La Segunda Guerra Mundial terminó en Países Bajos el 5 de mayo de 1945, y desde su exilio en Londres, la entonces reina Guillermina y el Gobierno holandés tenían preparado un tribunal especial para procesar a los que colaboraron con el invasor nazi. Cerca de 150.000 sospechosos fueron internados a la espera de juicio en varios centenares de campos, según los historiadores. Son los llamados foute mensen, que podría traducirse como “la gente que estuvo del lado equivocado”, y cuyos hijos cargan todavía con ese apelativo. De hecho, sienten que pagaron las culpas de los adultos que apoyaron a los ocupantes alemanes y buscan un reconocimiento del Ejecutivo, al que se han dirigido varias veces por la marginación y el estigma sufridos tras la contienda. Ello implicaría incluirles entre las víctimas oficiales de la guerra, un asunto difícil de abordar en un país cuya comunidad judía sufrió el mayor exterminio de Europa occidental.

El pasado noviembre, la exreina Beatriz acudió al 40 aniversario de la fundación de voluntarios que agrupa desde 1981 a los descendientes de los colaboracionistas (Stichting Werkgroup Herkenning). Con unos 200 miembros, han atendido en los últimos años a unas 10.000 personas que básicamente buscaban información de su pasado, y para ellos la visita revistió gran simbolismo aunque Beatriz sea ahora una princesa sin peso institucional. Sin embargo, el nuevo Gobierno, que toma posesión este mes, ha hecho saber que no hay consenso político para debatir este capítulo del pasado.

La fundación recibe alrededor de 60.000 visitas digitales al año. Según sus datos, unos 100.000 holandeses se afiliaron al Movimiento Nacional Socialista en Países Bajos (NSB, en sus siglas neerlandesas), y cerca de 25.000 lucharon con el Ejército alemán en el frente oriental. “Como hasta 1965 las familias holandesas solían tener tres niños, podría haber unos 300.000 descendientes. Es una estimación a la baja, sin sumar a los nietos. Tampoco tenemos el número de hijos de holandesas y soldados germanos”, indica la organización.

Una vez liberados, los colaboracionistas, diversos en su compromiso con los nazis, tuvieron dificultades para encontrar empleo. Algunos perdieron el derecho al sufragio durante diez años. El NSB era el único partido permitido por los nazis, que lo utilizaron como herramienta de control. Tenía su propio grupo paramilitar para cooperar en la persecución de los judíos y contra la resistencia, y apoyó la explotación económica nacional en favor del Tercer Reich.

Para los hijos de los que colaboraron, aquella etapa se envolvió en sus familias en un silencio que duró décadas. Es el caso de la madre de Rosanne Buis, que era hija de miembros del NSB. El abuelo de Buis era médico y tenía cuatro hijos. “Mi madre formaba parte de las juventudes del partido, y la familia se marchó a Alemania en 1944, cuando se pensaba ya que los ingleses y los canadienses ganarían la guerra. Contaba 17 años y la llevaron como enfermera a Austria. Acabada la contienda huyó para regresar a Países Bajos a finales de junio de 1945″, explica Buis en conversación telefónica. A su madre la internaron en un campo en septiembre de ese año “y allí abusaron de ella; estaban en muy malas condiciones”. La casa familiar fue confiscada y sus abuelos empezaron de nuevo sin mencionar lo ocurrido. “Cuando yo llegué a la veintena me lo contó todo. Después dijo que no volvería a hablar. Yo sí se lo he explicado a mi hija”, admite Buis. Y subraya: “Hay un trauma intergeneracional que no se percibe, y por eso queremos que se reconozcan estas historias”.

El malestar que produce aún este oscuro pasado se refleja en las cifras mismas de la guerra. En Países Bajos murieron unas 280.000 personas, según el Museo de la Resistencia de Ámsterdam. Apenas unas decenas de miles de los cerca de 140.000 miembros de la comunidad judía nacional sobrevivieron al Holocausto ―de los 107.000 deportados a campos de concentración solo regresaron 5.000—. En el Archivo Nacional, por otra parte, hay datos de unas 500.000 personas señaladas —con y sin fundamento— por colaboracionismo, traición o crímenes de guerra. Tras la liberación, se dictaron 154 penas de muerte y hubo 39 ejecuciones. La mayoría de los detenidos por hechos considerados leves estaban en la calle a partir de finales de 1945.

