En la ciudad de Barranquilla se han identificado los primeros tres casos de Ómicron, variante del Covid-19.
Estos tres pacientes con sintomatología leve en estos momentos, fueron reportados por el Laboratorio de Virología de la Universidad del Norte, miembro de la red de laboratorios del país para vigilancia del COVID.
Los tres contagiados son de sexo masculino, dos de ellos, residentes de la capital de Atlántico y el otro, un ciudadano extranjero.
«Todos están en franca recuperación en sus viviendas sin ninguna complicación», informó la Alcaldía de Barranquilla.
La Secretaría Distrital de Salud explicó que Barranquilla presenta indicadores de control de pandemia estables con una variación en los últimos 7 días en la positividad, que actualmente está en el 15%. Los usos hospitalarios en pacientes con COVID-19 están en 0,4%, las unidades de cuidados intensivos con pacientes con COVID-19 están en 3,4%.
En lo corrido del mes de diciembre del 2021 se presentaron nueve días con cero fallecimientos a causa del virus. Indicadores muy estables y estimados que muestran la real protección de las vacunas y las coberturas poblacionales útiles que destacan la ciudad como la de mayor aplicación de dosis.
La Secretaría hace un llamado a no bajar los brazos ante la nueva ola de contagios.
«El riesgo ante ómicron o cualquier variante del virus COVID-19 es no estar vacunado y no cumplir autocuidado», indicó la jefe de Salud Pública de Barranquilla, Ligia Oviedo.
La funcionaria insistió en el cumplimiento con la vacunación contra el COVID-19 con esquemas completos y dosis de refuerzo.
A su vez, hizo hincapié en la práctica de medidas de prevención y autocuidado: «son clave para compartir el virus», dijo.
Entre estas medidas están: Usar tapabocas adecuadamente cubriendo nariz y boca, lavarse las manos y preferir espacios ventilados. La invitación especial para los mayores de 50 años y pacientes con comorbilidades es a que acudan por sus segundas y dosis de refuerzo.
Sobrela vacunación contra el Covid-19, en Barranquilla a corte del 31 de diciembre se han aplicado: 2.135.832 dosis en total.
1.122.513 primeras dosis, incluidas 111.838 dosis en menores de 3 a 11 años. 760.099 segundas dosis. 146.445 dosis únicas. 106.775 dosis refuerzos. Se registran 906.544 personas mayores de 12 años con esquemas completos.
Ser millonario en México era hasta ahora una combinación de habilidad empresarial, vínculos políticos y discreción, mucha discreción. En un país con profundas desigualdades económicas y problemas de seguridad por miedo a los secuestros o las extorsiones, los billonarios juegan a esconderse y a no lucir más de lo necesario. La publicación de la revista Forbes es un dolor de muelas anual de la que no pueden escapar. Si ello se añade la pobreza, la discreción tiene un componente ético. Ofender lo menos posible por si algún día el bumerán del agravio se vuelve contra el señalado. Todo era así hasta la irrupción del empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego. Desde que hace un año y medio tomó el control de sus redes sociales, Salinas Pliego (Ciudad de México, 1955) el tercer hombre más rico de México, después de Carlos Slim y Germán Larrea, ha convertido Twitter en su plataforma política y en el ring de boxeo desde donde distribuye recetas neoliberales, ofrece lecciones de superación, salda cuentas con sus enemigos, critica los impuestos, las medidas anticovid o, sencillamente, publica una foto de su yate donde pregunta a sus seguidores hacia qué playa apunta la proa.
Desde su cuenta de Twitter, con casi un millón de seguidores, Salinas Pliego, dueño de empresas como Elektra, dedicadas a la venta de electrodomésticos a plazos; Banco Azteca, enfocado en personas de bajos recursos; o TV Azteca, la segunda televisión más vista del país, no tiene pudor en criticar a los perdedores que no se levantan tras un fracaso, los que echan la culpa a los demás o los presos que comen de sus impuestos y no trabajan. Con esta estrategia, en menos de un año ha dejado de ser un millonario más a convertirse en un fenómeno mediático que incendia la red con cada tuit.
Salinas Pliego contesta personalmente a muchos usuarios que le aplauden, le piden consejo, se quejan por un cobro indebido o por la suciedad en una sucursal. En el mismo hilo puede llamar “pendejo” a un trabajador despedido, exigir a un alto directivo una solución inmediata o burlarse del BBVA o el Citibank por una caída del sistema. A muchos responde con argumentos, explicaciones o, directamente, insultos que acompaña de memes y gifs. Da igual que sea un simple cliente o una inspección fiscal. Su estrategia digital dibuja la figura de un líder resolutivo, que conoce los problemas de la gente, exige responsabilidades a sus subordinados y utiliza el lenguaje de la calle. Sus tuits combinan recetas ultra neoliberales con expresiones como “a chingarle duro”, “póngase a chambear” o “desviado”, cuando quieren atacar a alguien que considera homosexual. Durante los meses más duros de la pandemia, cuando medio mundo estaba confinado, fue la única gran empresa que mantuvo siempre abiertas las puertas de sus tiendas.
