideas de sus grandes pensadores políticos, de Thomas Paine a William James. Por el camino, se detiene admirativamente en la figura de Abraham Lincoln, en el que pensó repetidamente durante el 6 de enero. “Lo más cerca que anduvimos [de poner nuestra democracia en peligro]”, escribe, “fue a las puertas de la Guerra Civil, en febrero de 1861, pero incluso entonces el recuento electoral de Lincoln no fue interrumpido violentamente”.

Las referencias a la contienda que partió el país en dos son frecuentes en su discurso. ¿Es porque cree, como expresan algunas voces últimamente en Estados Unidos, que podría repetirse una guerra civil? “No a la manera del siglo XIX”, opina. “Aunque si no atajamos la insurrección y la violencia del 6 de enero, corremos el peligro de volvernos mucho más como Irlanda del Norte. Podríamos asistir a una mayor violencia racial, étnica, política e ideológica en determinadas zonas, una violencia que podría manifestarse en las próximas elecciones y en determinados actos públicos”.

Raskin considera el libro como una “carta de amor” a su hijo Tommy, “que acabó convertida también en una carta de amor” a su país. “Hay veces que eliges escribir un libro. Otras, como es el caso, el libro te escoge a ti. Aquellos meses apenas dormía por las noches, así que esto me distrajo”, explicó a EL PAÍS.

Salió elegido como congresista por el condado de Montgomery, el mismo día de noviembre de 2016 en que Estados Unidos escogió a Trump para la Casa Blanca. En lugar de acudir a su inauguración presidencial, Raskin, que en cierto modo se presentó porque daba por hecho el triunfo de Hillary Clinton, organizó una marcha junto a un centenar de simpatizantes por el parque de Rock Creek, pulmón verde de Washington, en vista de la que se les venía encima: “cuatro años de anarquía oficial rampante, crueldad espectacular y narcisismo peligroso”.

Antes, y tras perseguir una carrera académica, había ejercido durante una década como senador en el Parlamento de su Estado, en el que contribuyó a sacar adelante “cien proyectos de ley” de marcado carácter progresista: de la abolición de la pena de muerte al matrimonio igualitario o la despenalización de la marihuana. En Washington, con un partido demócrata atascado por las discrepancias internas (representadas en la figura de los senadores Joe Manchin y Kyrsten Sinema), la cosa no es tan fácil. “Hemos hecho mucho [en el primer año de Biden]”, defiende. “Pero también hemos sufrido la frustración de no haber sacado adelante el Build Back Better Plan [ambicioso programa de gasto social, aún pendiente]. Muchos creyeron que estábamos ante una reedición del New Deal. Pero la realidad es otra: puede que tengamos las ambiciones de [el presidente Franklin Delano] Roosevelt, pero desgraciadamente carecemos de sus mayorías”.

“[Los demócratas] tenemos las ambiciones de Roosevelt, pero no sus mayorías”

En un ambiente tan enconado como ese, y gracias a sus intervenciones en momentos clave como el interrogatorio que le hizo al fiscal especial Robert Mueller, que condujo la investigación sobre la supuesta trama rusa que ayudó a la elección de Trump, Raskin ha logrado algo inusual: que un legislador con poca experiencia goce de popularidad en una Cámara con 435 asientos y una nómina de veteranos tan abultada. Tal vez ayude el hecho de que sea el único experto en derecho constitucional en la sala. Antes de la muerte de Tommy, también tenía fama de ser “el congresista más gracioso”. Lo que vino después de la tragedia lo convirtió en “el hombre del año” para David Remnick, director de The New Yorker, porque, escribió, “Raskin encarna la tragedia y la resiliencia de nuestro tiempo”. La revista The New Republic, por su parte, le dedicó su última portada con un rotundo titular: “El guardián de la democracia. Cómo Raskin se convirtió en el hombre clave en este momento histórico”.

