Cali avanza con los diferentes organismos de la Administración Distrital en la concertación de ajustes de la Política Pública para la Prevención y el Abordaje Integral del Fenómeno de Habitabilidad en Calle.
El proceso se desarrolla de conformidad con las orientaciones del Departamento Administrativo de Planeación Municipal, a la vez se adelanta la formulación del plan de trabajo para la vigencia 2022.
“Necesitamos tener claridad en que esta Política Pública busca garantizar los derechos de la población habitante de calle, independientemente de su elección de iniciar procesos de superación o continuar su habitancia en calle” afirmó la secretaria de Bienestar Social de Cali, María Fernanda Penilla Quintero.
Entre las entidades corresponsables que participaron en las Mesas de Trabajo está la Dirección Regional del Servicio Nacional de Aprendizaje SENA.
Claudia Elena Becerra Romero, encargada de atender a población vulnerable y políticas sociales para el Valle del Cauca por parte de dicha entidad, acompaña estos procesos y articula acciones acordes con las estrategias que se generen por parte del Distrito, en beneficio de esta población.
Entre los temas fundamentales en estas mesas de trabajo se trazan estrategias que permitan la inclusión socio económica de las personas en situación de calle generando acciones articuladas que posibiliten el desarrollo de procesos con enfoque diferencial para esta población; además, de diseñar iniciativas orientadas hacia la transformación del fenómeno de habitabilidad en calle en los territorios sociales del Distrito.
Fuente: Gloria Andrea Buriticá Ariza / Alcaldía de Cali
Con el propósito de conocer sobre los beneficios de los polinizadores, estudiantes de grado 9° del Colegio Bolívar realizaron una visita pedagógica al Parque Ambiental Corazón de Pance, como parte de sus prácticas de campo de la asignatura de emprendimiento y liderazgo.
En su recorrido estuvieron acompañados por guarda parques del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente, Dagma, pero además por miembros del colectivo Sembrando, de la Universidad del Valle, quienes los guiaron para realizar la clasificación y estudio de los polinizadores presentes en el laberinto y los jardines aledaños.
Para la docente Jesica Gómez, “esta experiencia permite a los chicos que optan por un liderazgo ambiental, ofrecer alternativas a las problemáticas que ellos identifican y el Parque Ambiental Corazón de Pance es un excelente espacio para que tengan un contacto directo con la naturaleza y entiendan de manera vivencial como pueden incidir en la búsqueda de soluciones”.
Por medio de una red malla y de manera guiada, los estudiantes observaron, clasificaron e identificaron diversos insectos como abejas, moscas y mariposas, previamente realizaron una sensibilización sobre la agudización de los sentidos para el estudio de especies de fauna presente en el Parque. Este ejercicio lúdico y pedagógico es una de las muchas experiencias que los visitantes pueden tener en el Parque Ambiental Corazón de Pance, un acercamiento a la vida y a los ecosistemas que debemos ayudar a conservar para beneficio de Cali y del planeta.
El Parque Ambiental Corazón de Pance se encuentra en proceso de estudios y diseños, pero se pueden realizar visitas guiadas en grupos pequeños, sin ningún costo y cuando las condiciones del clima lo permiten, previa programación concertada con el grupo de conservación del DAGMA en el correo electrónico [email protected]
Con la imposición de dos medidas preventivas una en el retén forestal del km 7 de la vía al mar (Cali) y la segunda el sector de Comfamar (Buenaventura), se dio inició a los operativos interinstitucionales para el control al tráfico de fauna y flora silvestre, coordinados entre las autoridades ambientales de la región de cara a la semana mayor.
Estas acciones se han planificado con el propósito de logar mayores impactos en el cuidado del patrimonio natural de la región. Por lo que personal del técnico, profesional y operativo del DAGMA, CVC, EPA Buenaventura, Parques a Nacionales y el Ministerio de Ambiente, con apoyo de la Policía Ambiental, desarrollarán desde esta semana intervenciones coordinadas y en algunos casos simultáneas en plazas de mercado, establecimientos de comercio y corredores viales, en cada una de sus jurisdicciones, con el propósito de combatir este flagelo del tráfico de flora y fauna silvestre, el cual en ésta temporada del año lamentablemente se intensifica.
