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La tibieza de Alemania ante Rusia, la inexistencia de un discurso unificado y su negativa a enviar armas defensivas a Kiev han provocado una crisis de la imagen internacional del país en su papel en la crisis de Ucrania. El liderazgo del Gobierno de coalición del socialdemócrata Olaf Scholz, que aún no ha cumplido dos meses, está en entredicho después de la avalancha de críticas de observadores políticos tanto en Estados Unidos como en otros países, especialmente en Europa del Este. La incredulidad respecto a la actuación de Berlín ha dado paso incluso a las burlas mientras crece la desconfianza. “¿Es Alemania un aliado fiable de América?”, se preguntaba el experto en seguridad Tom Rogan en The Wall Street Journal hace unos días. “Nein”, respondía.

Conscientes de que una brecha entre los aliados occidentales sería el mejor regalo para Vladímir Putin, que parece haber esperado a la marcha de Angela Merkel para poner sobre la mesa sus demandas en materia de seguridad, este lunes se reúnen en Washington el canciller alemán y el presidente de EE UU, Joe Biden. El momento es delicado para Scholz, que afronta su primera gran crisis de política exterior, pero es también una oportunidad para mostrar la firmeza y unidad que los socios occidentales han echado en falta en las últimas semanas. El canciller está entre dos aguas: por un lado, sufre la presión de Washington; al otro pesan la economía, el complejo legado de la Segunda Guerra Mundial y la peliaguda relación entre Alemania y Rusia de las últimas décadas.

Siempre se ha acusado a Alemania de orientar su política exterior en función de sus intereses económicos. Alrededor del 55% del gas natural que alimenta su potente industria y calienta las calefacciones de sus 83 millones de habitantes procede de Rusia. Esta dependencia crece en paralelo al abandono simultáneo del carbón y la energía nuclear. Rusia es también un importante destino de las exportaciones alemanas. “Hay poderosos grupos de presión empresariales que abogan contra las sanciones a Rusia”, apunta Rafael Loss, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). Y eso provoca una respuesta vacilante de los políticos ante Moscú, añade. No hay que olvidar que la economía alemana pagaría un alto precio por las sanciones, mientras que los países más beligerantes con Moscú —Estados Unidos y el Reino Unido— tendrían mucho menos que perder.

El principal motivo de controversia ha sido la postura de Berlín sobre la venta de armas a Kiev. La legislación alemana prohíbe enviar armamento a zonas de conflicto. Tanto Scholz como la ministra de Exteriores, la verde Annalena Baerbock, han dejado muy claro que no habrá excepciones con Ucrania. Pero Berlín también bloqueó recientemente la reexportación de armas alemanas —antiguos obuses howitzer de fabricación soviética que pertenecieron a la RDA— desde Estonia. La reacción de la Europa del Este fue inmediata. El ministro letón de Defensa, Artis Pabriks, acusó a Alemania de mantener una relación “inmoral e hipócrita” con Rusia y de crear una línea divisoria entre Europa occidental y oriental.

“Almohadas” para ayudar a Kiev

El enfado se convirtió en burla cuando la ministra de Defensa alemana anunció la semana pasada, tras las reiteradas peticiones ucranias de armas defensivas, el envío de 5.000 cascos de protección. El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, un conocido excampeón de boxeo que vivió muchos años en Alemania, lo calificó de “broma” en una entrevista con el diario Bild: “¿Qué será lo siguiente que envíe Alemania como apoyo? ¿Almohadas?”

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Expertos como Ulrike Franke, también del ECFR, defienden que la mayoría de críticas a Berlín pasan por alto algo muy relevante: que sus líderes y muchos alemanes de a pie están convencidos de que su postura sensata y conciliadora es la adecuada. Frente al belicismo de otras potencias, en Alemania se prefiere la vía del apaciguamiento. Una encuesta reciente de YouGov mostró que el 59% de los alemanes apoya la decisión de no enviar armas a Kiev. “El propio interés existe, así como la empatía con Putin, pero no son esas causas profundas de la postura gubernamental”, escribe Franke en The Washington Post.

La historia reciente del país tiene mucho que ver con ese antimilitarismo y con la complicada relación con Rusia. “Muchos alemanes asocian las atrocidades cometidas por la Alemania nazi con Rusia, y no con Polonia, Bielorrusia o Ucrania, que sufrieron proporcionalmente más muertes y mayor destrucción”, recuerda Loss. Y ello ha provocado “un sentimiento de culpa” que el presidente Putin ha sabido explotar. “Poco a poco Alemania se ha colocado en una posición de vulnerabilidad frente al Kremlin”, añade el experto en política exterior y seguridad.

Dumitru Minzarari, experto en el este de Europa y Eurasia de Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP), opina que la falta de liderazgo alemán no es tal. Berlín tiene claro su rumbo, asegura, como se pudo comprobar con la insistencia en la construcción del gasoducto Nord Stream 2 frente a la UE y a Estados Unidos. La clave es la economía. “No queda bien de cara al público liberal alemán o el público en general de la UE decir que Alemania no ayudará a Ucrania porque podría enfrentarse a pérdidas económicas en sus relaciones con Rusia. Invocar el antimilitarismo y la culpa histórica queda mejor desde la perspectiva de las relaciones públicas”, afirma.

Falta de liderazgo

Las críticas al nuevo tripartito de Scholz no solo llegan de fuera. El líder de la oposición, el democristiano Friedrich Merz, acusa al canciller de falta de liderazgo. En el último debate en el Bundestag le recriminó que los dos partidos estadounidenses, siempre enfrentados, están ahora de acuerdo al calificar a Alemania como un país “inconsistente y poco de fiar”. No ayuda el hecho de que las tres formaciones que lideran la era pos-Merkel tienen distintas visiones sobre política exterior. Mientras Los Verdes están dispuestos a priorizar la defensa de los derechos humanos frente a los intereses económicos, entre las filas socialdemócratas todavía hay nostalgia de la Ostpolitik de Willy Brandt y cierta rusofilia personificada por ejemplo en el excanciller Gerhard Schröder, convertido en asesor de Gazprom a los meses de abandonar el cargo.

Wolfgang Ischinger, presidente de la Conferencia de Seguridad de Múnich y una de las voces más respetadas en política exterior, se preguntaba en su cuenta de Twitter: “¿Cuántos en Berlín son realmente conscientes del daño que nuestra confusa política respecto a Ucrania inflige no solo a Alemania sino a toda la UE? Nuestros socios orientales se aferran cada vez más a EE UU y la OTAN, y la credibilidad de la UE se resiente”. Muchos se preguntan cuántos políticos están secretamente de acuerdo con el vicealmirante Kay-Achim Schönbach, forzado a dimitir tras asegurar que Putin merece ser tratado con respeto y como un igual por Occidente y que la península de Crimea nunca volverá a pertenecer a Ucrania.

El Gobierno defiende que su apoyo a Ucrania ha quedado demostrado y subraya que los esfuerzos diplomáticos de Berlín han conseguido recuperar el llamado formato de Normandía, en el que se reúnen Rusia, Ucrania, Francia y Alemania. Pero es evidente que el liderazgo que exhibió Merkel para firmar los acuerdos de Minsk en 2015 contrasta con el papel secundario de Scholz en esta crisis. “La ministra Baerbock dijo el otro día que la OTAN es como un equipo en el que cada jugador hace su parte. Por ahora lo que parece es que Alemania ni siquiera quiere saltar al terreno de juego”, asegura Loss.