Su última provocación la lanzó el 24 de diciembre cuando defendió las bondades de la desigualdad como motor social. “La desigualdad no solo es inevitable, sino que es necesaria para el progreso de la sociedad. Los intentos de transformar a la sociedad para que todos ‘encajen en el mismo molde’ inevitablemente nos llevaran a la tiranía”, escribió el día de Nochebuena una de las diez personas más ricas de América Latina, heredero de un conglomerado fundado por su abuelo y con una fortuna superior a los 12.500 millones de dólares, según Forbes.
Las dos frases del multimillonario lo convirtieron en tendencia y la discusión trascendió las redes. Aunque no fue uno de sus tuits con más likes, sí fue de los más comentados. El debate surgió entre quienes ven en él un exitoso empresario, creador de 180.000 puestos de trabajo, que se atrevió a romper la tiranía del discurso políticamente correcto y quienes le reprocharon que “sin la miseria de la mayoría, no existiría la riqueza de la minoría”, le escribió un usuario.
Para muchos fue irritante el mensaje en un país con 53,3 millones de pobres y una gran desigualdad abonada por empresarios como él. Según el economista Gerardo Esquivel, Salinas Pliego —beneficiado por distintas privatizaciones— es parte del “selecto grupo” de empresarios que se han favorecido del poco crecimiento de México en las últimas dos décadas. “Mientras el PIB per cápita crece a menos del 1% anual, la fortuna de los 16 mexicanos más ricos se multiplica por cinco”, señala Esquivel en el estudio Concentración del Poder Económico y Político. Después del polémico tuit de Navidad, Mau Ortíz, una seguidora, le reprochó: “Tuiteando desde el privilegio”. “Y usted desde su miseria”, le contestó el empresario.
Pero más allá del debate sobre desigualdad, Salinas Pliego se ha convertido un fenómeno sociológico que pone fin al silencio y el oscurantismo que rodea a las grandes fortunas latinoamericanas. Su ostentación rompe con la tradición de las fortunas octogenarias donde la discreción es un valor. La vulgar exhibición de Salinas Pliego contrasta con el silencio de los Larrea, Aramburuzabala o Slim, otro billonario que vive a pocos kilómetros de su casa. Carlos Slim, de 81 años, el rico entre los ricos, conduce su coche, apenas lleva escolta y no oculta que creció tras el mostrador de la mercería familiar o que estudió en la universidad pública (UNAM).
Ese modelo se vino abajo con Salinas Pliego que exhibe sin pudor un perfil que combina el discurso de Friedman, las maneras de Trump y las frivolidades millennial de Bukele. Precisamente Salinas ha encontrado en el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, un aliado en su misión evangelizadora sobre las virtudes de la criptomoneda ahora que el empresario ha desembarcado en el mundo del Bitcoin. Su estrategia dio resultado y el día que anunció que sus tiendas comenzarían a cobrar en bitcoin, la cotización subió un 6%.
Al margen del provocador tuit del 24 de diciembre, Salinas Pliego utiliza cada martes las redes para hacer recomendaciones literarias para ser feliz, sentirse realizado o alcanzar el éxito en los negocios. Entre sus últimas recomendaciones están Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, de Maurice Joly, o ¿Por qué funciona el liberalismo?, de Nansen McCloskey, y su libro favorito es, oh sorpresa, El arte de la guerra. Si es viernes Salinas Pliego escribe sobre los años del whisky que está saboreando o el sufrimiento de su perrita tras un viaje en helicóptero.
El licuado ideológico ha calado como una fórmula exitosa que lo ubica en muchas encuestas como presidenciable, el outsider liberal que puede salvar México en las elecciones de 2024 tras el tsunami estatista de Andrés Manuel López Obrador. No hay tuit que publique en el que sus seguidores no lancen siempre la misma pregunta: ¿Quiere ser presidente?, a lo que una y otra vez responde con un contundente “NO”. Él, sin embargo, no descansa ni un día en lanzar recetas para arreglar la vida de los asalariados, del órgano electoral (INE), de la pandemia o de los carentes de entusiasmo. Sus recetas combinan consejos económicos y psicológicos. Davos con los libros de autoayuda.
La exitosa estrategia parecería impecable si no tuviera dos peros. A nivel nacional es uno de los empresarios que más dinero debe al Estado en impuestos y en cuanto a su estrategia de redes, se ha descubierto que falsifica likes y retuits.
Ricardo Salinas Pliego y el presidente, Andrés Manuel López Obrador, durante un evento en 2018.Misael Valtierra (CUARTOSCURO)
Este mes se supo que la estrategia digital del empresario tiene truco. A principios de diciembre Twitter eliminó decenas de cuentas debido a que operaban como bots para defender a empresas de Grupo Salinas y a su dueño, dijo el Observatorio de Internet de la Universidad de Stanford. El observatorio publicó un análisis en el que detectó que gran número de estas cuentas publicaban contenido de manera orquestada y que muchas compartían nombres muy similares. La cuenta más citada en la red de bots fue @RicardoBSalinas y al menos desde 134 perfiles se lanzaron mensajes de apoyo al empresario o ataques a los críticos.
