Por: Ricardo Mosquera M - El exrector Ricardo Mosquera analiza seis propuestas programáticas que
las universidades recogen del sentir ciudadano. ¿Qué candidato está en
sintonía?
Conocidas las fórmulas vicepresidenciales, la campaña entra en
terreno firme y cinco de los ocho aspirantes eligieron representante de
las negritudes. Francia Márquez, con casi 800.000 votos en la consulta
del Pacto Histórico, es reconocida como fenómeno electoral que atrae
todas las miradas y hasta todas las formas de racismo y segregación.
También, el exministro de Ambiente, exgobernador del Chocó, Luis
Gilberto Murillo, acompañará al candidato de la Centro Esperanza, Sergio
Fajardo. Por los lados de Colombia Justa Libres, Sandra de las Lajas;
Luis Pérez, de Colombia Piensa en Grande, designó a Ceferino Mosquera,
así como el exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, a Marelen
Castillo.
¿Por qué se designa a afrodescendientes como fórmula
vicepresidencial? La respuesta salta de inmediato: la necesidad de la
inclusión social dado que las negritudes representan a la Colombia
profunda que, según el Dane, es de 4.637.000 habitantes (10 % de la
población) y por ello sería equivoco verlo solamente como una estrategia
de marketing electoral. Quien desató un remesón fue Francia
Márquez, que algunos consideran distanció a Petro del director del
Partido Liberal, expresidente César Gaviria, a quien tildo de
“neoliberal y gamonal político” que no representa un cambio para este
país.
Algunos consideran que no se trata de una ofensa personal, sino de
una crítica compartida por académicos y especialistas de un modelo que
no protege el desarrollo de una industria nacional, un mercado interno
propio y entrega al libre juego de la oferta y demanda la asignación de
los recursos, profundizando la pobreza y el desempleo junto con la
desigualdad social que se disparó con la llegada de la covid-19.
Además de los afrodescendientes, el mensaje estaría dirigido a “Los
nadie”, los simples, que según la causa se refiere a personas sin
educación, cimarrones, partisanos y hasta bolcheviques. Hoy, “los
nadie”, por oposición a las “gentes de bien”, regresan a la escena
política por cuenta de Francia Márquez, recordando la crueldad, la
exclusión, el racismo y el clasismo que no soporta superar la sociedad
patriarcal del feudalismo y la esclavitud, y transitar a una sociedad
moderna. La Constitución del 91 reconoció que nuestro país es
multiétnico y pluricultural, en el que convergen comunidades indígenas,
afrodescendientes, raizales, palanqueros y mestizos y que los olvidados
merecen “una segunda oportunidad sobre la Tierra”. Un nuevo pacto social
es posible para dejar atrás la intolerancia, ser capaces de aceptar la
diferencia, colocarnos al lado de los ninguniados, de los más débiles,
para que el sentido democrático del país cobre realidad.
Al centroizquierda, cuyo candidato es Sergio Fajardo, lo acompaña un
brillante profesional, autoridad en temas medioambientales, puede pasar
inadvertido. Esta coalición nació aglutinando muchos egos, y con la
adhesión de Íngrid Betancourt no sumó al asumir como una “amigable
descomponedora”, y como se observa con los recientes acercamientos a
Uribe, es incoherente con su discurso sin fondo contra la corrupción y
las maquinarias, y delata un oportunismo sin límites. Al debilitar el
Centro Esperanza, la campaña se ha polarizado entre Gustavo Petro, que
representa el centroizquierda, y Federico Gutiérrez, cuya dupla es el
medico huilense Rodrigo Lara Sánchez, que representa la derecha
colombiana.
Propuestas programáticas
Aunque todas las campañas creen tener el mejor programa, una guía
para evitar improvisar respecto de lo que demanda el país se sintetiza
en el documento “Tenemos que hablar Colombia” (marzo,2022), que seis
universidades públicas y privadas han publicado después de las protestas
donde participaron 5.500 personas distribuidos en pequeños grupos y al
calor de 1453 conversaciones en todo el país. Participaron: la
Universidad de los Andes, la Universidad Nacional, EAFIT, UniValle,
UniNorte y la UIS.
Se resume en seis mandatos ciudadanos:
- Hacer un nuevo pacto por la educación: La necesidad de formar
ciudadanos y usar la educación como un medio para tener un país mas
equitativo.
- Cambiar la política y luchar contra la corrupción: Devolver la confianza del pueblo colombiano hacia sus instituciones.
- Transformar la sociedad a través de la cultura: Crear nación para construir mayor identidad nacional.
- Cuidar la biodiversidad y la diversidad cultural: Proteger nuestros
recursos naturales, fauna y flora de la más diversas del mundo.
- Construir confianza en lo público: Eliminar el cáncer de la
corrupción que permea los organismos de control, la justicia y el alto
gobierno.
- Proteger la paz y la Constitución: Implementar los acuerdos de paz y respetar nuestro ordenamiento legal.
Los puntos anteriores plantean problemas muy concretos que, en una
democracia, la campaña electoral permite analizar las diferencias,
resolver discrepancias entre sectores políticos y escoger, sin miedo y
sin odios, a quien liderará desde el Ejecutivo las aspiraciones de las
mayorías y el rumbo del país, buscando el interés colectivo. Bien
distinto es perseguir el control burocrático del Estado, imponer una
visión ideológica o religiosa, a cumplir con el mandato superior, que,
en Colombia, quedó plasmado en la Constitución del 91, producto de un
gran acuerdo nacional.
