Las majestuosas carrozas que llenaron de arte y color al pasaje del Carnaval

Más de 17 mil personas, entre propios y visitantes disfrutaron, en su primera jornada, de la exhibición de carrozas más grande del sur de Colombia.

Noticias Nariño

El arte, la cultura y el color se tomaron el Pasaje Cultural de la Carrera 27 de Pasto con la exhibición de carrozas durante la primera jornada de este Carnaval de Negros y Blancos versión 2022.

Durante este evento, cerca de 17 mil personas, entre propios y visitantes pudieron disfrutar de esta fiesta representativa del sur del país.

“Este es el reencuentro con la alegría, el jolgorio y la lúdica de nuestra fiesta. Nos abrazamos y estrechamos nuestras manos, sin olvidar los protocolos de bioseguridad. El covid no se llevará el Carnaval”, aseguró el integrante del Colectivo Carnaval Carlos Ribert Insuasty Ruiz, Javier Vallejo Díaz.

Por su parte, el secretario de Gobierno, Carlos Bastidas Torres, sostuvo que: “A pesar de las inclemencias del clima se logró poner en marcha el Pasaje Carnaval; es importante que de aquí, hasta el 10 de enero las personas que quieran apreciar las más de cien obras, asistan cumpliendo los protocolos de bioseguridad”.

Además, destacó que la colaboración de la ciudadanía y las autoridades permitió la sana convivencia y disfrutar de una jornada en paz, donde primó el respeto por la vida y la cultura ciudadana.

Entre tanto el subsecretario de Cultura Ciudadana, Julio Cesar Ramírez, indicó: “Con nuestro equipo de trabajo les extendimos una calurosa y amable bienvenida a todas las personas que llegaron a disfrutar de nuestro Carnaval. Igualmente, los invitamos a ser tolerantes con los demás, respetar el espacio público y las zonas verdes y cuidarnos entre todos para evitar contagios”.

Las majestuosas carrozas que llenaron de arte y color al pasaje del Carnaval





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Agentes húngaros en un puesto fronterizo con Serbia, en enero de 2020.
Agentes húngaros en un puesto fronterizo con Serbia, en enero de 2020.MARKO DJURICA (Reuters)

La policía húngara disparó este jueves contra un camión en el que viajaban una treintena de migrantes. El incidente tuvo lugar después de que el vehículo acelerara para cruzar un puesto de control en la frontera con Austria. La policía austriaca detuvo a su conductor, de origen egipcio, y a los pasajeros, de nacionalidades aún desconocidas, que iban en la parte trasera del camión. Se trata de un nuevo incidente relacionado con migrantes en Hungría, país miembro de la Unión Europea que registra desde verano más de 2.000 entradas irregulares a la semana, según las cifras de la policía húngara.

Una patrulla policial había alertado de un camión, con matrícula húngara, que circulaba a gran velocidad por el pueblo de Harka hacia el borde con Austria, en la provincia de Gyor-Moson-Sopron (noroeste del país). Cuando los agentes fronterizos advirtieron el vehículo, un oficial se puso delante, indicándole que debía detenerse para el control. El conductor aceleró en ese momento, lo que obligó al policía a saltar para apartarse del camino. Entonces, su compañero disparó para tratar de frenar el camión, que terminó accidentado, según publicó la policía en un comunicado en su página web a última hora del jueves.

El pasado diciembre, siete migrantes murieron al chocar contra una vivienda el automóvil en el que se desplazaban, cerca de la frontera con Serbia. El chófer fue detenido por tráfico ilegal de personas. De enero a julio del año pasado, las autoridades húngaras impidieron el cruce ilegal de sus fronteras a más de 54.000 inmigrantes, según los datos que proporcionó en agosto pasado Gyorgy Bakondi, asesor de seguridad del primer ministro Viktor Orban. Además, durante el mismo periodo, procesaron a más de 500 acusados de tráfico ilegal de personas.

A pesar de la elevada afluencia de migrantes y potenciales refugiados a sus fronteras, Hungría tan solo registró en 2021 38 solicitudes de asilo hasta mediados de diciembre, según la Oficina Europea de Apoyo al Asilo (EASO). El país gobernado por Orbán, del partido conservador Fidesz, ha sido criticado en numerosas ocasiones por no garantizar el derecho a la protección internacional, lo que empujó a la agencia europea de bordes, Frontex, a dejar de operar en suelo húngaro en febrero del año pasado.