En lo que a los impuestos se refiere, el Grupo Salinas tiene unos 15 casos abiertos con la hacienda pública (SAT) y es una de las empresas más reacias a ponerse al corriente de pago, reconoció Raquel Buenrostro, la implacable funcionaria encargada de la recaudación en el Gobierno de López Obrador, en una entrevista con EL PAÍS en su despacho. Según Buenrostro, que evaluó la deuda en unos 40.000 millones de pesos, Salinas Pliego forma parte del pequeño grupo de empresarios díscolos que no han sucumbido a las presiones y se han negado una y otra vez a pagar enviando todo a tribunales. A quienes le reclamaron en sus redes que pague sus impuestos les respondió: “No pienso pagar un rábano”.
Su respuesta, sin embargo, no ha alterado en nada su cercanía al poder y el empresario forma parte del grupo de asesores económicos de López Obrador. Una relación en la que ninguno de los dos ve nada extraño.
Los cañones de nieve disparan polvo blanco sobre las pistas de esquí de fondo de Genting, a 240 kilómetros de Pekín. Embutidos en gruesos chaquetones, los trabajadores martillean para instalar un escenario en las pistas de esquí de Chongli. Pekín y la ciudad vecina de Zhangjiakou se aprestan a albergar, a partir del 4 de febrero, los Juegos Olímpicos de Invierno que China aspira a que se conviertan en un escaparate de su auge. Nada debe empañar su desarrollo. Es el estreno de un año decisivo para el país, que culminará en otoño con la confirmación del tercer mandato del presidente Xi Jinping.
Los Juegos serán la primera de una serie de citas en un año complicado para Pekín. Tras la clausura, llegará en marzo la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular, el legislativo chino, donde se lanzarán los preparativos para el gran acontecimiento político del año: la celebración del XX Congreso del Partido Comunista de China en octubre o noviembre, que aprobará un tercer mandato para Xi, algo sin precedentes en las últimas tres décadas en el sistema político chino. Con ello, el dirigente chino se asegurará el control del partido, del ejército y del Estado, para convertirse en el líder con más poder en su país desde los tiempos de Mao Zedong.
Que sean unos Juegos memorables es una cuestión de orgullo nacional, especialmente cuando esta competición deportiva se ha convertido en uno más de los escenarios de la rivalidad entre China y Estados Unidos: Washington y sus aliados el Reino Unido, Canadá y Australia han anunciado que no enviarán altos funcionarios. Sobre la competición pende la polémica en torno a la tenista Peng Shuai y sus denuncias de abuso sexual contra un antiguo alto cargo, que han suscitado llamamientos en el resto del mundo para que se aclare la situación de la deportista.
Prometiendo que estos Juegos de Invierno —que se celebran en una zona donde es necesario recurrir a la nieve artificial por falta de precipitaciones suficientes— serán respetuosos con el medio ambiente, seguros contra la covid y bien organizados, Pekín quiere hacer alarde de su tecnología 5G, de su inteligencia artificial y de su infraestructura. Para evitar que la covid pueda ser un problema en ese evento deportivo, China ha extremado las medidas de precaución, que incluyen el confinamiento de Xian, una ciudad de 13 millones de habitantes, y el blindaje casi absoluto de sus fronteras.
“Estoy convencido de que van a ser un éxito. La antorcha olímpica iluminará esa noche como un símbolo de que lo malo ha terminado y los días de gloria están a punto de empezar”, asegura el director general de las obras para los Juegos, Jia Maoting, mientras supervisa las pistas para la competición de salto de esquí, un futurista diseño de 130 metros de altura apodado Ruyi, en alusión a una joya tradicional china.
Ya a lo largo de 2021, en los festejos del centenario del Partido en julio, y en el pleno del Comité Central de la formación en octubre, el liderazgo ha ido señalando que el país se dispone a entrar en una “nueva era” de desarrollo y auge internacional, tras dar por cerrada la era de Deng Xiaoping y la búsqueda del desarrollo económico a toda costa.
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El presidente chino no solo renovará su mandato. La salida por llegar a la edad de jubilación de otros altos cargos del Partido designados por sus predecesores —el primer ministro Li Keqiang, entre otros— le permitirá acometer durante el Congreso una importante renovación en las altas esferas de mando, para situar a aliados suyos en puestos clave.
“Si las cosas se desarrollan como se espera, Xi liderará el aparato del PCCh más potente de la historia, en cuanto a poder económico y político, con un equipo que ha ido preparando a lo largo de la década pasada”, apunta el analista de Merics Nils Grünberg en la página de este centro de estudios alemán especializado en China.
Hasta que llegue ese momento, nada puede salirse del guion. La Conferencia Económica Central de China, que reúne cada diciembre a las principales autoridades de las finanzas chinas para determinar el rumbo económico del país a lo largo del año siguiente, lo dejaba claro en su sesión de este año: la palabra “estabilidad” aparece 25 veces en su comunicado final. “Los trabajos económicos deben tenerla como su palabra clave para el año que viene”, precisa el documento.
Gran potencia
La estabilidad no solo será el objetivo en el ámbito económico. También en el social. Durante todo 2022, los líderes se centrarán en asegurarse de que la economía se encuentra en orden, pero también que no estallan turbulencias que pongan en duda la autoridad del Partido, que la covid continúa bajo control cueste lo que cueste, y que se aplican los ambiciosos programas medioambientales, de innovación y de igualdad social (la campaña conocida como “prosperidad común” lanzada este año) con los que China aspira a convertirse en una gran potencia económica en las próximas décadas.