En la actual campaña, como menciona Gabriel Silva: “El
establecimiento ha enfilado todas su baterías-periodísticas,
financieras, políticas- a enfrentar a Petro apostándole todo a Federico
Gutiérrez, confirmando una dicotomía que agudiza la polarización social y
el carácter de lucha de clases que contiene la actual elección. De una
manera que no deja de sorprender por su ausencia de sofisticación, las
élites se la están jugando por el candidato que representa todo lo que
el país mayoritariamente está rechazando”. Independientemente del
resultado, la pugna entre paz y guerra continuará, pero el énfasis del
momento es el modelo económico de unas fuerzas sociales hastiadas de la
desigualdad, la corrupción, concentración de la riqueza y el poder en
manos de unas élites.
La coyuntura internacional signada por los impactos de la pandemia,
la guerra de Ucrania, la inflación que generan las sanciones económicas
impuestas a Rusia y la seguridad alimentaria derivada del cambio
climático están al orden del día.
En efecto, la guerra de Ucrania impacta la economía colombiana porque
nuestro país es muy similar a Rusia en su comercio exterior:
exportadores de petróleo, carbón y ferroníquel (sin ser Colombia país
petrolero). Estos están al alza por la gran demanda mundial, lo cual
beneficia nuestras finanzas, e incrementaría el ingreso nacional en
10.000 millones de dólares. Un rubro especial es el gas natural, del que
dependen la mayoría de países europeos de las ventas rusas y por ello
las sanciones, causan efectos negativos a sus ciudadanos, agudizados en
época de invierno. Colombia, ya estaría resignada a tener que importar
gas básico en la industria, las familias y la generación de energía.
Por otra parte, el sector agrícola importa trigo, maíz y
fertilizantes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, con unos precios
internacionales al alza lo que encarece el precio de los alimentos,
dispara la inflación, que no compensa las alzas asociados a los buenos
precios del carbón y petróleo, y que golpea más fuerte a los sectores
populares, por ello “Para el colombiano de a pie, la inflación es el
verdadero problema asociado a la guerra, el Banco de la República sube
las tasas de interés, con el consiguiente impacto negativo sobre el
empleo”, siendo este el circulo vicioso de inflación, desempleo y más
pobreza.Como señala Mauricio Cárdenas, “Harían bien los candidatos en
decir que los recursos de esta inesperada bonanza se utilizarán para
pagar las deudas de la pandemia y no las promesas de campaña”. (El Tiempo- 03/04/22)
Falacias y macartismo
Apelar a las mentiras, al macartismo “acusaciones de deslealtad,
comunismo, subversión o traición a la patria” es un recurso conocido por
quienes no tienen propuestas o, como señalaba Bacon, que ha sido usada
por la derecha colombiana “Calumnia, calumnia que algo queda”. En esta
campaña, pretender volver a Petro comunista y exguerrillero por
desmovilizarse y defender el proceso de paz y el problema de la tierra
es ignorar la preocupación por la paz, esquiva para los colombianos, así
como la necesidad de una reforma agraria, todavía pendiente que ya
había propuesto el liberalismo de Alfonso López Pumarejo y que el
profesor Gerardo Molina, senador de la república, planteó en sesión del
24 de mayo de 1985:
“Yo pondría en primer término la reforma agraria: sin ella no habrá
paz: la fuerza de la guerrilla reside precisamente en el respaldo que le
ofrece la masa rural; por eso está bien que los senadores de Antioquia
nos hayan recordado ahora la necesidad de ocuparnos de ese tema; está el
país en el deber de satisfacer la demanda ancestral del campesino a la
tierra, no sólo como manera de que él ascienda en la escala social, sino
para satisfacer lo que hoy en el mundo es una manifestación de la
soberanía, la producción de los alimentos necesarios para el
sostenimiento de la población…”.
Pero incluso el maestro Molina fue más lejos, esbozando el
“socialismo posible” en uno de sus libros publicado en 1981, recordando
que el partido liberal, que hasta inicios de siglo XX había vertido la
sangre en defensa de los principios de la justicia social y el
humanismo, señalando que “La rigidez de una organización económica con
marcada concentración de la riqueza y del ingreso, tenía que llevar a
que por el liberalismo se tengan hoy por subversivas las clases obreras,
las clases medias, la juventud estudiosa y los intelectuales”.
Con razón se ha dicho que quizás el mayor defensor del ideario
liberal, hoy, es el líder del Pacto Histórico, que parece más
sintonizado con las mayorías colombianas, en relación con sus
necesidades económicas y sociales. Incluso en temas como las medidas
urgentes para frenar el cambio climático, que la pandemia eclipsó cuando
propone la necesidad de superar un modelo socioeconómico extractivista y
la necesidad de una transición hacia las energías limpias (eólica,
solar, hidráulica). Allí, el reciente Informe de la ONU (El Tiempo
5-04-2022) sostiene que el consumo global de carbón tiene que “haberse
reducido un 95 % a mediados de siglo con respecto a 2019, el de petróleo
un 60 % y el de gas un 45 %”, para lograr que la temperatura global no
suba más de 1,5 grados; es decir, cumplir las metas de COP 26 París, con
las que el presidente Duque se comprometió. Estos asuntos deben ser
discutidos en un ambiente académico y científico, lejos de
fundamentalismos y dogmatismos intransigentes.
Ello supone girar a la izquierda, evitando comparaciones con el
vecindario, pues también es cierto que cabrían ejemplos poco dignos de
imitar en el centro derecha, como su líder Donald Trump en USA, que
desconoció la democracia y hasta calificó de fraudulento la victoria de
Biden, con asonada al Capitolio, que no son propiamente conductas
democráticas. ¡No queremos más de lo mismo!