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Jessi Uribe, cantante.

El cantante buscó con la mirada al ladrón en medio de la multitud pero no lo halló.

Noticias Colombia.

El cantante Jessi Uribe es uno de los artistas invitados al ‘Carnaval de Blancos y Negros‘ que se lleva a cabo por estos días en el departamento de Nariño.

Tras su culminar su show en el municipio de Gualmatán, ubicado a 86 kilómetros de la capital Pasto, el cantante abordó un vehículo escoltado por personal que le brinda protección a cada evento que va el santandereano.

No se sabe con precisión si fue al momento de abordar la carro o en medio de la caminata, una persona que rodeaba al artista, extrajo su anillo que portaba en uno de sus dedos.

Vea: 

Agrupación de Jessi Uribe se accidentó tras salir de discoteca en Cali, los habrían chocado

Cuando el cantante se sentó en la silla trasera se pecató de que le faltaba la joya y alertó a sus acompañantes y a la multitud que buscaba una foto o un autógrafo suyo.

¿Lo robaron?, se preguntaban algunos, mientras que, Jessi Uribe se levantó de su asiento mirando hacia el horizonte para ver si observaba a alguien correr o con movimientos sospechosos.

Pasados varios segundos, y al no ver resultados, el artista regresa a su puesto y el vehículo que lo transportaba emprendió rumbo.

En el siguiente video se observa cuando el cantante de música popular se percata de que le falta su joya. El hecho se habría registrado en la noche del miércoles 5 de enero.

Se desconoce el precio del anillo hurtado al intérprete de «Ok», «Como si nada», «Dulce Pecado», «Repítela» y «Matemos las ganas».

Sobre este percance, el artista hasta el momento no ha querido pronunciarse en sus redes sociales.

A este lamentable hecho se suma que el pasado 30 de diciembre, el bus en el que viajaba su agrupación tras una presentación en la Feria de Cali, tuvo un accidente en una vía y termnó volcándose.

Varios de sus músicos terminaron lesionados, sin heridas de consideración y en este momento todo gozan de buena salud.

Foto de portada: Captura de video

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Jessi Uribe se sacó la espinita por las críticas y reveló la millonada que le da a sus cuatro hijos para su manutención





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Un miembro de las Fuerzas Armadas de Haití hace guardia en una de las calles de Puerto Príncipe, en Haití.
Un miembro de las Fuerzas Armadas de Haití hace guardia en una de las calles de Puerto Príncipe, en Haití.RALPH TEDY EROL (REUTERS)

Dos periodistas haitianos fueron asesinados este jueves por una pandilla de la periferia de la capital Puerto Príncipe, informó la emisora de radio en la que trabajaban los informadores. Wilguens Louissaint y Amady John Wesley fueron tiroteados y un tercer periodista que los acompañaba logró escapar, aseguró la radioemisora Radio Ecoute FM a AFP.

Los homicidios ocurrieron en Laboule 12, uno de los barrios ricos en Puerto Príncipe, y en medio de las luchas internar entre las bandas criminales en Haití. Los periodistas informaban de estos enfrentamientos por intentar hacerse del control de la zona. Una ruta que atraviesa Laboule 12 es la única alternativa para llegar a la mitad sur del país que está controlada por una de las pandillas con más poder en la isla.

Hace seis meses, el presidente Jovenel Moïse fue asesinado en su residencia privada de la capital, sumiendo a Haití en una crisis política aún más profunda y empeorando la situación de seguridad que sus habitantes deben afrontar a diario.

El país registró al menos 950 secuestros en 2021, según el Centro para Análisis e Investigación de los Derechos Humanos. Menos equipada y enfrentando a grupos criminales que poseen fuertes arsenales, la policía de Haití no ha intentado organizar ningún operativo a gran escala contra las pandillas desde marzo de 2021. El 12 de marzo cuatro policías fueron muertos al intentar una operación en un barrio de Puerto Principio utilizado por una banda para esconder a sus secuestrados.