Jorge Armando Escudero coordinador operativo del grupo de Fauna Silvestre del DAGMA señaló, que tan importante como las labores de aprehensión de fauna víctima de tráfico e inició de los procesos sancionatorios a los infractores, es la labor de educación ambiental que el personal de las autoridades ambientales hace en las comunidades donde se realizan la intervenciones, en el propósito de combatir el tráfico a través de la generación de conciencia y cultura ambiental entre la ciudadanía.
Al tiempo que reveló que en lo corrido del año 124 especímenes de fauna silvestre víctima del tráfico ilegal, han llegado al Hogar de Paso del DAGMA para su valoración y cuidado.
Por su parte julio Cesar Nieto líder del grupo de flora silvestre del DAGMA manifestó que lo más relevante de los operativos, es que se ha logra aunar esfuerzos entre las autoridades ambientales, que tenemos la responsabilidad de protección del litoral Pacífico, pues es justamente por Buenaventura, por donde se está desangrando la riqueza forestal de nuestro litoral y estos ejercicios de gobernabilidad ambiental permiten identificar nuestras fortalezas individuales y colectivas para afrontar esta situación.
Durante el desarrollo de la actividad, los profesionales del DAGMA realizaron un proceso de capacitación y acompañamiento técnico para la identificación de especies maderables a los miembros de la Policía Ambiental, Parques Nacionales y la Empresa Publica Ambiental (Epa Buenaventura), que les permitirá una mayor eficacia operativa en los puestos de control.
Estas jornadas operativas de intervención, cooperación y capacitación interinstitucional, se continuarán desarrollando de manera continua.
Hace muchos años, en 2006, preguntaron en un programa de televisión al actual ministro de Defensa ruso qué es lo que haría si se encontrase en un avión que se precipitase contra el suelo. “Nada. De todos modos seguiría cayendo”, respondió Serguéi Shoigú al presentador, sin dudar un segundo. La anécdota la cuenta Mijaíl Zygar, director de la televisión Dozhd, bloqueada ahora por las autoridades, en su libro Todos los hombres del Kremlin: dentro de la corte de Vladímir Putin. Este episodio refleja la personalidad del general sobre cuyos hombros ha recaído todo el peso del ataque contra Ucrania, un hombre que tenía un expediente inmaculado como fiel servidor de Putin durante un cuarto de siglo, y sobre el que ahora pende la amenaza de un enorme fracaso.
Según publicó The New York Times el pasado miércoles, el servicio de espionaje estadounidense “sugiere” que el estancamiento de la ofensiva ha disparado la tensión entre el presidente ruso y el alto mando de sus Fuerzas Armadas. Las diversas fuentes de la inteligencia norteamericana que cita el diario decían que incluso Shoigú, uno de los pocos hombres que forman parte del estrecho círculo del mandatario, habría perdido su confianza.
El portavoz del Pentágono, John Kirby, se sumó a estas supuestas revelaciones y dijo esta semana que los generales rusos no estarían ofreciendo al mandatario información fiable sobre el progreso de la campaña. “Hemos podido llegar a la conclusión de que Putin no ha sido totalmente informado por su ministro de Defensa de todos los giros ocurridos en el último mes”, apuntó el representante de las Fuerzas Armadas estadounidenses, opinión que también compartió el secretario de Estado, Antony Blinken, durante un viaje a Argelia. “Uno de los talones de Aquiles de las autocracias es que no hay gente que diga o que tenga la capacidad de decir la verdad al poder, y eso es algo que estamos viendo en Rusia”, recalcó el jefe de la diplomacia estadounidense.
Algunas pistas de que no todo marcha acorde al plan son los supuestos arrestos domiciliarios de dos miembros del Quinto Departamento del Servicio Federal de Seguridad (FSB) —responsable del espionaje exterior— por proporcionar información equivocada sobre la situación política de Ucrania en vísperas de la ofensiva, según el diario opositor Meduza, y también la destitución del vicejefe de la Guardia Nacional, Román Gavrílov.
