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La expresidenta boliviana Jeanine Áñez tras declarar ante fiscales en La Paz, el 13 de marzo de 2021.
La expresidenta boliviana Jeanine Áñez tras declarar ante fiscales en La Paz, el 13 de marzo de 2021.Juan Karita (AP)

Un día antes de que comience un controvertido juicio por su ascenso al poder el 12 de noviembre de 2019, la expresidenta boliviana Jeanine Áñez se declaró en huelga de hambre mediante una carta que su hija leyó a la prensa. Áñez está acusada de haber actuado contra la Constitución e incumplido sus deberes como senadora cuando se proclamó presidenta de Bolivia dos días después de la renuncia de Evo Morales y puede ser condenada hasta con 12 años de prisión. La exmandataria, que según sus médicos sufre depresión y otras dolencias, escribió que su “acción podrá ayudar a que la comunidad internacional entienda que [el sistema de] justicia es de Evo Morales y [del presidente] Luis Arce”.

Su defensa alega que los fiscales y jueces están parcializados en su contra por razones políticas y que han incumplido las garantías legales a las que Áñez tenía derecho, en particular la de ser procesada por la Asamblea Legislativa por su condición de exgobernante. El oficialismo no cuenta con la mayoría que necesita para eso, que es de dos tercios de los votos parlamentarios. El Gobierno de Arce asegura que el proceso cumple la ley, porque se realiza en torno a las decisiones que Añez supuestamente tomó para asumir la presidencia y, por tanto, cuando todavía no ocupaba esta investidura.

Luego de la renuncia de Morales, en la tarde del 10 de noviembre de 2019, una serie de renuncias públicas de las autoridades parlamentarias del derrocado Movimiento al Socialismo (MAS) pusieron a Áñez, que estaba al borde de la jubilación pero era la segunda vicepresidenta del Senado, en el centro de la política nacional. Parte de la oposición a Morales consideraba que la presidencia transitoria le debía corresponder a ella, así que hizo una gestión ante el Tribunal Constitucional para validar su asunción. Este emitió un comunicado de prensa en el que se señalaba que toda sucesión presidencial se debía dar de forma inmediata y automática (“ipso facto”) para evitar un vacío de poder, pero sin señalar si la sucesora debía ser la entonces senadora o alguien más.

Amparada en esta declaración y en la efervescencia de las multitudes contrarias a Morales, Áñez se proclamó presidenta cuando vio que el MAS no concedía el quorum necesario para que el asunto se considerara en el Legislativo. Antes de eso, exhortó a las Fuerzas Armadas a patrullar las calles, en un contexto de fuertes protestas en contra de la policía, que los días previos había protagonizado un motín para provocar la caída de Morales. Estos son los actos por los que ahora será juzgada junto con ocho exjefes militares y policiales. En el tiempo transcurrido desde entonces, el Tribunal Constitucional se retractó de su comunicado de prensa, que ahora considera sin valor legal. Y los principales políticos de la oposición señalaron que en las reuniones que tuvieron en esos días –que son objeto de otro proceso paralelo– recomendaron que fuera el Parlamento el que posesionara a Áñez, lo que no sucedió.

La expresidenta considera que está condenada de antemano y por eso quiere darle un significado político a su “sacrificio”. “Estoy enferma, pero mis últimas fuerzas las utilizaré para demostrar a Bolivia y el mundo que estos machos del poder no podrán borrar de la historia que cometieron fraude. Que fueron encontrados y renunciaron escapando del país”. Las protestas contra Morales comenzaron luego de que el Tribunal Electoral declarara a este ganador de las elecciones de octubre de 2019 y el candidato antagonista, el expresidente Carlos Mesa, denunciara un “fraude monumental”.

La gestión de Áñez duró menos de un año y estuvo tachonada de problemas de corrupción y violación de los derechos humanos. El hombre fuerte de este Gobierno fue el ministro Arturo Murillo, actualmente preso en Miami por lavado de dinero. Según un grupo de expertos independientes reunidos por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, algo menos de 40 personas murieron en masacres, ejecuciones sumarias y torturas policiales. Estos delitos no están siendo procesados porque el MAS no cuenta con la mayoría parlamentaria para enjuiciar a una presidente por actos que claramente haya realizado en esa condición. Según los analistas y la oposición, el juicio actual, que es por delitos relativamente menores, pretende subsanar la imposibilidad de realizar un juicio parlamentario, por lo menos en el corto plazo.