La impunidad de las pandillas muestras las debilidades del sistema de justicia penal de Haití, donde las investigaciones rara vez tienen éxito. El asesinato en abril de 2000 del periodista Jean Dominique, el reportero más famoso de la isla en ese momento, sigue sin resolverse. En junio de 2021, el periodista Diego Charles fue asesinado, junto con un activista político de la oposición y otras 13 personas. Los responsables no han sido identificados por las autoridades.

El fotoperiodista Vladjimir Legagneur nunca regresó de un viaje que emprendió en marzo de 2018 para hacer un reportaje en el barrio Martissant, ahora totalmente controlado por pandillas. La policía aún no reveló los resultados de una prueba de ADN que dijeron que realizaría en un cuerpo encontrado pocos días después de su desaparición.

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La noticia del acuerdo opositor esta semana para prorrogar por un año más la presidencia interina a Juan Guaidó durante 2022 ha pasado desapercibida en la sociedad venezolana. El labrado consenso logrado entre los partidos democráticos, la decisión de reducir su aparato burocrático y el empeño por hacer una interpretación constitucional de sus confines, no han mitigado la sensación de intrascendencia.

Para parte importante de la opinión pública nacional, la presidencia interina es una abstracción sin contenido que ya no va a poder impulsar ninguna transición a la democracia: una entelequia que sólo se justifica para mantener los empleos y garantizar los salarios del personal que la ocupa, salpicado de acusaciones de irregularidades administrativas. Pero, a pesar del pesimismo, el desinterés y el distanciamiento emocional que se vive también en parte de los partidos opositores, el acuerdo anunciado parece indicar que, de momento, no existe un planteamiento estratégico con el cual sustituirla. Todos, incluyendo sus críticos, terminaron aprobando esta prórroga el lunes.

Pero pese a renovar su mandato un año más como presidente interino, Juan Guaidó afronta hoy su momento político más comprometido. Se ha enfriado el entusiasmo de la ciudadanía; aumentan los críticos dentro de sus propias filas; carece de instrumentos para hacerle frente al chavismo y enfrenta acusaciones por malos manejos de los recursos que administra el gobierno interino. Luce, además, particularmente expuesto frente al aparato judicial oficialista.

La extensión del mandato a Juan Guaidó, expresado en la reforma del Estatuto de Transición aprobado en 2019, fue posible gracias a que Voluntad Popular (el partido de Leopoldo López y Juan Guaidó) y Primero Justicia (el de Julio Borges y Henrique Capriles) se vieron forzados por las circunstancias a buscar un acuerdo para llegar a un punto de equilibrio que los obligara a deponer en sus aspiraciones mutuamente excluyentes.

El acercamiento es producto, entre otras cosas, de la presión ejercida por los aliados internacionales de la oposición, en particular por Estados Unidos, con la activa intermediación del resto de los partidos aliados del G-4, como se conoce a los principales grupos opositores presentes en la anterior legislatura: Primero Justicia, Acción Democrática, Voluntad Popular y Un Nuevo Tiempo.

Luego de agotar varias rondas de consultas a juristas y especialistas en derecho constitucional, Primero Justicia desistió de su intención de subordinar la gestión de Guaidó al Parlamento, controlado por la oposición en las elecciones de 2015, que hoy funciona en condiciones de semiclandestinidad.

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Voluntad Popular tuvo que transigir en que la presidencia interina siga regulada por los lapsos que contempla el Estatuto, abandonando la aspiración de mantener el cargo indefinidamente. Las delegaciones diplomáticas del Gobierno interino quedaron reducidas, de las 60 iniciales, a 10, que son las naciones actuales que reconocen a Guaidó como presidente interino de Venezuela.

El diagrama construido dejó satisfechos a los diputados opositores. Delsa Solórzano, de Encuentro Ciudadano, quien manifestó su inconformidad con los primeros borradores, después pasó al beneplácito y declaró: “La Asamblea Nacional electa en 2015 es la única institución legítima que le queda al país, reconocida por el mundo democrático. No podemos dejar a Venezuela sin instituciones. Venezuela no puede desaparecer, no podemos entregar la República. Sabemos que esto es muy arriesgado y nada sencillo, pero primero son los intereses del país”, dijo.