El ministro Shoigú bajo presión
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Si todo esto se traduce en un cambio tangible en el rumbo de la operación en Ucrania, solo el tiempo lo dirá. “Pese a su frustración, sustituir al ministro es un riesgo y Putin no es alguien inclinado a cambiar a sus altos cargos por impulso”, dice a EL PAÍS Tatiana Stanovaya, politóloga del centro Carnegie de Moscú. “Pienso que Putin no tiene motivos para temer, para sospechar una traición, pero sí para sentir un gran enfado por el desarrollo de la campaña, pero ¿qué puede hacer?”, añade. “Todo eso son especulaciones. Lo que está claro es que Shoigú se encuentra bajo una gran presión”, destaca la experta, tras señalar que “hay signos de una opinión muy negativa (por parte del presidente ruso) acerca de la dirección del Ejército y del Ministerio de Defensa”.
En cualquier caso, la lealtad de Shoigú, jefe de una de las instituciones más respetadas de Rusia, nunca ha sido cuestionada. Su historia con Putin arrancó hace más de dos décadas. Semanas antes del 31 de diciembre de 1999, el día que Boris Yeltsin renunció al poder y Putin fue nombrado presidente en funciones, se celebraron unas elecciones parlamentarias que fueron claves para el futuro presidente. La formación de su máximo rival, Yevgueni Primakov, le superaba en todas las encuestas, y sus seguidores tuvieron que constituir un partido nuevo con apenas dos meses de margen para hacerle frente.
“Poner a Putin al frente de Unidad era peligroso, pues un fracaso electoral podía hacer imposible que sucediera a Yeltsin en las presidenciales. Entonces eligieron como red protectora a otro candidato que también era popular: el ministro de Emergencias, Serguéi Shoigú”, recuerda Zygar en su libro. Shoigú nunca le disputaría el liderazgo a Putin pese a haber sido el máximo responsable de aquel partido y del que fue creado posteriormente, Rusia Unida. Al revés, le mostró su lealtad incluso en su ostracismo de los primeros años, cuando su Ministerio de Emergencias llegó a ser investigado por corrupción por el FSB, dirigido por aquel entonces por Nikolái Patrushev, hoy jefe del Consejo de Seguridad y también miembro selecto del círculo de Putin.
“Shoigú, silovik (político procedente de las fuerzas de seguridad) de la era Yeltsin, era un enemigo natural para la administración controlada por el FSB”, agrega Zygar. Pero sobrevivió en la primera línea política, a diferencia de otros, “porque explotó el amor del presidente por la caza y los deportes extremos, y el ministro de Emergencias se convirtió así en el turoperador de Putin por toda Rusia”, apunta. Una costumbre, la de viajar juntos, que nunca perdieron: el pasado año, justo antes de comenzar el despliegue masivo de tropas rusas alrededor de Ucrania, los dos pasaron varios días juntos en la taiga.
Sus escapadas al campo han sido unas de las raras actividades públicas de Putin desde que comenzó la pandemia. Los rusos se han acostumbrado en los dos últimos años a verle aislado en su despacho, ya sea a través de videoconferencias, en mensajes a la nación cara a cara con la cámara o durante encuentros personales con otros líderes mundiales, separado de ellos por una enorme mesa. Según las fuentes estadounidenses consultadas por The New York Times, su distanciamiento por la Covid-19 y su reprensión a quienes no comparten su punto de vista “han creado cierta cautela, e incluso miedo, en los altos mandos del Ejército ruso”.
En opinión de Ben Noble, profesor asociado de Política Rusa en el University College de Londres, es cierto que ha estado físicamente aislado durante gran parte de la crisis del coronavirus. “Dicho esto, no parece que eso haya jugado un papel decisivo en sus ideas sobre Ucrania. En todo caso, su aislamiento ha fortalecido sus creencias previas sobre un presunto deseo de Occidente de hundir a Rusia a través del control de Kiev”, señala Noble.
Por otro lado, Stanovaya cree que a Putin no le falta apoyo dentro de su círculo. “Todos le respaldan, le temen, comparten su preocupación por la situación actual. El problema es otro: a Shoigú, Gerásimov [jefe del Estado Mayor], Zolotov [director de la Guardia Nacional], Naryshkin [director del Servicio de Inteligencia Exterior]… les preocupa que Putin les retire su confianza. Ellos le apoyan sin lugar a dudas. Son serviciales, son militares”, añade la politóloga.