Analistas como Sabine Fischer, del SWP, tilda de “exageradas” las críticas al tripartito y asegura que es “absurdo” cuestionar la lealtad de Alemania a la UE y a la OTAN. Quienes lanzan piedras contra la postura alemana ignoran, asegura la experta en Der Spiegel, el papel que ha jugado el país desde la anexión de Crimea y el inicio de la guerra del Donbás. “Se pasa por alto lo drásticamente que se ha deteriorado la relación entre Berlín y Moscú precisamente porque Alemania se ha posicionado claramente en asuntos polémicos como Ucrania, Bielorrusia o el envenenamiento de Alexei Navalny”, defiende. “Solo Moscú se beneficia de la impresión de una Europa dividida”, concluye Fischer.

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El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha acusado a Alemania de abandonar a su país por mantener durante años una relación con la Rusia de Vladímir Putin que ha priorizado la economía sobre otras cuestiones. Zelenski ha pedido ayuda al canciller alemán, Olaf Scholz, para parar la guerra en su territorio en un discurso en directo emitido al inicio de la sesión del Parlamento. El máximo mandatario ucranio, que ha sido recibido con aplausos de unos diputados puestos en pie en el hemiciclo del Bundestag, ha advertido de que se está construyendo “un nuevo muro de Berlín” en Europa, que separa a los Estados oprimidos de los Estados libres. Su país, dijo, no quiere quedar del lado del muro en el que “falta la libertad”.

Además de dar las gracias a Alemania por su ayuda, el presidente ucranio también ha hecho varias acusaciones contra los políticos alemanes, como la de haber actuado tarde con las sanciones para parar la guerra. También se ha referido al polémico gasoducto Nord Stream 2, construido pero sin permiso para funcionar, y ha afeado a los dirigentes alemanes que hayan antepuesto los intereses económicos durante la planificación de esta infraestructura, pensada para transportar gas directamente a Alemania desde Rusia sin pasar por Ucrania. Zelenski ha dicho que el gasoducto formaba parte de las preparaciones para la guerra de Moscú: “Les advertimos de que Nord Stream 2 era un arma. Y su respuesta fue economía, economía, economía”, ha asegurado.

El presidente ucranio ha asegurado que con cada nueva bomba que Rusia lanza sobre su territorio se sigue construyendo ese muro que pretende aislar a Ucrania. Las “dudas” de Occidente sobre el deseo de su país de unirse a la UE y a la OTAN son otras “piedras” de ese muro, ha añadido. El dirigente, que ha empezado su discurso unos minutos más tarde de lo previsto a causa de los bombardeos en Kiev, ha citado a Ronald Reagan, “actor y presidente” de Estados Unidos, en su apelación al canciller alemán: “Yo también le digo: señor Scholz, destruya este muro”. También se ha dirigido directamente a él para pedirle mayor liderazgo.

“Rusia nos bombardea constantemente, destruye todo lo que hemos construido”, ha dicho Zelenski, que ha recordado que las fuerzas rusas no distinguen entre objetivos civiles y militares. Ha señalado que han caído miles de ucranios, incluidos muchos niños. “Los ocupantes han matado a 108 niños en medio de Europa, en pleno siglo XXI”, ha dicho a los diputados, que también al final de su intervención se han levantado a aplaudirle.

Alemania revisa su actitud pasada hacia Rusia

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El ataque de Vladímir Putin contra Ucrania ha puesto a Alemania frente al espejo de su estrecha y complicada relación con Rusia en las últimas décadas. El país, todavía en shock por una guerra a las puertas de su territorio que nunca creyó posible, empieza ahora a hacer autocrítica y a reflexionar sobre la enorme influencia que Moscú ha tenido en toda Europa a través de un interlocutor privilegiado: Berlín. Las relaciones diplomáticas y económicas con la Rusia de Putin de los excancilleres Gerhard Schröder (socialdemócrata) y Angela Merkel (conservadora) se aprecian ahora bajo otra luz, bastante más sombría, mientras arrecia el debate sobre cómo pudo Alemania colocarse a sí misma en tal situación de vulnerabilidad.

La guerra en Europa ha cambiado súbita y radicalmente la política exterior y de defensa de Berlín y los analistas coinciden en que no hay vuelta atrás. La retórica del actual canciller, el socialdemócrata Olaf Scholz, al anunciar en un discurso histórico en el Bundestag el rearme del Ejército y el envío de armas a una zona de conflicto es la mejor prueba de ello, opina Rafael Loss, analista del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). Con su intervención, a los pocos días de iniciarse la invasión rusa, Scholz derribó los pilares de la política exterior y económica de Merkel con Moscú, que durante años significó que Alemania tenía gas barato ruso para hacer funcionar su industria y sus calefacciones y un mercado en desarrollo al que exportar bienes de consumo de alto valor.

La excanciller alemana, Angela Merkel, y el presidente ruso, Vladímir Putin, en una cumbre en Estambul en 2018 para buscar una solución a la guerra de Siria.
La excanciller alemana, Angela Merkel, y el presidente ruso, Vladímir Putin, en una cumbre en Estambul en 2018 para buscar una solución a la guerra de Siria.OZAN KOSE (AFP)

“La política alemana sobre Rusia se había reducido a las relaciones económicas, obviando completamente los aspectos geopolíticos”, asegura Loss. El mayor error de Merkel fue aumentar la relación de dependencia energética de los hidrocarburos rusos. Según datos de Eurostat, en 2010 Alemania importaba de Rusia el 36% del gas; en 2020 el porcentaje ya era del 65%. La excanciller no supo o no quiso ver las implicaciones geopolíticas de la construcción de un nuevo gasoducto, el controvertido Nord Stream 2, con el que Moscú iba a duplicar el volumen de gas que llegaría directamente a Alemania por el lecho del mar Báltico, esquivando a Ucrania, tradicional país de tránsito. Merkel sorteaba las críticas de Estados Unidos y los socios del Este de Europa asegurando que se trataba de un proyecto empresarial privado.

Scholz tomó la decisión de suspender el proceso de certificación del gasoducto al día siguiente de que Rusia iniciara la invasión de Ucrania. El Nord Stream 2 ejemplifica el “síndrome del apaciguamiento”, en definición de Stefan Meister, experto en Rusia y Europa del Este de la DGAP (el Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, en sus siglas en alemán), que ha padecido Europa, y especialmente Alemania, respecto a Rusia. Durante años se ha confiado en que mantener el diálogo y las buenas relaciones económicas era suficiente para contener a Putin. “Alemania ha entendido finalmente que esto va de la seguridad de Alemania. Hasta ahora no quería entenderlo, rechazaba entenderlo, era un problema de mentalidad”, afirmó Meister en un encuentro organizado esta semana por el Bled Strategic Forum.

“Los anteriores Gobiernos alemanes no reconocieron el riesgo que representa Vladímir Putin, a pesar de que reveló su enfoque con una transparencia brutal”, asegura Daniela Schwarzer, analista de la Open Society Foundation. No es que Putin no hubiera dado pistas. En 2014 invadió Crimea violando el derecho internacional y la integridad del territorio ucranio y desde entonces se libra también una guerra en el este de Ucrania contra secesionistas prorrusos en la que han muerto 14.000 personas, recuerda esta experta. “A pesar de ello, los políticos alemanes asumieron que los fuertes lazos comerciales podrían evitar que se intensificara el conflicto. Merkel era de esa opinión; también el actual canciller Scholz y su partido. Ambos estaban equivocados y basaron su política rusa en ilusiones en lugar de pensar en el peor de los escenarios y preparar a Alemania y a Europa para ello”, afirma Schwarzer.