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Un grupo de 21 expresidentes hispanoamericanos de derecha, miembros de la Iniciativa Democrática de España y las Américas, se pronunciaron sobre el caso. “La expresidenta Áñez tiene derecho a gozar de un juicio en libertad, del debido proceso y de una tutela judicial efectiva”, señala su comunicado. Varios organismos de derechos humanos desconfían de la independencia de los jueces bolivianos respecto al aparato gubernamental, tanto si se trata de procesar a políticos de derecha, ahora, o de izquierda en el periodo entre 2019 y 2020. Tanto simpatizantes de la expresidenta como las organizaciones de víctimas de la represión en su gobierno planean manifestarse en contra y a favor de la condena de Jeanine Áñez.

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La presidenta electa de Honduras Xiomara Castro saluda a su llegada a la sede del Congreso Nacional este domingo en Tegucigalpa.
La presidenta electa de Honduras Xiomara Castro saluda a su llegada a la sede del Congreso Nacional este domingo en Tegucigalpa.GUSTAVO AMADOR (EFE)

No habrá luna de miel para Xiomara Castro. A cuatro días de la fecha prevista para que asuma el poder en Honduras, la presidenta electa está inmersa en su primera crisis después de que los congresistas eligieran dos juntas directivas del Parlamento —una en el edificio legislativo y otra en un club social a las afueras de Tegucigalpa— en un movimiento que revela un enfrentamiento con miembros disidentes de su partido.

Los problemas para la líder del izquierdista Partido Libertad y Refundación (Libre) se hicieron patentes el viernes cuando lo que debía ser el trámite de la elección de la junta directiva del Parlamento terminó en una trifulca con golpes y empujones después de que un veintena de diputados disidentes de la agrupación se opusieron a elegir a Luis Redondo, el designado por la mandataria electa. Esos parlamentarios optaron por apoyar a Jorge Cálix, uno de los disidentes de Libre, que también contó con los 44 votos del Partido Nacional, el movimiento político del actual presidente Juan Orlando Hernández, que lleva doce años consecutivos en el poder. Castro, que ganó las elecciones de noviembre de manera contundente, lo calificó entonces como una “traición” por parte de sus compañeros de partido díscolos y no reconoció a esa junta directiva.

Las diferencias entre ambas facciones de Libre se consumaron este domingo, el día previsto para que la elección se hiciera oficial, cuando se han juramentado dos directivas parlamentarias en paralelo. Mientras la sede del Congreso en Tegucigalpa estaba rodeada desde el sábado por seguidores de Castro que llevaban a cabo una vigilia convocada por la presidenta electa, en un club social de Zambrano, a unos 30 kilómetros al norte de Tegucigalpa, Jorge Cálix era ratificado en una sesión convocada por la junta directiva provisional electa el viernes.

En un discurso tras su nombramiento, Cálix dijo que trabajará junto con la presidenta electa pese a sus diferencias. “Nuestra agenda legislativa tiene como prioridad hacer realidad el plan de Gobierno de Castro”, aseguró.

Poco después, en la sede del Parlamento, diputados oficiales y suplentes han elegido una directiva paralela encabezada por Luis Redondo, que ha sido reconocida por Xiomara Castro. “Le invito a mi juramentación junto al pueblo el 27 de enero. Felicito a diputadas que rechazan 12 años de redes de corrupción de “Joh” (Juan Orlando Hernández): camino a saludarles en el CN (Congreso Nacional) ¡Ganamos!”, escribió en la red social Twitter.

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La designación de Redondo como el candidato de Castro a presidir el Parlamento quedó determinada antes de las elecciones de noviembre en una alianza que la mandataria electa y su esposo, el expresidente Manuel Zelaya —quien también es coordinador general de Libre—, suscribieron con el Partido Salvador de Honduras (PSH). Una de las exigencias de Salvador Nasralla, el líder de esa agrupación que obtuvo 10 diputados, era escoger al jefe del Congreso. Pero parte del partido rechazó el nombre propuesto a favor del de Jorge Cálix.

Esta nueva crisis política genera incertidumbre para la ceremonia de investidura de Castro, prevista para el próximo jueves 27. El viernes, tras los incidentes en el Parlamento, Castro dijo que haría su juramentación ante un juez civil.

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