Este año, por tanto, el liderazgo chino estará muy pendiente de lo que ocurre dentro de sus fronteras. No son pocos los frentes que tiene allí abiertos, desde los problemas en el sector inmobiliario puestos de relieve con la crisis de liquidez de la promotora Evergrande, la más endeudada del mundo, al mayor control sobre el sector tecnológico y la soberanía sobre los datos.
Y cuando la preocupación sobre la pandemia y sus efectos pesa aún en el ánimo de los consumidores, que continúan controlando el gasto, el Gobierno chino debe encontrar un difícil equilibrio entre un mayor control de la economía para eliminar riesgos y la necesidad de mantener un crecimiento económico que ha ido en declive en los últimos años. En 2020 —el año de la pandemia— el crecimiento fue del 2,2% y Pekín se había fijado una meta “en torno al 6%” para este año. La Academia China de Ciencias Sociales predice un 5,3% para 2022.
Dado lo que está en juego en el Congreso del Partido en otoño, es improbable que el año entrante los líderes chinos, y en particular Xi Jinping, vayan a participar de manera presencial en las cumbres internacionales. Como en los últimos dos años y como medida de precaución contra la covid, de comparecer lo harán en una pantalla de vídeo, algo que ha limitado los intercambios personales con otros dirigentes y que algunos analistas advierten que puede complicar el resolver posibles malentendidos entre el gigante asiático y otros países.
Pero China también tendrá un ojo puesto en el exterior. Las tensiones con Estados Unidos continúan, sin que la llegada de la Administración de Joe Biden haya representado un cambio significativo. Ambos países mantienen las espadas en alto en torno a la situación de los derechos humanos y las libertades en Xinjiang y Hong Kong, y sobre las presiones de Pekín sobre Taiwán, la isla autogobernada que considera parte de su territorio. Y los dos mantienen una guerra retórica de narrativas sobre asuntos que oscilan del origen de la covid al significado de la democracia.
Aunque la reunión telemática que mantuvieron Xi y Biden en noviembre redujo relativamente los roces, el boicoteo diplomático a los Juegos y la invitación a Taiwán a la cumbre sobre la democracia organizada por la Casa Blanca volvió a desatarlos este diciembre.
“Pekín será cada vez más intransigente sobre los asuntos globales que afecten a sus intereses. Cualquier otra (reacción) se vería como una demostración de debilidad por parte de Xi Jinping y el Partido, que pondría en peligro el deseo del PCCh de proyectar fortaleza y estabilidad en un año políticamente sensible”, apunta Merics en su página web.
Para esa proyección de fortaleza, los Juegos serán una ocasión óptima. China hará alarde de su tecnología, de sus infraestructuras y de su organización. La ceremonia de inauguración el 4 de febrero estará presidida por Xi en El Nido, el estadio nacional en Pekín diseñado por Ai Weiwei para los Juegos de 2008. No habrá un gran número de líderes occidentales. Pero junto a Xi sí estará el presidente ruso, Vladímir Putin.
Berlusconi se dirigía a los medios de comunicación, el pasado día 23 de diciembre en Roma.LaPresse / Roberto Monaldo (AP)
Que Silvio Berlusconi, el hombre omnipresente en la política italiana de las últimas décadas, sueña con acabar su carrera como presidente de la República no es ningún secreto en el país transalpino. Tampoco es nuevo, ya ha fantaseado en otras ocasiones con la jefatura del Estado. Pero esta vez, con el mandato de Sergio Mattarella a punto de concluirse, se ve con opciones y ya ha destapado sutilmente sus cartas y ha puesto en marcha la maquinaria para recabar apoyos, aunque oficialmente se ha limitado a decir que decidirá a primeros de año si presenta su candidatura.
Por el momento no hay aspirantes oficiales, pero el actual primer ministro, Mario Draghi, propuesto por varios exponentes políticos, ha deslizado que estaría disponible para el cargo.
Berlusconi, de 85 años y tres veces primer ministro de Italia, se ha apresurado a descartar un posible y extraño duelo con un rival de la talla y el prestigio del expresidente del Banco Central Europeo. “Draghi está mejor donde está, este Gobierno es un gran éxito y debe continuar así hasta el final de la legislatura”, ha dejado caer. El magnate octogenario está convencido de que tiene posibilidades reales, algo que pocos sostienen, para llegar al palacio del Quirinal, sede de la presidencia de la República. Y sus aliados del centroderecha le permiten seguir soñando susurrándole lealtad. Hace unos días, recibió a figuras destacadas de la coalición derechista de la que él también forma parte en su villa romana para abordar el tema de la elección del jefe del Estado y ofrecer una imagen de unidad.
El ritual suele funcionar a la inversa, son los partidos los que presentan a sus candidatos, por los que después vota el Parlamento. No son frecuentes las candidaturas espontáneas. Además, la historia dice que los primeros nombres que suenan terminan descartados. Pero Berlusconi, el hombre que siempre vuelve, para asombro de los que le han dado por muerto políticamente en decenas de ocasiones, ha demostrado que es un constante desafío al statu quo.