Este terror quedó reflejado en el ataque de pánico que sufrió Naryshkin bajo la mirada escrutadora de Putin en la sesión extraordinaria del Consejo de Seguridad del pasado 21 de febrero, en la cual el presidente ruso y sus colaboradores cruzaron el Rubicón hacia la invasión de Ucrania. El balbuceo del jefe de los espías en el extranjero, que no atinaba a reconocer la independencia de Donbás, como sí hicieron Patrushev y Shoigú, no fue eliminado de la grabación difundida a posteriori, algo que sí ocurrió con otros fragmentos de la reunión. “Ese encuentro fue una obra de teatro político y, aun así, parece que algunos miembros estaban menos seguros que otros al recomendar que Rusia reconociera las llamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk”, incide, desde Londres, Noble.
Para Stanovaya, “el problema no es de intenciones, sino de incompetencia”, pues los mandos “no han cumplido sus tareas y eso ha tenido muchas consecuencias. Shoigú se encuentra en una situación muy difícil porque Putin sabe que ha fracasado”.
La UE y China celebran este viernes una cumbre bilateral que puede marcar la supervivencia de unas relaciones políticamente muy tensas pero muy fructíferas para la economía de ambas partes. Bruselas exigirá en términos meridianamente claros al presidente chino, Xi Jinping, que se abstenga de ayudar a Rusia en su ataque contra Ucrania, tanto en suministro de armamento militar como en fórmulas para sortear las sanciones occidentales. Fuentes comunitarias enfatizan: “Cualquier asistencia financiera o armamentística sería interpretada como el fin de la neutralidad de China en el conflicto”. Los organismos comunitarios confían en que Pekín no traspase esa peligrosa línea, pero advierten que, de hacerlo, sufriría graves consecuencias políticas y económicas en la escena internacional.
El encuentro por videoconferencia, previsiblemente tirante, contará por el lado comunitario con la participación del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell. El primer ministro chino, Li Keqiang, participará en la sesión de la mañana. Y el presidente Xi, en la de la tarde. Ninguna de las partes aspira a una declaración común o de rueda de prensa compartida, dos objetivos que solían centrar la atención en las anteriores cumbres UE-China. “Esta es una cumbre en medio de una guerra que amenaza la seguridad de Europa y el orden internacional; si se logra parar la muerte y la destrucción en Ucrania o se contribuye a evitar el uso de armas de destrucción masiva, será mucho más importante que cualquier declaración”, apunta una fuente europea.
Bruselas quiere que Pekín se comprometa de manera activa a colaborar en la detención del conflicto. Y, sobre todo, que no dé ningún paso que pueda ayudar al presidente ruso, Vladímir Putin, a superar las dificultades que está encontrando en el campo de batalla, por la resistencia del Ejército ucranio, y en el terreno económico, por las sanciones impuestas por Occidente. “No se trata de fijar ninguna línea roja a China, pero si facilitas armas a Moscú o ayudas a que esquiven las sanciones, está claro que habría dejado de ser neutral”, apuntan fuentes comunitarias.
Tras el inicio de la guerra, la UE había alentado al Gobierno chino a que aprovechara su capacidad de presión sobre Putin para frenar el ataque y ejercer de mediador. Ahora parece conformarse con que no se ponga del lado del agresor, una decisión que desequilibraría aún más la guerra en contra de Ucrania y que, sobre todo, reforzaría el escenario de confrontación entre Occidente y el resto del mundo que difunde la propaganda del Kremlin. Bruselas teme que China pase de su neutralidad sesgada a favor de Moscú a un apoyo claro y tangible. “¿Prolongas esta guerra o le pones fin? Estas es la pregunta existencial de la cumbre”, añaden fuentes comunitarias.
La UE está convencida de que los intereses de Pekín no pasan por secundar un conflicto bélico cuya escalada, de producirse, pondría en peligro la paz mundial e interrumpiría una globalización comercial de la que China ha sido uno de los principales beneficiados. Fuentes europeas consideran improbable que “China se arriesgue a perder lo logrado durante tres décadas de estabilidad y a poner en peligro la promesa del régimen a sus ciudadanos de que cada generación vivirá mejor que la anterior”.
Pero en Bruselas inquieta sobremanera el alcance de la declaración conjunta suscrita por Xi y Putin en Pekín el 4 de febrero, solo 20 días antes del inicio de la invasión rusa de Ucrania. El texto fue interpretado como una declaración de guerra contra el orden internacional auspiciado por Occidente e imperante desde el final de la II Guerra Mundial. Y por primera vez, China se pronunciaba abiertamente en contra de la ampliación de la OTAN, una organización militar que hasta ahora parecía haber escapado a la atención del radar del régimen comunista oriental.