Los expertos coinciden en que a partir de ahora los líderes alemanes, y los de toda Europa, deben convertir en una prioridad el que la Unión Europea sea más independiente de los “socios problemáticos”, como los denomina Schwarzer, en particular de los regímenes autoritarios o dictatoriales. La energía es una pata de ese cambio de rumbo, pero también se mencionan las cadenas de suministro de tecnología y la seguridad y la defensa. El histórico anuncio del canciller Scholz va en esa dirección. Berlín ha abandonado el pacifismo de las últimas décadas e invertirá 100.000 millones de euros en mejorar sus fuerzas armadas, tan necesitadas de fondos que el teniente general Alfons Mais, el oficial de mayor rango del Ejército, aseguró públicamente el mes pasado que no estarían preparadas para defender al país en caso de un ataque.

Los 16 años de Angela Merkel al frente de la locomotora de Europa se están cuestionando. La excanciller se entendía de igual a igual con Putin, ya que habla ruso y conoce de primera mano el espacio soviético al haber vivido 35 años en la República Democrática Alemana. Pero Loss asegura que la excanciller se dedicó a la economía y no se ocupó personalmente de la política alemana con Rusia, que se la dejó a otros en su Gobierno. El “error” del Nord Stream 2, ahora paralizado, es enteramente suyo, añade.

Pero fue el socialdemócrata Gerhard Schröder, su predecesor, el que impulsó el primer gasoducto por el Báltico y luego trabajó activamente para que se construyera el segundo. Schröder se ha convertido en un apestado en Berlín desde que Rusia empezó a amenazar a Ucrania con el movimiento de tropas junto a las fronteras, pero tras el ataque su situación se ha vuelto insostenible. Todavía no ha renunciado a sus puestos en los consejos de administración de varias empresas estatales rusas, entre ellas, la gasista Gazprom. Su viaje, la semana pasada, a Moscú para ejercer presuntamente de mediador con Putin ha vuelto a aflorar todo tipo de sospechas sobre él. Se desconoce de qué habló con el presidente ruso, pero sí se sabe que actuó por su cuenta, sin avisar a su partido ni al Gobierno alemán.

Como resultado de este brusco despertar a la realidad, Alemania está ahora reflexionando “muy críticamente sobre su pasividad, lo cual es muy necesario”, apunta Schwarzer. “Debemos aprender de nuestros errores pasados no solo con respecto a Rusia, sino también al mirar hacia nuestra asociación con China. La guerra en Ucrania muestra que existe un conflicto sistémico entre las democracias occidentales y el autoritarismo, y China observa muy de cerca lo que la UE y Estados Unidos están dispuestos a hacer para defender la democracia”, concluye.

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El canciller alemán, Olaf Scholz, durante la sesión de este miércoles en el Bundestag.
El canciller alemán, Olaf Scholz, durante la sesión de este miércoles en el Bundestag.MICHELE TANTUSSI (REUTERS)

La presión de otros socios de la Unión Europea sobre Alemania para acordar mayores sanciones energéticas contra Rusia no está haciendo efecto. Al menos por ahora. El canciller, Olaf Scholz, se mantiene firme en su decisión de no renunciar de forma inmediata al suministro energético de Moscú. Alemania no se lo podría permitir, aseguró este miércoles Scholz en el Bundestag. La economía alemana podría entrar en recesión y eso “no beneficiaría a nadie”, añadió. El canciller recordó, en la primera sesión dedicada a los presupuestos, que las sanciones no deberían “golpear más a los Estados europeos que a los líderes rusos”.

La Unión Europea sopesa incluir el sector energético en las sanciones contra Rusia, pero quiere asegurarse de que ese paso no rompa la férrea unidad que han mantenido los Estados miembros desde que empezó la invasión rusa de Ucrania, el pasado 24 de febrero. Alemania y otros países también muy dependientes de los hidrocarburos rusos argumentan que sus economías quedarían muy tocadas si se prohibiera la importación de gas o de petróleo. El 55% del gas que alimenta la industria y las calefacciones alemanas procede de Rusia. También un tercio del petróleo.

Cambio de modelo energético

El Gobierno alemán está decidido a acelerar un cambio radical en su política energética para acabar con la dependencia de Rusia, pero Scholz recordó que no es tarea que pueda hacerse “de la noche a la mañana”. El canciller anunció que los puertos para desembarcar y regasificar el gas natural licuado con el que se sustituirá el que llega por gasoducto desde Rusia se construirán “mucho más rápido que antes”, en referencia a los múltiples trámites burocráticos y administrativos que suelen comportar este tipo de instalaciones en Alemania. Los procedimientos para homologar aerogeneradores y campos solares se acelerarán para evitar las largas esperas que hasta ahora acumulaban estos proyectos.

Scholz inició su discurso asegurando a Ucrania que puede contar con la solidaridad de Alemania. Se dirigió directamente al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, que la semana pasada intervino en el Bundestag para afear a Alemania haber priorizado las relaciones económicas con la Rusia de Putin. Entonces Scholz no le respondió. Los diputados aplaudieron puestos en pie al líder ucranio antes y después de su discurso, pero nadie intervino para darle la réplica. Scholz asegura este miércoles en una entrevista en Die Zeit que es lo que marca la tradición cuando un estadista extranjero habla en el hemiciclo, pero reconoce que no fue lo correcto.

Alemania ha estado suministrando armas a Ucrania desde el inicio de la invasión, pero se desconoce cuántas han llegado efectivamente a su destino. El embajador ucranio en Alemania, Andrej Melnik, ha criticado que Berlín no esté enviando los suministros que pidió Kiev, que incluyen carros blindados y aviones de combate. En su alocución en el Bundestag, Scholz evitó precisar qué armas alemanas ha recibido Ucrania.

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El canciller trazó un límite claro en su compromiso con Kiev: “La OTAN no se convertirá en parte de esta guerra”, aseguró, reiterando su rechazo a establecer una zona de exclusión aérea garantizada por la Alianza. La ayuda a los refugiados será “integral”, prometió. “Todavía no está claro cuántas mujeres, hombres y niños de Ucrania buscarán refugio entre nosotros. Lo único que sabemos es que serán muchos y son bienvenidos aquí”, señaló. El Gobierno federal todavía está discutiendo con los Estados federados cómo repartir la carga económica que supondrá el alojamiento, la manutención, la escolarización y la sanidad que va a garantizar a los refugiados ucranios.

Advertencia a Putin

El canciller alemán ha revelado en una entrevista publicada este miércoles por el semanario Die Zeit que ha advertido directamente al presidente ruso contra el uso de armas químicas y biológicas en Ucrania, algo que sería “imperdonable”. Scholz afirma que hay que mantener abiertos los canales diplomáticos y estar al teléfono para hablar con Putin en cualquier momento. Sobre la larga conversación que mantuvo con él antes de que iniciara el ataque, ha contado que le sirvió para tener una impresión directa de él, aunque nunca se hizo ilusiones sobre sus intenciones: “En Moscú, no respondió a una pregunta muy clara: ¿Me puede asegurar que no invadirá Ucrania?”.