Ese “momento histórico” es el 6 de enero, que el congresista reconstruye con extraordinario detalle en su libro. Acudió al Capitolio al día siguiente del entierro de Tommy, a quien define como “el mejor alumno y el mejor profesor”, además de como su “mejor amigo” y “la persona más graciosa que pueda imaginarse”. Tabitha, la pequeña de sus hijas, fruto de su matrimonio con Sarah Bloom Raskin (abogada y exsubsecretaria del Tesoro, que ahora se halla en el centro de una polémica por su designación para la Reserva Federal, a la que los republicanos se oponen por sus opiniones sobre el cambio climático) le desaconsejó que fuera al Congreso. Y como el padre desoyó el consejo, esta decidió acompañarlo. Hank, pareja de Hannah, la otra hija del congresista, también se apuntó. Cuando empezó el asalto, a Raskin lo evacuaron junto al resto de legisladores a una dependencia remota del laberíntico complejo del Capitolio. Tabitha y Hank se ocultaron durante tres horas en la oficina del líder de la mayoría demócrata en la Cámara, Steny Hoyer, representante también por Maryland.

Raskin recuerda que temió por su vida, pero sobre todo, por la de los suyos. Tras escuchar el sonido de las ventanas hechas añicos y ver en las imágenes que recibía en el móvil a tipos con banderas confederadas campar a sus anchas el edificio, creyó posible, “como todos en ese momento”, que apareciera un tirador con un fusil AR-15 y abriera fuego indiscriminadamente. Cuando la crisis pasó, lo que más le dolió fue la respuesta de su hija cuando le prometió que la traería otro día, en mejores circunstancias: “Papá, no quiero volver al Capitolio”, repuso ella.

Partidarios de Donald Trump en pleno taque al Capitolio el 6 de enero de 2021.
Partidarios de Donald Trump en pleno taque al Capitolio el 6 de enero de 2021. Shafkat Anowar (AP)

A la pregunta de qué resultados cabe esperar de la investigación del 6 de enero, el congresista responde: “Lo mejor que podría pasar es que logremos contar la historia completa y detallada y que, como consecuencia de esas revelaciones, el Partido Republicano reniegue de de Trump, lo instale en la infamia, y este pierda toda capacidad de dañar a la república estadounidense. Ahora bien, lo más probable es que demos a conocer el resultado de nuestras investigaciones, que Trump retome su control sobre el partido, y que exija a todos que le juren fidelidad. Si eso sucede, espero que millones de estadounidenses abandonen el partido”.

Lo mejor que podría pasar con la comisión del seis de enero es que las revelaciones hagan que los republicanos renieguen de Trump

En su anteúltima declaración explosiva, el expresidente dijo en un comunicado hace un par de semanas que estaba en la mano de Pence “anular los resultados electorales”. Raskin respondió entonces que, a su juicio, esa declaración facilitaba el trabajo del comité, porque delataba la implicación del magnate en la comisión de un delito. “Para empezar, porque Pence carecía de ese poder”, aclara el congresista a EL PAÍS. “Es pronto para saber si Trump volverá a presentarse en 2024. La Decimocuarta Enmienda establece que cualquiera que haga un juramento a nuestra Constitución y viole ese juramento participando en una insurrección queda inhabilitado para ocupar un cargo federal o estatal. Esa norma se promulgó tras la guerra de Secesión. Yo creo que cabría aplicarla en este caso, pero, como es lógico (y por suerte), estamos poco familiarizados con esa enmienda. Es obligación del comité ver cómo podría aplicarse”.

Y él, ¿se plantea, ahora que ha alcanzado notoriedad nacional, lanzarse a una carrera demócrata hacia la Casa Blanca? “No, no lo sé. Cuando era joven, probablemente tenía mucha más ambición que ahora. Siempre les digo a los jóvenes que es bueno tener ambición personal, pero que esa ambición debe estar conectada con la ambición pública. Yo, personalmente, tengo mucha ambición pública y mucha ambición para mi sociedad. No tanta para mí, y menos aún en estos días en los que extraño tanto a Tommy. Ha sido un año difícil para nosotros”.

Para honrar su memoria, los Raskin han promovido una docena de proyectos, de iniciativas legislativas para atajar la crisis de salud mental a premios para jóvenes activistas o programas de becas y ciclos de conferencias.