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En respuesta a ese frente común, Michel, Von der Leyen y Borrell no van a dudar en esgrimir ante Li y Xi la envergadura de los lazos comerciales entre China y la UE frente al escaso peso de sus vínculos económicos con Moscú. El mercado europeo absorbe el 15% de las exportaciones chinas frente al 1,9% que supone el mercado ruso. En 2019, el último ejercicio antes de la pandemia, el comercio de bienes entre China y la UE ascendía a 560.000 millones de euros, con un déficit comercial a favor del lado chino de 160.000 millones de euros.
Pero esos flujos multimillonarios no han impedido que en los últimos años se tensen las relaciones entre Bruselas y Pekín, sobre todo desde que en 2019 la Comisión Europea calificó a China como “rival sistémico”, término que solivianta al régimen de Xi. El choque se agravó en marzo de 2021, cuando la UE impuso sanciones a China, las primeras en 30 años, por la persecución contra la minoría étnica de los uigures. Pekín adoptó represalias y sus sanciones incluyeron a cinco miembros del Parlamento Europeo, lo que dejado en el aire un acuerdo de inversión que aspiraba a aumentar la llegada de capital europeo a China y viceversa.
Fuentes europeas avisan de que las relaciones con China se deteriorarán aún más, hasta un punto de difícil retorno, si Pekín se decanta a favor de Putin en el ataque contra Ucrania. “Se dañará la imagen internacional de China, afectará a sus empresas, a sus bancos y a su capacidad de ofrecer prosperidad a sus ciudadanos”, advierten esas fuentes, con unos términos que se asemejan, aunque en menor grado, a las amenazas de “sanciones masivas” que se lanzaron antes de la guerra para intentar disuadir al presidente ruso. La estrategia no funcionó con Putin y hay dudas sobre su efectividad con Xi.
El 15 de marzo, los primeros ministros de Polonia, República Checa y Eslovenia, Mateusz Morawiecki, Petr Fiala y Janez Jansa, junto con líder del partido ultraconservador polaco Ley y Justicia (PiS), Jaroslaw Kaczynski, viajaron a Kiev en tren en plena escalada bélica para demostrar su solidaridad con Ucrania ante la agresión rusa. Mientras, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, reivindicaba en Budapest, en el acto central de su campaña electoral, que su país debía mantenerse al margen de la guerra para proteger sus intereses y no mencionaba una sola vez al que ha sido su aliado, el presidente ruso, Vladímir Putin.
La imagen refleja la grieta que la invasión rusa de Ucrania ha abierto en el eje polaco-húngaro tras años haciendo piña ante Bruselas en un pulso a cuenta del Estado de derecho y la independencia judicial. Unidos por su deriva autoritaria e iliberal y por un discurso nacionalista de defensa de los valores tradicionales, los dos países tienen expedientes abiertos sobre la base del artículo 7 del Tratado de la UE, que permite suspender el derecho de voto al país que viole los valores fundamentales de la Unión.
“¿Polonia? El mejor país de Europa”, decía el pasado octubre Orbán en la cumbre de la UE sobre la posibilidad de que su socio fuese sancionado por la controvertida decisión de su Tribunal Constitucional, que colocaba al país al borde de la ruptura legal con la UE. Medio año más tarde, mientras Varsovia abandera la línea dura contra Moscú y realza su estatus internacional por su papel en la acogida de refugiados ucranios, Budapest se ha quedado sola en la UE por su tibia posición ante la guerra en Ucrania.
Refugiados ucranios hacen cola en el puesto fronterizo de Medyka, entre Polonia y Ucrania, el pasado día 25.Albert Garcia (EL PAÍS)
El signo más visible del divorcio (o separación temporal) ha sido la decisión de Polonia y de la República Checa de cancelar su participación en una reunión de ministros de Defensa en Budapest del Grupo de Visegrado, —un foro también llamado V4 en el que estos tres países y Eslovaquia cooperan en el marco de la Unión Europea—. El titular de Defensa polaco, Mariusz Błaszczak, renunció a acudir por “la actitud pro Putin de Orbán”, según una fuente del Gobierno polaco citada por el diario Rzeczpospolita. La primera en anunciar su ausencia, la ministra checa del ramo, Jana Cernochova, fue más dura en Twitter: “Siempre he apoyado el V4 y lamento mucho que el petróleo ruso barato sea más importante para los políticos húngaros que la sangre ucrania”. En la reunión, que hasta su cancelación estaba prevista para este miércoles y jueves, se iba a abordar la postura de Budapest ante la invasión rusa.