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“Unas 20.000 casas propiedad de familias judías fueron confiscadas por los alemanes, y cerca de 8.000 se vendieron a miembros del NSB y otros. También les fueron arrebatadas unas 60.000 viviendas de alquiler”, señala Ronny Naftaniel, presidente del Consejo Central Judío, que representa a la comunidad holandesa. Explica, asimismo, que “la Iglesia católica, muy valiente durante la ocupación, contribuyó a la reducción o conmutación de las penas”. Y añade: “Los descendientes eran niños y la infancia debe protegerse siempre. Pero es un tema social, no un asunto del Estado. Es la sociedad la que les marginó o señaló. Hay una parte emocional que rechaza el dolor de un niño, y otra racional. Los hijos de los judíos asesinados en el Holocausto lo perdieron todo. La mayoría de los otros tenían a sus familiares”.

En el colaboracionismo hubo grados de compromiso político y moral, así como oportunismo por la crisis arrastrada desde los años treinta. “Mientras que unos estaban convencidos del ideal racista de la Gran Alemania, otros simpatizaban sin más. Durante la guerra vivían a menudo mejor que el resto de la población y eso generaba recelos”, cuenta, al teléfono, la historiadora Ismee Tames, del Instituto para el Estudio de la Guerra, el Holocausto y el Genocidio (NIOD). En su opinión, la reinserción social de este grupo era un reto considerado urgente por el Gobierno. “En los casos leves, se puso en libertad a los acusados ya en 1945. La mayoría de los menores no fueron separados de ambos padres, ya que muchas mujeres tampoco fueron internadas. En el verano de 1945, el Parlamento y el Gobierno querían que los colaboracionistas sin penas graves volvieran al trabajo, la sociedad, y al seno de sus iglesias. En los expedientes hay a veces cosas que no se sostendrían hoy ante un tribunal, en parte porque el imperio de la ley tardó algún tiempo en reafirmarse. Y esa es una de las razones por las cuales las élites políticas y religiosas prefirieron que regresaran a la vida normal”, asevera.

La antropóloga Cuny Holthuis, presidenta de la fundación de descendientes, es la menor de un matrimonio colaboracionista con siete hijos. Ella tenía apenas un año cuando sus padres —él era funcionario— se marcharon a Alemania en 1944 ante el avance aliado. Los instalaron en una especie de gimnasio y permanecieron allí unos seis meses. “Los niños podían salir, pero otros niños alemanes les llamaban traidores a la patria. Traidores a Países Bajos”, afirma. Se lo han contado sus hermanos. Volvió con cinco de ellos y con su madre. El padre siguió hasta Berlín con los dos mayores, de 9 y 11 años. Ambos chicos retornaron por su cuenta a Países Bajos. Su casa holandesa era grande, pero advierte de que estaban solos en un ambiente hostil y con la progenitora retenida. “Un día llegaron los canadienses, necesitados de un cuartel general. Cuando vieron a cinco niños llamaron al Ayuntamiento, que no sabía nada”. A partir de entonces, empezó un peregrinaje entre hogares de acogida y de conocidos. La familia se reagrupó en 1951. “Pero ya no recuperas la unidad y tampoco había ayuda psicológica”. “No se hablaba por temor al señalamiento. Progresamos por el tesón de mi madre. Con mi padre, un oportunista, perdimos el contacto”, expone.

Algunos de los hijos mayores fueron reeducados. “Era para aprender a ser un buen holandés: el que nunca lucharía contra su país o apoyaría un régimen totalitario. Visto hoy, las políticas aplicadas por el Estado y las diferentes iglesias pueden parecer duras y frías”, señala la historiadora Tames. Apunta, a su vez, que la mirada hacia la ocupación fue cambiando en los años sesenta. “El horror del Holocausto empezó a calar en general en la sociedad. El debate político sobre las víctimas de la guerra es de los setenta. Entonces, y también en los ochenta, comienza a prestarse atención a la gente con un trauma de la guerra”, concluye.