Su camino hacia el Quirinal está lleno de obstáculos. El dueño de Mediaset lleva años manchado por el estigma de la corrupción y las tormentas judiciales. De hecho, las votaciones para la presidencia de la República coincidirán con la celebración de una audiencia del proceso que trata de dilucidar si compró a testigos en un juicio anterior en el que estaba acusado de incitación a la prostitución de menores y en el que fue absuelto en apelación. Es una de las varias causas judiciales que salieron de las famosas noches del “bunga bunga”, aquello que el político y magnate definió como “cenas elegantes”.
Tampoco encajan con el clásico perfil del jefe del Estado, más neutro y diplomático, las constantes y conocidas salidas de tono del viejo Cavaliere y el estilo grotesco que siempre ha mantenido. Como su costumbre de definir al expresidente estadounidense Barack Obama como “guapo y bronceado” o sus pullas del estilo: “Es mejor ser apasionado de las mujeres hermosas que ser gay”.
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“Con respecto a su imagen, su elección para Italia sería un desastre. Hace falta otro perfil, es necesario alguien que la Unión Europea reconozca como confiable, experto, competente”, señala a este diario el politólogo Piero Ignazi. “Siempre ha sido presa de la megalomanía, no me sorprende ahora este movimiento”, añade.
El experto no ve ninguna posibilidad en esta candidatura. “No existe, es una maniobra de presión del centroderecha para tratar de tener más voz en las elecciones y poder de negociación”, señala. Y apunta: “La derecha no tiene personalidades relevantes para presentar para un cargo como el de la presidencia de la República, ni dentro de los partidos políticos que forman la coalición ni fuera de ellos”.
Ignazi se decanta por Draghi: “Durante siete años nos aseguraríamos la presencia de una personalidad relevante, de gran competencia y gran reconocimiento internacional, de segura fe democrática, que son requisitos imprescindibles para un presidente de la República. Pocos reúnen estas condiciones como él”.
El experto señala también el papel clave que el jefe del Estado italiano ha asumido en los últimos años, como árbitro de la política y a la hora de guiar las formaciones de gobierno. “Ya no es algo simbólico como hace tiempo, ha adquirido un papel fundamental en las últimas décadas, por eso elegir al presidente es mucho más importante que en el pasado”.
En general, los analistas mantienen que la elección de Berlusconi para liderar la máxima institución del Estado italiano resulta muy improbable dada su controvertida trayectoria política, empresarial y judicial, que no hacen de él una figura de consenso con opciones de recibir los votos requeridos, dos tercios del Parlamento o una mayoría absoluta a partir de la tercera votación.
Gianfranco Rotondi, un clásico de la Democracia Cristiana y ministro en el tercer y último Gobierno de Berlusconi (entre 2008 y 2011) es, en cambio, optimista con la candidatura del ex primer ministro. En una entrevista en Il Corriere della Sera, el político ha apuntado a las simpatías que despierta el magnate entre las filas del centroizquierda. “La de Berlusconi y la izquierda italiana es una historia de relaciones no conocidas, pero profundas”, ha deslizado. Y ha puntualizado: “Hay diputados del Partido Democrático que me dicen: ‘Uno como [el ex primer ministro Paolo] Gentiloni no me responde tan siquiera al teléfono. Como parlamentario en la oposición, cuando llamaba a Berlusconi, no solo me respondía, sino que resolvió en tres días un problema en mi circunscripción”.
También cree que la dinámica de los juegos políticos para elegir al jefe del Estado puede favorecer a Berlusconi. “Las elecciones del Quirinal son como las votaciones del presidente del banco del pueblo. Algunos votan al farmacéutico porque siempre está disponible, mientras que otros eligen al médico local porque lo consideran un amigo. Son elecciones que se ganan a través de las relaciones, un campo en el que il Cavaliere es imbatible”.
Por lo pronto, Berlusconi ya ha arrancado su campaña para captar apoyos, a su manera y también más allá de las filas amigas. El magnate ha enviado a varios parlamentarios, ministros, dirigentes de partidos y también a algunos empresarios decenas de cuadros de su imponente colección de arte, que conserva en la pinacoteca de su villa San Martino. Son algo más que inocentes regalos navideños que coinciden, además de con la elección del jefe de Estado, con el 50 aniversario de la galería de arte del exmandatario, que incluye cientos de piezas, algunas de gran valor, como un Tiziano valorado en cinco millones de euros.
Su intención es reforzar las relaciones políticas existentes y consolidar las que aún están en fase naciente, por eso, entre los destinatarios no solo se encuentran los líderes del centroderecha, como Matteo Salvini, Giorgia Meloni o Antonio Tajani, sino exponentes de otros partidos, como el ministro de Exteriores y exjefe político del Movimiento 5 Estrellas (M5S), Luigi Di Maio.
En sus últimas intervenciones, Berlusconi se ha vuelto ecuménico y ha abrazado causas que en otros tiempos había desdeñado, como la renta de ciudadanía, histórico caballo de batalla del M5S. Está buscando mostrar un perfil de estadista, de padre de la patria, convencido de que su ascenso al Quirinal daría tranquilidad a los parlamentarios que temen que la salida de Draghi del Gobierno de gran coalición pueda desatar el caos político y abocar al país a elecciones anticipadas.