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Hungría ha preferido además a la organización ultraconservadora polaca Ordo Iuris para liderar una misión de observadores de las elecciones que celebra este domingo, las más reñidas desde que Orbán llegó por segunda vez al poder en 2010. Zoltan Kovács, secretario de Estado de Comunicación y Relaciones Internacionales, tuiteó el pasado domingo que el motivo es la “creciente preocupación sobre la imparcialidad” de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que también observará el domingo la limpieza de los comicios. Polonia y su ministro de Exteriores, Zbigniew Rau ocupa la presidencia de este organismo en estos momentos.
El distanciamiento de Polonia, la sexta economía europea, puede debilitar la posición de Budapest en Bruselas, pero Kovács no teme ningún tipo de aislamiento: “La posición nacional húngara nunca podrá quedar aislada, porque no actuamos según las expectativas de otros, sino de acuerdo a las de los ciudadanos húngaros”. La apuesta parece funcionar: a Orbán no le han afectado sus vínculos con Moscú, y llega a los comicios del domingo con una ligera ventaja sobre la lista unida de la oposición, una diferencia similar a la que venían reflejando las encuestas desde hace año y medio.
Línea roja
Orbán ha condenado la agresión rusa y se ha unido a las primeras rondas de sanciones europeas, pero ha puesto como línea roja las importaciones de gas y petróleo ruso por su alta dependencia energética (el 65% del petróleo y el 85% del gas en Hungría proceden de Rusia). El Gobierno ultraconservador de Budapest también aprobó que se reforzase la presencia militar de la OTAN en el oeste del país, pero rechazó enviar armas a Ucrania o que los envíos de otros países cruzasen su territorio. Todo, dice el líder de Fidesz, para preservar la paz y la seguridad, y mantener a raya los precios de la energía.
Frente a la posición de Orbán, Polonia no solo envía armas a Ucrania, sino que sirve de plataforma para el transporte de los equipos que mandan otros Estados. Depende también de la energía rusa, pero está dispuesta a buscar alternativas para cortar esas amarras. Quiere dejar de importar carbón de Rusia ya el próximo mayo y petróleo antes de que acabe el año, según anunció este miércoles el primer ministro, Morawiecki. Y donde el Gobierno húngaro se adelanta y dice, aunque nadie se lo ha pedido, que no enviará soldados, el polaco propone enviar una misión de paz de la OTAN a Ucrania, país del que tanto Hungría como Polonia son vecinos.
“Si me pregunta si estoy contento, le diré que no, pero voy a esperar a las elecciones. Veremos después”, dijo el líder polaco del PiS, Kaczynski, al ser preguntado en la radio pública polaca sobre la posición de Orbán ante la guerra en Ucrania. El presidente del país, Andrzej Duda, afirmó el pasado sábado en televisión que le resultaba “difícil de entender” la postura de Budapest frente a “la muerte de miles de personas”, aunque matizó que el primer ministro húngaro se halla en una “situación difícil” por ser “casi totalmente dependiente de Rusia”. El viceministro de Exteriores, Marcin Przydacz, calificó directamente la postura de Hungría de “errónea” guiada por el “cortoplacismo” electoral.
“Con todo el respeto, aceptamos la opinión de otros, pero en asuntos como la energía, las armas y los soldados, no podemos transigir, porque iría contra el interés nacional de Hungría”, respondió a este periódico el pasado lunes Kovács sobre las declaraciones de Kaczynski y Duda. “Entendemos la posición polaca y ellos deberían entender la húngara”, añadió el además portavoz internacional del Gobierno de Orbán, que incidió en que la postura de los Estados frente a la guerra en Ucrania “no es una cuestión de emociones, sino de intereses nacionales y perspectiva nacional”. “Hay muchas emociones ahí fuera y palabras muy fuertes, pero las decisiones se deben tomar con la cabeza fría”, afirmó, y mostró su confianza en la fortaleza de una relación entre los dos países que tiene siglos de historia común. “Está claro que, incluso antes, no estamos de acuerdo en todo siempre, y no es un problema”, concluyó.