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A la izquierda, Fikret Alic, en 2017 durante el juicio a Ratko Mladic en La Haya; a la derecha, la portada de la revista 'Time' de 1992 en la que aparece. / EFE
A la izquierda, Fikret Alic, en 2017 durante el juicio a Ratko Mladic en La Haya; a la derecha, la portada de la revista ‘Time’ de 1992 en la que aparece. / EFE

El 17 de agosto de 1992, la revista estadounidense TIME publicó en portada una de esas fotografías que pronto se convierten en icono del horror. La imagen de una persona cadavérica y rodeada de gente tras una alambrada durante la guerra de Bosnia simbolizaba el regreso a suelo europeo de los campos de concentración medio siglo después del Holocausto. La fotografía ―en la que todo salvo la sonrisa de Fikret Alic remite visualmente al genocidio nazi― fue tomada por un grupo de periodistas británicos en Trnopolje, uno de los tres campos que levantaron las fuerzas serbobosnias cerca de la ciudad bosnia de Prijedor, considerada hoy uno de los principales símbolos de la barbarie en aquel conflicto.

Casi treinta años después, el pasado febrero, el presentador de un programa matutino de la televisión serbia Happy TV, Milomir Maric, y uno de sus invitados, Predrag Antonijevic ―director de la polémica película Dara de Jasenovac, candidata del país en los últimos Oscar―, mantuvieron en el programa una conversación en la que Alic fue descrito sin nombrarlo como “el flaco” que tenía “tuberculosis” y el campamento, como un lugar del que se podía salir libremente y que los serbobosnios habían instalado “para evitar que alguien matara” a los internos. “Luego lo alimentaron [a Alic], se llevaron al flaco y lo mostraron en un circo por Europa. Esa es su propaganda”, dijo Maric.

El diálogo no es un episodio excepcional en un país que, como la República Srpska (la entidad serbia de Bosnia, creada al acabar la guerra en 1995), tiene dificultades para asumir su papel en las guerras de la antigua Yugoslavia, con la permanente sensación de que los serbios son demonizados, que no se contextualizan las matanzas que cometieron en las guerras de los noventa y que se ignoran las atrocidades del enemigo. El principal líder serbobosnio, Milorad Dodik, uno de los tres presidentes rotatorios de Bosnia, considera de hecho que el genocidio de Srebrenica es “el mayor mito del siglo XX”.

Pese a no ser un episodio aislado, a Satko Mujagic, superviviente del campo de Omarska, el diálogo televisivo le pareció un escupitajo sobre su dolor que, esta vez, no quería dejar pasar. “Pensé: ‘qué más hace falta?’. Primero nos hicieron todo ese mal […]. Y, 25 años después, tengo que escuchar en la televisión pública que el lugar en el que estuve detenido no era un campo. No era gente anónima negando lo que pasó en comentarios en Internet, era la televisión estatal, seguida por cientos de miles de personas. Sentí: ‘Basta ya”, asegura desde Países Bajos Mujagic, donde rehizo su vida tras recalar como refugiado.

A la izquierda, Satko Mujagic, en el campo de Omarska en agosto de 1992, en una captura de pantalla de un vídeo grabado por la televisión serbia. A la derecha, el pasado octubre en la ciudad belga de Mechelen.
A la izquierda, Satko Mujagic, en el campo de Omarska en agosto de 1992, en una captura de pantalla de un vídeo grabado por la televisión serbia. A la derecha, el pasado octubre en la ciudad belga de Mechelen.

Mujagic, de 49 años y licenciado en Derecho por la Universidad de Ámsterdam, contactó entonces a un abogado de Belgrado conocido en el ámbito de los derechos humanos y telefoneó a Fikret Alic. Ambos acordaron presentar, junto con la Asociación de Detenidos del Campo de Kozarac (que tiene 3.200 miembros), una protesta al organismo regulador de los medios electrónicos en Serbia, REM. En su respuesta, el pasado mayo, REM reconoció la ofensa personal a Alic, pero desestimó la reclamación.

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Ante el rechazo, decidieron ir un paso más allá y acudir a los tribunales. El pasado julio, presentaron en la corte administrativa de Belgrado una demanda contra el organismo regulador para que sea obligado a reconsiderarla. Aún no ha sido resuelta, motivo por el que REM rechaza pronunciarse sobre el asunto, al considerar que “todo comentario” que hiciera “podría ser interpretado como presión sobre el tribunal y otros participantes en el procedimiento”, señala en una respuesta remitida por escrito a este periódico.