Además, como parte de una calculada estrategia de imagen, Berlusconi ha multiplicado su presencia en las redes sociales. Sus últimas apariciones han sido para felicitar la Navidad a sus seguidores al estilo de las casas reales, con un vídeo junto al árbol gigantesco con su perrita Gilda en brazos y con una foto con su pareja, la diputada Marta Fascina.
Después de ocho rondas negociadoras, Irán y Estados Unidos han acabado 2021 sin haber sido capaces de reactivar el acuerdo que puso coto al programa nuclear iraní. Las posturas de ambos están tan distantes que ni siquiera se sientan a la misma mesa en Viena (Austria), donde se celebran las conversaciones con la mediación de la UE y los otros países firmantes del pacto abandonado por la Administración de Donald Trump hace tres años. Numerosos analistas alertan de que no hay alternativa a la vía diplomática porque recurrir a la acción militar sería un desastre para ambos. El problema es que el tiempo apremia.
Al poco de iniciarse la octava ronda el pasado lunes, el ministro iraní de Exteriores, Hossein Amirabdollahian, dio a entender que se estaba avanzando. “Las conversaciones de Viena van en la buena dirección”, declaró a los periodistas antes de manifestar que el acuerdo dependía de la “buena fe” de la otra parte. Sin embargo, el negociador estadounidense, Rob Malley, ha asegurado que apenas quedan “unas semanas” para avivar el acuerdo si Irán continúa con su actual ritmo de actividades nucleares.
No está claro si el tono positivo de Amirabdollahian busca evitar que se responsabilice a Irán de una eventual ruptura del diálogo, o intenta enviar una señal de mayor flexibilidad ante la impaciencia de estadounidenses y europeos. Para estos, el desarrollo del programa iraní amenaza con dejar sin sentido el Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), el nombre oficial del pacto, que Joe Biden ha tratado de recuperar desde que llegó a la Casa Blanca en enero de 2021.
El progreso logrado en la primera mitad del año pasado quedó interrumpido con la elección del ultraconservador Ebrahim Raisí como presidente de Irán. La formación de un nuevo equipo negociador retrasó la vuelta a Viena hasta finales de noviembre. Desde entonces, los avances han sido imperceptibles, algo que tanto los funcionarios estadounidenses como europeos atribuyen a que el nuevo Gobierno ha rechazado los compromisos alcanzados por su predecesor, Hasan Rohaní.
La periodista iranoestadounidense Negar Mortazavi, autora de un podcast titulado Irán, admite que los nuevos gobernantes iraníes tienen “una postura más dura hacia Occidente, especialmente Estados Unidos, y también respecto a las negociaciones nucleares”. Para los conservadores, la decisión de Trump confirmó su recelo hacia cualquier compromiso con aquel país. Aun así, defiende que “quieren un acuerdo, y prefieren el PIAC [a otra alternativa], porque traerá alivio de las sanciones, la economía iraní está bajo mucha presión y para mejorarla, no hay otra forma”.
El problema es que las posiciones de partida de unos y otros son muy distantes. Teherán insiste en que se levanten todas las sanciones antes de frenar su actividad nuclear y quiere garantías de que un futuro presidente de EE UU no volverá a renegar del pacto. Mientras, Washington, bajo su exigencia de “cumplimiento por cumplimiento”, lo que quiere, según explica a EL PAÍS el analista político Ali Ahmadi, es que “Irán dé marcha atrás a los avances tecnológicos que ha hecho” desde que Trump se retiró del PIAC e impuso durísimas sanciones a Irán.
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La República Islámica respondió a esa política de “máxima presión” acelerando de forma significativa su programa atómico. Su calculado goteo de violaciones ha esquivado hasta ahora la denuncia del resto de los firmantes del PIAC (China, Rusia, Reino Unido, Francia, Alemania y la UE) ante el Consejo de Seguridad de la ONU, pero ha ido vaciando de contenido el acuerdo.
Según los últimos informes del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) —encargado de supervisar el cumplimiento técnico del acuerdo—, Teherán regresó a la mesa de negociaciones el pasado noviembre con 11 veces más de uranio enriquecido de lo permitido. Además, buena parte de ese combustible alcanza hasta el 60% de pureza, un grado muy por encima del 3,67% que le autorizaba el pacto y más cerca del 90% que se requiere para un eventual uso militar. El plazo para que Irán disponga de suficiente uranio enriquecido para una bomba atómica se ha reducido de un año a uno o dos meses.
De ahí el temor de los expertos a que la crisis nuclear que el PIAC trataba de evitar se haga realidad a principios de 2022. Algo distinto es la capacidad o la voluntad de convertir ese material en un arma. El director general del OIEA, Rafael Mariano Grossi, ha declarado que no tiene “ninguna información de que Irán cuente con un programa de armas nucleares o alguna actividad que lleve a un programa de armas nucleares”. Los dirigentes iraníes siempre han negado que sus ambiciones nucleares, que preceden a la fundación de la República Islámica en 1979, tuvieran objetivo militar.
Mortazavi reconoce que “la brecha es grande”, pero estima que “ambas partes son serias sobre querer la diplomacia y alcanzar un acuerdo”. En su opinión, la diferencia estriba en que Estados Unidos abandonó el acuerdo por completo, mientras que Irán “tardó un año en responder” y “no se ha salido del todo”. De ahí que considere que, si bien el pacto firmado en 2015 se mantiene “con respiración asistida”, todavía no está muerto.