A la pregunta de si impondría más sanciones si Putin usara este tipo de armas, Scholz ha contestado: “En una conversación directa le advertí [a Putin] contra su uso. Las afirmaciones rusas de que Ucrania está desarrollando armas biológicas y químicas o de que Estados Unidos tiene la intención de usarlas son falsas y me parece que son una amenaza implícita de que el propio Putin está considerando usarlas. Por eso era importante para mí decirle clara y directamente: eso sería inaceptable e imperdonable. Nadie debería siquiera pensar en eso”.

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Imagen de archivo de la sede de RT en Moscú.
Imagen de archivo de la sede de RT en Moscú.YURI KADOBNOV (AFP)

A la controvertida emisora estatal rusa RT, antes Russia Today, se le complica ofrecer su programación en Alemania. Este miércoles la autoridad de radiodifusión anunció que ha prohibido la emisión de la cadena al considerar que carece de la licencia correspondiente. En realidad, RT tampoco había pedido permiso para difundir sus contenidos. Pese a ello, el programa alemán de RT, considerada por muchos expertos una herramienta más de la propaganda del Kremlin, empezó a emitir el pasado 16 de diciembre a través de satélite y de internet en un intento de saltarse la regulación alemana.

El anuncio de la Comisión para la Supervisión de Medios de Comunicación (ZAK, por sus siglas en alemán) se produce en un momento de máxima tensión entre Rusia y Occidente por la presencia de tropas rusas en la frontera de Ucrania. Sin embargo, las reticencias de las autoridades alemanas respecto a RT vienen de antiguo. Varios informes oficiales acusan a esta televisión, financiada por Moscú, de difundir propaganda, teorías conspirativas y desinformación. De hecho, la plataforma está en el punto de mira de los servicios secretos internos alemanes, que la consideran un intento de socavar la confianza en las instituciones democráticas.

RT cuenta con varios programas en lenguas extranjeras y la emisión en alemán, RT DE, podía verse online desde hace tiempo. En diciembre pasado empezó además un programa de televisión en directo. La empresa matriz, TV Novosti, intentó obtener una licencia de emisión en Luxemburgo el año pasado, pero no la consiguió. Después probó de nuevo en Serbia, donde sí la obtuvo. RT entiende que con ese permiso puede emitir por satélite en Alemania, pero las autoridades de radiodifusión le han dejado muy claro ahora que no es así.

RT suele argumentar que el programa se produce en Moscú y se difunde desde allí y que por tanto no es necesaria la licencia de Berlín, pero lo cierto es que RT tiene instalaciones en la capital alemana y ha estado jugando al gato y al ratón con las autoridades. Poco después de empezar a emitir por satélite en diciembre interrumpió la transmisión y ha seguido con su programación en internet. Se avecina por tanto una disputa legal sobre dónde está la sede y si debe estar sujeta a la jurisdicción alemana.

La directora de RT, Margarita Simonyan, respondió en su cuenta de Twitter que el comunicado de la agencia alemana “es una completa tontería”. “No dejaremos de emitir”, aseguró. En varios tuits Simonyan trata de justificar que RT DE Productions —la productora a la que se refiere el regulador alemán— no emite en ningún sitio, sino que simplemente produce programas para RT DE TV, “que emite desde Moscú y tiene todos los derechos de emisión en Alemania y otros 32 países europeos”.

El Gobierno alemán ha calificado a RT y a otros medios similares como “actores clave en una red compleja que difunde sus narrativas en nombre de agencias estatales rusas, entre otras cosas para influir en el proceso de formación de la opinión política en Alemania”, según una respuesta dada al grupo parlamentario de los liberales en el Bundestag el año pasado. El Kremlin, por su parte, asegura que las presiones a estas plataformas forman parte de “una campaña antirrusa” y ha amenazado con responder impidiendo el trabajo de medios de comunicación alemanes en Rusia.

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RT suele dar voz a representantes del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) y a portavoces del movimiento negacionista autodenominado Querdenker, que se opone a las medidas restrictivas contra el coronavirus y propaga teorías conspirativas. La Oficina para la Protección de la Constitución, el servicio secreto interno alemán, ha mencionado específicamente a RT y a Sputnik como actores clave en esos intentos de desestabilización en informes recientes.

El año pasado, una investigación del Servicio de Acción Exterior de la UE (EEAS, en sus siglas en inglés) mostró que Alemania es el país de la Unión Europea que más ataques rusos en forma de campañas de desinformación recibe. Los medios financiados por el Kremlin tienen ambiciosos planes de expansión en Alemania, con más de 550 millones de euros de inversión entre RT y Sputnik.

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Gesto a gesto, y sin comprometerse a nada, el nuevo Gobierno alemán está decidido a acelerar la reconciliación con Marruecos y a cerrar un episodio que se prolonga ya durante más de 10 meses. La crisis diplomática que desencadenó en marzo Rabat al suspender relaciones con la embajada de Alemania parece cercana a su fin a la vista de los acercamientos, al principio sutiles, ahora más claros, que ha hecho el tripartito liderado por Olaf Scholz y de la respuesta de Marruecos.

El primer guiño se produjo a los pocos días de la toma de posesión del nuevo Gobierno alemán, un tripartito de socialdemócratas, verdes y liberales. En la página web del Ministerio de Exteriores, comandado por la verde Annalena Baerbock, se actualizó sin previo aviso un texto de apariencia anodina –son breves resúmenes de las relaciones bilaterales con distintos países- que incluía un mensaje muy del agrado de Rabat: “En 2007, Marruecos hizo una importante contribución a esta solución al presentar un plan de autonomía”. El propio texto subrayaba que la postura de Alemania respecto al conflicto del Sáhara occidental “no ha cambiado en décadas”, pero ese pequeño gesto fue suficiente para que los medios marroquíes hablaran de un cambio en Berlín. En la prensa alemana el movimiento apenas tuvo repercusión.

Ya en 2022, en ocasión del año nuevo, Alemania volvió a mandar otra señal a Rabat. El presidente federal, Frank-Walter Steinmeier, escribió al rey Mohamed VI invitándole a visitar Berlín, algo que el monarca lleva esquivando cerca de 15 años. Y en su misiva, que fue publicitada por Rabat pese a que, según Berlín, se trataba de una “carta privada”, aseguraba que la propuesta marroquí de una autonomía para el Sáhara Occidental es una “buena base” para resolver el conflicto. El texto aplaude las “vastas reformas” emprendidas por el monarca y el papel de Marruecos en la resolución del conflicto en Libia.

La carta pretendía ser un ejemplo de diplomacia en la sombra para suavizar las relaciones con Rabat. De hecho, el texto solo se conoce por el lado de Marruecos, ya que la oficina de Steinmeier ha rehusado divulgar su contenido. A preguntas de EL PAÍS sobre el significado de este segundo gesto de Berlín, el portavoz del canciller fue mucho más claro de lo que había sido el Gobierno en público hasta entonces. “Tanto a Alemania como a Marruecos les interesa continuar las amplias y muy buenas relaciones diplomáticas que han existido hasta hace poco tiempo”, dijo, y añadió que Berlín “acoge con satisfacción el hecho de que se estén tomando medidas para poner fin a la crisis”.