Pero pese a los esfuerzos en la búsqueda de consensos, que contaron con la asesoría de varios abogados reconocidos, no impidieron que le lluevan las críticas. Eglée Gonzalez Lobato, politóloga y doctora en derecho de la Universidad Central de Venezuela, considera que la reforma del estatuto “amalgama escandalosamente funciones ejecutivas y legislativas en una sola persona”. “Se ha tomado una medida extrema para garantizar la continuidad de Guaidó, que está plagada de irregularidades. Con el argumento de que están defendiendo la democracia, han confiscado el Estatuto para garantizarse su permanencia en el poder, bajo el argumento de que este es un problema más político que legal. Cuando se desprecian los mecanismos legales y se pervierten los procedimientos, corremos el peligro de que los partidos democráticos asuman que están en una zona supraconstitucional”, opina.

González Lobato prevé que este paso “va a aumentar la hostilidad de Maduro. Es una circunstancia que dificultará el entendimiento. Minará las vías pacíficas que debemos buscar para salir sin traumas adicionales de esta tragedia nacional”.

El laberinto opositor

La extensión de un nuevo mandato a Guaidó no puede ocultar las claras grietas anímicas e interpretativas que en este momento surcan el panorama de la oposición venezolana, inmersa hoy en un nuevo extravío. En particular, en sectores de los partidos Primero Justicia y Acción Democrática crecen las voces disidentes que cuestionan la obsolescencia del interinato y el agotamiento de la ruta trazada en 2019 para hacer posible el regreso de la democracia plena a Venezuela.

Argelia Ríos, analista política, considera que “el gobierno interino como proyecto ha colapsado. El único objetivo que lo fundamenta es la protección de los activos venezolanos en el exterior, salvarlos de las manos de Maduro, protegerlos para fundamentar una eventual transición a la democracia en el país”.

Ríos, que también es periodista y escritora, considera que el esfuerzo hecho por Guaidó ha sido titánico y debe ser reconocido: “El debilitamiento de Guaidó tiene mucho que ver con la falta de apoyos internos. Ha sido difícil concretar en torno a él un movimiento de unidad nacional. Mucha gente lo ve con recelo, como un enemigo que se transforma en un obstáculo para el sueño de llegar a la Presidencia en unas elecciones en 2024. Hay muchas personas con aspiraciones presidenciales que están decididas a sacárselo de encima”.

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Ha pasado un año desde que una turba entró en el Capitolio y uno de cada tres estadounidenses sigue pensando que el presidente Joe Biden quizá manipuló las elecciones. Son datos de una encuesta encargada por la Universidad de Michigan en la que muchos votantes de Trump aseguran que lo que ocurrió el 6 de enero de 2021 fue una simple y legítima protesta ciudadana. Investigar los hechos ha costado una barbaridad por los miles de bulos que circulan por la red. A eso hay que sumarle las dificultades técnicas por la pandemia y el odio atávico entre dos Américas enfrentadas.

Ninguno de esos problemas se ha resuelto. Y, en concreto, el de los rumores ha ido a más: se planifican cada vez mejor, tienen una agenda detrás y conectan con los prejuicios de cada sociedad, no solo en EE UU. El que ha circulado en Francia afirmando que la primera dama, Brigitte Macron, era un hombre antes de cambiar de sexo, salió de foros de la ultraderecha y pretendía embadurnar de transfobia el debate social.

El caso es que tendemos a culpar a internet, aunque esto lleve décadas ocurriendo. El antisemitismo, por ejemplo, ha sido un filón. En 1969 alimentó uno de los rumores más crueles y delirantes en la ciudad francesa de Orléans. En seis tiendas de ropa, todas regentadas por judíos, se decía que desaparecían las mujeres. Supuestamente, después de drogarlas en los probadores, una red de prostitución las sacaba por túneles subterráneos para venderlas en otros países. La mentira fue engordando hasta que centenares de vecinos se plantaron en los comercios para amenazar a sus dueños. Es interesantísimo escuchar los testimonios de la época y leer la investigación que publicó el sociólogo Edgar Morin meses después y que se tituló precisamente El rumor de Orléans. Recoge un clima de odio parecido al que a veces vemos hoy en WhatsApp, Facebook y Twitter.