La periodista insiste en la necesidad de que ambos hagan concesiones. Pero la desconfianza recíproca dificulta el primer paso. Tampoco ayuda la imagen distorsionada que cada uno tiene del otro. Estados Unidos sigue esperando que la presión económica fuerce la determinación de Teherán, mientras que los dirigentes iraníes han interpretado la retirada norteamericana de Afganistán como una prueba de que Washington no tiene estómago para una nueva guerra en Oriente Próximo. Ese empecinamiento en imponerse al otro bloquea cualquier salida.
Para Ahmadi, lo que hace que, a pesar de todo, Irán y EE UU “sigan negociando es que no hay una alternativa real al PIAC para ninguna de las partes”. Mortazavi coincide. “La alternativa a una solución diplomática será más costosa y peligrosa, ya que probablemente incluirá una escalada militar dañina tanto para Irán como para Estados Unidos, y otros países de Oriente Próximo”, asegura.
Según Ahmadi, Estados Unidos “hace mucho que sabe que los ataques militares solo retrasarán el programa y, al mismo tiempo, probablemente convenzan a Irán de que necesita una disuasión nuclear y que la política de máxima presión ha fracasado”. Por otra parte, Irán necesita que se levanten las sanciones para reavivar su economía. “Incluso sus lazos con China dependen de que las empresas chinas sepan que no van a ser sancionadas”, afirma el analista.
De ahí que una de las medidas que se han puesto sobre la mesa para acercar posiciones sea un entendimiento para que Irán congele su actividad nuclear a los niveles actuales a cambio de algunos beneficios económicos. Pero sea cual sea el resultado de las negociaciones, la investigación y el desarrollo que Teherán ha obtenido durante los dos últimos años es irreversible.
Detenciones controvertidas
Coincidiendo con el inicio de la octava ronda de las negociaciones nucleares, la familia de Benjamin Brière, un francés encarcelado en Irán, anunció el pasado lunes que este había iniciado una huelga de hambre para protestar contra sus condiciones de detención. Brière, de 36 años, fue arrestado en un parque natural del norte del país en mayo de 2020 y acusado de espionaje y propaganda contra el régimen iraní por “fotografiar zonas prohibidas”, algo que su familia rechaza.
Al menos una docena de ciudadanos con pasaportes occidentales, la mayoría binacionales, se encuentran detenidos en Irán. Varios grupos internacionales de derechos humanos consideran que se trata de una forma de presión para obtener concesiones. Al hilo de la huelga de hambre de Brière, algunos activistas recuerdan que todos los países democráticos que negocian con Teherán en Viena tienen algún ciudadano en esa situación. Tal es el caso de Nazanin Zaghari-Ratcliffe, Anush Ashuri y Morad Tahbaz (irano-británicos); Nahid Taghavi y Jamshid Sharmahd (irano-alemanes), y los irano-franceses Fariba Adelkhah y Nazak Afshar. Incuso el país anfitrión de las conversaciones, Austria, cuenta con los casos de Kamran Ghaderi y Massud Mossaheb. Pero Irán no reconoce segundas nacionalidades.
Los niveles de aprobación del presidente están en mínimos desde que juró el cargo en enero. El último sondeo de Gallup, publicado el día del discurso-ómicron, le da un 43% (llegó a tener un 57%, a principios de enero y de abril). Ningún presidente, salvo Donald Trump (36%), había caído tan bajo al final de su primer año. Y pocos partieron más apoyados por el amanecer de un nuevo día como Biden. Tal vez no fue recibido con tanto entusiasmo como Barack Obama, pero sí con alivio entre grandes sectores de la población por dejar atrás los cuatro agitados años anteriores.
Diez meses después, otro sondeo, publicado en noviembre por la cadena NBC, fijó en un 71% (ocho puntos más que en agosto) los estadounidenses que consideraban que el país va por mal camino. La sensación de pesimismo la subrayó a los pocos días The New York Times, con la publicación en su edición impresa un suplemento especial titulado ¡Anímate América!, en el que se lamentaba por un país “antes ágil y excitante”, que “ahora renquea y se retuerce”, cuya “imaginación política audaz y expansiva se ha atrofiado” y solo es capaz de “soñar sueños pequeños”.
El artículo principal lo firmaba Daniel Immerwahr, historiador de la Northwestern University, cerca de Chicago, y autor de How to Hide An Empire (Cómo ocultar un imperio, 2019), best-seller sobre la imagen expansionista de su país en el mundo. Immerwahr explica en una entrevista telefónica que Estados Unidos ha sido “desde la Segunda Guerra Mundial una nación optimista que además era percibida como la más poderosa”. “Eso está cambiando. Hace ocho años, cuando se planteó la pregunta sobre si este era el mejor país del mundo, el 70% de los encuestados contestó afirmativamente. Un reciente estudio del Chicago Council on Global Affairs muestra que solo el 54% lo piensa ya. Y es cosa también de la edad: un estudio similar del Centro Pew concluyó que los encuestados menores de 30 años estaban mucho menos enamorados de su país que los mayores de 50. En general, nuestro excepcionalismo está en retirada”, afirma Immerwahr.