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corrientazo en Colombia subió de precio
Esto ha llevado a que también en muchos restaurantes y panaderías donde venden comida, las raciones sean menores. Ya sea que se de más de algún vegetal económico, pero menos de granos, entradas o carnes más caras. Foto referencia tomada de: @MEMPHISLO

El restaurante que pueda tratará de subirlo a $10.000 máximo pero seguramente, tendrá que disminuir la ración. Un corrientazo ya está por las nubes.

Noticias Colombia.

Por lo menos desde mitad de año en Colombia el precio del corrientazo aumentó, en parte por el paro y las dificultades para pasar los alimentos, luego la alza en verduras, carnes y otros productos se mantuvo y así mismo, ya este plato de alta demanda no volvió a bajar de $8500 y luego se disparó hasta $10.000 en muchos sitios.

Si bien todo los años con el aumento del salario mínimo, hay aumento a otros servicios, bienes y productos, en 2021 fue atípico y en 2022, pinta también una subida más de «lo normal».

En Cali, en Barranquilla, en Bogotá; Cartagena, Medellín, Villavicencio o Bucaramanga por decir algunas ciudades, se quedó por encima de los $9000.

Seco; con entradas -ya sean granos, algún pure, papás fritas, un pedazo de carne, cerdo o pollo que son las más comúnes, sopa y jugo -en algunos casos postre o un caramelo-: el famoso corrientazo.

Así se le conoce a este almuerzo que se puede conseguir casi que en cualquier barrio, pueden funcionar en restuaurantes con otras opciones, el estacionamiento de una casa acondicionado como comedero, plazas de mercado y otros.

Es el almuerzo con el que resuelven la comida del medio día muchos trabajadores, ciudadanos que salen a hacer sus diligencias o parte de los trabajadores y vendedores informales que recorren las calles.

Precios elevados

Los establecimientos están ‘acostumbrados’ a lidiar con los precios de las legumbres y algunas verduras, que son los más inestables durante todo el año, una libra de zanahoria puede costar $3000 ahora, pero la siguiente semana puede subir o bajar algunos pesos.

Sin embargo, este 2021 se dispararon los precios de las carnes y otros insumos para preparar el corrientazo.

  • Una libra de carne de caderita especial por ejemplo, en un supermercado, ya no se encuentra por menos de $10.000.

Si bien los restaurantes compran en más cantidad y por ende cada libra sale más económica, al final para ellos, también aumentó.

Esto ha llevado a que también en muchos restaurantes y panaderías donde venden comida, las raciones sean menores. Ya sea que se de más de algún vegetal económico, pero menos de granos, entradas o carnes más caras.

Cambios 

Antes en los restaurantes y establecimientos era más complejo pedir solo la bandeja sin que esto incidiera en el costo total del plato.

Es decir, si el corrientazo valía $7000 pero se pedía solo la bandeja, entonces esta costaba $5500, pero si se pedía la sopa; esta costaba $3500 o algo así.

La bandeja sola antes se podía pedir, pero no estaba entre las primeras opciones en los restaurantes, ahora, se ofrece como una opción para no dejar perder nada.

Era tal vez una forma silenciosa de evitar perder la venta de un almuerzo completo. Hoy día, hasta eso cambió.

Ya cuando los clientes llegan, de entrada les ofrecen el plato con seco, jugo y sopa, o solo la bandeja y le cuesta entre $6500 y $7500.

Es decir, el cálculo con el costo de la sopa es el mismo pero ya es parte ‘natural’ de las opciones porque se entiende que los comensales también buscan abaratar costos aún a costa, de un adecuado almuerzo.

¿Cuánto podría aumentar este apetecido plato en Colombia?, no superaría los $1500 o $2000, pero para muchos especialmente quienes devengan salario mínimo, si es un golpe al bolsillo.

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Niños y niñas se están muriendo por desnutrición en el Valle, Nariño, Atlántico y otros departamentos: Procuraduría



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Las vacunas contra la covid-19 se fabricaron en tiempo récord.