Alic, quien hoy vive en Bosnia tras una larga temporada en Copenhague, forma parte de la demanda, pero la vive con más distancia emocional. “Es lamentable ver que hoy algunos se burlan de nuestro sufrimiento y lo niegan, aunque personalmente no le presto demasiada atención, porque sé lo que vivimos. Y no es una cuestión de opinión, tal como confirmaron nuestros testimonios y los juicios en los tribunales tanto de Gran Bretaña como de Bosnia-Herzegovina. Por eso, creo que sería bueno castigar a los negadores del genocidio de cara a mirar hacia el futuro. Y para eso hace falta tener una idea clara de lo ocurrido y afrontar la verdad”, señala en una serie de mensajes en respuesta a un cuestionario.

Durante la guerra de Bosnia (1992-1995), las fuerzas serbobosnias establecieron decenas de campos, a las que trasladaron tanto a civiles como a combatientes bosniacos y bosniocroatas y en los que cometieron asesinatos y violaciones, además de dar palizas e infra alimentar a los cautivos, según dictaminó la justicia internacional. De sus meses en el de Trnopolje, Alic recuerda “la dureza de las condiciones”, pero también “el miedo constante”. “Temíamos lo que cada nuevo día podía traer y no sabíamos si sobreviviríamos. Junto al miedo, reinaban el hambre y diversas enfermedades, y vivíamos en condiciones extremadamente inhumanas”, señala.

Morir por las condiciones

Cuando Alic estaba en Trnopolje, Mujagic se encontraba en un campo cercano, Omarska, en el que murieron unas 700 de las alrededor de 6.000 personas que albergó. “Algunos, y yo vi uno con mis propios ojos, simplemente exhaustos”, recuerda Mujagic, que entonces tenía 20 años. “No teníamos suficiente comida, dormíamos en el suelo, a muchos nos pegaban, no había medicamentos ni duchas. Hasta ir al baño era peligroso. En esas condiciones, mucha gente enfermó, había disentería… En un determinado momento, las condiciones ya eran tan insoportables que la gente empezó a morir por ellas, en vez de asesinados”.

El 5 de agosto de 1992, considera Mujagic, salvó sus vidas. Fue el día en el que un grupo de periodistas británicos ―entre ellos Ed Vulliamy, quien años más tarde se convertiría en el primero desde el proceso de Núremberg en testificar en un juicio por crímenes de guerra― visitó los campos, sorprendentemente a invitación del líder político serbobosnio Radovan Karadzic. “En los días previos, los asesinatos se volvieron más sistemáticos. Llamaban cada vez a más gente para salir y se los llevaban. Luego supimos que estaban todos enterrados. No lo sabía en ese momento, pero yo estaba en el siguiente grupo”, afirma. Durante la visita periodística a Omarska, al ser preguntado por las condiciones, uno de los prisioneros respondió: “No quiero decir mentiras, pero no puedo decir la verdad”. Luego, un cámara grabó a Alic al pasar junto a Trnopolje. Días después de la publicación de la imagen, los serbobosnios retiraron el alambre de espino alrededor de los campos y mejoraron las condiciones de los internos.

Mujagic tiene hoy 49 años y trabaja para la Comisión Europea en la evaluación del cumplimiento de las reglas de la zona Schengen. Pese a esta denuncia y a otra que ha presentado contra el presidente Dodik por discriminación y delito de odio, asegura que ha levantado el pie del acelerador del activismo, al que se aferró para lidiar con el dolor. “En Omarska vimos y experimentamos cosas que no se supone que deba ver un ser humano. La vida como la conocíamos acabó allí. No recuerdo haberme reído una sola vez en cuatro años. En 1993 traté de suicidarme. Encontré trabajo rápido, lo que me ayudó mucho a estar ocupado; y formé una familia…, pero Omarska siempre estaba allí. Nunca lo superaré. Es parte de mi vida, pero ya no la domina”.

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Los casos tuvieron lugar en varios departamentos del país, las víctimas habrían sido atacadas por sus parejas actuales o antiguos compañeros sentimentales.

Noticias Colombia.

El final del año 2021 e inicio del 2022 estuvo marcado por varios hechos de violencia que tienen de luto a varias familias en el país; todos los casos por feminicidios.