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“El estado de ánimo es aciago, y es comprensible”, escribió este jueves Susan B. Glasser en su resumen del año en la revista The New Yorker. “No se puede decir que la cordura, la competencia y la cortesía hayan regresado precisamente a Washington; tampoco se adivina una vuelta de la normalidad. Biden, ahora está claro, prometió lo que no podría cumplir a una nación dividida”. Y eso se transparenta en el ánimo de republicanos (el 93% se sienten defraudados), independientes (90%) y demócratas (48%), según la encuesta de la NBC.
A la gangrena parlamentaria se une la inflación, tal vez el indicador económico que más incide en el ánimo colectivo. Un 61% de los estadounidenses, según Gallup, tiene la impresión de que la economía marcha mal (una desconfianza inédita desde abril de 2020), por más que destacados analistas publiquen estos días desmentidos en forma de artículos. “Mejoró más en los primeros 12 meses de Biden que en los de cualquier presidente durante los últimos 50 años”, escribió Matthew Winkler, exdirector de Bloomberg News, la semana pasada. Hasta que la realidad de 2022 se pronuncie, es cierto que la economía se ha expandido un 5,5%, el paro cayó al 4,2%, los salarios han subido, la Bolsa ha batido récords y las ganancias empresariales son las mayores desde 1950.
Hasta la Navidad se ha salvado: las compras han llegado a tiempo a sus destinos, según ShipMatrix, consultora de la industria logística, pese a los negros presagios de la crisis de abastecimiento global que estalló este otoño y pese a advertencias como las del congresista republicano Jim Banks (Indiana), que escribió en una carta interna a los miembros de su partido: “Tenemos que explicar al electorado lo que los grinches que viven en el 1600 de Pennsylvania Avenue [dirección de la Casa Blanca] le han hecho a la Navidad”.
Lo que no previó Blanks es que el Grinch, agorero personaje de ficción concebido en los años cincuenta por Dr. Seuss, que ha terminado por aguarle las fiestas a Biden ha sido en realidad la combinación de dos variantes del coronavirus, delta y ómicron. El presidente ha pasado esta semana sus vacaciones en Rehobot, playa de su Delaware natal, recibiendo informes sobre un récord diario de contagios detrás de otro, noticias de suspensiones de miles de vuelos de vuelta a casa por Navidad y críticas porque los tests que prometió en su comparecencia del 21 de diciembre no llegarán en realidad hasta entrado el mes de enero.
Ha disfrutado al menos estos días del consuelo de Commander, un pastor alemán de 16 semanas que su hermano le regaló por su 79º cumpleaños. Por completar la socorrida cita del Ricardo III de Shakespeare, ese perro es lo más parecido que el líder estadounidense ha contemplado en el invierno de su descontento a un atisbo del sol de York, que está por ver que salga para su Administración, y para Estados Unidos, en 2022.
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Los integrantes de la presunta estructura cobraban altos intereses a sus víctimas. Las despojaban de sus bienes. y con estos dineros habrían adquirido camionetas de alta gama o casas en lugares exclusivos de distintas ciudades del país.
Noticias Colombia.
En un trabajo conjunto con la Policía Nacional y la Fiscalía General de la Nación se logró la judicialización de 10 presuntos integrantes de una red delictiva señalada prestar dinero, bajo la modalidad ‘Gota-Gota’.
De acuerdo a los reportes oficiales, estas personas imponían exagerados intereses, amenazaban a sus víctimas y las desplazaban de sus hogares para asegurar el pago de las deudas.
Dichas deudas representaban millonarias ganancias en efectivo.
Con el dinero recaudado, habrían adquirido lujosos bienes como camionetas del alta gama, cada una evaluada a unos 300’000.000 de pesos; así como casas en sectores exclusivos de distintas ciudades del país.
Adicionalmente, durante el procedimiento de captura se encontraron 500 gramos de oro, 35’000.000 de pesos y 410 dólares en efectivo.
Sin descartar que, esta organización donaba recursos al aparato armado de la estructura delictiva ‘Cordillera’ del Eje Cafetero.
Esta organización operaba principalmente en Risaralda, pero también en otros departamentos y algunas poblaciones del Ecuador.
Imputación
Tras las investigaciones,, una fiscal de la Dirección Especializada contra Lavado de Activos imputó a los señalados los delitos de lavado de activos, enriquecimiento ilícito de particulares, financiación a grupos delincuenciales, constreñimiento ilegal y concierto para delinquir.
Sin embargo, los cargos no fueron aceptados.
Cortesía de la Fiscalía General de la Nación.
Paralelo al proceso penal, la Dirección Especializada de Extinción del Derecho de Dominio impuso medidas cautelares.
Se le aplicó la extinción del poder dispositivo, embargo, secuestro y toma de posesión sobre 39 inmuebles, muebles, sociedades, establecimientos de comercio y acciones que pertenecería las personas que estarían involucradas en los préstamos ilícitos.
Las propiedades quedaron a disposición de la Sociedad de Activos Especiales (SAE).
Estas personas, presuntamente, amenazaban y desplazaban a familias de sus hogares para asegurar el pago de las deudas y los exagerados intereses que imponían, los cuales les representaban millonarias ganancias diarias en efectivo. pic.twitter.com/N4mWwXG3Xp