La familia de los coronavirus

Los coronavirus son una familia de virus que comparten una característica: la corona, una proteína en forma de espiga que utilizan para infectar a las células del organismo donde se hospedan.

Hay cuatro tipo de coronavirus: alfa, beta, gamma y delta.

Entre ellos, hay siete que pueden infectar a los humanos, según explican los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos.

Y entre esos siete, hay tres del grupo beta que han causado epidemias en años recientes, según datos de la Organización de la Salud (OMS):

  • El MERS-CoV, que causa el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS). Se identificó por primera vez en Arabia Saudita en 2012. Hasta marzo de 2021, se han confirmado 2.574 casos de MERS, incluyendo 885 muertes
  • El SARS-CoV, que causa el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS). Se identificó por primera vez en China en 2003. Durante ese brote se registraron 8.098 casos, incluyendo 774 muertes
  • El SARS-CoV-2, que causa la covid-19. Identificado en China en 2019, hasta el 28 de abril había contagiado a casi 150 millones de personas, incluyendo más de 3,1 millones de muertes

«Relativamente fácil»

Hoy en varios laboratorios se desarrollan iniciativas para fabricar vacunas universales contra el coronavirus.

El rápido desarrollo de las vacunas contra el SARS-CoV-2 es una muestra de que quizás no sea tan difícil lograrlo, según los especialistas.

Una de las razones es la proteína de espiga.

Cuando esta proteína ataca a una célula, hace que se produzcan unos anticuerpos neutralizantes que se adhieren al virus e impiden que infecte a la célula.

Hasta ahora, ha resultado relativamente fácil que las vacunas contra el SARS-CoV-2 estimulen el desarrollo de esos anticuerpos neutralizantes.

Estos anticuerpos tienen la capacidad de actuar en distintas variantes de un mismo virus, y podrían usarse para diseñar vacunas que actúen contra varios miembros de una misma familia de virus, como es el caso de los betacoronavirus.

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El SARS-CoV-2 tiene ciertas ventajas para el desarrollo de vacunas.

Además, hasta ahora el SARS-CoV-2 no ha mostrado una fuerte capacidad para evadir la respuesta inmune y la acción de los anticuerpos neutralizantes, según explican Dennis Burton y Eric Topol, investigadores de inmunología y medicina molecular del Instituto Scripps, en un artículo de la revista Nature.

Eso representa una ventaja respecto a otros virus como el de la influenza o el VIH, que tienen alta capacidad de producir variantes que les permiten escapar a la respuesta inmune.

Esa es una de las razones por las que aún no se ha logrado aprobar una vacuna contra el VIH; y por la que cada año es necesario actualizar la vacuna contra la influenza.

Otra señal alentadora viene de los sobrevivientes del SARS, según explica un reciente artículo de la revista Science.

En pruebas de laboratorio, se ha observado que los anticuerpos que desarrollaron estas personas pueden bloquear también la infección del SARS-CoV-2.

Con esos antecedentes, en comparación con la gripe y el VIH, desarrollar una vacuna pancoronavirus «será relativamente fácil», según dice con optimismo Barney Graham, subdirector de investigación de vacunas del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE.UU. (NIAID), citado por Science.

Graham también estuvo involucrado en el desarrollo de la vacuna contra la covid-19 de la compañía Moderna.

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Todos los coronavirus tienen la proteína espiga.

Una contra todos

Hasta el momento, ninguna candidata de vacuna pancoronavirus ha sido probada en humanos.

Sin embargo, «en uno o dos años vamos a tener muchos resultados», según le dice a BBC Mundo la doctora María Elena Bottazzi, codirectora de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston y codirectora del Centro para Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas, en Estados Unidos.

En 2016, Bottazzi trabajó en una posible vacuna pancoronavirus, pero para entonces el SARS y el MERS habían dejado de ser una urgencia y surgieron otras prioridades como el ébola y el zika. Por esa razón no tuvo recursos para seguir con sus investigaciones.

Según Bottazzi, el desarrollo de una vacuna pancoronavirus es un trabajo en etapas.

Primero, se puede aspirar a lograr una vacuna contra todas las variantes de covid-19.