La cuestión es que los desacuerdos y las distintas experiencias históricas que existían en Varsovia y Budapest sobre Rusia han cobrado una dimensión completamente distinta con la guerra en Ucrania. “Siempre ha habido un enfoque distinto, pero no importaba tanto”, apunta por teléfono Aleks Szczerbiak, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Sussex y especialista en política polaca contemporánea. “Ahora, la guerra ha eclipsado todo lo demás. A corto plazo, todo se ve a través de ese prisma. A largo plazo, cuando acaben los combates, veo muy probable que esa alianza resurja, porque las fuentes de desacuerdo con el mainstream liberal en la UE no han desaparecido. Simplemente, han dejado de ser la prioridad”, agrega.
Hace unos meses habría sido impensable que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, eligiese el Castillo Real de Varsovia para lanzar un discurso tan importante como el del pasado sábado. Biden había criticado en el pasado al Gobierno ultranacionalista polaco, que apostaba en 2020 por la reelección de Donald Trump y tardó semanas en reconocer la victoria del candidato demócrata.
La cuestión ahora es si Varsovia volverá a las andadas cuando callen las armas u optará por aprovechar el capital político que ha ganado en esta crisis para soltar lastre con Hungría y mejorar sus relaciones con el resto de la UE. En palabras de Szczerbiak, está por ver si el conflicto bélico va a “reformatear [las alianzas] o solo las está reordenando temporalmente”.
Joe Biden, durante su discurso en el Castillo Real de Varsovia, el pasado sábado. Slawomir Kaminski (REUTERS)
István Kiss, director del Instituto Danubio, un centro de estudios financiado por el Gobierno húngaro, descarta que la relación histórica entre Polonia y Hungría pueda estar en un punto de ruptura y considera que los comentarios de los dirigentes en Varsovia “están dirigidos sobre todo a la población polaca”.
Lo llaman el caso McKinsey, y en las redes sociales enfáticamente se habla de McKinsey-gate, por el nombre de la consultora estadounidense que, como otras firmas del sector, se ha beneficiado durante años de contratos de la Administración pública francesa. “¡Escándalo de Estado!”, claman algunos rivales de Macron, aunque las prácticas que se le reprochan ―el recurso creciente del Estado a consultores externos y privados— ni son ilegales, ni comenzaron con el actual presidente, ni han arrojado prueba alguna de corrupción, ni son exclusivas de Francia.
No importa. El Senado, dominado por la oposición conservadora, publicó el 17 de marzo el informe final de una comisión de investigación con datos llamativos. Entre 2018, cuando Macron acababa de llegar al Elíseo, y 2021, el Gobierno francés pasó de gastar 380 millones de euros en consultorías a desembolsar 894 millones. La cifra supera los 1.000 millones si se incluyen otros organismos del Estado.
El informe describía un “fenómeno tentacular”, alertaba del peligro de una “dependencia” de la Administración respecto a las consultoras, denunciaba la “opacidad” sobre su papel en la gestión gubernamental, y ponía el acento en una consultora en concreto: McKinsey. Los senadores señalaban que McKinsey, aprovechando los llamados “mecanismos de optimización fiscal”, no pagó el impuesto de sociedades en Francia entre 2011 y 2020. Pero esta empresa representa un parte mínima de los contratos de estos años. Sí tuvo un papel destacado durante la pandemia y la puesta en marcha del plan de vacunación. Y se da la circunstancia de que empleados y directivos de McKinsey en Francia participaron en la campaña de Macron en 2017.
“Todo esto suscita algunas preguntas”, dice por teléfono Arnaud Bontemps, alto funcionario y portavoz del colectivo Nos services publics. “¿Dispone el Estado aún de los medios para hacer su trabajo? ¿Depende de los gabinetes de consultoría, que a veces tienen otros intereses que el interés general, como se ve con la optimización fiscal de McKinsey? Y, finalmente, está la cuestión de la transparencia y de la democracia”, afirma. Bontemps añade: “Tenemos la impresión de que sustituyen al Estado de una manera ideológicamente no neutra”.