Fuentes diplomáticas confirman que el nuevo Ejecutivo salido de las urnas en septiembre se ha propuesto tender puentes con Rabat lo antes posible y que confía en que los sucesivos gestos hacia Marruecos den como resultado la vuelta de la embajadora y la llegada del nuevo representante alemán a la capital marroquí. Es la señal definitiva que espera Berlín para considerar que las relaciones al fin se han normalizado. El portavoz de Olaf Scholz se refirió a ello hace unos días: “Las expectativas mutuas pueden aclararse mucho mejor con diálogo, y este se intensificaría emitiendo rápidamente el plácet para el embajador alemán designado”.

“El hielo se derrite. Hay un claro interés de ambas partes por volver a las relaciones diplomátias amistosas ya que la crisis se está volviendo costosa, no solo en términos económicos”, apunta Kressen Thyen, investigadora de la Universidad de Bremen y experta en el norte de África. El cambio alemán es solo de tono, no de fondo. “Alemania no ha variado su postura sobre el Sáhara Occidental y sigue apoyando una solución basada en la última resolución de las Naciones Unidas. A la vez, Exteriores reconoce que esta solución debería ser aceptable para todas las partes y que el Gobierno marroquí está contribuyendo al proceso”, añade. Esta “ambigüedad diplomática” permitirá, en su opinión, que las cosas vuelvan a como estaban antes de la crisis.

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La economía marroquí depende en gran medida de su relación comercial con Europa. De allí proceden el 53,1% de sus importaciones y llega el 66,7% de todo lo que exporta. España es su principal socio comercial, pero también Alemania desempeña un papel importante: exporta a Marruecos por valor de 2.200 millones de euros, tiene casi 300 empresas operando en el país, sobre todo en Casablanca y Tánger, e importantes inversiones pendientes en energías renovables para producir allí hidrógeno verde, el combustible alternativo con el que espera ayudar a reducir sus emisiones en los próximos años.

4.200 millones en ayudas al desarrollo congeladas

Las ayudas al desarrollo se han visto afectadas por los diez meses de relaciones diplomáticas suspendidas. Más de 1.200 millones de euros en subvenciones han quedado prácticamente “congelados”, en palabras del portavoz del Ministerio de Cooperación económica y desarrollo, que dirige la socialdemócrata Svenja Schulze. En total, sumando préstamos destinados a apoyar al tejido empresarial marroquí y ayudas directas, Marruecos ha dejado de recibir de Berlín unos 4.200 millones de euros. Durante la crisis las fundaciones y organizaciones alemanas con delegación en Marruecos (el banco de desarrollo KfW, por ejemplo) prácticamente han suspendido toda su actividad.

Fuentes diplomáticas españolas niegan que una reconciliación entre Alemania y Marruecos vaya a incrementar la presión sobre Madrid, al dejarla sola en su conflicto diplomático con Rabat. “Nosotros tenemos nuestra propia hoja de ruta y no nos afecta lo que hagan otros. La cosa está bastante bien encarrilada, aunque no se pueda anticipar cuándo se producirá la definitiva normalización”, alegan las mismas fuentes, informa Miguel González.

El Gobierno español no ha ido tan lejos como el alemán, que ha calificado la propuesta marroquí de autonomía para el Sahara de “esfuerzo serio y creíble” y “buena base” para llegar a un acuerdo. Sin embargo, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, se mostró abierto el pasado martes a contemplar la autonomía como una opción, cuando dijo que España es partidaria de “encontrar una solución a un conflicto que dura ya demasiado tiempo” y subrayó que esta debe ser “justa, política y mutuamente aceptable, dentro del marco de Naciones Unidas”. Pero añadió: “dentro de toda aquella gama de posibilidades que establecen las resoluciones del Consejo de Seguridad”. Es decir, España no exige la celebración de un referéndum de autodeterminación y está dispuesta a aceptar la autonomía si así lo acuerdan las partes y lo bendice la ONU.

A lo que España no está dispuesta, como tampoco Alemania, es a salirse del marco de Naciones Unidas, como hizo Trump con el reconocimiento unilateral de la marroquinidad del Sáhara. Albares se reunió el pasado 4 de diciembre en Roma con el nuevo enviado de la ONU, Staffan de Mistura, que este domingo se ha visto con el jefe del Frente Polisario, Brahim Ghali, en Tinduf (Argelia) en su primera gira regional. Como también hizo con sus antecesores en el cargo, el ministro español ofreció a Mistura en su cita un avión de la Fuerza Aérea española para sus desplazamientos por la zona. Las palabras de Albares sobre el Sáhara, según fuentes diplomáticas, han sido bien acogidas en Rabat, otra cosa es si las considera suficiente o Marruecos pretende obtener de España mayores concesiones que las que ha hecho Alemania.

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Maniobras en el campo de entrenamiento de la Bundeswehr en Münster, Alemania, durante la visita de la ministra de Defensa, Christine Lambrecht.
Maniobras en el campo de entrenamiento de la Bundeswehr en Münster, Alemania, durante la visita de la ministra de Defensa, Christine Lambrecht.FOCKE STRANGMANN (EFE)

Solo unas horas antes de la primera visita del canciller Olaf Scholz a Washington, el Gobierno alemán anunció este lunes que enviará a Lituania a 350 soldados para incorporarse al contingente que tiene la OTAN en este país. El gesto se produce en un momento complicado para la imagen internacional de Alemania, cuestionada por Estados Unidos y otros socios de la Alianza, especialmente en el Este de Europa, por su aparente tibieza en la respuesta ante el despliegue de tropas rusas en la frontera con Ucrania.

El envío de tropas adicionales al contingente de 500 soldados de la Bundeswehr, que ya están estacionados en Lituania, se interpreta, por tanto, como una señal al resto de aliados. Alemania quiere dejar claro que va a jugar un papel más activo en la crisis y trata de reafirmarse ante sus críticos. La ministra de Defensa, la socialdemócrata Christine Lambrecht, lo resumió con una frase: “Pueden confiar en nosotros”, dijo durante una visita a un centro de entrenamiento militar en Münster, al oeste de Alemania. Los soldados podrán desplegarse “en unos pocos días”, añadió Lambrecht. El Bundestag, la cámara baja del Parlamento alemán, había sido informado unos minutos antes de hacer público el anuncio. “Así reforzamos nuestra contribución al flanco este de la OTAN y enviamos una clara señal sobre nuestra determinación a nuestros socios de la Alianza”, señaló la titular alemana de Defensa.

Los refuerzos alemanes se sumarán a la misión de la OTAN en Lituania, donde hay aproximadamente 1.200 soldados desde 2017 bajo mando de Alemania. Las tropas proceden de Países Bajos, Noruega, República Checa, Bélgica y Luxemburgo. Estados Unidos tiene desplazado también un batallón de 500 soldados. A ello hay que sumar cuatro F-16, aportados por Polonia y que pertenecen a la Policía Aérea del Báltico, una fuerza desplegada a partir de la entrada de las antiguas repúblicas soviéticas del Báltico (Estonia, Letonia y Lituania) en la Alianza Atlántica en 2004.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, aseguró este lunes que los aliados están manteniendo reuniones para aumentar su presencia en el este de Europa para fortalecer “a largo plazo” la capacidad “de defensa y disuasión” de la organización militar frente a la amenaza que representa Rusia. Stoltenberg compareció junto al presidente polaco, Andrzej Duda, que pide mayor presencia de OTAN en Europa oriental. Los ministros de defensa de la Alianza hablarán de esos refuerzos en una reunión prevista el 16 y 17 de febrero. “Si Rusia realmente quiere menos OTAN cerca de las fronteras, va a conseguir todo lo contrario”, dijo Stoltenberg.