Las víctimas fueron tres mujeres en diferentes departamentos del país.

Quienes fueron identificadas como Mariela Moncada, Yina Padilla, Inés Fragozo  y María del Carmen Molina respectivamente.

Caso en Santander

Desde tempranas horas de la mañana del pasado viernes 31 de diciembre las autoridades y medios de comunicación de Santander reportaban una trágica noticia.

La información llegaba desde el barrio San Bernardo en de Floridablanca.

Al interior de una vivienda se escucharon al menos tres fuertes detonaciones que aunque inicialmente se confundieron con pólvora, luego se confirmó habían sido disparos.

El ataque acabó con la vida de Mariela Moncada, una mujer de 58 años.

Autoridades aseguran que la persona que habría accionado el arma de fuego en medio de una discusión fue su esposo, Humberto Sandoval. Un policía retirado que trabajaba como escolta.

Caso en Córdoba

El otro de los casos lamentables casos que se registraron durante el final e inicio de año tuvo lugar en el barrio Pablo Sexto, de Montelíbano, durante la madrugada del 1 de enero,  tal como reportó El Heraldo.

Y es que de acuerdo a lo publicado por el diario, la situación fue reportada sobre las 4:00 de la mañana de este sábado 1 de enero, cuando una mujer identificada como Yina Padilla perdió la vida, presuntamente por parte de su excompañero sentimental.

Tercer feminicidio, en La Paz – Cesar

El tercer caso también tuvo lugar en la costa Caribe colombiana este sábado 1 de enero.

La víctima fue identificada como Inés María Fragozo, una mujer de 39 años de edad, quien habría sido atacada en medio de la celebración de Año Nuevo por parte de su compañero sentimental con un arma blanca.

La pareja tuvo dos hijas de 15 y 13 años. Tras el ataque, el sujeto fue capturado por las autoridades.

Cuarto caso en el Valle del Cauca

El cuarto caso tuvo lugar en el corregimiento Buenos Aires jurisdicción del municipio de San Pedro en el Valle del Cauca.

Allí, mientras varios en el país celebraban el Nuevo Año, una familia vivía una verdadera tragedia.

Pues frente a todos, fue sacada de su vivienda y asesinada la lideresa comunal María del Carmen Molina.

Recuerde las líneas de atención para denunciar agresiones a las mujeres:

  • Línea Nacional: 155
  • Policía Nacional: 123
  • Línea Fiscalía General de la Nación: 122, para presentación de denuncias de violencia intrafamiliar, violencias basadas en género y violencia sexual.
  • Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Línea Gratuita Nacional: 018000918080, y Línea de Protección a Niños Niñas y Adolescentes 141. WhatsApp: 3202391685, 3208655450 y 3202391320.
  • Al hacer uso de la línea 155, las mujeres pueden contactarse con otras líneas de atención como la 123 de emergencias de la policía, la 122 de denuncias de la policía o la 141 para la protección de niños, niñas y adolescentes.





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Quejas y malestar en Ulpiano Lloreda, las calles quedaron llenas de basura tras la verbena
Desde el barrio han pedido civismo, pues en el sector dejaron las calles y andenes llenos de muchos residuos, empaques, botellas de licor o recipientes de espuma carioca.

Desde el barrio han pedido civismo, pues en el sector dejaron las calles y andenes llenos de muchos residuos, empaques, botellas de licor o recipientes de espuma carioca.

Noticias Cali.

La tradicional verbena de Ulpiano Lloreda ha estado en boca de toda la ciudad y hasta otras regiones del país durante el fin de semana. La fiesta, el tema de la riña y la situación de contagios por el Covid-19 generaron una gran variedad de opiniones en torno a lo sucedido.

Noticia relacionada:

Por la actividad, no solo hubo críticas, también parecer a favor por parte de varias personas que la defendían.

Así mismo, las autoridades se refirieron al pie de fuerza de al menos 600 uniformados que estuvieron en el sector velando por la seguridad.

Las vallas que instaló la Policía Metropolitana de Cali no fueron suficientes. La gente se pasó los cordones de seguridad.

Pero que para muchos ciudadanos, «no fue suficiente».

Más allá de todo lo expuesto por las autoridades y reportado por la ciudadanía, hay otro tema que ha generado malestar en muchos.