El presidente y candidato se ve forzado estos días a dar explicaciones en cada entrevista, en cada acto electoral. “Hay que ser claros, porque se da la impresión de que hay trapicheos, y es falso”, se defendió el domingo en la cadena France 2, consciente de que, aunque nadie ha demostrado que los contratos hayan vulnerado ninguna norma, el caso McKinsey posee todos los ingredientes para perjudicarle en esta campaña a medio gas y marcada por la guerra en Ucrania.
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Los ingredientes son una multinacional “anglosajona”, adjetivo corriente en Francia que no suele tener connotaciones positivas. Y, enfrente, el Estado, que en pocos países democráticos tiene el lugar que ocupa en Francia, y sus sumos sacerdotes: los altos funcionarios desplazados por los anónimos consultores.
Otro ingrediente: para un sector del electorado, Macron sigue siendo en el fondo un “banquero”, pues trabajó en la banca Rothschild antes de entrar en política, y el “presidente de los ricos”, por sus rebajas fiscales. La etiqueta McKinsey se adhiere a la perfección a esta caricatura. Y, agitados en la coctelera electoral, todos estos ingredientes refuerzan la imagen que de él dibujan algunos rivales: el presidente elitista y liberal que, durante su quinquenio, quiso gestionar Francia y su sacrosanto Estado como una empresa privada o una start-up (Francia en modo start-up, se titulaba precisamente un libro publicado en 2017 con prólogo de Macron y una contribución… de uno de los dirigentes de McKinsey).
El caso toca una fibra en Francia, y Macron se ha movilizado para desactivarlo cuanto antes. No quiere que una polémica que posiblemente en otro momento no tendría mayor recorrido —o en todo caso abriría un debate de fondo sobre la organización del Estado― haga descarrilar la campaña cuando falta poco más de una semana para la primera vuelta.
“No estoy en contra de las asociaciones entre lo público y lo privado. Lo que choca a los franceses es que McKinsey no haya pagado impuestos en Francia desde hace diez años”, declaró en la cadena LCI Valérie Pécresse, candidata de Los Republicanos, el partido de la derecha tradicional. “Hay la sensación de que Emmanuel Macron no es transparente y tiene una agenda oculta, financiera o política, y esto puede perturbar su candidatura”, añadió.
El miércoles, los ministros de la Administración, Amélie de Montchalin, y de Presupuestos, Olivier Dussopt, convocaron una rueda de prensa para explicarse. El argumento es que el Estado recurre a estas empresas para misiones sobre las que no dispone de las competencias adecuadas, o en crisis excepcionales como la pandemia. Y que, aunque trabajen con frecuencia en la sala de máquinas de los ministerios, no toman decisiones políticas. “Las reglas de los mercados públicos se respetan”, dijo Montachalin. “Ningún gabinete de consultoría ha decidido ninguna reforma: la decisión siempre corresponde al Estado”, aseguró Dussopt.
La externalización de los servicios públicos no es una novedad. En Les infiltrés, un libro publicado a principios de año, los periodistas Matthieu Aron y Caroline Michel-Aguirre recuerdan que el uso de los consultores empezó a dispararse durante el quinquenio del presidente Nicolas Sarkozy, entre 2007 y 2012, con ocasión de una reforma que contemplaba que solo uno de dos funcionarios jubilados sería remplazado. Aron y Michel-Aguirre hablan de “un putsch progresivo, casi rampante, sin sangre, pero que, desde el interior, ha cambiado Francia”. “Desde hace 20 años”, afirman, “los gabinetes de consultoría se han instalado en el corazón del Estado”.
No hay nada atípico si se compara con los países del entorno. Francia dedica a las consultorías privadas un 0,27% del gasto total en personal público, según un informe de la Asamblea Nacional. El Reino Unido, un 1,23%; Alemania, un 1,25%; España, según el mismo informe, gasta un 0,32%.
Si en Francia esto es motivo de discusión, quizá sea por la sacralización del Estado y del alto funcionariado en este país. Y por las elecciones. Los sondeos son unánimes: Macron y Le Pen se clasificarían hoy para la segunda vuelta y Macron saldría reelegido. Pero los márgenes se estrechan. Y hay nervios en las filas macronistas. Un error, una polémica fuera de control, puede costar cara.