“Falta de compromiso alemán”

El anuncio del envío de soldados coincide con la llegada de Scholz a Washington para visitar al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, con el que el nuevo canciller alemán todavía no se había visto. La de Ucrania es la primera gran crisis de política exterior a la que se enfrenta Scholz, cuyo Gobierno tripartito con verdes y liberales acaba de cumplir dos meses. En las últimas semanas varias decisiones de Berlín habían sido interpretadas por otros socios de la OTAN como una falta de compromiso de los alemanes. La negativa a enviar armas a Ucrania es una de ellas, pero también ha sido muy criticada la postura ambigua de Scholz con respecto al polémico gasoducto Nord Stream 2, controlado por Gazprom.

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Berlín anuncia el envío de tropas adicionales en un día de intensos esfuerzos diplomáticos en dos continentes para tratar de rebajar la tensión en la crisis de Ucrania. La ministra de Exteriores alemana, Annalena Baerbock, viajó a Kiev por segunda vez en tres semanas para reunirse con su homólogo ucranio, Dimitro Kuleba. El martes, visitará la región del Donbás, donde persiste un conflicto iniciado en 2014 entre el Ejército ucranio y separatistas prorrusos. También el presidente francés, Emmanuel Macron, se sumó a la ofensiva diplomática occidental con un viaje a Moscú para reunirse con Vladímir Putin en el Kremlin. Por su parte, Scholz recibirá el martes en Berlín a Macron y a Duda para hablar de la situación. El jueves, el canciller se reunirá, también en la capital alemana, con los jefes de Estado y de Gobierno de los países bálticos para tratar la seguridad en el Este de Europa.

Baerbock y Kuleba hablaron de las tensiones con Rusia, pero también del desarrollo de las relaciones comerciales y el fortalecimiento de la seguridad energética. Kiev quiere que Berlín no autorice el funcionamiento del gasoducto Nord Stream 2, que transportaría el combustible ruso directamente a Alemania sin pasar por territorio ucranio. A finales del año pasado, el regulador alemán suspendió temporalmente la certificación de la infraestructura, controlada por el gigante gasístico Gazprom. Estados Unidos y otros socios de la Alianza quieren que la suspensión del gasoducto sea una de las sanciones que imponga Occidente a Rusia en caso de ataque.

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Los coches eléctricos son el futuro, pero eso parece implicar la desaparición del resto de vehículos. Para evitar que esto ocurra tanto Francia como Alemania han formado un frente el cual tiene como objetivo promover que los coches de combustión no desaparezcan en favor de un futuro plagado por vehículos eléctricos.

Y, es que, los planes de la Comisión Europea parecen ser demasiado esperanzadores para los franceses y alemanes. Lo que pretende dicho organismo es que, a partir de 2035, la fabricación de vehículos con motores de combustión cese de una vez por todas y lo que se lance al mercado sean los coches eléctricos.

Esta decisión de apostar por los vehículos propulsados por la electricidad a partir del año 2035 no es nueva y, de hecho, tanto Francia como Alemania estuvieron a favor en el momento en el que se planteó esta futura situación por parte de la Comisión Europea. Y, es que, el 2035 está mucho más cerca de lo que estaba en un primer momento.

Para entender esta situación hay que tomar en cuenta la historia de ambos países. En Alemania el peso de la industria del automóvil de combustión es enorme y, por lo tanto, el cesar de producir este tipo de vehículo supondría la extinción de multitud de puestos de trabajo y, además, desestabilizaría la sociedad formada hasta la fecha.

En Francia la situación es parecida a la de Alemania, haciendo que el peso de la industria de los motores de combustión sea clave para su desarrollo empresarial. Eso sí, ninguno de estos dos países se opone al desarrollo y avance de los vehículos eléctricos. De hecho, Francia lleva ya varios años apostando por los motores eléctricos.

Lo que ocurre es que, como hemos dicho antes, el peso de la industria del automóvil de combustión es tal que es muy complicado fijar una fecha para su total desaparición. En ambos casos lo que se pide es que este futuro posible en el que los motores de combustión estén prohibidos se retrase hasta el 2040.

Una de las principales bazas para conseguir retrasar esta desaparición sería el hecho de que la industria del automóvil en Alemania está intentado desarrollar combustibles sintéticos. Este tipo de combustible es mucho más ecológico que el convencional y, lógicamente, las emisiones generadas son reducidas en comparación con los carburantes tradicionales.

Por el momento habrá que esperar para ver qué planes tienen Alemania y Francia para evitar que los coches eléctricos sean una realidad en un futuro cercano. Puede que su lucha sea digna de mención y que consigan que el motor de combustión no desaparezca de los vehículos en el 2035.



El Kremlin apunta al punto débil de Occidente: las importaciones energéticas. El presidente ruso, Vladímir Putin, obligará a los países que sancionaron a sus bancos a que compren rublos para poder pagar el suministro de gas y petróleo. El mandatario ha ordenado que la medida afecte a todos los “países hostiles” a su Gobierno, entre los que está incluida España como miembro de la Unión Europea. “Algunas naciones occidentales han adoptado en los últimos días varias decisiones ilegítimas sobre la congelación de activos rusos. En realidad, el colectivo occidental ha marcado una línea en la fiabilidad de sus divisas, ha acabado con la confianza en ellas”, ha afirmado Putin este miércoles durante una reunión con varios miembros de su Gobierno.

Más allá del golpe político de obligar a los países que han aislado al sistema financiero ruso a volver a tratar con él para poder adquirir los hidrocarburos, la iniciativa del Kremlin busca reabrir el grifo de divisas extranjeras que las sanciones occidentales ha cortado de raíz tras la invasión rusa de Ucrania. Con esta medida, los clientes de Gazprom se verán obligados a pasar por caja y cambiar euros y dólares por rublos, con un cambio más favorable para el Kremlin. La maniobra se interpreta como un órdago que pretende debilitar el efecto de las sanciones impuestas por Occidente.

El anuncio de Putin fue recibido con una notable revalorización del rublo, aunque los mercados cerraron finalmente con un tipo de cambio de 112 rublos por euro, apenas un fortalecimiento del 1,7% respecto al día anterior. El anuncio de Moscú también disparó la cotización de gas y petróleo en los mercados internacionales.

La primera respuesta procedente del bloque comunitario, que adquiere entre el 40% y el 50% de su gas del país eslavo, ha llegado de Alemania. Berlín, uno de los principales clientes del gas ruso, calificó de “violación de contrato” la decisión de Vladímir Putin de exigir el pago de las importaciones de hidrocarburos rusos en rublos. La dependencia energética de Alemania de los hidrocarburos rusos es una de las más elevadas del bloque. Más de la mitad del gas que consume su potente industria y con la que se calientan las calefacciones de sus 83 millones de habitantes se importa de Rusia; y ocurre lo mismo con más de un tercio del petróleo.

El ministro de Economía, Robert Habeck, de Los Verdes, aseguró en una rueda de prensa este miércoles que el anuncio demuestra, una vez más, que Rusia “no es un socio fiable” y adelantó que Berlín va a tratar con sus socios europeos una respuesta común al anuncio de Moscú. Los líderes de la Unión celebran este jueves y viernes un Consejo Europeo en Bruselas en el que se debatirá el próximo paquete de sanciones para seguir aislando a Moscú. Los mandatarios europeos tendrán que decidir también si cumplen con las nuevas exigencias de Putin o se arriesgan a seguir pagando como hasta ahora.