Luego, se puede ampliar para que la vacuna cubra todos los betacoronavirus, o incluso también los alfa, que también pueden infectar a los humanos.

Finalmente, se podría llegar a predecir secuencias del virus para desarrollar vacunas que cubran todos los coronavirus.

«Lo ideal sería una vacuna que cubra todos los coronavirus que están presentes en humanos», dice Bottazzi, «pero también predecir lo que podría ser otro coronavirus que va a causar un brote».

En busca de la vacuna

Según explica Bottazzi, hay dos caminos para fabricar una vacuna pancoronavirus.

Una opción es desarrollar varias vacunas individuales, llamadas monovolantes, que actúen sobre un coronavirus específico, y luego combinar varias vacunas monovalentes para lograr una sola vacuna polivalante, que actúe sobre varios tipos de coronavirus.

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Una vacuna pancoronavirus podría ayudar a combatir una futura pandemia.

Esta es la tecnología que se utiliza, por ejemplo, en la vacuna pentavalente que protege a los niños contra la difteria, la tosferina, el tétanos, la poliomielitis e infecciones producidas por Haemophilus Influenzae tipo b.

La otra opción es encontrar un código genético que sea suficientemente representativo de los coronavirus, a partir del que se pueda crear una vacuna universal.

Una vez se logre alguna de estas vacunas, los laboratorios y farmacéuticas deberían evaluar si las producen y las tiene almacenadas para cuando se necesiten.

Otra posibilidad es no fabricarlas completamente sino avanzar en los estudios de seguridad y eficacia y, si llega a ocurrir la amenaza de una pandemia, comenzar a fabricarlas a partir del camino que ya se tiene avanzado.

El momento indicado

Ante el impacto de la covid-19, el desarrollo de una vacuna pancoronavirus se ha vuelto muy relevante.

En noviembre de 2020 el NIAID abrió una convocatoria de emergencia para otorgar fondos a proyectos de fabricación de vacunas pancoronavirus.

En marzo, la Coalición para Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), una organización sin ánimo de lucro que trabaja en alianza con la OMS, anunció un fondo de US$200 millones para acelerar investigaciones en el desarrollo de vacunas contra los betacoronavirus.

Según la revista Science, actualmente en el mundo hay más de 20 equipos de investigación trabajando en una candidata a vacuna pancoronavirus.

Según CEPI, varias de estas iniciativas en principio lucen prometedoras.

Una de ellas es la colaboración entre la Universidad de Nottingham, la Universidad Nottingham Trent y la farmacéutica Scancell.

Su apuesta es por una vacuna que actúa sobre la proteína espiga y sobre otra estructura del virus, llamada proteína N.

Esa proteína N es mucho menos propensa a mutar, con lo cual, si la vacuna logra actuar sobre ella, podría generar una respuesta inmune sin importar que la espiga sí haya mutado.

De esa manera, podría ofrecer protección en varios tipos de coronavirus.

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Varios equipos trabajan en el desarrollo de una vacuna pancoronavirus.

CEPI también destaca el proyecto del Instituto Tecnológico de California, donde se trabaja en una vacuna «todo en una».

Este prototipo consiste en utilizar una nanopartícula que sostiene fragmentos de la espiga de varios coronavirus.

En ensayos de laboratorio en febrero, este método mostró que puede generar anticuerpos contra varios tipos de coronavirus.

China y Cuba también trabajan en un proyecto conjunto para desarrollar una vacuna universal a la que han llamado «Pan-Corona», según informó la agencia EFE.

La técnica de esta candidata consiste en combinar fragmentos de distintos coronavirus, con el fin de generar una respuesta inmune que actúe sobre todos ellos.

Por ahora, «la urgencia es terminar de atacar el covid-19», dice Bottazzi, pero al mismo tiempo, dice que ella y los demás equipos de investigación trabajan en modo «multitasking« para lograr una vacuna pancoronavirus que ayude a prevenir una próxima pandemia.

«No hay que pensar que con resolver la crisis del covid-19 ya vamos a estar fuera del problema», concluye Bottazzi, «tenemos que seguir buscando alternativas para cualquier emergencia».


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