Los gobiernos e instituciones internacionales están invirtiendo mucho dinero en fomentar la verificación de bulos, y más que piensan destinar en 2022, aunque con esa vía no basta. Nicolas Guilhot, profesor de historia intelectual del Instituto Universitario Europeo de Florencia, cree que deberíamos tener más en cuenta el contexto social o las condiciones socioeconómicas para analizar bien las teorías de la conspiración. Estamos señalando al monstruo del lago que de repente saca la cabeza, dice, pero no mirando al fondo, a las aguas negras y congeladas donde pasan tantas cosas. No es suficiente el llamado debunking (intentar exponer o desacreditar afirmaciones consideradas falsas o exageradas). Haciendo solo eso, estamos tratando los bulos como si solo fueran deficiencias cognitivas de la gente que hay que corregir. Y los rumores son mucho más: muestran una crisis existencial a la que hay que dar respuesta con visión política.@anafuentesf

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Abdelrahman el Gendy tenía solo 17 años cuando se enfrentó a su fiesta de bienvenida. Llegó a prisión en un furgón policial y fue recibido por dos largas filas de soldados dispuestas una frente a la otra, creando un pasillo de porras, látigos, barras de metal, cinturones y puños apretados que se extendía desde la parte trasera del vehículo hasta la entrada de la cárcel, convertida, de golpe, en algo deseado. Una gran entrada, cuenta el joven, sin alfombra roja, pura liturgia carcelaria, un teatro de crueldad.

Su vida había cambiado para siempre el 6 de octubre de 2013. La víspera de su primer día como estudiante de ingeniería en la Universidad Alemana de El Cairo, El Gendy fue detenido por fotografiar una protesta pacífica con su padre, que le había acompañado precisamente por miedo a las medidas de seguridad. Pese a ser un menor, le acusaron y juzgaron como adulto, y lo condenaron a 15 años en una prisión de máxima seguridad. En total, cumplió más de seis años entre rejas, hasta el 13 de enero de 2020, cuando salió con 24 años.

En una serie de artículos temáticos publicada en el medio egipcio Mada Masr, Anatomía de un encarcelamiento, El Gendy ha relatado durante el año pasado su experiencia en prisión. El joven se sumerge en la vida en una celda egipcia, y con él, los lectores. Evoca el espacio de entre 25 y 50 centímetros de ancho en el que los presos duermen, el código entre reclusos de no mirar a un compañero siendo humillado por los guardias, y la distinción entre un genai, encarcelado por cargos criminales, y un siyasi, en prisión por razones políticas. Y describe el proceso de convertir su celda en una suerte de mundo imaginario: una sábana que cuelga de contenedores de plástico que hace las veces de armario, la manta envolviendo medio bloque de hielo que sirve de nevera, o el envase con agujeros conectado con un tubo de contrabando a un grifo a ras de suelo que funciona de ducha. También cuenta los rituales semanales, enternecedores y desgarradores a partes iguales, de las visitas familiares, las lágrimas de su madre y su servicio postal clandestino. El miedo profundo a ser olvidado, a no salir jamás. Y la vida reducida a un día a la vez.

“Fue un día de mi primer año, cuando estábamos en el camión de transporte, volviendo de nuestra primera visita judicial con las esposas puestas. La escena fue devastadora para mí”, evoca, “y cuando volví a mi celda cogí un bolígrafo y escribí sobre ello”. “Aquello se convirtió en un proceso terapéutico, para curar y afrontar la situación”, apunta.

Los escritos de El Gendy pertenecen a una literatura carcelaria con larga tradición en Egipto. Memorias, recopilaciones de cartas, novelas, relatos etnográficos y poemarios que se adentran en los confines de la prisión política y sus crueles condiciones, y que reflexionan sobre cuestiones como la brutalidad de sus regímenes, sus raíces, o formas de resistencia. Figuras históricas que han nutrido este género incluyen a autoras feministas como Nawal el Saadawi, activistas de izquierdas como Sonallah Ibrahim y a islamistas radicales como Sayed Qutb. Y ahora, bajo el consolidado régimen del mariscal Abdelfatá al Sisi, y con la prisión como elemento nuclear de su aparato represor, esta literatura resurge.