Las calles quedaron llenas de basura

Y es que muchas calles de Ulpiano Lloreda, en donde se llevó a cabo la tradicional y popular verbena de Nuevo Año quedaron llenas de basura.

Había empaques, desechos, botellas de licor, agua, icopor y desechables en donde se vende comida rápida y hasta recipientes de la conocida espuma carioca.

Las imágenes fueron compartidas durante la tarde-noche de este domingo 2 de enero y muchas personas ha manifestado indignación.

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«¿Qué pasa señores?, ese mierd…seamos cívicos”, la queja por como quedó el estadio en Palmaseca

 

 





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La congresista republicana de Georgia Marjorie Taylor Greene fuera del Capitolio, en Washington.
La congresista republicana de Georgia Marjorie Taylor Greene fuera del Capitolio, en Washington.JIM LO SCALZO (EFE)

Twitter ha suspendido este domingo la cuenta personal de la congresista del Partido Republicano Marjorie Taylor Greene por violar en varias ocasiones las políticas de desinformación sobre coronaviurs establecidas por la plataforma. La tecnológica había bloqueado temporalmente la cuenta de la representante de Georgia en ocasiones anteriores. Greene tuiteó el sábado sobre las “cantidades extremadamente altas de muertes por la vacuna contra la covid”, lo que le supuso la suspensión permanente. Su perfil de representante del Congreso estadounidense, @RepMTG, permanece activo.

En el tuit que desencadenó la suspensión, la congresista incluyó un gráfico con información de una base de datos no verificados por el Gobierno llamada Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS, por sus siglas en inglés). Las cifras son extraídas de casos autoinformados de pacientes y proveedores de atención médica. Green se opone a las vacunas y al uso de las mascarillas. El bloqueo ocurre cuando Estados Unidos atraviesa su pico más alto de contagios impulsado por la variante ómicron y cuando no hay evidencia científica de efectos secundarios significativos y generalizados de las vacunas contra el coronavirus.

En la plataforma Telegram, Greene criticó la medida de Twitter, a la que calificó como “un enemigo de Estados Unidos” que “no puede manejar la verdad”. La republicana logró un escaño en el Congreso el pasado agosto después de una campaña basada en el apoyo irrestricto al expresidente Donald Trump, promover la falsa narrativa de que hubo fraude electoral en los comicios de 2020 y validar algunas de las teorías conspirativas del movimiento QAnon. La Cámara de Representantes aprobó en febrero apartar a Greene de sus puestos en los comités parlamentarios por abrazar teorías conspiratorias y expresar su apoyo a la violencia contra sus rivales políticos.

El pasado marzo Twitter lanzó un sistema llamado strikes (huelga), que utiliza inteligencia artificial para identificar las publicaciones sobre el coronavirus y las vacunas cuyo contenido puede ser engañoso y causar daño a los usuarios. Los primeros tres strikes provocan un bloqueo de la cuenta de 12 horas, y el cuatro, por una semana. A partir del quinto, el usuario arriesga que su cuenta sea suspendida de manera permanente en la red social. “Hemos dejado claro que, según nuestro sistema de strikes, suspenderemos permanentemente las cuentas por violaciones repetidas de la política”, ha explicado este domingo en un comunicado Katie Rosborough, una portavoz de Twitter.

Los usuarios de las cuentas sancionadas pueden presentar una apelación y potencialmente revertir la decisión de la compañía si demuestra que la publicación en cuestión es objetiva. Una de las cuentas de mayor perfil que ha suspendido Twitter es la de Trump por el riesgo de “una mayor incitación a la violencia” después de que simpatizantes del expresidente asaltaran el Capitolio el pasado 6 de enero pasado.

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El primer ministro de Sudán, Abdalá Hamdok, anunció este domingo su dimisión en un discurso televisado, 42 días después de haber alcanzado un acuerdo para regresar al poder con los miembros de la Junta militar que lo expulsaron de la jefatura del Gobierno tras el golpe de Estado del 25 de octubre.

La renuncia de Hamdok, un economista y antiguo funcionario de Naciones Unidas, se produjo al término de una nueva jornada de manifestaciones populares contra la asonada militar y en rechazo del pacto político del hasta ahora primer ministro con el líder de la Junta, Abdelfatah al Burhan. En las últimas concentraciones del domingo, horas antes del discurso de Hamdok, las fuerzas de seguridad dispararon gases lacrimógenos contra los manifestantes en Jartum, mientras las marchas de protesta se dirigían al palacio presidencial.