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Mientras tanto, la vía diplomática con el Kremlin sigue abierta. El canciller alemán, Olaf Scholz, volvió a hablar por teléfono con Putin este miércoles por la tarde. Su portavoz resumió la llamada con una frase: “El canciller ha instado al presidente ruso a un alto el fuego y una mejora de la situación humanitaria lo antes posible”. Scholz habló también con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski.

Entre otras medidas de castigo por la guerra, las naciones occidentales, incluida Suiza, congelaron los cientos de miles de millones de dólares del fondo en divisas extranjeras que tenía el Kremlin para situaciones de emergencia, y a esto se han unido diversas sanciones más, como la confiscación de bienes de oligarcas en sus territorios y la retirada de Visa y Mastercard de la banca rusa. Como respuesta, una de las primeras medidas de Moscú fue obligar a las empresas exportadoras a convertir en rublos el 80% de sus ingresos en otras monedas.

El presidente ruso ha dado ahora una semana de plazo al Gobierno de Mijaíl Mishustin y al Banco Central del país para idear la forma en que los “países hostiles” podrán cambiar sus divisas por rublos. “Rusia continuará suministrando gas natural de acuerdo con los volúmenes y precios fijados”, dijo Putin, “aunque los cambios solo afectarán a la moneda de pago, que se cambiará a rublos rusos”. “A diferencia de algunos socios, valoramos nuestra reputación comercial como proveedor fiable”, añadió el mandatario. “Suministrar nuestros productos a la Unión Europea y a Estados Unidos y recibir el pago en dólares, euros u otras monedas no tiene ningún sentido para nosotros”, afirmó.

Alemania es uno de los países que hasta ahora se ha opuesto a imponer un embargo al gas ruso, al contrario de lo que han decidido Estados Unidos y el Reino Unido, mucho menos dependientes de las importaciones energéticas de Moscú. Berlín trata de reducir lo más rápido posible su dependencia buscando proveedores alternativos y acelerando la construcción de regasificadoras en su territorio para poder importar directamente gas natural licuado (GNL). Este miércoles el canciller, Olaf Scholz, reiteró en un discurso en el Parlamento alemán que Alemania no puede permitirse cortar el grifo del gas y el petróleo rusos de un día para otro porque su economía entraría en recesión. Un día antes de la crucial reunión en Bruselas, la poderosa Federación de la Industria Alemana (BDI) emitió un comunicado reiterando el mensaje del canciller. “La industria alemana advierte a los países europeos en contra de reacciones precipitadas de consecuencias incalculables”, aseguró su presidente, Siegfried Russwurm.

“Lo primero que va a hacer todo el mundo es mirar la letra pequeña, porque por ahora solo tenemos el anuncio de Putin”, asegura Carsten Brzeski, economista jefe de ING en Alemania. El término empleado por Habeck “insinúa el hecho de que no hay contrato oficial entre Gobiernos sino entre empresas y que las condiciones de ese contrato no se pueden cambiar sin más”, añade. Si Putin lleva a cabo lo anunciado y compañías como Gazprom bloquean el pago en euros o en dólares, “en Alemania se considerará una provocación y una maniobra ofensiva”. “La pregunta ahora es si Alemania dejaría entonces de importar gas ruso o si cumplirá las nuevas condiciones impuestas por Putin”, afirma el experto en un correo electrónico.

El director de la sociedad de inversión rusa LokoInvest, Dmitri Polevoi, publicó un análisis en su canal de Telegram en el que asegura que la modificación de los contratos a rublos “supondrá cargas adiciones que recaerán sobre los compradores de gas”. “Además, el resto de dificultades podrían afectar temporalmente al volumen de exportaciones”, agregó el analista. Es decir, Europa podría recibir menos suministros de los esperados a corto plazo.

El golpe de efecto pierde fuerza si se tiene en cuenta que tanto Estados Unidos como la Unión Europa ya habían hecho público que se preparan para no depender de los recursos energéticos del Kremlin. La Casa Blanca prohibió la importación de gas y petróleo rusos el pasado 8 de marzo. El presidente Joe Biden reconoció entonces que esto encarecería su consumo, pero aseguró que “defender la libertad tendrá un coste”. Por su parte, la presidenta de la Unión Europea, Ursula Von der Leyen, instruyó a los países miembros a no importar energía rusa a partir del año 2027.

Precisamente uno de los grandes proyectos de Berlín y Moscú de la última década, el gasoducto ruso-germano Nord Stream 2, ha sido uno de los principales motivos de discordia dentro de la Unión Europea. El proyecto enfrentó incluso a Alemania con Estados Unidos hasta que el reconocimiento por parte de Putin de las repúblicas separatistas ucranias de Donetsk y Lugansk el pasado 21 de febrero provocó un giro de 180 grados en Berlín. La capital que hasta ahora había sido la gran valedora de las relaciones comerciales con el Kremlin paralizó el proyecto. Un par de semanas después, la constructora de la canalización, por la que nunca pasó una molécula de gas, se declaraba en quiebra.

Por su parte, España podría notar el encarecimiento de la energía por el impacto de esta medida en los mercados aunque no dependa directamente de Rusia. Según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Energéticos (CORES), un 8,9% del gas importado por España en 2021 procedía del país eslavo.

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La ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock, durante la presentación de la nueva estrategia de seguridad, este viernes en Berlín.
La ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock, durante la presentación de la nueva estrategia de seguridad, este viernes en Berlín.Christian Marquardt / POOL (EFE)

La invasión rusa de Ucrania ha abierto los ojos a Alemania, donde hasta hace un mes era impensable que el Gobierno se planteara enviar armas ofensivas a un país en guerra o el rearme de su hasta ahora infrafinanciado ejército. Pero la escalada de violencia desatada por Putin ha marcado un punto inflexión. La época del apaciguamiento y de asumir un segundo plano en las cuestiones de política exterior y seguridad ha terminado para Berlín. “Ningún país, ni siquiera Alemania, puede ser neutral en cuestiones de guerra y paz”, afirmó este viernes la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock. El Gobierno se dispone a crear una estrategia de seguridad nacional —el primer proyecto de este tipo en la historia de la República Federal— y, entre otras cosas, este nuevo plan implicará asumir mayor responsabilidad dentro de la OTAN.

“Para nosotros, para mí, existe una responsabilidad especial por la culpa de Alemania en la guerra y el genocidio”, aseguró Baerbock durante la presentación de los trabajos para elaborar la estrategia que coordinará su ministerio, pero involucrará a varios departamentos del Gobierno. “Esto quiere decir que tenemos la obligación de apoyar a aquellos cuyas vidas, libertades y derechos están amenazados”, añadió. La ministra presentó su nueva estrategia al día siguiente de que el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, criticara en el Bundestag la excesiva cercanía de Berlín al Kremlin, priorizando las cuestiones económicas sobre todas las demás.

La guerra que Vladímir Putin ha iniciado en Ucrania enfrenta a Alemania “a una nueva realidad en materia de seguridad”, aseguró la ministra, que adelantó que Berlín tendrá una postura clara, mayor capacidad de acción y unos instrumentos de política exterior y de seguridad más precisos. “A la luz de la ruptura radical de Rusia con nuestro orden de paz, debemos llevar los principios que nos guían a la práctica”, subrayó.