“La literatura carcelaria egipcia ha sido la crónica de diferentes épocas de represión. Pero, en mi opinión, estas obras publicadas por antiguos y actuales detenidos no necesariamente es un retrato de la situación en Egipto, sino más bien un intento de escribir como medio para sobrevivir a un proceso sistemático para quebrarlos”, considera Yasmin Omar, abogada internacional de derechos humanos. “Creo que escribir en la cárcel o sobre la cárcel en Egipto es un acto de resistencia”, asegura.

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La obra que más expectación despertó durante 2021 fue la de Alaa Abd el Fattah, el preso político de más alto perfil en Egipto. Nacido en el seno de una familia de abogados de derechos humanos y de activistas, Abd el Fattah, ingeniero de software, se convirtió en un icono durante la revuelta social de 2011 —que forzó la dimisión de Hosni Mubarak— por su actividad política y como bloguero, algo que en la última década le ha costado pasar casi tres terceras partes del tiempo entre rejas.

En octubre pasado, la editorial británica Fitzcarraldo publicó su libro You have not yet been defeated (Aún no has sido derrotado), una selección, con prólogo de Naomi Klein, de ensayos, publicaciones en redes, entrevistas, entradas de blog y cartas de Abd el Fattah escritas desde 2011, muchas de ellas desde la cárcel. La obra ofrece un testimonio único de la oposición de un intelectual de primer orden en una década de agitación global, y recoge ideas sobre tecnología, historia, política, y reflexiones sobre el significado de la prisión.

Desde junio pasado, el periodista y político egipcio Khaled Dawoud, detenido en septiembre de 2020 y encarcelado durante 19 meses sin juicio, ha publicado otra serie de artículos en el medio egipcio Al Manassa. Esta arranca con su detención cuando iba a visitar a su padre enfermo y ofrece un relato cronológico de su experiencia: su primer encuentro con el fiscal, los duros 11 primeros días entre rejas, la ventana al mundo que ofrecen las visitas, cartas y encuentros con abogados, lo difícil que es matar el tiempo, la llegada del coronavirus, la muerte de su hermana. Y por el camino, reflexiones sobre formas de oposición, la pena carcelaria o sobre pura supervivencia.

También el pasado verano, otro de los presos políticos famosos de Egipto, el poeta Ahmed Duma, que lleva 12 de sus casi 32 años en prisión, publicó el poemario Curly. En su caso lo hizo con una editorial local, pero la obra fue rápidamente retirada y prohibida en el país y su entorno está buscando alguna editorial de fuera que pueda publicarlo.

“El predominio de su actividad política sobre su producto literario, sobre todo desde el estallido de la revolución, no le gusta. Él prefiere definirse como poeta; sin embargo, considera que su actividad revolucionaria es un imperativo en defensa de los oprimidos”, explica Esmail Duma, hermano del escritor. “Su proyecto personal es la escritura y la poesía”, cuenta, “es a lo que él ha querido dedicarse por completo”.

A lo largo de 94 páginas, Duma, que escribe desde la infancia, reúne un conjunto de poemas en egipcio que ha escrito en régimen de aislamiento y que ha sacado de la cárcel en secreto. En ellos, Duma habla de libertad y unidad, de injusticia y compañeros mártires, de prisión y derrota, de esperanza, de Palestina o del sueño de una patria libre.

“En Egipto nos enfrentamos a intentos deliberados de borrar nuestra historia, de lo que ha sucedido desde la revolución [de 2011] hasta ahora: todo esto está siendo reescrito por la narrativa oficial del Estado”, señala El Gendy. “El único método de resistencia que tenemos son estas contranarrativas: proporcionamos una historia alternativa por si se quiere ver lo que realmente está pasando”, añade. “El otro aspecto es que a la gente en la cárcel le aterroriza ser olvidada en el exterior; sientes que ya nadie te recuerda, que eres un fantasma”, anota. “Deberíamos hablar de ellos, no deberíamos olvidarlos nunca”, concluye.

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