Al menos dos personas murieron, elevando a 56 el número de fallecidos en las protestas desde el golpe de Estado del 25 de octubre, según un comité de médicos opositores sudaneses.

Durante las dos últimas semanas se habían publicado en varias ocasiones rumores sobre la inminente dimisión de Hamdok, sobre todo tras las últimas manifestaciones, en las que murieron varios manifestantes, principalmente por disparos de bala, y se denunció incluso las violaciones de varias mujeres por partes de las fuerzas de seguridad en una de ellas.

“He decidido devolver la responsabilidad y anunciar mi dimisión como primer ministro, y dar una oportunidad a otro hombre o mujer de este país noble para ayudar a pasar lo que queda del periodo de transición hacia un país civil democrático”, dijo Hamdok en su alocución, en un reconocimiento de su fracaso a la hora de formar gobierno.

La renuncia del primer ministro ensombrece aún más el futuro político de Sudán, un país sumido en la incertidumbre tres años después de la revuelta que condujo al derrocamiento del dictador Omar al Bashir.

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Aunque no explicó explícitamente la razón por la que ha tomado esta decisión, tuvo palabras de aprecio para “los hombres y mujeres jóvenes de los comités de resistencia”, los responsables de convocar las jornadas de protesta contra el golpe de Estado y a favor de un Gobierno civil.

“Lo habéis hecho bien y vuestra firmeza fue inspiradora y dio forma a las características de un nuevo Sudán”, afirmó.

Hamdok fue nombrado primer ministro en agosto de 2019 para liderar el proceso de transición acordado entre militares y fuerzas políticas y civiles tras el derrocamiento, en abril de ese año, del dictador Omar al Bashir. Tras el golpe de Estado del pasado 25 de octubre, en el que los militares disolvieron el Gobierno y detuvieron a varios de sus miembros y otros civiles que participaban en los órganos de transición, estuvo en arresto domiciliario durante varias semanas hasta que fue repuesto en el cargo el 21 de noviembre. Ese día firmó un acuerdo con Al Burhan para formar un gobierno de tecnócratas sin la participación de los partidos y fuerzas civiles que protagonizaron las protestas que llevaron a la caída de Al Bashir y que propusieron a Hamdok en 2019 para el puesto.

La mayoría de estas fuerzas consideró el pacto como una traición del primer ministro y siguió participando en las manifestaciones en contra de los militares. Además, tras estas seis semanas, Hamdok no había formado todavía gobierno. Durante su discurso defendió que su acuerdo con los militares fue ”un intento más de llevar a las partes a la mesa de diálogo y acordar una hoja de ruta para cumplir el resto del período de transición”.

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Radamel Falcao García, jugador colombiano.

El ex atacante ‘colchonero’ volvió con su equipo el Rayo Vallecano y la gente le reconoció su exitoso paso por el club.

Noticias Colombia.

Radamel Falcao García volvió a estar cerca de la hinchada que lo vio figurar en el fútbol europeo en su mayor nivel: La del Atlético de Madrid de España.

El delantero colombiano entró al gramado del Wanda Metropolitano faltando 15 minutos para acabar el partido que finalmente perdió su equipo el Rayo Vallecano.

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Sin embargo, el resultado pasó a un segundo plano ya que Radamel fue ovacionado por los más de 50 mil espectadores que llenaron el estadio para ver actuar al cuadro colchonero que dirige el argentino ‘Cholo’ Simeone.

Al anunciar el nombre del samario por el altoparlante del estadio las tribunas enloquecieron y comenzaron a corear su nombre: «Radamel….Radamel…Radamel…», se oía en todo Wanda.

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El delantero de la Selección Colombia, devolvió el cariñoso saludo con un aplauso a las gradas.

Radamel agradeció este humilde gesto de la hinchada del cuadro colchonero con un video en sus historias de Instagram

En las imágenes se observa al ‘Tigre de Santa Marta’, ponerse de pie y aplaudir a las tribunas del Estadio Wanda Metropolitano.

Radamel Falcao García, aplaudiendo en las tribunas.

Foto de portada: @radamelfalcao

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