El giro radical de la política exterior y de defensa alemanas se produjo hace tres semanas, cuando el canciller, Olaf Scholz, pronunció en el Bundestag un discurso histórico en el que prometió 100.000 millones de euros para el Ejército. Las decisiones se van concretando desde entonces: Berlín ha anunciado esta semana la compra de 35 cazas de fabricación estadounidense F-35, considerado el avión de combate más moderno del mundo y capaz de transportar bombas nucleares.

La nueva política de seguridad irá más allá del renovado esfuerzo militar y de la diplomacia, apuntó Baerbock. La estrategia debe vincularse a las políticas de la Unión Europea y de la OTAN. Y aunque ha sido la invasión rusa lo que ha desencadenado el nuevo enfoque alemán, la creación de un plan de seguridad ya se contemplaba en el acuerdo de coalición que firmaron socialdemócratas, verdes y liberales en diciembre pasado.

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Un papel más activo

Alemania tomará un papel más activo y asumirá más responsabilidad en la Alianza Atlántica, dijo la ministra de Exteriores. La guerra muestra “una vez más que la seguridad depende de la capacidad de la OTAN para formar alianzas”. El fortalecimiento del flanco oriental y “ejercicios militares adaptados a las nuevas realidades” serán claves en esta etapa, porque “toda el área oriental de la Alianza está sujeta a una nueva amenaza”, subrayó. Por eso, es necesario establecer la presencia de la Alianza en los países del sureste de Europa, añadió, y asegurar que “la disuasión nuclear de la OTAN siga siendo creíble”. El anuncio de Baerbock se ha producido un día después de la visita a Berlín del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, que ratificó una vez más su rechazo a la intervención de tropas en Ucrania porque, de hacerlo, la Alianza se convertiría “en parte del conflicto”.

La nueva estrategia de seguridad alemana abordará también las delicadas relaciones con China. Berlín debe independizarse de las importaciones de energías fósiles, aseguró Baerbock, pero teniendo cuidado de no caer en nuevas dependencias económicas. “Ahora hemos comprobado que una orientación económica unilateral nos vuelve vulnerables”, constató, en uno de los pocos ejemplos de autocrítica que se han escuchado estos días a los políticos alemanes. Alemania estas semanas ha empezado a revisar sus relaciones pasadas con Rusia, pero el debate se centra todavía más en el ámbito académico que en el de los responsables políticos. “Lo que es crucial es que no nos permitamos ser desterrados al silencio, que no nos traguemos las cosas porque somos dependientes económica o energéticamente, sino que tomemos una posición, incluso cuando sea difícil”, subrayó.

Scholz pide un alto el fuego a Putin

Los esfuerzos diplomáticos de los líderes occidentales para parar la guerra continúan. El canciller alemán ha sido el último en hablar con el presidente ruso. Olaf Scholz instó de nuevo a Vladímir Putin a declarar “un alto el fuego lo más rápidamente posible” durante una conversación telefónica que ambos mantuvieron a primera hora de la mañana del viernes. Según un comunicado del portavoz de la Cancillería, los mandatarios hablaron durante más de una hora sobre la guerra “y los esfuerzos para terminarla”. El canciller alemán insistió en que se debe mejorar la situación humanitaria y avanzar para encontrar una solución diplomática al conflicto, añadió el portavoz.

El relato de las agencias de noticias rusas aporta otro contenido. Putin le habría dicho al canciller alemán que Ucrania está tratando de retrasar las conversaciones con Rusia presentando propuestas poco realistas. Pese a ello, asegura estar dispuesto a continuar las negociaciones. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que la llamada de Putin con Scholz había sido dura, pero profesional, según recoge Reuters.

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La exministra de Defensa alemana, Annegret Kramp-Karrenbauer, junto al contraalmirante Kay-Achim Schönbach, en una visita a Chipre en 2019.
La exministra de Defensa alemana, Annegret Kramp-Karrenbauer, junto al contraalmirante Kay-Achim Schönbach, en una visita a Chipre en 2019.TOBIAS SCHWARZ (AFP)

Un alto cargo de la Armada alemana, Kay-Achim Schönbach, ha dimitido este sábado tras unas polémicas declaraciones sobre el conflicto de Ucrania que han provocado una tormenta política en Alemania y desatado una pequeña crisis diplomática con la antigua república soviética.

El vicealmirante aseguró, durante una visita a la India, que el presidente ruso, Vladimir Putin, únicamente está exigiendo respeto y que probablemente lo merece. Y añadió que Ucrania puede dar por perdida la península de Crimea, territorio que Rusia se anexionó mediante un referéndum ilegal en 2014. Su afirmación contradice la postura occidental según la cual la anexión debe ser revocada.

Schönbach hizo estas declaraciones en un foro de expertos celebrado en la India el viernes y probablemente no sabía que estaba siendo grabado. El vídeo, colgado en YouTube, ha sido ampliamente difundido por los medios alemanes. Las declaraciones de Schönbach, inauditas en un militar de su posición, provocaron que el Ministerio de Defensa se distanciara y las calificara de “opiniones personales”.

En el vídeo, el vicealmirante también se describe a sí mismo como un “cristiano católico romano muy radical” y asegura que, debido a sus creencias religiosas, está convencido de que es bueno para Alemania contar con la Rusia cristiana como socia contra China. “Incluso si Putin es ateo, eso no importa”, añade.

En el Gobierno tripartito sentaron muy mal las palabras de Schönbach, según ha informado el semanario Der Spiegel, que cita fuentes del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Exteriores. “Enseguida se vio que el vídeo en el que aparece haciendo esas manifestaciones no podía quedar sin consecuencias”, relata el medio. Un portavoz del Ministerio de Defensa alemán, consultado por Reuters, aseguró que las declaraciones “no reflejan, ni en el fondo ni en la forma, la posición oficial” alemana.

De vuelta en Alemania, Schönbach publicó este sábado a última hora un comunicado: “Acabo de pedir a la ministra federal de Defensa que me libere de mis funciones como inspector de la Marina con efecto inmediato”. El militar reconoce en el texto que “los comentarios irreflexivos” que hizo en la India sobre asuntos de seguridad afectan a su cargo. “Considero necesario este paso [la renuncia] para evitar perjudicar más a la Armada, a la Bundeswehr [el Ejército alemán], pero sobre todo a la república federal de Alemania”, añade.

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En Ucrania las palabras del jefe de la Armada han causado disgusto. Se producen en un momento de alta tensión, con Rusia desplegando sus tropas en las fronteras del país y con las potencias occidentales haciendo innumerables esfuerzos diplomáticos para evitar que la crisis derive en una guerra.

El ministro de Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, aseguró en su cuenta de Twitter que “Ucrania está agradecida a Alemania por el apoyo prestado desde 2014 y también por sus esfuerzos diplomáticos para resolver el conflicto entre Rusia y Ucrania. Pero las últimas declaraciones [las de Schönbach] son decepcionantes y perjudican todo ese esfuerzo y apoyo”.

El jefe de la Armada aseguró en el encuentro: “¿Realmente quiere Rusia una pequeña franja de suelo ucranio? ¿Quiere integrarlo en el país? No, eso no tiene sentido. Probablemente, solo está presionando porque sabe que puede hacerlo, y así dividir a la UE. Lo que realmente quiere es respeto, un respeto de alto nivel. Si me preguntan a mí, diría que es fácil darle el respeto que reclama y que probablemente merece”. Acto seguido añadió que Occidente necesita a Rusia: “Nosotros, Alemania, necesitamos a Rusia contra China”.

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